Santa María del Mar


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La Catedral del Mar

La Catedral del Mar

Su historia es tan interesante, que ha pasado a ser parte de un libro. De hecho, he tomado prestado a Ildefonso Falcones el título de este post. La novela de este autor, titulada La Catedral del Mar, dio a conocer esta impresionante iglesia a todo el mundo. A pesar de las obviamente características ficticias de los personajes, la novela ha sabido ajustarse muy bien a la increíble historia que se esconde tras estos enormes bloques de piedra. Situada en el barrio de La Ribera, a medio camino entre el barrio Gótico y la zona del puerto, Santa María del Mar data del siglo XIV, época en la que fue construida en tiempo récord, sobre todo si tenemos en cuenta los estándares de la Edad Media.

La Catedral del Mar

De hecho, solo se tardaron 54 años (de 1329 a 1383) en erigir esta impresionante iglesia; un período de tiempo muy pequeño en comparación con los 100-150 años que se solían tardar en construir una catedral. La razón de este récord, probablemente, se encuentra en su peculiar historia. Normalmente, los contratiempos en la construcción de este tipo de iglesias se debían a la falta de dinero. Esta falta de dinero retrasaba las obras ante la imposibilidad de pagar a los trabajadores y de comprar materiales. Sin embargo, en el caso de Santa María del Mar, se realizó gracias al enorme esfuerzo de los bastaixos, que eran los estibadores que una vez por semana transportaban en sus espaldas los bloques pesados de piedra desde la cantera de Montjuïc hasta La Ribera. En este sentido, se podría afirmar que, sin lugar a dudas, Santa María del Mar es la iglesia del pueblo y que realmente pertenece a los barceloneses.

La Catedral del Mar

Un dato curioso que me gustaría destacar es cómo el dramático trabajo de estos obreros desconocidos no ha caído en saco roto. De hecho, están representados en las esculturas de la fachada, como una especie de compensación por su sacrificio. Desde un punto de vista arquitectónico, la iglesia es un ejemplo perfecto de la versión catalana del estilo gótico, que se caracterizaba por su sobriedad y equilibrio en las proporciones. Sin embargo, las dos torres, situadas a ambos lados de la fachada principal, son tan altas que transmiten el concepto de austeridad que se desprende de la iglesia en sí misma. De hecho, en el interior de Santa María del Mar no encontrarás ninguna muestra de lujo. No obstante, la aparente sobriedad de la iglesia se compensa con la atmósfera tan acogedora que se respira dentro de las tres naves. Por otro lado, las dos filas de estrechas columnas, no absorben la gran cantidad de luz que entra a través de todas las vidrieras, sino que, por el contrario, parecen destacar la apertura del espacio. Pero es la iglesia en su totalidad, incluso con su blancura de la fachada, la que transmite una impresión de majestuosidad y solemnidad.

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