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Playas de Fuerteventura


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Viaje a la isla de Fuerteventura

Publicado por Antoni Carballo Santana — hace 4 años

Viaje a la isla de Fuerteventura

"A Fuerteventura fui, a comer leche de oveja, un palo me dió una vieja, que hasta las estrellas ví". Así suena la polka majorera estudiantes Erasmus, para que vayan cogiendo algo de cultura canaria les canto esto al principio, yo la cantaba por las calles con el timple en la mano, pero ahora, les voy a comentar el viaje a Fuerteventura. Más bien, yo diría ¡fuerte aventura! Nos organizamos hace ya dos años mi novia y unos amigos para ir a la isla de Fuerteventura en verano a pasar unas pequeñas vacaciones. Éramos ocho personas en total de ambos sexos. El plan era disfrutar de las playas de la isla y visitar todo lo que pudiéramos, por lo que se busco la estancia casi en el centro de la isla. Nos quedamos en el Castillo Caleta de Fuste en unos apartamentos que estaban muy bien, tenían de todo los electrodomésticos y de precio estaban razonable. Pues bien, el viaje comienza en una mañana muy temprano, nos tuvimos que levantar sobre las 6:00 para prepararnos, recoger a todas las personas y coger el barco en el muelle de La Luz. Nos organizamos para ir en dos coches, el coche de mi novia y el mío. El coche de mi novia era un Volvo GLE del año 91, el típico coche de la mafia, pero para disimular era blanco. Te puedo asegurar que en ese coche, lo que son las esquinas, pueden formar perfectamente un ángulo de noventa grados. Te rozabas con él y ya tenías un brazo partido. Es broma, buen coche. El mío era un Toyota Corolla del año 97, no comento nada del mío porque ya entenderás durante el desarrollo del viaje que no es necesario explicarlo ahora. Nos dividimos en cuatro personas para cada coche, para ir compensados y repartir los gastos por igual en todo el viaje. En el coche de mi novia, iba Bea, Marlene, Ángel y mi novia María. En mi coche, en un principio del viaje estaban Borja, Chifu, Adrián y yo. Los recogimos a todos tempranos por la mañana, en la Plaza Farray de Guanarteme, ¡madre mía como iban los coches! ¿Sabes cuando ves un documental de la India en la que va un camión petado de cosas dónde no cabe un alfiler? Pues casi así. Nos dirigimos al barco para empezar la aventura. He de decirte que a los residentes de Canarias nos sale más barato los pasajes de barco, por lo que a ti, si no eres de aquí por ser estudiante Erasmus o por ser un viajero, te saldrá más caro. Los pasajes los puedes mirar en la página de Naviera Armas.

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Ya subidos en el barco, pasamos la travesía muy tranquilos jugando a las cartas y paseando por la cubierta del barco. Nadie mareó así que todo correcto, algo de sueño en todos pero la cosa fluía bien.

Tocó bajarnos del barco, por lo que fuimos a los coches para empezar a desembarcar, salimos del muelle y nuestra primera cosa que contar. Nos para la guardia civil en la salida. Pues allí estábamos nosotros cuatro, en mi coche, ya que mi novia ya había pasado el control y a ellos no los pararon. El agente nos miró y se fijó en que parecíamos sardinas en lata y me pidió la documentación y nos hizo una serie de preguntas como si llevábamos alguna sustancia no permitida. Negamos tal situación y nos dejó marchar a comenzar nuestro viaje.

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Cuando llegamos, nos reunimos ambos coches, repostamos los depósitos de los vehículos y cogimos la carretera general que va desde Morro Jable hacia el centro de la isla, y cuando llevábamos unos 15 minutos por el camino, estando a una velocidad aproximadamente de unos 60 – 70 kilómetros por hora, se nos cruza un perro de mediano tamaño en la carretera. Lógicamente frené, se podía evitar la desgracia. Se evitó la desgracia, pero hubo un problema posterior, al frenar, el coche había derrapado al bloquear las ruedas y se había desplazado un poco hacia un lateral, por lo que a partir de aquí fuimos notando que el coche tenía algo extraño.

Llegamos a nuestro destino que era donde nos íbamos a quedar, por lo que vaciamos todas las maletas y accesorios que nos llevamos y los dejamos en el apartamento. Habíamos cogido dos apartamentos para los ocho, por lo que estábamos cómodos.

Una vez ordenado todas las cosas en el apartamento, teníamos que ir a comprar la comida para sobrevivir, por lo que nos montamos otra vez en los coches y fuimos al supermercado más cercano, el Mercadona que estaba en la carretera general. Aún era de día cuando entramos al supermercado, por lo que había tiempo para luego disfrutar de un paseo por la playa de Caleta de Fuste. Cuando salimos del supermercado, llevamos la compra hasta los coches para llevarla al apartamento. Aquí empezarás a entender por qué no comenté nada antes de mi coche. Resulta que estábamos colocando la compra en el maletero de mi coche, el cual abrí y puse las llaves en la bandera trasera. Muchas risas y comentarios graciosos de todos, hablando y pensando en los planes que íbamos a hacer esa noche, yo incluido. Mientras, no recuerdo quien estaba grabando el vídeo porque ahora mismo no lo encuentro, pero creo que era yo el que tenía la cámara en la mano, me viro para grabar el momento de la compra, Chifu cierra el maletero de una forma grandiosa, como el final de una película, como cuando un superhéroe rescata a toda una comunidad. Pues sí, las llaves se quedaron dentro del coche, y todo esto se puede demostrar con un vídeo que tendré que recuperar. Para salir de allí, se nos hizo de noche, después de varios intentos fracasados de abrir la puerta del coche, vinieron unos trabajadores de la zona que nos dijeron que nunca había abierto un coche, y en cinco minutos lo abrieron, casualidades de la vida. Gracias a ellos pudimos salir de las puertas ya casi cerradas del supermercado.

Esa noche la pasamos en el apartamento a descansar y a preparar las cosas del día siguiente. Al día siguiente nos fuimos a Corralejo, a visitar las playas del norte de la isla. Te recomiendo que cuando llegues a la zona de las dunas de arena, aparques dónde sea y bajes hacia la costa, cualquier lado te va a gustar, aguas cristalinas y arena blanca te esperan en la costa. Magnífico.

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Esa noche dimos una vuelta por la playa de Caleta de Fuste y alrededores. Una zona muy bonita y agradable para pasear y disfrutar de la noche.

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Al día siguiente, nos fuimos para El Cotillo, otra vez al norte de la isla, por lo que preparamos las cosas y otra vez tiramos para arriba. Fuerteventura en coche es una molienda, es una isla muy larga y las carreteras son muy simples, así que ojo si circulas por allí. Cuando llegamos al cotillo, hacía un poco de viento, pero no importa, el paisaje y el sol te hacen olvidarlo y disfrutar del lugar. Como ves en las imágenes, es un paraje que debes visitar obligatoriamente. La combinación del malpaís junto con la arena blanca y el agua cristalina, hacen de este lugar un lugar exclusivo y uno de los más visitados por viajeros. Creo que no hace falta decirte que traigas gafas y tubo para mirar en el agua, ya que es un lugar idóneo para hacer snorkel.

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Al regreso nos pasamos por la Montaña de Tindaya, la cual es considerada como un monumento natural de la isla.

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Esa tarde nos regresamos antes de la puesta de sol para comer y prepararnos para dar una vuelta por la noche por Corralejo. Hicimos comida rápida para salir del paso. No pienses que por ser canarios vamos a comer todos los días papas arrugadas y plátano, también comemos otras cosas, como se puede ver en las imagenes comimos comida sana y poco grasienta (nótese la ironía).

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Nos preparamos para salir y cogimos rumbo a Corralejo. Corralejo es un pueblo costero surfero. En las calles y tiendas predomina el ambiente playero, por lo que podrás comprar camisas con nombres, símbolos o la típica camisa de cabrito de Fuerteventura. Esa noche paseamos por allí y también fuimos al puerto dónde buscamos dónde podíamos comprar los pasajes para ir al día siguiente a la isla de Lobos. El precio del pasaje salía relativamente barato, si no recuerdo mal unos 12€ por lo que decidimos volver al día siguiente para ir temprano. A todo esto, seguía sintiendo que algo le pasaba al coche…

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Volvimos al apartamento esa noche y al día siguiente nos levantamos tempano para ir a isla de Lobos. Llegamos a Corralejo y cogimos el barco correspondiente. Si quieres ir a la isla de Lobos, hay una línea de barcos que van cada ciertas hora programadas y puedes coger cualquiera de ellos dentro de su horario de trabajo. En la isla no te puedes quedar, aunque cuando la veas querrás crear allí tu imperio, pero no, vuélvete.

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Cuando llegamos a la isla, en un trayecto de casi 15 – 20 minutos, empezamos a caminarla. Si quieres caminar la isla, mejor llévate calzado adecuado y poco peso en la espalda, que aunque parezca pequeña el sol en verano en el centro de la isla pega muy fuerte. Puedes caminartela toda y subir a la montaña más alta y tener una buena panorámica desde ella.

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Las mejores zonas de la isla es la zona de los Lagos donde está el restaurante donde puedes comer paella y la playa de la Concha. Esto es un paraíso. De la isla nos fuimos sobre las 6 de la tarde donde luego paseamos por Corralejo y finalmente nos dirigimos hacia el apartamento.

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Cogimos los coches, se hacía de noche y estábamos cansados y nos esperaba un rato en coche, por lo que teníamos música puesta para estar activos. Llevábamos unos 25 minutos en carretera cuando estábamos por la zona del aeropuerto, exactamente por la urbanización de Playa Blanca, por la autovía, cuando pareció explotar algo en el coche. A una velocidad de 80 kilómetros por hora, el coche empezó a vibrar y a hacer un ruido. Mientras, ponía los indicadores de emergencia y me retiraba al arcén, pues algo había pasado. Baje del coche y me fijé en la rueda trasera izquierda, había reventado y eso llevó a que parte del parachoques se descolgara un poco y el faldón trasero, según mi novia y los que iban en su coche, vieron como voló y se perdió en la nada, más nunca lo encontré. Nos pusimos los chalecos como si allí no hubiera pasado nada, levantamos el coche con el gato y en nada se montó la goma de repuesto. Seguimos la marcha hasta el apartamento y llegamos a la conclusión allí que el gafe del grupo era Chifu, así que decidimos cambiarlo de coche. Es broma, cambiamos de coche porque nos dimos cuenta que la goma estaba rozando en la carrocería a consecuencia del peso, por lo que hicimos un intercambio de personas en los coches, ahora en mi coche estaban Marlene, Adrián y la que al parecer se sentía más a gusto que un arbusto en mi coche, Bea, porque se quedaba dormida con la boca abierta de una manera alucinante.

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Al día siguiente nos fuimos a la playa de Lagoon. En esta playa hacía mucho viento, por lo que es habitualmente visitada por windsurfistas. También es aquí donde se celebran las famosas carpas de Fuerteventura. Son fiestas de horas y horas en la playa con música variada y distintos grupos musicales. En esta playa te recomiendo que camines y camines, porque es de gran longitud y caminando hacia el interior del mar, te puedes encontrar con otro montículo de arena que te eleve otra vez. Es una zona muy bonita pero como dije antes, hay viento.

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Después de irnos de esa playa, nos fuimos a buscar un lugar para comprar queso artesanal de Fuerteventura, y lo encontramos en un lugar cerca de la carretera llegando a Gran Tarajal. Compramos queso majorero junto con unos helados artesanos y nos volvimos para el apartamento. Esa noche nos tocó preparar las cosas, para al día siguiente ir hasta el puerto para coger el barco.

Al día siguiente nos levantamos y metimos las cosas en los coches. El coche tenía más peso que antes, por lo que en las curvas me seguía rozando la goma contra la carrocería. Teníamos pensado ir a Cofete antes de ir al barco, pero viendo el estado del coche, decidimos no ir para evitar imprevistos. (Para saber cómo es Cofete, publicaré durante este verano (2016) en el blog que tengo por aquí sobre viajar en furgoneta).

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Cogimos los coches y nos fuimos del apartamento y pasamos por las Salinas de Fuerteventura. Nos paramos para visitarlas y nos encontramos con unas bonitas ardillas acostumbradas al ser humano. Son amigables mientras les enseñes comida, y lo que ellas quieran ya que son un poco caprichosas. Podrás darle de comer en la boca, ya que son capaces de acercarse hasta a tu mano e incluso, apoyarse para conseguir su deseado fruto seco. Súper bonitas que son.

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Después del museo de la Sal, nos fuimos a al barco para embarcar. El coche en cada curva seguía rozando con la carrocería, así que la velocidad era reducida en curvas y en zonas bacheadas. Cuando llegamos al puerto, tocó entrar en el barco, al entrar el coche subió toda la rampa del barco rozando, que hasta los operarios del barco nos miraban algo sorprendidos. Aparcamos el coche en el barco y nos despedimos de Fuerteventura. Una isla para disfrutar de las playas al máximo con buena gente.

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