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Budapest


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Relax en Budapest

Budapest

¡Hola! ¡Ya he vuelto del mejor festival al que he ido en mi vida y os quiero contar cómo fue cada día! Como ya os conté, decidirme sobre este festival no fue fácil. Me llevó mucho tiempo decidir si ir o no. Un día que salí a correr, decidí ir porque a Grecia puedo ir cuando quiera, ¡pero un festival con un cartel tan bueno es solo una vez en la vida! Primero, quería ver a Muse porque dieron un concierto impresionante en Praga y me moría por verlos otra vez. Luego, cada vez que salía a correr, escuchaba a Sum 41. Además, podría ver a Bastille, John Newman, David Guetta y Sia, lo cual es increíble. Además, me encanta el ambiente festivalero: verano, cerveza, relax, música y ninguna preocupación. Otra razón por la que quería ir es que planeo viajar mucho y no sé si me quedaré en la República Checa el próximo verano. Por tanto, ¡era una oportunidad única para ir! Al final tengo que decir que fue carísimo. ¡Sin embargo, valió la pena!

El viaje empezó el miércoles y fuimos en un bus de Eurolines. Fue una locura porque todos los billetes de bus se agotaron enseguida y como tomamos esa decisión bastante tarde no nos quedaban muchas opciones. El billete nos costó unas 500 coronas checas de Praga a Budapest, no está mal. Para mí fue un ajetreo porque llegué de Hradec por la mañana y solo tuve una hora para ir a casa, prepararlo todo y coger el bus. ¡La verdad es que Eurolines fue genial! El bus era de clase ejecutiva y teníamos cómodos asientos, enchufes, una botella de agua y wifi todo el rato. En el bus vimos unas cuantas películas y luego me dormí y el tiempo pasó volando.

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Cuando llegamos a Budapest, compramos sin pensarlo mucho diez billetes para transporte que luego no llegamos a usar. Reservamos alojamiento en Airbnb, pero teníamos nuestra propia habitación y solo teníamos que compartir la cocina y el baño. De hecho, ni siquiera llegamos a conocer al resto de gente que se quedaba allí. Buscamos el sitio en el que nos íbamos a quedar y tenía un aspecto muy siniestro. Era de noche y al subir las escaleras vimos que el edificio era viejo y que parecía que nadie vivía allí. Cuando encontramos nuestra puerta nos llevamos una grata sorpresa. ¡El apartamento era muy bonito! Estaba muy bien, teníamos nuestra propia habitación con toallas y la cocina tenía de todo. Eran sobre las 23:00, así que no salimos y nos fuimos a dormir después del viaje en bus.

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Al día siguiente era jueves y madrugamos para explorar Budapest. Ya había estado hacía dos años y en aquella ocasión me encantó la ciudad. Esta vez me di cuenta de que Praga es más bonita, pero aun así me gustó mucho. Es más grande. Primero, fuimos a desayunar. No nos llevó mucho encontrar un sitio para comer. Aunque llegamos sobre las 11:30, la camarera nos dejó pedir un menú de desayuno. Pedimos tostadas francesas y huevos revueltos para compartir. ¡Estaba riquísimo! También tomamos café y zumo de naranja, que me encanta. Era gracioso comparar los precios porque eran números muy altos. Cuando veíamos el precio en forintos (la moneda húngara), teníamos que dividirlo entre 10 para calcular más o menos el precio en coronas checas. Aunque Hungría en general es barata, el desayuno no lo fue para nada, pero nos gustó.

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Junto con las entradas del festival compramos un pase de ciudad para transporte en Budapest durante dos días. Decidimos usarlo el jueves, por lo que teníamos que encontrar un lugar en el que cambiar el billete por un pase. Estábamos en la plaza principal y dimos con el sitio. Estaba dentro de una cafetería acuario impresionante. Encima tenía un acuario enorme y estaba bajo tierra. Con el pase podíamos usar cualquier transporte gratis, así como ir a los baños termales.

Yo quería encontrar una noria en Budapest. Cuando fui con mis amigos de la universidad quise montarme cuando vimos una, pero nadie quería y el billete era caro, por lo que lo pospusimos y no fuimos. Esta vez queríamos montar y fuimos a donde solía estar la noria, pero la habían quitado. Pensamos que se la habían llevado al festival, pero nos equivocamos.

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No hacía calor, pero en el parte meteorológico dijeron que en los próximos días haría mejor tiempo. Tocaban los baños termales. La última vez fui a Szechenyi y a Palatinum. Esta vez quería probar uno nuevo. Estuvimos leyendo reseñas y encontramos muchas opiniones. Al fina decidimos ir a unos baños llamados Gellert. Aunque primero quería ver el castillo llamado Halászbástya. ¡Cuando vi el castillo me emocioné un montón! Incluso dije que quería casarme allí porque me parecía muy bonito y romántico. Esta vez ya no estaba tan segura de eso, pero seguía enamorada del castillo. Estuvimos paseando por allí y disfrutando de las vistas sentados en una ventana.

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Habían empezado a cobrar por acceder a la parte superior del castillo, pero la zona gratuita también era bonita. Para variar, estaba lleno de gente. Hicimos un montón de fotos y fuimos a los baños termales. De camino vimos que el transporte público de Budapest también incluía barcos. ¡Qué guay! Nos subimos en uno, aunque iba en dirección contraria. ¡Me gustan los barcos! Es genial que sea parte del transporte de Budapest. Vi el Parlamento, Halászbástya de lejos y muchos puentes preciosos. Luego fuimos a los baños termales.

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Me arrepentí de no haber llevado chanclas, pero no pasaba nada. ¡Los baños termales eran geniales! Primero fuimos a la parte exterior, en la que había una piscina enorme. Se suponía que era de olas, pero no estaban encendidas. Fuimos a otra piscina. También había una sauna y un jacuzzi de agua fría. No entré porque no me quería poner mala antes del festival. Estuvimos un buen rato en la piscina. Estaba a unos 35 ℃. Me gustaba el sitio, pero estaba segura de que el otro era mejor porque no sabía que también había zona interior. ¡Cuando la encontramos empezó la verdadera relajación termal! Había al menos cuatro piscinas calientes enormes con chorros de agua y asientos con distintas temperaturas de agua. La más calientes estaba a 40 ℃ y era imposible quedarse más de 10 minutos. ¡Hasta para mí, que me encanta el agua caliente! Probamos todas las piscinas que había. Lo mejor era ir a la más caliente y luego tirarse a la más fría, ¡con el agua a 17 ℃! No os imagináis lo refrescante que era. También había un montón de saunas. Probamos algunas con esencia de hierbas y estuvo bien. No me entusiasman las saunas porque el médico no me deja ir a menudo, pero no estuvo mal. De todos modos no me quedé mucho rato. ¡Estuvimos 5 horas en los baños! Es un sitio genial para ir de vez en cuando.

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Como solo habíamos desayunado, decidimos ir a comer. Yo sugerí cocinar en casa porque sabía que comeríamos fuera el resto del viaje. Fuimos al supermercado SPAR cercano a casa y buscamos qué cocinar. No había mucha variedad. Había pocos tipos de fruta y no encontramos ni crema agria ni ñoquis. Al final compramos algunas cosas para cocinar cerdo con ñoquis y crema agria. No es fácil admitirlo, ¡pero fue lo peor que he comido nunca! Compramos carne barata sin darnos cuenta de que tenía una pinta asquerosa. Después, descubrimos que no teníamos especias ni pimienta, solo sal. Por tanto, intentamos cocinar con lo que teníamos, pero no era suficiente. Además, no nos daba tiempo a volver a la tienda. Al freír la carne ya sabía que algo iba mal porque apestaba. Sin embargo, terminamos la comida y la probamos. Sabíamos que no la íbamos a terminar porque parecía un pedazo de carne aplastado con muchísima sal. No me gustó nada, ni tampoco a David. Estuvimos llamándola carne de puerco y cada vez que nos acordábamos del sabor nos daba angustia. No sé qué pasó, seguramente la carne era malísima.

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Después tuvimos que correr porque quería ver una fuente musical. La última vez que estuve en Budapest apenas fui en metro, iba a pie. Un día, quisimos ir a los baños termales de isla Margarita. Estuvimos al menos una hora dando vueltas y al llegar, estaban cerrados. Por tanto, nos pusimos a beber gintonics y acabamos borrachos. Estábamos riéndonos por la calle cuando vimos una fuente que tocaba canciones y el agua seguía el ritmo. En ese momento fue como un milagro. ¡Nos encantó! ¡Por eso quiero volver! Conseguimos llegar a tiempo y la fuente comenzó. La verdad es que el espectáculo era mejor que el de Barcelona, aunque la fuente era más pequeña. Nos gustó un montón. Había unos tíos borrachos cantando y bailando con la fuente todo el rato. Me gustó, pero era un poco largo. Después, dimos un paseo por Budapest, disfrutando del ambiente. ¡La ciudad es preciosa! Lo que más me gustó fue el castillo y el edificio del Parlamento. Era hora de ir a dormir y de disfrutar de la última noche con ducha y cama porque al día siguiente ¡íbamos al Sziget Festival!

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Nos llevó mucho tiempo decidir si ir o no. ¡El precio de las entradas me parecía una locura! Toda la semana eran 200 euros y cada día, 65 euros. Decidimos comprar solo para dos días y esperar porque me habían dicho que podíamos quedarnos más tiempo sin entrada. Solo para dos días y para el pase de ciudad nos dejamos muchísimo dinero. Al final fue incluso más. ¡Tenía muchísimas ganas de explorar el festival! Seguía pensando cómo sería porque era mi primer festival en el extranjero. Había oído sobre él muchas veces. El primer día queríamos ver a John Newman y a Bastille. Me alegraba que Muse fueran al día siguiente porque tendría más tiempo para esperar.

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En resumen, fue genial pasar al menos un día en Budapest. No sabíamos si sería el último o no porque no sabíamos cuánto tiempo nos íbamos a quedar en el festival. Lo único que odio de Budapest es el metro. ¡Es asqueroso! ¡En serio! Hay pintadas por todas partes, el metro es viejo y encima, tiene aspecto siniestro. Por eso no me gustaba mucho ir en metro. No tuvimos mucho tiempo para probar manjares húngaros como el Lángos, pero luego lo comimos en el festival.

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Y se suponía que en el festival quedaría con mi amiga húngara. Nos conocimos en el intercambio en Francia. La recuerdo de la fiesta porque era amiga de Juan y siempre estaba sonriendo. Cuando subí fotos del concierto de Muse, me dijo que iba al festival y que podríamos quedar allí. ¡Era una idea genial! Siempre me apetece ver a gente del intercambio. Sin embargo, la suerte no estuvo de mi parte y no conseguí verla.

Otra gente que fue al festival fueron dos compañeros de trabajo de Las Adelitas. De hecho, fue Lalo el que me convenció de ir. En aquel momento, no sabía que podía. Pero luego descubrí que nuestro amigo en común Joshué también iba. Estuvieron desde el primer día, desde el miércoles.

La última vez que desayuné con mi amiga Sasa, me sorprendió al decirme que había estado en el festival el año anterior. Solo que no pudo subir fotos porque no había tenido días libres en el trabajo y era un secreto.

El parte meteorológico no me puso muy contenta. Cuando me imaginaba el festival, imaginaba una temperatura de al menos 24 ℃. Esta vez, el primer día hacían 18 ℃ y luego iría mejorando. ¡En realidad hizo un tiempo perfecto! Menos por el hecho de que me puse mala. ¡Pero ya os lo contaré todo sobre el festival en la próxima historia!

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