Castillo de Praga


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Once horas caminando por Praga

Traducido por Jaime Martínez — hace 1 año

Texto original de Barbarka Houfková

Siempre he dicho que los planes espontáneos son los mejores. Hace dos semanas no tenía ni idea de lo que iba a hacer este fin de semana y el resultado fue que me divertí tanto que incluso he decidido escribir sobre ello. Cuando me fuí de Francia, hablé con muchos amigos de allí sobre la posibilidad de reunirnos en algún lugar de Europa durante el verano. Pero claro, todos sabemos que eso no es tarea sencilla. Siempre se puede decir: "Claro, voy a ir". Pero la realidad es que nunca sabes tus planes futuros, el lugar donde estarás y tus circunstancias para poder acudir.

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Recuerdo mi último día en Lille con François y Alberto. Fue muy triste decir adiós. Sin embargo, sabíamos que estaríamos muy cerca porque tiempo después François se mudó a Alemania con una beca. A principios de julio me envió un mensaje diciendo: "¿Qué vas a hacer este fin de semana? Estoy libre para poder hacerte una visita en Praga". Yo ya tenía planes con mi padre, pues llevábamos mucho tiempo sin vernos, así que sólo estaba disponible el domingo. Todo fue demasiado rápido. Por lo tanto, decidimos posponer la reunión para el fin de semana del 16 y 17 de julio. Queríamos reunirnos con Alberto también, pero él estaba con su beca en España y los billetes de avión eran más caros de España a la República Checa.

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François planeó bien su viaje y vino a explorar Praga. Quería que su estancia fuera inolvidable, así que intenté hacer una lista con los lugares más emblemáticos e interesantes con antelación. Desafortunadamente, no fui todo lo productiva que me hubiese gustado porque tuvimos una gran fiesta el jueves y tuve resaca todo el viernes. Además, se suponía que trabajaba el viernes. Fue una locura. Me sentí muy cansada durante todo el día. Cuando llegué a casa, lo único que pude hacer fue limpiar el apartamento y luego me quedé dormida en menos de un minuto. Se suponía que François vendría el viernes por la noche, pero no me respondía.

De hecho, no tenía ni idea de si de verdad iba a venir o de si se quedó al final en Alemania. Sin embargo, cuando me desperté a la mañana me escribió que acababa de llegar a Praga y que podíamos vernos. Al principio, no sabía qué hacer todo el fin de semana en Praga para entretener a François lo suficiente. Además, nunca habíamos pasado un solo fin de semana entero juntos en Lille. Mis preocupaciones desaparecieron inmediatamente porque teníamos muchas cosas de qué hablar y muchas cosas que ver. Durante ese fin de semana me di cuenta de que no hacía apenas turismo en Praga. Desde que me mudé a Praga sólo fui a la escuela, al trabajo o de fiesta. Olvidé mencionar el hecho principal de que François viniese, y es que François iba a estudiar en mi universidad (Charles University) en Praga durante un año entero a partir de septiembre. ¡Es genial! Si me quedara en Praga, volveríamos a ser compañeros de clase. Fue divertido verle en Praga, donde pasará su próximo año.

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François dejó su coche en algún lugar cerca de Vysehrad. Por lo tanto, decidimos reunirnos allí y comenzar nuestro día. Recuerdo que una vez subí corriendo hasta Vysehrad con el equipo de Nike en Praga, pero nunca lo visité como turista. Caminamos desde la estación de metro de Vysehrad y la zona era bastante agradable. Vimos la catedral y la vista de toda Praga. Cuando revisé el pronóstico del tiempo, me dijeron que iba a llover todo el fin de semana. Afortunadamente, el pronóstico cambió porque el tiempo esos días fue increíble. El sol brilló todo el día sin hacer demasiado calor. Por lo tanto, tuvimos las condiciones perfectas para ver Praga. Estábamos un poco perdidos, pero luego encontré el camino desde Vysehrad al centro de la ciudad. Es muy bueno que, aunque Praga sea bastante grande, se pueda caminar entre los lugares más importantes sin usar el metro. Por lo tanto, sólo caminamos. Le mostré a François el sitio llamado "Náplavka", nuestro lugar favorito para tomar cerveza en verano.

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Nos dio un poco de hambre y sed. Era hora de encontrar un restaurante. Sugerí ir al Pivovar de Národní Třída porque fui allí con gente internacional y me gustó mucho. Los precios no son los más baratos pero el restaurante se encuentra en el centro de la ciudad y tiene jardín. La especialidad de este restaurante es su cerveza. François probó la cerveza sin filtrar y yo tomé una cerveza normal. Como pequeño aperitivo tomamos palitos de queso fritos, fue idea mía. Me encantan todos los tipos de queso y allí lo sirven con una salsa de arándanos que está riquísima, aunque el plato es muy pequeño. Nos sentimos con más energía después de la cerveza y la comida y pudimos continuar explorando.

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Fuimos a un lugar muy querido, la denominada isla de Margaret, con el objetivo de alquilar una barca a pedales. Llevé a un amigo mexicano en estas barcas hace tiempo y me gustó tanto que quise volver a ir allí y repetir con François. Además, la experiencia siempre es buena con buen tiempo. Cuando llegamos allí escuchamos las instrucciones sobre el barco que yo ya conocía. Queríamos una barca con forma de coche. Desafortunadamente, había demasiada gente, así que no pudimos elegir la forma de la barca. Estábamos hablando de todo, flotando en nuestra barca y disfrutando del tiempo. De repente, un hombre en una lancha a motor se acercó rápidamente y empezó a preguntarnos: "Oye, ¿adónde vais? ". De repente, me di cuenta de que nos habíamos olvidado por completo de mirar hacia dónde íbamos y que estábamos muy lejos de la boya. Inmediatamente empezamos a girar el barco y a intentar volver. Me asusté cuando vi un pequeño remolino frente a nosotros. Tuvimos suerte de que el hombre llegó a por nosotros a tiempo. El hombre estaba muy cabreado. Finalmente, volvimos rápido y todo acabó bien.

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Después, quisimos cruzar el puente de Carlos pero era imposible. El puente estaba lleno de gente. Después, fuimos a ver el muro de John Lennon. También había mucha gente. Más tarde, fuimos a una de las zonas más turísticas y todas las calles estaban a rebosar de personas. Intenté enseñár todo a François y le hablé de la especialidad dulce checa, el Trdelník. Es un pastel dulce con azúcar y canela. No me había dado cuenta hasta ese día, pero hay muchos lugares en Praga donde se puede comprar. Vimos al menos diez sitios donde se podía comprar y había una gran cola de espera por todas partes. Ya teníamos hambre, así que decidimos almorzar. Cuando estábamos tratando de encontrar un cajero automático, una chica dijo: "Hola François". Después de diez minutos de conversación en francés me enteré de que era un amigo suyo. ¡Menuda coincidencia! Hablaban tan rápido que lo único que entendí fue que ella acababa de regresar de México, que se fue a Praga por un fin de semana y que le gustó un sitio llamado Absintherie. Absintherie era otro lugar al que quería ir con François, pero no tuvimos tiempo. Además, supongo que tendrá más oportunidades de ir allí con sus amigos en Praga a partir de Septiembre durante su beca.

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Cuando me enteré de que François iba a vivir en Praga, tuve claro que debía llevarle a algún restaurante con comida checa para que la probase. No estaba muy entusiasmada porque no me gusta mucho la comida checa. Además, no era fácil encontrar un buen restaurante con comida checa a un precio razonable. La mayoría de restaurantes checos están destinados a los turistas y sus precios son más altos de lo normal.

Usé Google para encontrar un buen lugar. El lugar elegido fue el llamado Havelská Koruna. Estaba a pocos metros de la plaza de Wenceslao. Cuando vimos el menú, me quedé asombrada. Se pueden probar especialidades checas por menos de 100 coronas checas, lo cual es increíble. Cuando entramos en el restaurante entendí el por qué. No era un restaurante normal, sino una especie de cafetería. No nos importó y elegimos nuestra comida. Le sugerí a François que probara el solomillo con salsa de verduras llamadoSvíčková. Es mi comida checa favorita, pero durante el verano no me apetece comerlo. Por lo tanto, yo tomé Schnitzel de pollo. Tuvimos un problema con las mesas, ya que la cantina estaba totalmente llena. Nos llevó alrededor de quince minutos encontrar sitio y tuvimos compartir la mesa con una mujer extraña. Fue curioso que François me dijera que nunca antes había visto los famosos dumplings. Logró probar la cerveza checa más popular, la Pilsner. Al final me gustó este restaurante porque tenían una gran selección de comidas checas, dulces y ensaladas a precios razonables y en una ubicación perfecta. Por ejemplo, los precios eran más bajos que en la mayoría de los lugares de Hradec. Después del almuerzo me sentí literalmente agotada. Por lo tanto, fuimos a tomar un gran café para recargar nuestras baterías.

El siguiente objetivo era el castillo de Praga. Subimos las escaleras y luego disfrutamos de una vista impresionante. El puente de Carlos permaneció lleno de gente. Estábamos caminando por el complejo del castillo y vimos la catedral, que ya estaba cerrada. Ya era bastante tarde pero estábamos decididos a ver el último lugar: Petřín, a veces llamado "la versión pequeña de la Torre Eiffel". No teníamos suficiente batería en el teléfono móvil para mirar mapas, pero encontramos el camino fácilmente porque había un montón de señales. Fue agotador porque decidimos no usar el funicular. No subimos hasta lo más alto de la torre porque estábamos muy cansados. Sin embargo, desde allí se apreciaba toda Praga y vimos Vysehrad a lo lejos. ¡Fuimos conscientes de todo lo que habíamos andado ese día! Desde allí caminamos hasta una zona llamada Ujezd.

Ya eran las nueve de la noche. Pensamos en ir a un bar, pero los dos estábamos muy cansados. François estaba tan contento que por la noche decidió ayudarme con mi francés y a partir de ese momento los dos sólo hablamos francés. ¡Fue muy divertido! Normalmente, en Francia, siempre decíamos: "Hablemos en francés", pero al final no lo hacíamos por vergüenza. Esta vez fue diferente. Sentí que podía tener una conversación normal y traté de recordar tantas palabras como pude. Me motivó a continuar con mi francés. François me sugirió que descargara grabaciones de audio en francés para seguir mejorando. ¡Las grabaciones que me recomendó eran perfectas! Dicen frases comunes y después las repiten dos veces en francés. Como tengo que ir tres veces por semana a mi nuevo trabajo, donde tengo que hacer las mismas tareas administrativas todos los días, ahora tengo la oportunidad de entretenerme y aprender al mismo tiempo con las grabaciones. ¡También me hizo una lista de películas que podía ver en francés! Estoy muy motivada para seguir aprendiendo francés, pero el hecho de que no esté segura de si volveré a Francia me entristece.

Fuimos a Vysehrad en metro de nuevo. Quisimos comer un tentempié para la cena y me sentí obligada a mostrarle a François el mejor lugar de comida rápida para pizzas. La verdad es que casi siempre hay una tienda que vende pizza en el metro o cerca de la estación. También le mostré el edificio donde estudio, el Instituto de Ciencias Económicas donde probablemente (desafortunadamente) él pasará mucho tiempo el próximo año. Cuando llegamos a casa ya eran las 11 de la noche y nos fuimos a dormir inmediatamente.

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Al día siguiente sólo nos quedaba la mañana y dos horas después de la comida porque yo tenía que trabajar a la tarde. Por la mañana, estuvimos mirando alojamiento para él en Praga y me sorprendió cuando me dijo que había encontrado un alojamiento para estudiantes por 10 000 CZK al mes. ¡La cantidad era una locura! Ni siquiera conozco a nadie en Praga que pague más de 5 000 coronas checas. Parece ser que la gente gana mucho dinero aprovechándose de los estudiantes extranjeros.

Le mostré a François el gran parque llamado Stromovka, que está cerca de mi casa. Normalmente voy a correr allí. Me sorprendió cuando François me dijo que logró acabar una maratón en Alemania sin practicar. Me convenció de que intentase correr una maratón (en el futuro). Después, decidimos almorzar en un restaurante chino. No sabía dónde encontrar el mejor restaurante chino. Por lo tanto, estuvimos caminando hasta que ya estábamos de nuevo en la plaza de Wenceslao (la principal zona turística). Allí, encontramos un restaurante chino donde la comida era buena, las porciones eran grandes pero el servicio no era tan agradable. François pidió Kung Pao, que era muy picante.

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Ya era hora de decir adiós pero aún teníamos que comer un Trdelnik. Era raro que el Trdelnik simple costaba 60 CZK y el Trdelnik con helado costaba el doble. Simplemente tomamos uno sencillo y estaba delicioso porque estaba recién sacado del horno y estaba caliente. Conseguí mostrarle a François un pequeño parque escondido cerca de la plaza de Wenceslao.

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En resumen, logramos ver los principales lugares de interés en un día. ¡Estuvimos caminando durante once horas! Además, hablamos mucho sobre nuestra vida en Praga y me recordó lo mucho que me gusta la vida estudiantil en esta ciudad. Al mismo tiempo estaba más que contenta de volver a hablar de todos mis recuerdos de Lille y empecé a esperar con impaciencia mi nueva aventura en Ámsterdam. Como estuvimos juntos todo el tiempo, conocí a François mucho más. No me importó ser una turista más en Praga durante este tiempo. Por el contrario, disfruté de la ciudad con una compañía inmejorable.

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