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Botes de pedales


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Día con Jenny

Día con Jenny

Mi estancia en Lila fue increíble por la gente que conocí. Aunque fue imposible estar tanto tiempo con todos como me hubiera gustado, hice muchos amigos geniales. Hoy le toca a Jenny, la chica taiwanesa que conocí en Lila. No recuerdo cuándo la conocí exactamente, pero creo que fue en mi primera semana allí. Vi a Jenny al principio y siempre estaba sonriendo y hablaba mucho. También fue a patinar sobre hielo con el Club Internacional. No sé qué pasó después, pero luego no la vi mucho. Ahora nos reímos de ello, pero me pareció que había desaparecido. Nos vimos alguna vez en la universidad, pero siempre era rápido y no teníamos tiempo para hablar. Siempre la invitaba a fiestas, pero era demasiado responsable y prefería estudiar. Me acuerdo de que tuve una semana divertidísima, llena de viajes y fiestas, y ella estaba en plan: «Qué horror de semana. No me da tiempo a nada. Tengo muchísimos deberes». Sin embargo, cada momento con ella era genial. Además, Jenny viajaba un montón. ¡No conozco a nadie que viaje más que ella! Una vez me contó una historia que le pasó estando de viaje con una tía rara. Siempre que me acuerdo me hace gracia.

Al final del semestre nos dimos cuenta de lo rápido que había pasado y decidimos quedar. Fue un día antes de que empezara mis viajes. ¡Quería saberlo todo! Me hacía gracia que estando en el mismo intercambio, tuviéramos experiencias distintas, viéramos sitios distinto y conociéramos a gente distinta. Es una pena que no tuviéramos clase de francés o alguna clase de economía juntas. Jenny dibujó Taiwan y la República Checa en mi bandera junto a un bonito mensaje de regalo. Entonces acordamos que vendría a Praga en uno de sus viajes. No estaba segura de si lo decía en serio, ¡pero era un buen plan!

El verano pasó volando y vino mucha gente a verme a Praga. Empezó con mi amigo mexicano Javier, luego Francois de Francia, Torres de Taiwan y ahora, Jenny de Taiwan. ¡Eligió la mejor fecha posible! Como quería trabajar todo lo posible antes de irme a Ámsterdam, organicé mis turnos de cada día. En mi tiempo libre, tenía que organizar lo demás, como el seguro, hacer la maleta, los billetes, cosas que tenía que comprar... Cuando me llegó un mensaje de Jenny diciendo que venía, me preocupaba la fecha que hubiera escogido. ¡Pero me alegré al leer que venía el miércoles! ¡Era mi único día libre! Me quedé alucinada. Me venía muy bien. Ya me imaginaba de guía por Praga porque ya le había enseñado el Castillo de Praga a mucha gente.

Día con Jenny

El miércoles llegó y Jenny vino a las 7:00. Quería quedar con ella temprano, pero no fue fácil porque trabajaba hasta tarde. Otro problema era que me quedaban pocos días en Praga y me apuntaba a todo. Por tanto, cuando mis compañeros me dijeron de ir a tomar algo, dije que sí. Me fui a dormir temprano y quedé con Jenny por la mañana. Por desgracia, no conseguí madrugar. Me sentí fatal cuando me levanté sobre las 11:00. Sin embargo, me di prisa, me duché rápidamente y fui al centro.

Quedamos en un pequeño parque en Malostranská. Nos encontramos rápido, lo bueno era que Jenny tenía Internet en el móvil. Primero fuimos al Castillo de Praga. Me sorprendió que nos revisaran las mochilas para poder entrar. Al subir las escaleras me di cuenta de lo cansada que estaba. ¡He de decir que fue el día más caluroso desde que volví! Hacía muchísimo calor. El sol brillaba con intensidad y tenía calor hasta con tan solo un vestido. Paseamos por el castillo y entramos a la catedral. Era prácticamente la misma ruta que hice con Torres. Fuera del castillo, para mi sorpresa, Starbucks estaba cerrado. Normalmente, para entrar en el mejor sitio para hacer foros tienes que pedir algo en Starbucks. Esta vez estaba cerrado, así que fuimos e hicimos fotos de la vista de Praga. Me daba la impresión de que a Jenny no le estaba gustando, pero la verdad es que no paraba de decir que era una ciudad preciosa. Vimos el Castillo de Praga bastante rápido y decidimos subir a la pequeña Torre Eiffel, Petřín.

Día con Jenny

Mientras subíamos, me estaba muriendo. Estaba muy empinado y hacía un tiempo horrible. Me quejé de la temperatura al menos tres veces. No había ni una sola nube. Al llegar, vimos la torre y decidimos no subir porque había mucha cola y yo ya había estado hacía un mes. Bajamos de Petřín y fuimos a ver el Muro de John Lennon. De camino, estuvimos hablando de tatuajes. Fue casualidad porque estaba pensando en hacerme uno y de repente, Jenny preguntó: «¿has pensado en hacerte un tatuaje». Quería responderle: «¿cómo lo sabes? ». Al final se le ocurrió una idea genial. ¡Tendré que pensármelo!

Día con Jenny

Después del Muro de John Lennon, vimos mucha gente en los botes de pedales y decidimos alquilar uno. Cuando llegamos a la isla, había una cola enorme en el sitio que conozco. No sabía qué hacer, pero vi otro cartel de botes de pedales. Por eso decidí ir a mirar. ¡Qué suerte! Aquel sitio también tenía botes y había dos libres para nosotras. ¡No me lo podía creer! ¡A pocos metros la gente estaba haciendo cola y allí estaba vacío! Lo mejor es que todos los botes se mueven por la misma zona, así que da igual dónde lo alquiles. Lo malo es que no tenían de los botes que parecen un coche. ¡Y era baratísimo! Al alquilarlo, la gente empezó a llegar y se formó otra cola aquí. ¡Fue estupendo! Flotábamos por el río disfrutando del buen tiempo. Estuvimos una hora. Sentía que me estaba poniendo morena en el bote. Estuvimos hablando de todo un poco. Jenny se iba a estudiar a Polonia, por lo que planeamos que iría a verla o que ella iría a Ámsterdam a verme. Estaba cansada, pero me interesaba todo lo que hablábamos. Luego nos pusimos a comparar nuestros países, como siempre. Me asombró saber más sobre la cultura taiwanesa y aluciné con la cantidad de idiomas que habla Jenny.

Luego fuimos al Puente de Carlos, que está siempre lleno de gente. Hasta con el calor que hacía la gente estaba allí haciendo fotos como si no hubiera mañana. Hoy me di cuenta por primera vez de que vendían cuadros en el puente. ¡Estuve a punto de comprar uno! Me enamoré de unos cuadros preciosos que son en blanco y negro con un solo elemento en rojo, como un paraguas. Tenían muchos a buen precio. Praga se veía preciosa en esas imágenes. No entró hambre, por lo que llevé a Jenny a la Plaza de la Ciudad Vieja. Primero, quería enseñarle el sitio en el que trabajo y le dije que se pasara al día siguiente durante mi turno. Luego fuimos al reloj. Como siempre, lleno de gente. Me gusta mucho este sitio porque me recuerda a Harry Potter. Decidimos comer una especialidad checa, trdelník. En la Plaza de la Ciudad Vieja los vendían a 60 coronas checas y nos los dieron calientes, recién sacados del horno. Estaba buenísimo. Espero que a Jenny le gustara. Le hice una lista de comida que podía probar en la República Checa. Ella me enseñó cómo se escribe Barbara en chino.

Día con Jenny

Ya era hora de irse porque había quedado para cenar a las 18:00. No fue agradable decir adiós después de tan solo una tarde, pero espero que Jenny vaya a Adelitas a verme y a probar la deliciosa comida mexicana que hay allí. Además, espero poder visitarnos mutuamente en Polonia o en los Países Bajos. Fue una tarde genial. El tiempo era ideal y me gustó escuchar todo lo que contaba Jen. No paraba de hablar de Islandia y me volvió a convencer de que fuera pronto a Taiwan. ¡Qué alegría volver a verla! Después, fui a cenar y comí cosas riquísimas. Llegué a casa con muchos recuerdos y ahora por fin puedo descansar y dormir.

Día con Jenny

Al día siguiente, Jenny vino al restaurante. ¡Fue genial! ¡Hasta me trajo una carta llena de cosas bonitas! ¡Probó mi comida favorita y me alegró mucho verla de nuevo!

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