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Torre Eiffel


  - 3 opiniones

Torre Eiffel

Publicado por Patricia Saiz Díaz — hace 4 años

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La Torre Eiffel sigue siendo el atractivo turístico más impactante, espectacular, colosal y visitado de París y de Europa. Más de 7 millones de personas visitan esta torre icónica todos los años, según el sitio web oficial de la atracción. Desde su apertura en 1889, 250 millones de personas de todo el mundo han disfrutado de todo lo que la Torre Eiffel tiene para ofrecer. Sin duda, el mayor regalo son las sensacionales y hermosas vistas panorámicas de la ciudad de París que nos concede. Tanto de día como de noche, la Ciudad de las Luces emociona y deja perplejo a todo el que se asoma en cualquier de los tres pisos de la Torre. A un lado se extiende los Champs de Mars, lugar en el que en Navidad se instala un mercadillo de Navidad desde el cual es maravilloso disfrutar de las impresionantes dimensiones del monumento. Al otro lado, cruza el río Sena y se encuentra el Trocadero, la zona favorita de parisinos y turistas para tomarse el día libre y acostarse en el césped a comer un crêpe admirando la belleza única de la Dama de Hierro.

Sus tres plataformas, son el hogar de dos restaurantes, varios buffets, un salón de banquetes, un bar de champán y muchas tiendas de regalos.

La torre está abierta al público los 365 días del año, con un horario de visita que varía según la temporada. De junio a septiembre, la torre permanece abierta hasta después de la medianoche. Las tarifas varían, pero los visitantes pueden llegar a pagar entre 10 y 14, 50€ por persona para acceder a los tres ascensores públicos de la torre y los 704 escalones. Los tickets están disponibles en la página web de la torre o en las taquillas que se encuentran a los pies de ella.

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HISTORIA DE LA TORRE EIFFEL

Fue en la Exposición Universal de 1889, fecha que marcó el 100 aniversario de la Revolución Francesa, cuando se lanzó un gran concurso en el Diario Oficial. La apuesta era "estudiar la posibilidad de erigir una torre de hierro en los Champs de Mars con una base cuadrada, de 125 metros de ancho y 300 metros de altura". Seleccionados de entre 107 proyectos, fueron aceptados los proyectos de Gustave Eiffel, Maurice Koechlin y Emile Nouguier, ambos ingenieros, y Stephen Sauvestre, un arquitecto.

La primera obra de excavación comenzó el 28 de enero de 1887. El 31 de marzo 1889, la torre se había terminado en un tiempo récord: 2 años, 2 meses y 5 días y se estableció como una verdadera proeza técnica.

El proyecto de construcción de una torre de 300 metros de altura fue concebido como parte de los preparativos para la Feria Mundial de 1889.

Emile Nouguier y Maurice Koechlin, los dos jefes de máquinas en la compañía de Eiffel, tuvieron la idea de construir una torre muy alta en junio de 1884. Fue diseñada para ser una gran torre con cuatro columnas de vigas, separadas en la base y que se unen en la parte superior entre sí por más vigas de metal a intervalos regulares. La compañía tenía en ese momento dominaba perfectamente el principio de la construcción de soportes del puente. El proyecto de la torre era una extensión audaz de este principio hasta una altura de 300 metros. El 18 de septiembre de 1884, Eiffel registró una patente "para una nueva configuración que permite la construcción de soportes metálicos y torres capaces de superar una altura de 300 metros".

Con el fin de que el proyecto fuese más aceptable entre la opinión pública, Nouguier y Koechlin contrataron al arquitecto Stephen Sauvestre para trabajar en el aspecto y la apariencia del proyecto.

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Sauvestre propuso pedestales para revestir las piernas, arcos monumentales para las columnas y el primer nivel, grandes salas con paredes de cristal en cada nivel, un diseño en forma de bulbo en la parte superior y otros elementos ornamentales para decorar el conjunto de la estructura. Al final, el proyecto se simplificó, pero ciertos elementos como los grandes arcos en la base se mantuvieron, lo que en parte le dan su aspecto característico.

Todos los elementos que iban a formar la estructura de la torre se prepararon en la fábrica de Eiffel situada en Levallois-Perret, en las afueras de París. Cada una de las 18. 000 piezas utilizadas fueron diseñadas y calculadas específicamente, trazadas con una precisión de una décima de milímetro. Un equipo de constructores, que habían trabajado en grandes proyectos de viaductos de metal, fueron los responsables de los 150 a 300 trabajadores que formaron parte del equipo de montaje de este gigantesco juego de construcción.

Todas las piezas metálicas de la torre se mantienen unidas por remaches, un método refinado de construcción en el momento de la torre fue construida.

En primer lugar las piezas se ensamblan en la fábrica con tornillos, para después ser reemplazados uno por uno con remaches. Un equipo de cuatro hombres fue necesario para cada remache ensamblado: uno para calentarlo, otro para mantenerlo en su lugar, un tercer para dar forma a la cabeza y un cuarto para instalarlo definitivamente.

En el lado del Sena, los constructores utilizaron cajones metálicos y se inyectó aire comprimido, de modo que fueran capaces de trabajar por debajo del nivel del agua.

La torre fue ensamblada utilizando andamios de madera y pequeñas grúas de vapor montados en la propia torre.

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El montaje del primer nivel se consiguió mediante el uso de doce andamios temporales de madera de 30 metros de altura, y cuatro andamios mayores de 40 metros cada uno.

El 7 de diciembre de 1887, la unión de las grandes vigas hasta el primer nivel se completó. Las piezas fueron transportadas por grúas de vapor.

Se tardó cinco meses en construir los cimientos y 21 meses para terminar el montaje de las piezas metálicas de la Torre.

Teniendo en cuenta los medios rudimentarios disponible en ese periodo, esto podría ser considerado como una velocidad récord. El montaje de la torre era una maravilla de precisión, ya que todos los cronistas de la época estaban de acuerdo en señalarlo así en la prensa. Los trabajos de construcción comenzaron en enero de 1887 y se terminó el 31 de marzo de 1889. En la estrecha plataforma en la parte superior, Eiffel recibió su condecoración de la Legión de Honor.

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ALGUNOS HECHOS CURIOSOS

  • Gustave Eiffel utilizó hierro forjado para la construcción de la torre para demostrar que el metal podría ser tan fuerte como la piedra, y a la vez más ligero.
  • La construcción de la Torre Eiffel costó 7, 799, 401. 31 francos, la moneda francesa de aquella época.
  • La Torre Eiffel tiene 324 metros de altura, incluyendo la antena en la parte superior. Sin la antena serían 300 metros.
  • Fue la estructura más alta hecha por el hombre hasta la construcción del edificio Chrysler en Nueva York en 1930.
  • La Torre Eiffel pesa 10. 000 toneladas.
  • Hay 5 mil millones de luces de la Torre Eiffel.
  • Los franceses le pusieron el apodo de: 'La Dame de Fer', "la Dama de Hierro".
  • La primera plataforma se encuentra a 190 metros sobre el suelo; la segunda plataforma es 376 pies, y la tercera plataforma es casi 900 pies.
  • La Torre Eiffel tiene 108 pisos. Sin embargo, los visitantes sólo pueden subir las escaleras hasta la primera plataforma. Hay dos ascensores.
  • Un ascensor recorre una distancia total de 103, 000 kilometros) al año.
  • Unos días después de la apertura, Eiffel instaló un laboratorio de meteorología en el tercer piso, invitando a los científicos a utilizar el laboratorio para sus investigaciones.
  • El ejército francés utilizó la torre para comunicarse de forma inalámbrica con los buques en el océano Atlántico durante la Primera Guerra Mundial.
  • La torre cuenta con más de 120 antenas, transmitiendo las señales de radio y televisión en toda la capital parisina incluso en el extrarradio.

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¿QUIÉN FUE GUSTAVE EIFFEL?

Gustave Eiffel, tras el éxito mundial de su creación, comentó, "debería estar celoso de la torre porque es mucho más famoso que yo. " Una observación graciosa, pero en el fondo cierta. A pesar de una larga y muy ilustre carrera, Eiffel era casi desconocido fuera de los círculos de ingeniería durante su vida.

Nacido el 15 de diciembre de 1832, en Dijon, Francia, Alexandre Gustave Eiffel creció para convertirse en un ingeniero en un momento en que los de esta profesión eran ampliamente considerados ignorantes e incultos. Eiffel, sin embargo, no encajaba en esta afirmación. Él era un gran admirador de la literatura clásica, con una amplia biblioteca de libros encuadernados en cuero, entre ellos, obras de Voltaire, Zola, Victor Hugo y otros. Publicó 31 libros y tratados que documentan sus numerosos proyectos y experimentos durante su vida. Bien entrado en los 80 recibió honores y premios por parte de los gobiernos de todo el mundo.

La sofisticación y elegancia de Eiffel no era sorprendente teniendo en cuenta su ascendencia. La familia del padre de Eiffel había construido un negocio de tapices muy próspero en Francia, que había proporcionado a varias generaciones una vida muy acomodada. En el siglo XVIII, los tejedores mercantes se consideraban miembros de una élite comercial, por lo que los orígenes de Eiffel eran una interesante combinación de burgueses y artesanos. Fue el padre de Eiffel quien, sin embargo, puso fin a la dinastía de la familia, cuando rechazó continuar con el negocio familiar y se escapó a los 16 años para unirse al ejército. Aunque fue un soldado respetado que sirvió bajo el liderazgo de Napoleón Bonaparte, el padre de Eiffel no habría ganado un estatus tan respetable en la sociedad si no se hubiera casado en Dijon con la hija de un rico comerciante de madera.

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La madre de Eiffel por su parte, era una mujer inteligente, con una cabeza excepcional y brillante para los negocios. No solo fue la responsable de la educación temprana de Eiffel, sino que también emprendió un negocio muy próspero en la industria del carbón, así como un negocio de envío y entrega. Más tarde, la madre de Eiffel también le ayudaría a iniciar su propio negocio, siempre fue muy apegado a su madre.

A pesar de su éxito en los negocios, los padres de Eiffel se consideraron nuevos ricos en el siglo XIX en Francia, un hecho que más tarde obstaculizado los intentos de Eiffel para casarse en Burdeos. Cuando la señora de Grangent negó la mano de su hija para él por la distinta posición social de ambas familias, Eiffel quedó traumatizado.

Eiffel acabó casándose con Marie Guadelet, la nieta de la mesera Edouard Régneau, en 1862. La pareja tuvo cinco hijos en común y estuvieron casados durante quince años, hasta que Marie contrajo neumonía y murió en 1887. Devastado, Eiffel pasó 36 años viudo sin volver a contraer matrimonio.

En su juventud, las dos influencias más fuertes en la vida de Eiffel fueron su tío Jean-Baptiste Mollerat, un químico exitoso que había inventado un proceso de destilación de vinagre de madera, y otro farmacéutico local, Michel Perret. Los dos hombres pasaron mucho tiempo con Eiffel e inculcándole amplio conocimiento en temas como la minería, la química, la religión y la filosofía.

Sin embargo, las ideologías políticas de su tío Mollerat causaron una grieta dentro de la familia que cambió el curso de la vida de Eiffel. En la escuela, Eiffel era un niño extremadamente curioso, pero no de los más estudiosos. Mientras asistía al Liceo Real, el muchacho se aburría y sentía que las clases eran una pérdida de tiempo. Sus calificaciones mejoraron en gran medida gracias a que encontró un estímulo en las clases de historia y literatura, se graduó en humanidades y ciencias.

Después, Eiffel asistió al Sainte Barbé College en París, con el fin de prepararse para los exámenes de ingreso a la prestigiosa École Polytechnique. Eiffel amaba París y pasaba todo su tiempo libre paseando por el río Sena, asistiendo a obras de teatro y visitando el Louvre. Al no poder entrar a la Polytechnique, Eiffel entró en la École Centrale et des Arts Manufactures, una escuela privada liberal que llegó a ser conocido como una de las mejores escuelas de ingeniería en Europa.

Eiffel tenía los planes de trabajar con su tío como químico en el procesado de vinagre en Dijon, sin embargo, tras unos malentendidos y peleas entre sus padres y su tío, el muchacho ya no podía aceptar ese trabajo, así que tomó un nuevo camino.

Sin perspectivas de trabajo a la vista, Eiffel finalmente fue contratado en una empresa de ingeniería dirigida por Charles Nepveu, un funcionario de la sociedad francesa de Ingeniería Civil. Aunque la compañía se declaró en quiebra poco después, Eiffel fue contratado como jefe de investigaciones de la empresa belga que posteriormente compró la compañía.

En 1858, a la edad de 25, Eiffel consiguió su primer gran éxito. Se le dio la responsabilidad de supervisar la construcción de un puente de 1. 600 pies de hierro fundido, que atravesaría el río Garona, cerca de la ciudad de Burdeos, el cual debería completar en tan sólo dos años. Con tan poco tiempo para terminar el proyecto, Eiffel se inspiró en un sistema de prensas hidráulicas. No solo terminó el proyecto, sino que gracias a su eficacia se ganó la reputación de un ingeniero innovador y eficiente.

En 1864, se instaló en París y decidió emprender su propio negocio. Se dedicó íntegramente 20 años a desarrollar métodos innovadores que le permitiesen construir una obra colosal e innovadora.

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Uno de sus primeros grandes proyectos que llevó a cabo con su propia empresa fue la construcción del puente de Sioule, que se sitúa 262 metros sobre el río Sioule, por lo que fue uno de los puentes más altos del mundo en aquel momento. El proyecto se sirvió de tres innovaciones importantes, que más tarde pondría en práctica en la construcción de la Torre Eiffel: Utilizó hierro forjado en lugar de hierro pesado y quebradizo que normalmente se utiliza para los puentes, porque era más resistente y más flexible; se curvó los bordes de los muelles, que eran generalmente cuadrados o rectangulares, para crear una base más duradera y estable; y desarrolló un sistema conocido como "lanzamiento", para mover más fácilmente las piezas individuales del puente, como si de un balancín gigante se tratase.

La reputación de Eiffel continuó creciendo con su lista de proyectos, que incluían puentes de campaña prefabricados para los militares, los famosos grandes almacenes Bon Marché de París, el encuadre de hierro para la Catedral de Notre-Dame, y su obra más destacada antes de la torre: la Estatua de la Libertad.

Creada por el escultor Frédéric-Auguste Bartholdi, la Estatua de la Libertad fue presentado por los franceses como una muestra de buena voluntad y amistad a los Estados Unidos en honor a su Exposición del Centenario de 1876. Bartholdi había diseñado la figura de la estatua de 151 metros, pero no sabía cómo construirla para facilitar su envío a Nueva York. Además, tampoco sabía qué materiales utilizar para que resistiera los fuertes vientos del océano Atlántico. En el momento de más duda, le presentaron a Gustave Eiffel, a quien le pidió ayuda en la construcción de la estatua. Eiffel construyó un marco de esqueleto de hierro para que las hojas de metal entonces se pudiesen unir, y estableció vigas de acero verticales en la base de granito de la estatua. El resultado fue una estatua más ligera pero más fuerte que era capaz de soportar grandes pesos y las inclemencias del tiempo. Una vez más, Eiffel había demostrado su capacidad para resolver los problemas técnicos más complejos mediante el uso de técnicas innovadoras que nadie se había atrevido antes a intentarlo.

En 1889, la amplia experiencia de Eiffel y sus métodos innovadores culminaron con la construcción de uno de los monumentos más famosos del mundo: LA TORRE EIFFEL, a los pies de los Champs de Mars. Sin embargo, a pesar de una cuidadosa planificación de tres proyectos ambiciosos después de la torre: la línea metropolitana central en París, un puente bajo el agua a través del Canal Inglés y un observatorio en el Mont-Blanc, el mayor éxito del estimado ingeniero también sería la última estructura importante que se haya construido.

En 1887, la compañía de Eiffel había comenzado a diseñar y construir las cerraduras patentadas que se iban a utilizar en el proyecto del Canal de Panamá. Sin embargo, en menos de un año después, la empresa que lo contrató se declaró en quiebra, y el proyecto se detuvo. Para los próximos cinco años, una investigación se llevó a cabo en la quiebra, que había acabado con los ahorros de cientos de miles de inversores franceses. Eiffel fue acusado de malversación de fondos, y durante varios años invirtió gran parte de su dinero y energía en la lucha contra los cargos. Eiffel fue absuelto en última instancia de todas las acusaciones, pero en 1893, Eiffel renunció como presidente de la junta de su empresa, por lo que no pudo llevar a cabo los tres ambiciosos proyectos que tenía en mente para después de la torre.

En los consiguientes 30 años, Eiffel vivió y trabajó en la torre que lleva su nombre, fueron sin duda los años más creativos y satisfactorios de su vida. Se dedicó a sus otros hobbies que había mantenido abandonados durante tanto tiempo: la meteorología, la aerodinámica y las telecomunicaciones.

El 27 de diciembre de 1923, Gustave Eiffel murió en su casa a la edad de 91 años. Aunque Eiffel había estado orgulloso de su torre, a menudo sentía que la extrema fama que el colocal monumento había conseguido silenciaba el resto de logros que había conseguido como ingeniero e investigador.

Cuando Eiffel otorgó el nombre de la familia en su torre, lo achacó a un acto de orgullo. Pero con el tiempo, el nombre y el monumento se convirtieron en uno solo y la gente comenzó a olvidar al hombre detrás de la obra maestra, quedando a la sombra de su imponente creación.

Por ello, la Torre Eiffel, pese a ser su mayor logro de vida, siempre ha sentido un sentimiento un poco contradictorio. Hoy en día, los discípulos, seguidores y admiradores de las obras de este renombrado arquitecto, luchan porque se recuerde a Eiffel, el hombre innovador que regaló a la humanidad muchas de las infraestructuras de las que hoy disfrutan los franceses y millones de visitantes.

LEYENDA DE LA TORRE EIFFEL

Entre las muchas leyendas que rodean al famoso monumento, hay una que especialmente me parece curiosa y digna de mencionar en esta entrada: la leyenda proviene de un reportaje realizado en el año 1965 y titulado "Los suicidas de la Torre Eiffel", el cual narra el preocupante hecho de cómo la gente utiliza la torre para cometer suicidio, saltando hacia el vacío desde lo alto. Entra esta creciente y tenebrosa práctica, nos encontramos con las historias de una persona que milagrosamente sobrevivió.

El caso más espectacular fue el de una solitaria joven con el corazón roto de 17 años, identificada sólo como Christiane, que hizo el saltó desde la torre en noviembre de 1964. La muchacha había llegado a París hacía varios meses procedente de Normandía con el sueño de vender perfumes, sin embargo, lejos de alcanzar su sueño encontró un trabajo como empleada doméstica. Durante ese tiempo conoció a un joven del que se enamoró y prometió, pero poco antes de la boda el muchacho rompió el compromiso.

Según cuenta la leyenda, ese mismo día Christiane fue a la Torre Eiffel, cogió el ascensor hasta el segundo piso, pero encontró la barandilla demasiado alta para cruzarla, así que bajó al primer piso. Después de caminar alrededor de una hora y media en círculos, de repente y ante la mirada de muchos atónitos, cruzó la barandilla y saltó hacia el vacío, aterrizando 182 metros más abajo sobre el capó de un coche Renault Dauphine. Tan solo se rompió la pierna, el coche le sirvió como parachoques y salvó su vida gracias al impacto sobre el techo. Sin embargo, la leyenda no menciona nada del propietaria del vehículo.

"No sentí nada después de haber saltado", dijo la suicida.

La noticia, la cual es un hecho real, se convirtió en leyenda en el momento en el que se añadió un giro inesperado, se cuenta que la joven superviviente se casó con el propiertaria del coche pero no hubo noticia de ello. Tal vez sea cierto, o tal vez sea un disfraz a la verdadera historia que le aporta ese halo de misterio el cual siempre quedará oculto tras los hierros que levantan el titánico monumento.

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Una noche de invierno en la Torre Eiffel

Publicado por Paulina Palestina Ruezga — hace 3 años

Una noche de invierno en la Torre Eiffel

Era el invierno del 2014 cuando mi amiga Yuliana que estaba de visita por sólo dos semanas en Europa y yo, emprendimos el viaje por las capitales Europeas. Uno de nuestros infaltables destinos debía ser París, y por supuesto la visita a uno de los emblemas franceses, la Torre Eiffel.

Habíamos pasado meses y años soñando con el día de encontrarnos en tal situación, y en ese momento estábamos tan cerca que era difícil de creer el cumplir ese sueño, la verdad es que en ese caso, las dos teníamos una gran ilusión en general por la ciudad, y nos alegraba el pensar el montón de maravillas que esperábamos encontrar, sin embargo, la historia como todas las realidades, fué un poco menos mágica de lo esperado.

Era nuestra primer noche en París, acabábamos de llegar del aeropuerto y nada más dejando nuestro equipaje en el hostal, emprendimos caminata hacia la Torre Eiffel, ¡claro! ¡había que verla de noche, de día, a toda hora! .

Tomamos el metro desde la estación Gare du Nord, vale la pena mencionar que el sistema de metro es muy eficiente y fácil de tomar, sólo recomiendo tener bien claro el mapa y listo. Al bajarnos de la estación teníamos que caminar un poco, los edificios no nos permitían vislumbrar la torre tal y como habíamos pensado que sucedería, así que caminamos y caminamos guiadas por el bendito mapa hasta que por fin apareción, bella e iluminada a través de los callejones pudimos verla.

Una noche de invierno en la Torre Eiffel

A lo lejos, nuestro corazón se emocionó con ese tipo de emoción de cumplir sueños, para mí es de los sentimientos más exitantes que puedas vivir, en fin, ese lapso de tiempo fué frío y feliz.

Al llegar, todo alrededor no estaba lleno de blanca nieve como lo habíamos pensado, ni visto en las fotos, todo estaba seco por el invierno y un poco húmedo, sin embargo esos pedazos de fierro viejo se erguían en forma danzante hacia el cielo, y nos ofrecía un espectáculo de luces muy lindo.

Una noche de invierno en la Torre Eiffel

De repente toda la torre comenzaba a encender pequeñas lucesitas que se encendían y apagaban haciendo el show de la noche. Todo estaba bastante solo por la hora, así que imagino que fué una forma totalmente distinta de ver la Torre Eiffel, sin turistas, sin flores, sin nieve, pero aún bella y aún torre.

Una noche de invierno en la Torre Eiffel

Caminamos alrededor y debajo de ella, es más grande incluso de lo que me la imaginaba, eso es bueno, y es mucho más simple de lo que pensé que sería, finalmente creo que la lección de este viaje fué darme cuenta que todo es sorprendente, todo puede ser totalmente distinto a lo imaginado, y lo más famoso no es lo más bello, pero se pueden encontrar detalles que nadie más pudo ver.

Una noche de invierno en la Torre Eiffel

En la ciudad del romance, se debe sentir de todo, y esta obra nos ayudó a cumplir sueños, no imaginaría visitar París y no visitarla a ella :).

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¡Un lugar emblemático de París, no se lo pueden perder!

Publicado por Nuri Mercury — hace 3 años

Evidentemente, una de las visitas INDISPENSABLES, OBLIGATORIAS en París es... ¡la Torre Eiffel! Claro, este monumento es el símbolo principal de la capital francesa. Pues habiendo visitado en varias ocasiones esta ciudad, ¡no había subido hasta lo alto de la Torre Eiffel! No hasta las vacaciones pasadas de Navidad; ) Así que en este artículo les hablaré sobre mi experiencia ahí y trataré de darles algunos consejos e informaciones útiles para su visita :)

Un poco de historia...

Que claro, para poder apreciar la belleza y la importancia de un lugar, me parece importante hablarles rápidamente de la historia del mismo. También conocida como la Dama de Hierro ("La Dame de Fer"), la Torre Eiffel fue originalmente construida con un carácter temporal.

Erigida con motivo de la Exposición Universal de 1889 (mismo año en el que se celebraba el centenario de la Revolución Francesa), en un inicio se planeaba que tuviera una duración de únicamente veinte años. Después de ese periodo, sería desmontada… Pero bueno, ¡ya habrán adivinado que eso nunca sucedió! Tanto, que en este 2016 cumplirá más de cien años en pie (126, para ser exactos ^^).

¡Un lugar emblemático de París, no se lo pueden perder!

Cuando nos dirigíamos a la Torre Eiffel... ¡no imaginaba que tendríamos tanto frío! Brrr... (Por cierto, en el letrero donde dice "Sortie", se alcanza a ver "Tour Eiffel" :D

Por cierto, había quienes estaban en contra de que se conservara este monumento. Lo veían como una simple estructura metálica sin gracia ni belleza alguna. ¡Si supieran que es tan famosa que hoy en día es uno de los lugares más visitados no sólo de Europa, sino del mundo entero!

Si se preguntan por qué se llama “Torre Eiffel”, es porque justamente lleva el nombre del ingeniero que la construyó: Gustave Eiffel. De hecho, Eiffel hizo un pequeño departamento en el último piso de la torre, donde recibía a invitados especiales (como Thomas Alva Edison, el inventor de la bombilla eléctrica).

De hecho, aún hoy en día ese espacio es conservado y, si suben hasta la punta de la torre, podrán asomarse a él para apreciar unas figuras en cera que representan al mismo Eiffel, a su hija y a Edison.

¿Qué ver o qué hacer en la Torre Eiffel?

Ir a la Torre Eiffel es algo que sólo subir y disfrutar de una espectacular vista de París. Que, bueno, es verdad que eso de por sí ya es bastante. Pero este famoso monumento, ofrece otras cosas más. Entre ellas, las siguientes:

Visitas guiadas

Si quieren recorrer la Torre Eiffel, al mismo tiempo que aprenden un poco (¡o un mucho! ) más este fabuloso monumento, un tour comentado puede ser una buena opción. Existen dos opciones: una donde podrán descubrir sus secretos y curiosidades, así como visitar sus rincones insólitos (que, de hecho, no están abiertos al público en general); la otra se trata de una visita teatralizada, en compañía de un actor, quien les contará todo sobre la historia de la Dama de Hierro. El precio por cualquiera de esos dos recorridos, es de 29 euros.

Para apartar su lugar en alguna de estas visitas, tienen que hacerlo directamente en los siguientes sitios:

¡Comeeeer!

La Torre Eiffel, estando ubicada en la capital de un país tan famoso por su gastronomía, no podía ser una excepción en ese sentido. Es por ello que aquí encontrarán no solamente uno, sino dos restaurantes. Uno está ubicado en el primer piso de la Torre y se llama “Le 58”. En mi cumpleaños del año pasado, tuve la magnífica oportunidad de ir a ese lugar. Sin duda alguna, se los recomiendo. Aunque es algo caro, sinceramente por su ubicación y servicio, así como por la calidad y el sabor de sus platillos, vale la pena ir.

¡Un lugar emblemático de París, no se lo pueden perder!

La Torre Eiffel vista desde abajo ^^

Por otra parte, si quieren un lugar más “chic” (o, en otras palabras, más caro :p ), tendrán que subir un piso más. ahí encontrarán el restaurante gastronómico “Le Jules Verne” (sí, llamado así en honor al célebre escritor francés). Aún no he ido a este lugar, pero estoy segura de que comer ahí debe ser una experiencia inolvidable.

Por cierto, ambos restaurantes ofrecen servicio al mediodía y en la noche. Además, según el servicio que elijan, el precio varía. Les recomiendo que reserven con un buen tiempo de anticipación su lugar… ¡Y es que ya se imaginarán que no serán los únicos que querrán comer ahí! De hecho, a mí así me pasó y otro poco me perdía de la oportunidad de ir al 58.

Pueden checar toda la información con más detalle (así como hacer sus reservas) en los sitios respectivos de cada restaurante:

Stands de comida rápida

Si su presupuesto no es tan elevado (o si simplemente, no tienen ganas de comer en uno de los restaurantes mencionados más arriba), en la Torre Eiffel podrán comprar sándwiches, bebidas y otros snacks (chocolates, dulces, etcétera) para calmar el hambre.

Stand de champagne

Si lo que quieren es celebrar algún evento u ocasión especial, en lo alto de la Torre Eiffel, en la punta, hay un bar de champagne. Es decir, aquí podrán comprar una copa con la cual podrán brindar desde las alturas, disfrutando de una hermosa vista de París. Ojo, la copa cuesta entre 10 y 15 euros (según el tipo de champagne que pidan), así que tengan previsto eso; )

Algunos datos interesantes...

  • Con sus poco más de 300 metros, la Torre Eiffel es el punto más alto de París. Además, fue durante mucho la estructura más alta del mundo entero.

  • La Torre Eiffel ha cambiado de color a lo largo del tiempo. Y es que, para evitar que sea afectada por la corrosión, cada cinco años la recubren con una nueva capa de pintura (¡casi 50 toneladas! :O ). Ha sido amarilla, gris, o verde… ¡ojalá que el próximo color sea morado con brillitos! :D

  • Originalmente, se llamaba simplemente “Tour de 300 mètres”, haciendo referencia a su altura. Sin embargo, con el paso del tiempo, fue bautizada con el nombre del ingeniero francés que la construyó: Gustave Eiffel.

Horarios

Siendo el monumento más visitado de Francia, está abierto los 365 días del año. Los horarios varían según la temporada, así que les recomiendo que chequen eso antes de ir a ese lugar:

De junio a septiembre, está abierta desde las 9:00 a. m. hasta las 12:45 a. m. (el último acceso se hace a la medianoche y, para subir hasta la punta, a las 11:00 p. m. )

El resto del año podrán visitarla de las 9:30 a. m. hasta las 11:45 p. m. (la última entrada es a las 11:00 p. m. y, para subir hasta la cima, hasta las 10:30 p. m. )

  • Ojo: Esos horarios son válidos únicamente para el ascensor. Si quieren subir por la escalera, el último acceso se hace hasta la medianoche (en verano) o hasta las 6:00 p. m. (en temporada baja).

Precios

Como lo dije más arriba, tienen dos opciones: subir con el ascensor o por las escaleras. El precio para subir por el ascensor es de 11 euros (sólo hasta el segundo piso) o de 17 euros (si quieren subir hasta la cima). Si prefieren hacer pierna y echarse el montón de escaleras, la entrada les saldrá en tan sólo 7 euros (pero ojo, no podrán subir hasta la cima, sólo hasta el segundo piso; ) ).

Existen también tarifas reducidas para los jóvenes de 12 a 24 años: desde 5 euros (escaleras), hasta 8, 50 y 14, 50 euros (para subir por el elevador, hasta el segundo piso hasta la cima, respectivamente).

Por cierto, les recomiendo que compren sus boletos por internet. Así evitarán las largas filas de espera. Sólo tendrán que presentarse en taquilla el día y la hora elegida para poder entrar ^^ Y háganlo con anticipación porque los boletos para fechas próximas se acaban pronto. Aquí les dejo el link donde podrán adquirir sus entradas: http://ticket.toureiffel.fr/index-css5-sete-lges-pg1.html

No sé por qué pero tenía la idea de que subir a la Torre Eiffel era caro y que sólo sería una pérdida de dinero... ¡no podía estar más equivocada! Es verdad que puede costar un poco más que la entrada a un museo, pero sinceramente es una experiencia que vale la pena. No se arrepentirán y quedarán súper contentos por cada centavo pagado para subir hasta la cima de este hermoso monumento :)

Cómo llegar

Pueden ir fácilmente con los transportes en común. Pueden tomar el RER C (amarillo) y bajarse en la estación Champ de Mars Tour Eiffel (que le nombre de la estación les dice todo ^^) o la línea 6 del metro y bajar en Bir-Hakeim. Asimismo, tanto las estaciones Trocadéro o Passy (línea 9 y 6, respectivamente) los dejan muy cerca de ahí.

Mi visita a la Torre Eiffel...

En realidad, fue mi mamá quien insistió en ir a la Torre Eiffel. Bueno, no sólo en ir a verla (algo que, por supuesto, ¡ya había hecho en más de una ocasión! <3), sino en subir hasta lo alto de ésta. Así que investigué sobre cómo ir, los horarios y las tarifas.

Si no mal recuerdo, mi mamá y yo fuimos el 1 de enero de este año. ¿Por qué ese día? Porque había checado que este monumento está abierto todos los días del año. Siendo un día feriado, era una de las opciones que teníamos y que decidimos aprovechar. Además, nos pareció una muy buena empezar el año :D

¡Un lugar emblemático de París, no se lo pueden perder!

Subiendo a la Torre Eiffel... ¡ni siquiera pude sacar bien la foto porque mis manitas se me estaban congelando!

Quería comprar los boletos en línea porque medio recordaba que así salían un poco más baratos… pero cuando vi en el sitio, encontré que el precio era el mismo. Así que decidimos ir directamente a las taquillas de la Torre para comprar nuestras entradas.

Ese día no sólo hacía mucho frío (et oui, c’est ca l’hiver francais…), sino que encima… ¡estaba lloviendo! Además, estaba haciendo mucho aire :S Afortunadamente llevé una sombrilla con la cual pudimos cubrirnos un poco. Sí, sólo un poco porque entre tanto viento y tormenta, mi sombrilla terminó como acordeón x) Pero bueno, sí nos fue un tanto útil.

De camino a la Torre…

Nos estábamos hospedando en el 13ème arrondissement, al sureste de París (si mi sentido de orientación no me traiciona…). La estación de metro más cercana era Maison Blanche, de la línea 7. Tomamos el metro en dirección a La Corneuve para bajarnos en Place d’Italie. De ahí, cambiamos a la línea 6 y nos bajamos en la estación Bir-Hakeim.

Por cierto, aunque hay varias líneas de metro que los acercan hasta la Torre Eiffel, tienen que caminar un poco para llegar hasta a ella. Así que no se asusten si saliendo del metro, no la ven luego, luego frente a ustedes; )

Una vez ahí, el inicio de la aventura…

El caso es que caminamos hasta la Torre. Una vez que llegamos hasta ella, nos dirigimos a una de las taquillas. Cabe mencionar que hay varias taquillas (me parece que una por cada pilar, o sea, cuatro). Según si han comprado con anticipación su boleto o si lo van a comprar ese mismo día, es la taquilla a la cual deberán dirigirse. Hay letreros grandes que indican cuál es la que les corresponde, tanto en francés como en inglés. Además, también hay varios letreros luminosos que dan información importante como el precio de los boletos, las reducciones, posibles, los horarios, la hora del último acceso, etcétera.

Como ese día estaba lloviendo, pues no había mucha gente (recuerdo que las otras ocasiones en las que había ido hasta ahí, había filas enoooormes de personas esperando. No sólo para subir a la Torre, sino para comprar su boleto). Eso fue muy bueno porque al menos no tuvimos que estar las horas y las horas bajo la lluvia y con frío. Pedimos dos boletos a tarifa de adulto, con la opción para subir hasta el último piso de la Torre.

Como ya lo dije más arriba, hay varios tipos de entrada: si son deportistas y que se animan a echarse el montón de escaleras, les saldrá más barato que si prefieren tomar el ascensor. Sin embargo, aunque la Torre Eiffel tiene un total de 1665 escalones, sólo podrán subir un total de 704. Es decir, sólo podrán ir hasta la segunda planta; )

¡Un lugar emblemático de París, no se lo pueden perder!

Desde lo alto de la Torre: vista espectacular del Trocadero

Vi que había algunas personas que sí se animaban a subir a pie (¡sí, aún con todo y lluvia! :O ). Pero sinceramente, les recomiendo que al menos una vez en su vida, suban hasta lo más alto de la Torre. Es un espectáculo que deben ver :)

Bueno, continuando con mi relato, compramos nuestros boletos y nos dirigimos a la entrada indicada (sí, porque hay cuatro accesos y, según si adquieres tu boleto ahí mismo o en línea, te tocará ir a uno u a otro). Esperamos a pasar por los controles de seguridad, que nos revisaran las bolsas, pasar por los detectores de metal y todo eso.

Después de eso, fuimos hasta el ascensor que nos llevaría… ¡hasta el último piso de la Torre Eiffel, hasta el punto más alto de París! Recuerdo que el elevador estaba lleno (¡sí, y eso que dije no había mucha gente ese día! Ya me imagino cuando es temporada alta :S) y cuando empezó a subir, lo hizo a una gran velocidad. Aunque me causó un poco de vértigo, rápidamente lo olvidé gracias a la hermosa vista que teníamos del exterior. Y es que el ascensor tiene unas puertas transparentes. A través de éstas, se puede ver no sólo el paisaje citadino, sino también los engranajes y demás mecanismos y piezas metálicas de la Torre.

Un primer pequeño problema…

Hasta ahí, todo bien… pero, a decir verdad, no todo salió exactamente como planeado. Cuando estábamos en el elevador, y que ya habíamos pasado el primer piso, de repente, algo pasó con el ascensor: ¡se quedó bloqueado! . Afortunadamente no se quedó parado en medio de dos, pisos, sino justo en el segundo. En cada ascensor, hay una persona que controla el acceso y que se encarga de oprimir los botones necesarios (que, si los dejaran sin vigilancia, de seguro habría más de un maldadoso que querría hacer alguna “broma” o algo peor…). La chica que estaba a cargo ese día, era italiana. Lo reconocí por su acento al hablar francés.

Pues cuando intentó abrir las puertas para que las personas pudieran entrar y salir, éstas no respondieron. Es decir, no se abrían :S Pasó un minuto… luego dos… luego cinco… en total estuvimos como diez o quince minutos atrapados ahí. Yo estaba tranquila (o al menos intenté jajaja). Me dije que no tenía caso entrar en pánico porque, de todos modos, eso no serviría de nada para cambiar la situación x) En cambio recuerdo que sí hubo algunas personas que empezaron a ponerse nerviosas. Me acuerdo sobre todo de dos parejas argentinas (yep, también reconocí su acento). Una de las chicas, estaba diciendo que se quería bajar, que es más, ya quería ni subir hasta la cima :p

Otra vista del Trocadero

Mientras tanto, la chica responsable del elevador, había hecho ya varias llamadas al personal técnico y de mantenimiento. Había explicado lo sucedido: que el ascensor se había quedado atascado en el segundo piso, que no subía ni bajaba y que las puertas no se querían abrir. Nos indicó que mantuviéramos la calma (que bue, como lo dije, en esos momentos ¿qué más puede hacer uno,? Jajaja), que ya pronto llegaría el personal adecuado. Escuché decir que ese tipo de incidentes ocurrían en tiempo de lluvia. Pero bueno, me dije que al ser un monumento tan concurrido, debían tener experiencia con ese tipo de situaciones. Además, puesto que cada día van millones de turistas, deben dar un buen mantenimiento a todas las instalaciones.

Al fin llegaron los técnicos y las puertas se abrieron. Nos dijeron que no saliéramos, que esperáramos ahí. Y aunque había personas esperando también entrar, les indicaron que no podían acceder al elevador. Pero al cabo de un rato, hubo quienes salieron porque ya estaban poniéndose algo histéricos, diciendo que ya no querían estar ahí y que no se sentían seguros… entre esas personas, estaba la chica argentina, como tal vez ya lo habrán adivinado :P

¡Al fin afuera!

Bueno, el caso es que después de que secaran las puertas y demás ranuras, el elevador siguió funcionando de manera normal (¡afortunadamente! ). Y al fin pudimos subir al segundo piso de la Torre Eiffel ^^ Como nosotras habíamos comprado el pase para subir hasta la punta, seguimos las flechas que indicaban el camino hasta el siguiente elevador que había que tomar.

Nos formamos y nos revisaron nuestro boleto (sí, que como no todos compran ese acceso, los encargados deben asegurarse que todos tengan el ticket correspondiente. Si no, sería muy fácil comprar el boleto más barato y subir hasta arriba, sin haber pagado la tarifa correcta). Una vez ahí, hay que tomar otro elevador. Me parece que hay cuatro en total. Nosotras tuvimos que esperar alrededor de diez minutos para entrar a uno. Aunque se me hizo un poco largo (sobre todo a causa de la lluvia y de la temperatura), puedo apostar que ese tiempo de espera no es nada en comparación a los días de temporada alta, ¡donde hay un montononal de turistas!

Como ya se imaginarán, había visitantes de todo el mundo: desde asiáticos (que no podían faltar, esos están por todos lados :P), rusos, estadounidenses, hasta, por supuesto, latinos. De hecho hablamos un poco con ellos. Supimos que venían de Ecuador y de Nicaragua (si no mal recuerdo…), que por ahora estaban viviendo y trabajando en España y habían aprovechado para hacer un tour por París.

¡Finalmente en la cima!

Bueno, pues el caso es que al fin entramos al ascensor para ir hasta el punto más alto de la Torre. Creí que, saliendo del ascensor, vería ya luego, luego la terraza (sí, esa que ya había visto antes en reportajes y en fotos ^^). Pero no, una vez ahí, salimos a un espacio cubierto. Es una especie de mirador cubierto desde donde puedes ver París desde lo alto.

Además, sobre los grandes ventanales de este espacio, hay una “cenefa” que compara la altura de los diferentes edificios y monumentos de varias partes del mundo, con aquella de la Torre Eiffel. Por curiosidad, busqué si no había alguna construcción de México y sí: la Torre Latinoamericana. Aunque no es tal alta como la Torre Eiffel, esas comparaciones permiten a los visitantes comparar y relativizar las dimensiones de cada uno de esas edificaciones.

El río Sena visto desde lo alto de la Tour Eiffel

Por cierto, mientras estaba ahí, ¡sentí cómo se movía la Torre Eiffel! :O Ya había escuchado hablar de eso, pero no lo creía… hasta que lo experimenté yo misma. Así que es verdad: el viento mueve ligeramente la Torre y uno puede sentir ese balanceo :S A mí me puso un poco nerviosa porque me recordó a los temblores de México. Pero bueno, no pasa nada, es algo normal. Y pues, hay que decirse que es una construcción que ha estado en pie durante más de cien años y que, al ser tan visitada, deben darle un excelente mantenimiento.

Y si se preguntan: “¿Y ya, es todo, no se puede ir hasta más arriba? ” Se equivocan, por supuesto que se puede subir hasta un punto aún más alto. Para acceder a él, tienen que hacerlo por unas escaleras que los llevarán a la terraza exterior. Apuesto a que cuando hay buen clima, debe ser un espectáculo muy bello el ver París desde tan alto… y digo “apuesto a que” porque nosotras subimos hasta esa terraza (¡claro, no podía ser lo contrario! :D), pero como estaba lloviendo y haciendo aire, en ese punto de la Torre el viento no mucho, ¡sino muchísimo más fuerte! Tanto que cuando quise caminar para regresar abajo, ¡el viento me llevaba con él! (Y no es broma, eh x) ).

Si bien es cierto que pudimos disfrutar de una hermosa vista de la ciudad, no fue por mucho tiempo ni en las mejores condiciones a causa del clima :( Aunque eso sí, sí pude asomarme rápidamente al departamento de Gustave Eiffel (sí, del cual les hablé más arriba; ) ) y pude ver que en ese último piso, había un stand de champagne. Es decir, si tienen algo que festejar, pueden comprar una copa champagne y brindar desde lo alto de París ^^ Me hubiera gustado hacerlo con mi mamá, pero con el frío que hacía, tenía más bien ganas de un chocolate o de un café calientito :P Aunque estaba bien cubierta con mis guantes, mi gorro y mi abrigo, ¡me sentía como pingüinito en el Polo Norte!

De regreso a la tierra… ¡y una falsa alarma!

Después de eso, evidentemente no tardamos mucho en bajar :P Tomamos de nuevo el ascensor para ir al segundo piso y, cuando esperábamos el otro elevador para ir hasta abajo… ¡oh, sorpresa! ¡Un nuevo incidente! Esta vez no hubo ningún elevador atorado, no. Más bien escuchamos un anuncio por el altavoz diciendo: “Chers visiteurs, pour des raisons de sécurité, le monument est fermé. Nous vous prions de vous diriger vers la sortie la plus proche. Merci de votre compréhension”… o sea que, por razones de seguridad, ¡nos pedían que evacuáramos la Torre Eiffel! Cuando escuché eso dije: “¡¿Qué?! ¡¿Por razones de seguridad?! ” Pues como recientemente habían ocurrido los lamentables atentados de París, sólo deseé que nada mala sucediera… de todos modos, estábamos (¡una vez más! x) ) a quién sabe cuántos metros de altura y el único medio de salir era a través del ascensor… que debíamos esperar. Así que guardé la calma y esperé…

Minutos después, cuando aún estábamos esperando a que llegara el elevador por el cual bajaríamos, escuchamos nuevamente un anuncio: “C’était une fausse alarme, vous pouvez continuer à visiter le lieu en toute tranquilité. Bonne visite! ”. Pues que al fin y al cabo, sólo era una falsa alarma x) Ah y, por cierto, mientras todo esto sucedía, mi mamá ni en cuenta jajaja cuando le pregunté si no se había asustado (nooo, yo no me asusté, sólo quería saber si ella tampoco, eh jajaja :p ), me dijo simple y llanamente: “¿Anuncio? ¿Cuál anuncio? Ah, yo ni puse atención”. Bueno, a veces es mejor no entender las cosas :P

El departamento del ùltimo piso de la Tour Eiffel. La decoración es la misma que en época en la que fue construido

Pues bueno, una vez que (¡por fin! ) estábamos ya abajo, decidimos pasar rápidamente a la tienda de recuerdos. Y digo rápidamente porque en ese momento, ¡lo único que quería hacer era irme a un lugar cubierto, donde poder entrar en calor y secarme un poco! Aunque yo no compré nada, vi que tenían varias cosas bonitas: tazas, llaveros, postales, sombrillas, camisetas, etcétera. Mi mamá sí compró unas bolsitas con monedas de chocolate que decían “París”. (No estaban caras y, si llevabas dos o más, te hacían un pequeño descuento). Si van a esta tienda, este producto es una muy buena opción para que lleven algo para regalar a sus amigos y familiares :)

Conclusión

Aunque mi visita a la Torre Eiffel fue bajo la lluvia, con aire y con frío, mentiría si digo que me arrepiento de haberla visitado. Y es que, a pesar de las condiciones meteorológicas, pude al fin subir al monumento más característico y famoso de París. Además, pude apreciar la ciudad desde otro ángulo.

Por otra parte, a pesar de que en ese momento tenía frío y lo único que quería, era estar en un lugar calentito, ahora hasta risa me da el recordar que me encontraba en lo alto de la torre, tratando de mantenerme en pie con mi pobre sombrilla que se hizo toda fea (no, no sobrevivió, jajaja saliendo de ahí, la tuve que tirar). Y por supuesto, después de esa visita, me quedé con más de una anécdota para contar (desde un atorón en el ascensor, hasta una falsa alarma de evacuación :P)

Definitivamente, no pueden irse de París sin haberse subido a su famosa Torre Eiffel. Casi, casi que es… ¡como no haber ido a la ciudad de las luces! Así que, de paso por la ciudad, reserven un espacio en su agenda para que visiten y suban hasta la punta de la célebre Dama de Hierro. Estoy segura de que será una experiencia que recordarán toda la vida ^^

¡Un lugar emblemático de París, no se lo pueden perder!

La Torre Eiffel, la Dama de Hierro desde un bateau mouche :)

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