Roma, qué bonita eres en Navidad

Era lunes 12 de diciembre de 2016. Había desembarcado en Civitavecchia después de un fantástico crucero que pasaba por Marsella y Barcelona (sobre lo que he hablado en las dos publicaciones anteriores) y decidí pasar el día entero en la célebre capital de Italia, caput mundi, es decir, la maravillosa Roma.

Cada vez que la visito siento algo nuevo. Roma es tan bonita que no encuentro palabras para describir su magnificencia. Y en las fechas navideñas, lo es aún más.

Tras haber dejado el coche en la Via Baldo degli Ubaldi, cogí el tranvía hasta llegar a la enorme Plaza de San Pedro que es, sin duda, la plaza más famosa del mundo. ¡Fue la primera vez que la vi! No podéis imaginaros el torbellino de emociones que sentí al ver que estaba allí.

Contemplar tan querida cúpula de los romanos y tener la sensación de estar siendo abrazada por la perfecta columnata de Gian Lorenzo Berninime llenó el corazón de alegría, llevaba tanto tiempo queriendo pisar la Plaza de San Pedro.

Como podéis ver en las fotos que eché en navidad, la plaza fue decorada con un árbol de Navidad altísimo y el belén tradicional, que fueron inaugurados y bendecidos por el Papa Francisco y colocados junto al famoso Obelisco del Vaticano.

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La Plaza de San Pedro fue la primera atracción de Roma que vi aquel día. Di un paseo por el Lungotevere Castello, en los alrededores, desde el cual se podía admirar en la lejanía el Castillo Sant'Angelo, también conocido como el Mausoleo de Adriano.

Acto seguido, cogí un autobús de Atac, la empresa de transportes de Roma, y llegue a la celebérrima Fontana de Trevi. No pude eximirme de cumplir el famoso ritual de lanzar la monedita. Según cuenta la leyenda, el que lanza una monedita de espaldas a la fuente, con los ojos cerrados y la mano derecha sobre el hombro izquierdo, tiene garantizada la visita de vuelta a Roma.

Cuando terminé con el ritual, me comí un helado artesanal buenísimo en una heladería de la zona cuya entrada estaba llena de plantitas adornadas y luces de Navidad, como podéis ver a continuación:

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Al volver nos encontramos muchísimas vitrinas de tiendas adornadas como las de las fotos, capaces de transportar a cualquiera que las ve a un clima de magia digno de la fiesta más esperada del año.

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Cuando dejas Roma, sientes lo que en portugués llaman "saudade", es decir, nostalgia. Roma es mágica, una de esas ciudades en las que me siento como en casa.


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