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Amsterdam

Llevaba casi unos tres meses desde mi llegada a Milán, había ya visitado Venecia, Como, Genova, Munich, Graz, Budapest y quizá algun otro lugar que se me esta olvidando por el momento, pero me parecía que era el momento de visitar una de las ciudades más "pecadoras" de Europa, Amsterdam.

Una de las ventajas de que tus amigos se vayan de intercambio al mismo momento que tu, es el hecho de que tienes practicamente hospedaje asegurado en algun otro lado, de preferencia algún destino cercano obviamente, yo en esos momentos tenía una amiga que esta haciendo un intercambio académico de seis meses en "la ciduad del pecado" porque para los pocos que no sepan, la mariguana/canabis/yerba/weed esta legalizada en esta ciudad, y eso no es lo único legalizado, también lo es la prostitución.

Abro paréntesis rápidamente para informar que todos mis vuelos eran por la compañía aérea Ryanair, la cual tiene precios muy bajos pero se debe tener en cuenta que generalmente los vuelos son a aeropuertos alejados y que te cobran excesivamente el sobrepeso de equipaje o inclusive el llevar un equipaje pesado. De la estación central de Milán al aeropeurto de Bergamo (de donde salía la mayoría de los vuelos Rayanair) eran unos 40 minutos y un costo de cinco euros, ida y vuelta en nueve.

Amsterdam

En la foto: en el tren de camino a Amsterdam

Como mencionaba yo aproveche el ir a Amsterdam cuando una de mis buenas amigas de la prepa realizaba su intercambio, llegué en la noche lo recuerdo, no me funcionaba muy bien el internet y no habíamos acordado detalladamente donde nos íbamos a encontrar, preguntando por todos lados me fui enterando de cómo moverme y me percate de lo caro que es el transporte en las ciudades holandesas (en ese momento solo la comparaba con el transporte en México, donde el metro cuesta 5 pesos, que es lo equivalente a un cuarto de dólar aproximadamente), por eso transportarse en bici es la mejor opción.

Nos vimos en una estación que no tengo ni idea de cómo se llamaba y nos dirigimos a la estación central para posteriormente caminar por el centro de Amsterdam, mi amiga me dio un recorrido de algunos sitios y zonas de la ciudad, con mi curiosidad y morbo quería darme una vuelta al distrito rojo, pero fuimos a un karaoke en lugar, extraño giro de la noche, pero con un resultado demasiado positivo.

Amsterdam

En la foto: una foto de noche de la ciudad de Amsterdam

Yo nunca he sido de ir y cantar en karaokes, en especial porque no me considero con buena voz, pero en ese bar pasó algo completamente diferente, nos apoderamos del micrófono. A todos los lectores con un bar-karaoke presten atención a la técnica de este lugar. El éxito de un karaoke depende mucho de que la gente se anime a subirse a cantar y hacer el ridículo, hay quienes tienen voces privilegiadas y solo van a querer cumplir su sueño frustrado de ser rockstars y convertirse en famosos, creen que alguno de esos días en los que van después de su tan detestado trabajo, un productor musical de una disquera famosa escuchará su voz y lo convertirá en el nuevo talento del siglo, sigue soñando amigo, este tipo de personas apabullan a personas como yo que no tenemos ningún dote musical y el lugar tiene que encontrar la forma para que todos se animen a cantar, en esta ocasión regalaban un trago por cada vez que te subieras a cantar, ¡Alcohol gratis!, una idea que tiene mucho éxito en todos los ámbitos pero que si no se controla bien puede resultar como más como una pérdida para el dueño que como un éxito.

Asistimos con unos amigos de Alma, mi amiga, y pedimos una cubeta de cervezas, platicamos un tiempo, elegimos una canción y nos aventuramos a subirnos a cantar, el libro de canciones venía por artistas en orden alfabético y al llegar a la letra “I” la siguiente frase me causó una muy fuerte risa.

Amsterdam

“Básicamente no hay muchos buenos artistas empezando con I, convéncenos de lo contrario y lo vamos a conseguir para ti”

En el momento no había alguna que me viniera a la mente y pensaba que estaban en lo correcto, el poder de la sujeción, pero posteriormente me acordé de Iron Maiden, Interpol, Imagine Dragons e Inspector, de Inspector lo entendería porque es una banda no tan conocida internacionalmente, pero me extraña de las otras.

El bar karaoke fue todo un éxito, tengo grabada con cincel uno de los últimos momentos de la noche, primero imaginen el bar, entrabas en un pasillo de unos seis metros y había mesas de madera pegadas al lado derecha y otras tantas al lado izquierdo, la pared del lado izquierdo era de un color rojo intenso y con unas protuberancias saliendo por todo lo largo, pasando el pasillo te topabas con un sillón de esos que tienen apariencia de inflables de alberca, espero darme a entender, y una apariencia algo rústica de todo el mobiliario, en la barra, taburetes de madera con colchón rojo hacían juego con el resto del ambiente. Y en un pequeño espacio pegado en la pared se encontraba el escenario, de unas medidas aproximadas de dos metros por un metro casi y una pantalla colgada en frente para seguir la letra de la canción.

Ahora si, la escena en mi memoria es la siguiente. Había ya poca gente en el bar, mi amiga, un grupo de extraños o mejor dicho nuevos amigos y yo cantando “I Will walk 500 miles” del grupo The plocaimers, canción que cabe aclarar nunca había escuchado antes.

Tal vez esta explicación no sea tan clara como debiera, pero confíen en que fue una gran noche. Era tarde y ya no teníamos como regresar y el alcohol cuando está al mando toma decisiones algo descabelladas, como caminar por unas dos horas después de la fiesta con destino al departamento, no le importó si quiera si el frío calaba los huesos, ya saben, el alcohol no debería tomar decisiones nunca.

Queda de más decir que esa caminata fue otra de las cosas que me acuerdo mucho de mi viaje a Amsterdam, conocí otra cara de la ciudad, la cara gélida pero segura (no todo es malo), 

La ciudad de noche no solo oculta historias de morbo, vitrinas iluminadas con neon, o humo con olor a pasto que se alza por el cielo, también tiene personajes muy extraños como un señor que en una calle bastantemente transitada se encotnraba completamente desnudo haciendo sus necesidades fisiológicas frente a una entrada de una tienda departamental que estaba en proceso de remodelación, o la delicia de pequeños productos comerciales con sabor a waffles.

Amsterdam

Estas maravillas eran mini waffles crujientes recubiertos de caramelo que podían alegrar todo momento de depresión, bueno quizá exagero, pero estan muy buenos y tenian un sabor como de galletas delgadas con miel maple, tan solo pruebenlos ... 


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