Día 15. Tour en bicicleta por Gobo, Shirahama y cena en el restaurante

El día 15 fue otro día largo y apasionante. Como ese día ocurrieron dos grandes cosas, he decidido dividirlo en dos posts. De modo que dedicaré este a mi primer gran tour por Gobo en bicicleta. También compartiré con vosotros los links de los vídeos que grabé durante el trayecto para que podáis ver más o menos lo que yo vi (con la cámara). Muy pronto descubriréis todo lo que ocurrió durante este largo e interesante día.

¡Comencemos!

Primera mañana exitosa

Por fin pude dormir un poco más, porque esta vez me aseguré de usar todas las cortinas y mantas posibles para tapar la ventana; soy muy sensible a la luz del sol y, después de tantas mañanas caóticas, no quería volver a despertarme al amanecer. Un momento, eso tiene sentido, ¡en el país del sol naciente!

Narices irritadas y el tifón acercándose

Sobre las 9 a. m. bajé las escaleras para desayunar en nuestra bonita cocina y, esta vez, comí algo más similar a los gustos occidentales. Aunque no quise beber té verde, prefería leche. Estando con esta familia, todo el mundo se puso, de repente, enfermo y toda la ciudad cogió un refriado. En cuestión de un par de horas, toda la familia tenía las cataratas del Niagara en la nariz. Es algo que realmente odio, es muy molesto y destrozó mis siguientes 5-6 días. Tuve que usar una tonelada de paquetes de pañuelos en una semana. Fuera, el ambiente era muy cálido y húmedo, a veces incluso resultaba difícil respirar. El problema principal era que había llovido por la noche y durante el día las calles se habían secado rápidamente. Incluso consideré poner el aire acondicionado a una temperatura muy baja en casa pero, al quitarlo, el cambio es muy grande. Cada vez que pensaba en salir empezaba a cambiar poco a poco la temperatura del aire acondicionado hasta apagarlo, entonces estaba listo para salir sin apenas sentir la diferencia.

Los siguientes 10 días llovió mucho, y algo mucho peor se acercaba. El conocido como Super Tifón Nangka (con velocidades de más de 200 km/h) iba a tocar tierra en la isla Shikoku el 16 de julio (¡para el que faltaba un solo día! ); los reporteros recomendaban quedarse en casa y anunciaron que las carreteras, vías ferroviarias, etc. se cerrarían y acabarían prácticamente inundadas. La ciudad de Gobo está en la parte sudeste de la prefectura de Wakayama y la isla Shikoku está a 40 km de su costa. Mientras veíamos la previsión del tiempo en la TV me fijé en que estábamos situados justo en el borde del círculo que representaba el movimiento del tifón y el radio de daños y destrucción potencial. ¡Genial! Más historias para los nietos. Al final no tuvimos que preocuparnos tanto, pero puedo aseguraros que todo el mundo sintió el soplo del viento la noche siguiente (la noche del 16 al 17 de julio) y cuando me fui a dormir casi estaba esperando que el techo se me cayera encima. Pero ya hablaré más sobre el tifón y sus consecuencias tanto para la región como para mi viaje a Osaka en otro post.

Cogí la bici y fui hacia... algún sitio nuevo

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Después de desayunar, mamá Sachiyo se fue a la oficina y yo me preparé mi mochila con las cosas necesarias para hacer algunas fotos y una botella de agua. Sin embargo, como teníamos un piano en el salón, no pude contenerme y me pasé 15-20 minutos tocando mis temas favoritos. Fue una especie de recarga para el paseo. Completamente satisfecho con mi clásica camiseta blanca con el troll face, cogí el sombrero amarillo de paja de Samurái Jack y salí. Aunque antes le pedí a mamá Sachiyo las llaves. Me encontré arriba con unos compañeros que había conocido el día anterior y les hablé de mis planes. Hablábamos una especie de japonglés y hacíamos lo posible por entendernos, algo que, en realidad funcionó bastante bien; y como todos éramos arquitectos y diseñadores teníamos que hacer uso de ilustraciones cuando la barrera del lenguaje era demasiado intensa.

Una vez que tuve las llaves fui al garaje a por la bicicleta. Aquí me fijé en la forma algo distinta de asegurar las bicicletas en comparación con el sistema de Croacia y, probablemente, en la mayoría de los países europeos. Para mantener el candado de la bicicleta abierto hay que dejar la llave dentro del candado, en la rueda de atrás, mientras pedaleas. Tardé un poco en acostumbrarme a esto porque me preocupaba que las llaves se cayeran por la carretera mientras montaba en la bicicleta y las perdiera. Aún así, eso no ocurrió.

Muy bien, suficientes palabras, ¡allá vamos! No tenía un plan concreto de lo que iba a hacer, más bien pensaba disfrutar del paseo espontáneo y de los descubrimientos que podría hacer por el camino. Lo que sí que me hacía sentir curiosidad era el puente sobre el río Hidaka y lo que está oculto al otro lado, en dirección al sur. Me alegro de haber tenido la oportunidad de coger la bicicleta en Gobo y en Japón, para mí es la mejor forma de descubrir nuevos lugares. Y, para mí, mi bicicleta es como para Jack Saprrow la Perla Negra; no solo un vehículo, sino el símbolo de la libertad. Como fui rastreando la ruta con Google Maps, aquí tenéis una imagen de el recorrido.

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Fuente

Me dirigí a la ribera oeste del río y observé las casas y la zona. En cuanto llegué a una carretera más grande giré hacia el sur después de un minuto y empecé a notar un cambio en el paisaje. La zona allí no tenía tanta densidad de vegetación, en vez de campos verdes o plantaciones, en esa zona había más casas familiares y apartamentos. También había una especie de triángulo entre la carretera y el río, donde las familias tenían sus huertos para cultivar todo lo que el espacio y las condiciones permitían. No podía ver demasiado por los arbustos pero se veía mejor desde lejos y en las fotografías sacadas por los satélites.

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Recorrí 2 km hasta llegar al puente que quería ver. Ya sabía que existía gracias a Google Earth. A mi izquierda pronto desaparecieron los campos y algunas casas, y empecé a acercarme al río. Ahora podía verlo mejor. En su parte más amplia antes del puente tenía unos 350 metros de amplitud.

Como iba por el camino de peatones junto a la carretera que estaba a unos cuantos metros por encima del nivel del mar, tuve la oportunidad de echar un vistazo por encima de las casas o, al menos, a la misma altura que los tejados. Se podía ver, sobre todo, las fachadas grises de azulejos metálicos negros, algunos más claros y una mezcla de casas tradicionales, en las que se pone la ropa a secar en el jardín de fuera; pero en general todo tenía un aspecto abandonado, sin vida. Había alguna excepción en la que los lugareños habían pintado sus casas y apartamentos de colores muy vivos, pero no recuerdo ver a nadie en las ventanas (como es el caso en Croacia durante las 24 horas). Exceptuando los coches y un par de ciclistas, me sentía solo en aquella zona, como si todo el mundo se hubiera marchado. Naturalmente, fui uno de esos "listos" que salen antes de la tarde con la bicicleta, cuando fuera hay más de 30 ℃. Pero me puse una toalla alrededor del cuello y fui bebiendo agua fría de vez en cuando. Además, el sombrero de paja fue de gran ayuda porque me protegía tanto por delante como por detrás.

Al otro lado del río Hidaka

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Conforme me acercaba al puente, la carretera comenzó a inclinarse ligeramente. No había nada interesante que contar durante esta parte y yo estaba más pendiente de llegar al puente y atravesarlo. De todas formas, cuando volví a la ribera oeste del río cogí la otra carretera, que iba por los vecindarios y el recorrido fue mucho más interesante. Os dejaré algunas fotos y comentarios.

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Cuando llegué por fin al puente me fijé en una columna dedicada a un Club Lions. Eso fue algo inesperado para mí, no esperaba ver un pequeño monumento en honor al Club Lions. Para llegar al otro lado, el puente tiene dos caminos para peatones y ciclistas en cada lado. Tiene un aspecto frío por la pintura azul metalizada. Me detuve en el centro para hacer unas cuantas fotografías del paisaje; como podéis ver, aquí el río es muy amplio y no muy a lo lejos, la ciudad está rodeada de colinas y montañas. Cuando giré a la derecha, en dirección sudoeste, vi que, a unos cientos de metros a lo lejos, el delta del río se adentraba en el océano Pacífico. Allí no había nada más a excepción del horizonte. Si no hubieran colinas, probablemente habría podido ver, a unos 100 km a lo lejos, la isla Shikoku y el punto más al sur.

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Una vez al otro lado tenía tres opciones; ir a la izquierda (al norte) y seguir la línea de la costa, con todos los barcos y algunas islas dentro del río. Esta opción me llevaría de vuelta al puente y luego a casa. Había otra carretera a la derecha, sin coches, pero atravesaba la zona deshabitada entre el río/mar y un muelle con fábricas y botes. En aquel momento no estaba seguro de dónde llevaba ese camino, y podría terminar en un punto sin salida. Me decidí por la carretera que iba recta y pedaleé un poco más.

Me pasé los siguientes 10 minutos siguiendo la carretera y el camino peatonal, cambiando de lado en los pasos de cebra en un pequeño barrio bajo la colina. Quería llegar a la cima para ver mejor toda la línea de la costa. No era como lo había visualizado porque no pude llegar al mar, la carretera seguía por detrás. Delante de mí había un pequeño muelle y uno de los varios canales que recorrían la carretera y, eventualmente, se fusionaban con el delta del río Hidaka y con el océano. Al mirar a la ribera oeste del río se podía ver unos cuantos rompeolas y una zona pantanosa artificial. Había algunos pájaros pero, sobre todo, aguas poco profundas. Aún así no podía ver el fondo por la arena y el lodo; pero vi un barco allí, en el agua, abandonado, así que no debía ser más dos metros.

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Mientras estaba allí, a lo alto, me fijé en un pequeño puente que conectaba la zona pantanosa con el pequeño camino. El puente era solo para peatones y ciclistas. Entonces fue cuando lo entendí, el camino que había después del puente hacia la derecha, por la zona "sospechosa" terminaba aquí y se podía pasar por ese puente de vuelta a este lado. Decidí coger ese camino a la vuelta.

No tuve que esperar demasiado para ello. Después seguí la carretera hasta cruzarme con un semáforo y un paso de cebra; el camino acababa allí. Esperé allí unos minutos hasta que la luz cambió a verde. Os hablaré más del camino que va más allá en otro artículo, cuando hable de mi último día en Japón, cuando recorrí los mismos 6-7 km para visitar a una amiga y a su familia en Osaka.

Parada en la tienda Lawson para el segundo desayuno y...

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Ahora sí, pasé por ese pequeño puente y disfruté, durante unos minutos, del paseo por el camino entre el río y el muelle a mi derecha. No vi a casi nadie allí. El camino estaba rodeado de árboles y arbustos. El lado izquierdo tenía un aspecto más desierto, probablemente por las olas y por arena, que parecía haberse removido. A mi derecha pasé por la fábrica construida sobre el pequeño muelle con varias lanchas y algunos botes antiguos de madera. No tuve ningún problema (venga ya, estamos en Japón, en la zona pacífica) para llegar al puente. Había olvidado mencionar que estuve escuchando música todo el camino desde que salí de casa. Una de las mejores combinaciones es un camino sin peligros, auriculares y una bicicleta.

Después de cruzar el puente elegí otro camino para volver a casa. Pero, ¿de verdad iba a volver ya a casa? Aún tenía mucho tiempo antes de comer y de la excursión a Shirahama por la tarde. Esperaba que la calle por la que iba me llevara hasta el cruce donde está la tienda Lawson y justo al lado, mi casa. Y, de hecho, así fue.

No había mucha gente en la calle, exceptuando algunos coches. Pasé otra vez junto a algunos campos y un montón de casas antiguas. Eso es lo que me encantaba de ese lugar. Todo tenía un aspecto retro, o, ¿debería decir vintage, puesto que no había cambiado? Las fachadas modestas y algo estropeadas, después de algunas décadas con texturas granuladas en muchos edificios; especialmente, en las fábricas y las tiendas Honda.

Tiendas Honda

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Hablando de Honda, esas tiendas que se pueden ver en casi todas las calles secundarias, estamos acostumbrados a pensar en coches y tiendas modernas y lujosas vendiéndolos. Sin embargo, en Japón puedes encontrarlas por todas partes pero, no solo para coches, sino un lugar donde puedes comprar una bicicleta o donde pueden arreglar la tuya. Veía varias tiendas o servicios honda cada día, y la mayoría tenían un aspecto antiguo y los dueños, probablemente, no tendrían dinero para renovar las fachadas; o, simplemente, no les importaba demasiado el exterior. Esto es algo que me encanta de Japón y, sobre todo, de las ciudades más pequeñas como Gobo. Son honestas y reales, sin maquillar el exterior para esconder la situación real. Cuando mis amigos vieron por primera vez las fotos de Gobo seguramente esperaban verme rodeado de Transformers en Japón, pero ese no era el caso aquí. El ritmo de la vida era distinto aquí y se correspondía con las necesidades locales.

También quiero mencionar (y podéis verlo también en el breve vídeo) que los caminos para peatones no siempre eran perfectos. Algunas calles en Gobo estaban en muy buenas condiciones y restauradas pero, también había muchas otras donde el césped crecía o sobrepasaba el hormigón. A veces había agujeros y algunos inicios y finales de los caminos estaban inacabados. Uno podría pensar que eso es algo imposible en Japón y que solo ocurriría en Croacia; pero ni siquiera Japón es perfecto y superior en todo.

También había unos edificios graciosos junto al camino a los que valía la pena fotografiar y pensar después en ellos, como este de abajo.

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Después de algo menos de 2 km llegué al aparcamiento de la tienda Lawson. Lawson suena y tiene un aspecto probablemente americano. Antes solía anunciarse con letras "cowboy" (la tipografía serif) y en color azul. Ya empezaba a tener hambre pero no quería volver a casa para no perder ni un segundo. Además, también disfruté paseando por toda la zona por mi cuenta e intentando sobrevivir a base de, únicamente, japonés. Dejé mi bicicleta, el sombrero y los auriculares junto a las puertas. Solo tenía que sacar la llave del candado de la rueda y se cerraba automáticamente. Saludé al dependiente y este hizo lo mismo (con una pequeña inclinación) y entonces, empecé a buscar algo para comer no muy caro. Encontré algo de yogur y un cruasán inmenso relleno de chocolate. Con eso debería bastar.

Me puse a comer en frente de la tienda y guardé la basura en la bolsa de plástico que guardaba en mi mochila. Si no habéis leído mis primeros artículos en el bloc Erasmus sobre datos interesantes de Japón, os repetiré uno sobre la basura y las papeleras. No hay demasiadas por las calles así que lo normal es guardar la basura hasta llegar a casa y, allí, reciclarla. Yo no tenía ningún problema con esto y siempre llevaba una bolsa de plástico para guardar la basura hasta llegar a casa.

Visita sorpresa a la casa de Yanase-san y a Anchin

Todavía me quedaba algo de tiempo y ya había recuperado energía suficiente hasta la hora de comer así que decidí dirigirme al restaurante Anchin y, también, hacer una breve visita a mi anterior familia de acogida, la familia Yanase. Recorrí un kilómetro y medio hasta llegar a la tienda de Yanase-san y fui por la misma ruta de siempre así que mi punto de referencia era el cruce junto a la casa tradicional japonesa. Luego fui al este y pasé por otra tienda grande, con un enorme aparcamiento. En total, tardé unos 5-7 minutos en llegar.

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Por el camino vi un edificio interesante que, con su fachada antigua y su condición algo deteriorada, tenía un aspecto realmente increíble (me encantaron las texturas). Ya tenía lista mi cámara analógica y, aún mejor, había visto a un hombre en bicicleta que paseaba lentamente e iba a pasar por delante del edificio en apenas un minuto. Preparé rápidamente los ajustes manuales de la forma que esperaba (y rezaba) que fuera buena y esperé en el centro. Cuando el hombre se acercó presioné el botón esperando lo mejor. Es una de mis fotografías favoritas de Japón, una captura de un momento real del día, una foto documental. Japón y deambular por sus calles me ayudó a darme cuenta de qué cosas disfruto realmente haciendo.

Dejé la bicicleta detrás del edificio, a la sombra (hacía mucho calor) y subí las escaleras hasta la oficina esperando poder ver a los abuelos Yanase. Ambos estaban allí y se alegraron y sorprendieron mucho al verme. Intenté explicarles con mi japonés chapurreado y con gestos qué había estado haciendo esa mañana y cuáles eran mis planes. Creo que me entendieron. También les dije que me encantaba el sombrero de paja y les di las gracias de nuevo por su generosidad. ¡Hasta me dieron otro Pocari! Les dije "¡Mata-ne! " y me dirigí hacia Anchin.

Por el camino, pasé por una casa con un pequeño jardín de cemento donde dos chicos jugaban al fútbol. Me puse a pensar si debería parar y pedirles una foto o no. Al final no lo hice pero esperaba volver a verlos cuando volviera. Me arrepentí un poco de mi indecisión y eso me sirvió para aprender que algunas cosas pasan solo una vez, que solo tenemos una oportunidad para actuar porque no hay garantías para después.

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Al llegar a la otra calle cogí mi cámara y empecé a grabar el trayecto. Dejaré algunas capturas para que veáis las calles.

Lo que me gustaría señalar aquí es que hay muchos canales pequeños que recorren todo Gobo (y Hidaka) y pequeños puentes que los cruzan. A veces ni siquiera me daba cuenta pero siempre me hacía detenerme unos instantes cuando los veía entre las casas y los campos. Sí, todos venían de las montañas y, probablemente, desembocaban en el río Hidaka; y se usaban, sobre todo, para regar las plantaciones. Hay una buena proporción de esos campos en la ciudad y no solo rodean la ciudad y sus lindes sino que están integrados en ella. La agricultura es una de las partes más importantes de las vidas de muchos ciudadanos.

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Otra cosa que podréis observar en el vídeo y que había olvidado mencionar antes son los cientos de cables y columnas de electricidad que cubren las calles. Entre los coches blancos y negros y los uniformes de los estudiantes (¡me crucé con unos cuantos cuando volvía a casa! ), esta es otra cosa imposible de ignorar. Al contrario que en nuestro caso, allí están todos por encima del suelo. A veces era un poco caótico. Pero, una vez más, se trata de una imagen real de los lugares modestos de Japón. En realidad, incluso en las grandes ciudades, como Wakayama u Osaka, se pueden encontrar montones de cables por encima de las cabezas. La razón podría ser la amenaza potencial de terremotos o incluso tsunamis, que podrían dejar la tierra echa un desastre.

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Me detuve en frente de la entrada este del restaurante y, una vez más, sorprendí a mis colegas que trabajaban allí; encontré al señor Ishikura que, inmediatamente, me dio un paquete de galletas para guardarlas en las cajas. Me quedé allí unos minutos y luego entré a la casa familiar pero mamá Mieko no estaba en casa. Me dijeron que volvería pronto así que volví al restaurante y me puse a echar un vistazo alrededor. Mamá Mieko llegó enseguida y se alegró mucho de verme. Estaba a punto de marcharme cuando corrió a la tienda del restaurante y cogió una lata de Pocari del frigorífico, le di las gracias pero la rechacé amablemente porque ya me había tomado una.

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Tardé unos 10-15 minutos en volver, iba pedaleando despacio porque estaba un poco cansado (en total, hice cerca de 12 km) y tenía ganas de tumbarme en la cama y hasta dormir un poco. Era el momento perfecto para una siesta. Estuve pensando en la tienda de libros, pero al final decidí visitarla la mañana siguiente.

Papá Tetsuya-san y comida antes de la excursión

Dejé la bicicleta en el garaje y devolví las llaves. Creo que todos estaban en la oficina y me preguntaron a dónde había ido. Como hasta mi cerebro estaba cansado, simplemente les enseñé el mapa y señalé con el dedo mientras asentía con la cabeza y repetí "so so, hai hai, eee".

Ya debía ser algo más tarde, sobre la 1 p. m. Estaba en mi habitación, tumbado en la cama y mirando al techo. Escuché un ruido escaleras abajo; al parecer, papá Tetsuya-san había vuelto de su viaje. Bajé a saludarle y el estaba muy contento y tenía mucha curiosidad respecto a mí. Mi hermana de acogida Sumire aún estaba en la escuela así que íbamos a ir a verla más tarde y luego iríamos a cenar a un restaurante.

Después de comer juntos y de un helado riquísimo con unos sabores que no hay en Croacia empezamos a prepararnos para la excursión. Hablando del helado, ¡hasta hay uno con sabor a té verde! Yo no tenía muchas ganas de probarlo así que me mantuve leal a mis adoradas fresas y frutas.

Refuerzos durante el viaje y un poco de información sobre Shirahama

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Había escuchado el día anterior que una amiga de mis padres arquitectos iba a acompañarnos en el viaje al parque Shirahama. Ella hablaba inglés y me ayudaría a derribar la barrera del idioma entre nosotros. El caso es que mi padre de acogida Tetsuya-san hablaba muy poco inglés porque no solía usarlo de forma diaria, así que no lo necesitaba, realmente. O más bien, lo practicó hace algún tiempo pero luego lo dejó, porque nos contó una historia en el restaurante de su viaje a Las Vegas hace algunos años, ya os contaré la historia luego.

No voy a hablar mucho de los sitios que visitamos porque he prometido un artículo especial sobre eso. Fuimos a los acantilados de Shirahama o, en japonés, Sandanbeki (Acantilados de tres alturas) y pasamos un buen rato allí. Todo el lugar, al igual que la zona que lo rodea, es absolutamente espectacular. Más tarde, en uno de los viajes del campamento, visitamos la playa blanca con el mismo nombre, la playa Shirahama, que se encuentra no muy lejos de los acantilados y de las formaciones rocosas. Shirahama se encuentra al sur de Gobo y a una hora más o menos de distancia, algo que me resultó un poco confuso al principio (creía que estaba más al norte y cerca de Osaka). La siguiente ciudad más grande que hay cerca de Shirahama es Tanabe. Al acercarnos a la entrada del parque empecé a sentirme como en Jurassic Park, con todo ese bosque alrededor y el clima. Por suerte, no había ningún T-Rex suelto. Allí visitamos un centro y un museo en las cuevas y vimos... bueno, pronto lo descubriréis. Después de terminar con la maravillosa naturaleza de los acantilados de Shirahama nos dirigimos a una colina cercana, donde había un hotel y un bar en la cima y nos sentamos en la parte de fuera a tomar un café y charlar durante una hora. ¡Pronto os hablaré más sobre eso!

De vuelta a casa, cena e historias en el restaurante

De vuelta en Gobo, yo seguía impresionado por todo lo que habíamos visto y me pasé el resto de la tarde descansando en mi habitación y, después, pasando el rato con mi hermana de acogida junto a la mesa y enseñándole mi presentación a medias de Croacia, que tenía que preparar para el campamento. Me había olvidado por completo de eso. Cada vez que no tenía nada que hacer o no podía hacer otra cosa, me sentaba a preparar la presentación de mi país. También estuve un rato con Sumire... hasta que pasamos a los videojuegos y la introduje en el mundo de Medal of Honor Online. No os preocupéis, aprobó todos sus exámenes.

Teníamos planeado ir a un restaurante más tarde con una amiga que nos acompañó a Shirahama. Así que, al final, la compañía estuvo formada por 5 personas. ¡Fue muy divertido!

Fuimos en dos coches pero no recuerdo la localización ni el nombre del lugar; creo que estaba en alguna parte en el centro de Gobo. Me dejé los papeles y la tarjeta de visita del restaurante en Zagreb (ahora mismo estoy tumbado en mi cama en Graz, Austria).

El restaurante parecía relativamente grande, si no recuerdo mal. Estaba dentro de una de mis tres categorías de restaurantes y, para mí, la peor de todas; esos en los que te tienes que sentar con las piernas cruzadas. Esto resultó ser un gran problema para mí. Podríamos haber buscado otra sala si al menos ofrecieran la opción de las mesas con un hueco para sentarse, pero nos quedamos allí; y fue mucho más divertido.

Sabía que, simplemente, tendría que dejar una pierna estirada debajo de la mesa porque, de no ser así, me habría resultado imposible sentarme tranquilamente y sin golpear la mesa a cada momento. Fue muy divertido para mi familia de acogida y nuestra amiga. También tuve que llevar cuidado toda la tarde para que no tropezaran los camareros que pasaban por nuestra mesa.

Pedimos un montón de comida. Creo que comí otra vez "okonomiyaki" (barbacoa) con algo de ensalada y sopa. Muchos palillos y oshiboris (los pañuelos blancos húmedos). Pasamos allí 2-3 horas hablando de la experiencia en Shirahama y de los últimos días en Japón. También les hablé de mi hogar, mi familia, mis amigos y de los viajes que había hecho antes con el Club Lions. Una amiga de la familia traducía lo que necesitaba y lo mismo cuando ellos querían decir algo que les resultaba un poco complicado en inglés, así que yo esperaba a la traducción. Toda esa experiencia con las traducciones me recordó a los diplomáticos. También le dije a mi hermana de acogida que había encontrado su cuaderno de bocetos, sin querer, junto al piano y que no pude evitar echarle un vistazo. Ella era bastante tímida y no quería que nadie lo viera (¡demasiado tarde! ) pero yo creo que se le da muy bien y que no debería dejarlo. Puede que, simplemente, todos necesitemos un pequeño empujón para motivarnos. En cuanto al piano, lleva varios años practicando, pero dice que no sabe demasiado o piensa que no se le da bien. Lo que, por supuesto, resultó no ser cierto. Toqué para ella varias de mis composiciones favoritas e incluso le pasé las partituras y los álbumes que tenía en mi ordenador con un USB. Hice lo mismo con mis anteriores familias de acogida que tenían un piano porque... ¿Por qué no?

No fue fácil dejar el restaurante, lo habíamos pasado muy bien y la comida estaba realmente deliciosa. Al salir del restaurante nos pusimos otra vez nuestros zapatos en esa plataforma entre el suelo del restaurante y la calle. En la salida les dije a los cocineros que todo estaba "very oishii" y, después del clásico "¡mata ne! " nos fuimos a casa.

Planes para el día siguiente

El día siguiente se suponía que sería mi último día con mis familias de acogida y que, luego, me iría a Osaka a unirme al campamento juvenil. Sin embargo, eso no ocurrió debido a los problemas que causó el tifón. Por la mañana, el tiempo era el de un día normal, con un poco de sol; así que fui a una librería por mi cuenta para comprar algo de material que me ayudara a aprender japonés. Después fuimos a un centro comercial donde comimos y nos divertimos en las máquinas "purikura". Por la tarde empezó a llover y esa fue la introducción de una noche bastante turbulenta. Pronto sabréis más detalles.

¡Gracias por leer!


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