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Ámsterdam


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Diversión en Ámsterdam

Traducido por Marta Sanz — hace 6 meses

Texto original de Barbarka Houfková

Al final del semestre estábamos organizando planes con Lilian y justo nos comentó que le quedaban todavía un par de días libres en mayo antes de empezar su voluntariado en Rumanía. Así que empecé a pensar en lo que yo estaría haciendo en ese momento y me di cuenta de que estaría en Ámsterdam estudiando porque tendría mis exámenes y me quedaría en casa de mis amigos checos. Inmediatamente pregunté si sería posible que Lilian viniese a Ámsterdam y se quedase con nosotros. La respuesta fue que sí, pero por desgracia, para cuando le mandé el mensaje a Lilian preguntando si quería venir ya tenía organizado otro viaje a Berlín. Después, descubrimos que, si perdía un vuelo sí que podría venirse, aunque fuese solo por un día y una noche a Ámsterdam. Al principio nunca pensé que lo haría, pero en una de nuestras clases de Mercado Lilian encontró un autobús directo desde Berlín a Ámsterdam. ¡Me puse súper contenta cuando compró un billete!

Ni si quiera me acuerdo del momento exacto, pero como a mitad del semestre empecé a hacerme muy amiga de esta chica. Ya desde el principio me relacionaba mucho con chicas de Eslovaquia y de la República Checa (Katarina y Lucia) ¡y son geniales! Estábamos juntas casi todo el tiempo y viajamos muchísimo. Sin embargo, es muy fácil hacerse amigo de alguien que viene del mismo país que tú y con el que compartes todo, como el mismo idioma. ¡Compartes hasta el sitio en el que naciste. Esto, con gente de otros países, no es tan fácil.

Al principio, empezamos a salir de fiesta con Lilian. Siempre tenía mucha energía y le ponía muchas ganas a todo. Me acuerdo de que cada vez que decía que me apetecía salir de fiesta, ella siempre decía que se apuntaba sin dudarlo ni un segundo. Después, me di cuenta de que estábamos en las mismas clases de francés (tanto extensivas como intensivas). Otra cosa buena es que vivía a justo seis minutos andando de mi casa. Fue muy fácil llevarme bien con ella.

Diversión en Ámsterdam

Gracias a ella, me lo pasé genial mi última semana en Lille. Literalmente dormíamos todas las noches juntas, salíamos a cenar o de fiesta... Justo después nos fuimos a Portugal una semana entera. Puedo decir que siempre que estaba con Lilian me sentía muy cómoda y natural, sentía que podía contarle todos mis secretos y que no tenía que preocuparme por ello. A veces me gustaría hablar español como ella para poder compartir más ideas. Me es imposible describir lo agradecida que me siento de haberla conocido. ¡La quiero muchísimo! .

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Cuando volvimos a Lille después de Portugal, solo podía pensar en pasar su última noche de fiesta con ella. Por desgracia, Lilian tenía que hacer una investigación de mercado (supongo que es lo que le tocaba hacer). De todas maneras, decidí acompañarla a la estación de autobuses la mañana siguiente. Fue muy divertido cuando me di cuenta de que su autobús salía muy temprano y por haber salido de fiesta solo había dormido tres horas. Pero bueno, no me molestó para nada. Ya dormiría después. Nos hizo un tiempo malísimo y llovía. Lilian se iba a Marruecos. Me alegré de haberla acompañado y ya sabía que nos veríamos en 20 días, así que eso no era un “adiós”. Fue una pena que no hablásemos más antes de que hubiese planeado todos sus viajes porque si lo hubiera sabido me habría apuntado de cabeza. Pero me fue imposible porque yo tenía exámenes en Lille. Cuando se fue, empezamos a hablar muchísimo por mensaje. Siempre que quería hablar con ella, simplemente le escribía para mantenerla informada de mi vida. Cuando por fin llegó el día de volver a vernos yo me moría de ganas.

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Escogió de nuevo la hora perfecta para llegar a Ámsterdam: a las 5 y media de la mañana. Por suerte, la recogí en la estación Central, desayunamos y luego nos fuimos a dormir. Me sorprendió el hecho de que nos despertáramos alrededor del mediodía. Inmediatamente empecé a organizar qué hacer y a dónde ir. Mi plan era ir a tres sitios distintos, pero al final solo conseguimos ir a uno de ellos. El plan era ir a ver las letras enormes de Ámsterdam (uno de los sitios más turísticos de la ciudad). Sin embargo, primero necesitábamos comer. Estábamos buscando un restaurante que una amiga me recomendó cuando de repente vimos un italiano que se llamaba “Vapiano”. En cuanto Lili lo vio, dijo que teníamos que ir ahí a comer porque cuando fue a Múnich comieron en el mismo sitio y era genial. Yo no lo dudé ni un minuto porque me encanta la comida italiana. Era un sitio muy elegante. Podías ver a los cocineros preparando tu comida y tenían muchos tipos de pasta diferente. Nosotras decidimos comer en la terraza.

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Más tarde, le enseñé a Lili el barco Nemo porque lo acababan de construir. Se trata de un barco muy grande al que puedes subir para ver toda la ciudad y tomarte una cerveza, un café o comer algo. Estaba lleno de pequeñas fuentes. Creo que Lilian trajo el sol a Ámsterdam porque el día anterior a que viniera hizo frío, pero cuando ella estuvo hacía como 24 grados y el sol brilló todo el día. En cuanto se fue, volvió la niebla y el frío a Ámsterdam. Con este maravilloso tiempo hasta hacía calor, pero fue muy agradable.

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Después de tomarnos una cerveza en el barco Nemo finalmente nos dirigimos a las letras de Ámsterdam. Estaba bastante lejos andando y cuando llegamos queríamos sacarnos una foto juntas, pero fue casi imposible. La plaza estaba completamente llena. Estuvimos un rato allí en el parque con la fuente a la que puedes entrar y así estar rodeada de agua.

Luego tuvimos una mala idea.

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En realidad, es todo culpa de Mattia. Cuando estuvimos en París y nos quedamos en su casa jugamos al famoso juego de beber de “yo nunca”. En una de esas, Lilian dijo “yo nunca he probado la marihuana”. Por eso decidimos probarla ese día en Ámsterdam. Yo ya la había probado en un cigarro (y todo fue bien) pero cuando probé las galletas fue horrible. Por este motivo estaba un poco asustada de tomarla en un brownie. Sin embargo, pensaba que cuando tuve la mala experiencia fue porque en casa de una amiga lo hicimos mal y las cocinamos demasiado fuertes. Estaba tranquila porque sabía que si lo probábamos en una de las famosas “coffee shops” la experiencia sería definitivamente mejor. Aunque ahora sé que estaba equivocada.

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De vuelta a casa encontramos la famosa coffee shop Bulldog y le pedimos consejo al chico. Nos comentó que vendían un brownie especial para personas que nunca antes habían fumado marihuana y nos dijo que deberíamos tomar una cada una. Nosotras queríamos compartirla pero el chico nos dijo que no nos haría efecto a ninguna de las dos.

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Nos las tomamos en el parque y teníamos mucha curiosidad. Cuando nos las acabamos no sentimos absolutamente nada. El chico nos dijo que teníamos que esperar por lo menos media hora. Mientras tanto, simplemente hablábamos y pasábamos el rato mientras nos quejábamos del hecho de que habíamos malgastado el dinero. Nos estábamos quejando muchísimo hasta que entonces empezamos a sentir el efecto. Me di cuenta cuando me empecé a sentir muy lenta. Ya eran las ocho de la tarde así que nos fuimos a casa y mis amigos nos prepararon la cena. Fue horrible. Me dolía muchísimo la cabeza y me sentía lenta y cansada. Le dije a Lilian que no me apetecía ver a mis otros amigos y cenar con ellos. En ese momento ella no se encontraba tan mal y me convenció de ir a cenar con ellos. De verdad que intenté actuar con normalidad y pensaba que nadie se había dado cuenta de que estaba un poco diferente, aunque ellos sabían perfectamente que me había tomado un brownie con marihuana.

Después de cenar en teoría teníamos planeado ir a ver a otros amigos checos (entre ellos Marek, al que ya conocía Lilian) y quería presentar a todos a Lilian. Sin embargo, no llegamos a ir porque después de cenar nos encontrábamos completamente agotadas. En serio. Fue horrible. Yo solo quería sentirme normal pero no podía hacer nada. Y la comida y el agua no me ayudaban. Así que me fui a la cama a dormir un rato. Después, Lilian me comentó que ella se empezaba a sentir como si alguien le estuviese pegando martillazos en la cabeza continuamente. Yo me encontraba más o menos igual. Solo quería irme a dormir, pero no era fácil. Tardé un buen rato en dormirme. De verdad que no entiendo cómo esto le puede gustar a alguien.

Cuando nos despertamos ya era por la mañana. Habíamos dormido casi doce horas. Las dos coincidimos en que había sido una idea malísima. Y además, nos perdimos toda la noche de fiesta con mis amigos. Después de esto, tengo clarísimo que no lo voy a volver a probar en mi vida, o por lo menos no en comida. Aun así, por lo menos puedo decir que lo probamos juntas y supongo que de alguna manera siempre nos acordaremos de esto. Por la mañana no teníamos mucho tiempo, así que desayunamos y Lilian cogió un autobús a Bruselas para seguir con sus viajes. Lo gracioso fue que se dejó sus zapatos en Ámsterdam, y ya es la segunda vez que le pasa (ya os contaré la primera cuando escriba sobre la vez que nos fuimos de excursión un fin de semana a París).

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Lo que quería era estar un día con Lilian y me lo pasé genial. Ya me sentí un poco triste cuando se acabó mi año de intercambio, pero volver a verla me recordó todos los buenos momentos que pasamos. Siempre me anima. Me gustó mucho poder hablar con ella de todo porque tuvimos un día entero para hacerlo. No nos dijimos “adiós” porque ya habíamos planeado vernos en Barcelona a principios de julio. De momento, me muero de ganas de volver a verla en un mes. Espero que nunca tenga que decirle adiós y que siempre acabemos planeando algo nuevo para volver a vernos.

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