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Bungee jumping


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Salto al vacío

Traducido por María López Bernal — hace 2 años

Texto original de Eliette Fritsch

Cuando decidí irme de Erasmus, me hice a la idea de que viviría muchas aventuras. La gente me decía que iba a ser el mejor año de mi vida, que sería genial, etc. Pero, hasta que no lo vives de verdad, no te puedes hacer una idea de lo que es realmente. Al final, el año se pasa volando, así que para terminar a lo grande en junio tocaba hacer puenting, así lo llaman los españoles.

Así es, una vez más la asociación organizadora nos hizo una vez más un gran favor organizando esta actividad. Gracias a ella, tan solo tuve que pagar 16 euros, es decir, tres veces menos de lo que me hubiera costado en Francia. Para empezar, cogimos el autobús para ir Mula, que está en la Región de Murcia. Como tengo una sed insaciable de sentir emociones fuertes, estaba que explotaba de la emoción. Después, por cuestiones de seguridad, tuvimos que firmar un papel donde venían todas las cláusulas de responsabilidad. Ya nos empezaba a entrar la risa tonta, se formaba esa bola en el estómago y el estrés era cada vez mayor.

Salto al vacío

Por fin llegamos a nuestro destino, un puente de 30 o 40 metros de altura, no me acuerdo exactamente de cuánto era. Justo en ese momento era cuando empezaba a aparecer ese gustillo amargo de arrepentimiento, ¿por qué querría hacer yo algo así? Todo el mundo empezó a entrar en pánico y a tener miedo mientras los profesionales intentaban tranquilizarnos como buenamente podían.

Salto al vacío

Después de que nos explicaran las indicaciones de seguridad, llegó la fatídica pregunta: ¿quién quiere ser el primero en saltar? Una vez más nos dio por reir de los nervios a todo el grupo hasta que mi compañera, tan loca como siempre, aceptó sin problemas. Se respiraba un ambiente tanto de sorpresa como de admiración.

Salto al vacío

El primer salto fue todo un éxito, tenía unas ganas y una impaciencia por seguirla que no se podían ocultar, tenía que saltar la segunda. Es cierto que cuando estás a punto de saltar al vacío es imposible estar tranquila mientras te ponen el arnés, ¡pero ahí está toda la emoción! Finalmente pude lanzarme a la cuenta de "3, 2, 1... ¡Vamos! ". Un sentimiento de libertad se apoderó de mi cuerpo en el vacío, ¡daba la impresión de que podía volar! Fue un salto muy rápido para lo larga que se me hizo la espera, ¡pero sin duda merecía la pena! Poco a poco bajé hasta tocar el suelo, con el orgullo de haberlo hecho, ¡y con unas ganas enormes de volver a repetir!

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