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10 cosas que aprendí durante mi año en el extranjero

Hola a todos y a todas, ¡espero que estéis bien! En la introducción de mi último post, me centré mucho en el futuro: en mi inminente último año de universidad y en lo que me aterraba y/o lo que tenía ganas de que ocurriera en los meses siguientes. Ahora, no obstante, estoy de humor para hacer algo de retrospección. Como algunos sabréis por leer mis artículos, mi año en el extranjero ha concluido recientemente. He escrito todo sobre los lugares que he visitado durante este tiempo, sobre los trabajos que hice y sobre las cosas que me he llevado, pero nunca había hablado de las muchas cosas que me ha enseñado esta etapa de mi vida. Por tanto, hoy he pensado que haría justo eso; así que ponte cómodo, coge algún snack y sigue leyendo para descubrir las diez cosas que he aprendido durante mi año en el extranjero.

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No pasa nada por tener miedo

Si te vas a ir pronto a pasar un año fuera, lo más probable es que esta sea la primera vez que has vivido solo en un país extranjero. Aunque esto parezca muy emocionante, también resulta bastante aterrador: después de todo, lidiar con las facturas y el seguro es suficientemente complicado sin añadir la dificultad de tener que acostumbrarte a un nuevo sistema. Verás que pillas el ritmo bastante rápido cuando no te queda otra, pero, aún así, no pasa nada por tener miedo antes de lanzarte a la piscina.

Tampoco pasa nada por tener miedo cuando estés fuera. Tuve que echarle un ojo al armario de la escoba de mi piso cada tarde, solo para comprobar que no hubiese nadie escondido dentro; además, verás que posiblemente también desarrolles manías como esta. Asimismo, no siempre me sentía cómoda cuando caminaba hacia casa por la noche, especialmente porque (al menos en Biarritz) no había nadie que me recibiese al llegar. A medida que fue pasando el tiempo, mis miedos desaparecieron, pero antes de eso, nunca me enfadé conmigo misma por tenerlos. Y tú tampoco debes hacerlo.

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No pasa nada por pasar tiempo solo

Cuando te mudas a un lugar nuevo, existe mucha presión para mezclarse con los lugareños y hacer un grupo nuevo de amigos. Sin embargo, pasar mucho tiempo con gente que no conoces puede ser bastante agobiante (sobre todo si, como yo, eres bastante tímido e introvertido), así que no pasa nada por echarse a un lado a veces y simplemente disfrutar de tu propia compañía. Estar solo no significa sentirse solo y suele ser en estos momentos de flaqueza cuando aprendes más sobre ti mismo.

No tienes por qué hacerte amigos de tu edad

La mayoría de los amigos que hice durante mi año fuera apenas eran de mi edad y disfruté mucho conociendo a personas de todo el mundo que se encontraban en la misma etapa de la vida que yo, pero cuyas creencias y ambiciones eran completamente distintas de las mías. No obstante, quizás lo más importante que he aprendido sobre la amistad este año es que me podía llevar bien con personas que eran bastante mayores que yo.

Pasé mucho tiempo con gente de treinta años, de cuarenta años e incluso de cincuenta años, quienes tenían más cosas en común conmigo de lo que jamás hubiese imaginado. Charlar con estas personas me dio una nueva perspectiva sobre la vida y aprendí un montón de cosas gracias a ellos. Mantén tu mente abierta cuando se trate de expandir tus círculos sociales: cuando se trata de amistad, ¡la edad es solo un número!

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Puedes tener más de una familia

No tenéis que ser coetáneos para ser amigos ¡y no tenéis que tener la misma sangre para ser familia! Durante mi año en el extranjero, pasé tres meses viviendo con una familia de acogida y, al final de mi estancia, sentí que eran mis familiares. Es evidente que nunca podrían competir con mis seres queridos que están en casa, pero siempre tendrán un lugar especial en mi corazón. Si queréis consejos acerca de vivir con una familia de acogida, echad un vistazo a este artículo que escribí justo después de despedirte de esa gente tan agradable.

El tamaño no importa

No te preocupes: Me refiero al tamaño de las ciudades y pueblos, ¡no a otra cosa...! Si has leído el artículo que escribí sobre mi estancia en Rovato, entonces sabrás que yo, una persona de ciudad por los cuatro costados, he tenido mis dudas acerca de mudarme a una comunidad pequeña, aparentemente en medio de la nada. Bueno, amigos, resulta que una ciudad es tan pequeña como tú mismo la haces. Cuanto más conozcas a la gente que vive aquí, más puertas se te abrirán y encontrarás más eventos que añadir a tu día a día.

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Dar clase es uno de los trabajos más duros pero gratificantes que existen

La idea de dar clase no es una que me entusiasme demasiado, pero, por un motivo u otro, acabé haciendo unas prácticas en una escuela primaria de tres meses durante mi año fuera. (¡Puedes leer más sobre esto aquí!). No puedo decir que ahora me decante más por esta profesión, pero estoy muy agradecida por haber vivido la experiencia y por lo que me ha enseñado.

Dar clase es un trabajo muy duro y no sabes cómo de real es esto hasta que lo pruebas. No solo tienes que pasar bastante tiempo planeando cada clase, sino que también, cuando ya estás en la clase, tienes que entretener a los alumnos y ganarte su respeto. Y déjame decirte lo siguiente: cuando hay veinte o más, ¡es más facil decirlo que hacerlo! No obstante, a su vez, enseñar es extremadamente gratificante. Cada día me recibían con abrazos, sonrisas y chocando las cinco y, a medida que pasaban las semanas, realmente comencé a ver el progreso de las clases y cómo mis esfuerzos merecían la pena.

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Aprender idiomas nuevos significa salir de tu zona de confort

Una de las razones principales por las que me fui un año fuera fue para mejorar mis competencias orales en francés y en italiano. Sin embargo, puesto que soy una persona algo tímida, me llevó un tiempo aceptar que, para mejorar en estos idiomas, tendría que salir de mi zona de confort. La mayor parte de mi estancia en Francia la pasé socializando con gente que hablaba inglés (o franceses que preferían comunicarse conmigo en mi lengua materna) y realmente deseo haber aprovechado un poco más o, al menos, haber participado en unos pocos intercambios lingüísticos.

Por suerte, mi estancia en Italia fue más provechosa: no solo viví y trabajé con hablantes nativos, sino que también me esforcé mucho más por participar en conversaciones con la gente que conocí por ahí. ¿El resultado? Mi italiano ha mejorado muy considerablemente y, en consecuencia, tenía muchas más ganas de seguir practicando.

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Pasar tiempo en la naturaleza es bueno para el alma

Durante mi año en el extranjero, me presentaron el concepto de ‘grounding’. (Si no te suena, puedes echarle un vistazo al siguiente vídeo para saber más ). No sé si les compro la teoría por completo, pero sí que comparto que pasar tiempo en la naturaleza (especialmente sin zapatos) puede hacer milagros en el cuerpo y en la mente. Cuando tenía un mal día, siempre me forzaba a ir afuera, bien para dar un paseo o bien para darme un chapuzón en el mar. No recuerdo ni una sola vez que esto no me haya animado. (Por cierto, sí: ¡esas pisadas son mías!)

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Es importante hacer un presupuesto

Cuando te llega tu préstamo estudiantil o tu beca Erasmus, puede resultar tentador salir de compras, pero si tienes que pagar el alquiler (o solo hacer la compra), tienes que aprender a ser responsable con tu dinero. Utiliza plantillas para estar al día con tus gastos mensuales y ver si puedes recortar de algún sitio. Quizás te encante comprar el desayuno cada mañana en tu boulangerie local, por ejemplo, pero incluso pequeñas compras como esta repercuten.

El dinero vuelve; las oportunidades no

Tras haber dicho esto, existe una delgada línea entre tener ciudado con tus gastos y ser un agarrado. Durante tu estancia en el extranjero, tendrás todo tipo de oportunidades que solo pasan una vez en la vida y, a menos que no estés bien económicamente, es muy importante que las aproveches y que no dejes que la parsimonia se apodere de ti. Gastar dinero en experiencias es mucho más gratificante que comprar bienes materiales y te prometo que cada céntimo que pierdas en el camino se convertirá en un recuerdo ganado.

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Continuará...

Así que aquí lo tenemos: diez cosas que he aprendido durante mi año en el extranjero. Pensar en esta lista me ha hecho darme cuenta de que tengo mucho más que decir, pero si hay algo que las prácticas de profesora me han enseñado, es que la mayoría de la gente no puede concentrarse en la misma cosa durante mucho tiempo. Por tanto, voy a concluir aquí este artículo y publicar diez más de mis perlas de sabiduría recientemente adquiridas mañana. ¡Muchas gracias por leerme y estad atentos a la segunda parte!


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