Hong Kong

Nuestros últimos días en Saigón

Vendí la bici, recuperé la fianza y pasé una noche encantadora en el restaurante Ciao Bella con amigos. Fue el final perfecto. Ahora era el momento de que Aoife y yo empezáramos nuestra aventura asiática. Habíamos planeado casi tres semanas de viaje desde Ho Chi Minh (HCM) a Hong Kong, a Seúl, luego a Beijing y terminando en Dubai antes de volver a casa.

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Estaba emocionada por ir, pero incluso tres semanas me parecían mucho tiempo antes de volver a Escocia. Estaba más que lista para volver a casa, pero sabía que tenía que disfrutar de mis últimas semanas fuera.

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Día de partida:

Salimos de la ciudad de Ho Chi Minh el 30 de abril. Nuestra primera parada: Hong Kong.

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Sabíamos que sería una ciudad cara, así que solo planeamos quedarnos tres días con un presupuesto de unas 120 £.

Alojamiento:

Nos llevó un tiempo encontrar un albergue en Hong Kong. Obviamente no es un país de mochileros como los del sudeste asiático, pero finalmente encontramos uno que parecía razonable. Se llamaba Pandora después de los 80. Recibí un correo 2 días antes de nuestra salida para decir que cancelaban nuestra reserva debido a la falta de una tarjeta válida. Era una estupidez. Mi tarjeta estaba al día y tenía dinero. Los precios se habían duplicado, ya que solo faltaban dos días. Les envié un correo corriendo explicando la situación y rogando que nos devolvieran la reserva. La respuesta fue: «ven al albergue y veremos qué podemos hacer». Tranquilizante, lo sé. Teníamos la opción de reservar una pocilga a un precio absurdo o podíamos arriesgarnos a no tener alojamiento yendo allí y rezar por que saliera bien.

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Optamos por esta última opción y corrimos el riesgo. Por fin llegamos al diminuto albergue después de caminar en el húmedo calor, con nuestras enormes mochilas llenas de nuestras vidas desde Vietnam. El albergue se encuentra en el 11º piso de 275 Gloucester Road (entrada por 23 Cannon Street). Nos recibió un portero que era de todo menos simpático, nos gritó en cantonés y nos hizo señas hacia los ascensores. No había ninguna señal del albergue en ninguna parte. Deambulamos un rato por la planta 11 hasta que descubrimos la zona de recepción del albergue. Las habitaciones estaban repartidas en tres plantas, pero era imposible saberlo sin nada de información. Después de nuestra correría, explicamos lo que nos había pasado con la reserva a la recepcionista. Conseguimos camas para la primera noche pero en diferentes habitaciones. Parecía que el albergue había aceptado más reservas de las que podía, ya que a Aoife le pusieron un colchón en el suelo y algunos huéspedes tuvieron que dormir en camas plegables en recepción. Era una locura.

Una vez que estábamos las dos instaladas, nos refrescamos y salimos a por algo de comer. Encontramos un pequeño restaurante que vendía pato y cerdo con arroz. Era perfecto y barato. Volvimos a nuestras habitaciones separadas pronto para poder dormir un poco, ya que el día siguiente empezaría bien temprano.

Día 1:

El martes íbamos a un tour gratuito a pie o Free Walking Tour que empezaba a las diez de la mañana y estaba a media hora andando. Llegamos allí y nos unimos al grupo. Fue una gran introducción a la vida e historia de Hong Kong. Nos hablaron de su pasado británico y del dominio chino en la actualidad, de cómo sus ciudadanos luchan por más democracia, de los conflictos bancarios y de que es la ciudad con más rascacielos. Era fácil de creer, pues estábamos rodeados de altísimos edificios claros y brillantes.

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El tour terminó en el centro, cerca del edificio de HSBC. Nos dijeron que había otro tour con el que nos podíamos saltar la cola para el tren que lleva a Pico Victoria, y por sólo un dólar más que el precio del tren. Aoife y yo decidimos subir a bordo y nos dirigimos a la cima con lo que quedaba del grupo. En la cima, el guía nos recomendó a dónde ir, qué ver y dónde comer. Los tours fueron tan útiles y tranquilos que los recomiendo sin duda.

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Una vez que a Aoife y a mí nos dejaron a nuestra suerte, fuimos a un restaurante chino que el guía nos había sugerido. Nos tomamos la sopa de fideos Wonton y Dumpling que nos recomendaron, muy necesaria después de todo lo que habíamos andado.

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Luego fuimos al mirador del Pico. ¡Las vistas eran impresionantes! Tuvimos mucha suerte, el día estaba despejado y el sol se reflejaba en todos los edificios, destacando cada uno de los rascacielos. Bajamos a pasear por el pico y nos tomamos un gofre de burbujas con helado mientras disfrutábamos de una vista de 360 grados de la isla de Hong Kong bajo el sol. No sabía que Hong Kong era tan bonita.

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Volvimos y llegamos al albergue sobre las 5 de la tarde. Fuimos a cenar a un restaurante con estrella Michelín al otro lado de la calle del albergue.

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Tenía distintos tipos de ramen. Las dos nos pedimos el más barato, que nos costó unos 82 dólares.

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Por desgracia, era martes y tenía que dar mi clase online, así que me senté con el portátil en el sucio pasillo del albergue con la esperanza de que nadie me molestara. Lo de dar clases está muy bien, pero es un incordio si estás fuera. Tenía la sensación de que iba a cancelar muchas de mis clases durante el viaje.

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Después de tanto andar, Aoife y yo estábamos tan agotadas que apenas hablamos. Me dolía todo el cuerpo, era la primera vez que caminábamos tanto desde que nos mudamos a Vietnam. Siempre íbamos en bici a todas partes, así que mi cuerpo no estaba acostumbrado a andar tanto y tan poco tiempo.

Día 2:

El miércoles era nuestro último día entero, así que decidimos explorar el otro lado de Hong Kong a través del puerto Victoria Harbour, Kowloon. Queríamos montarnos en los Star Ship Ferries que sólo costaban 3 dólares de ida y otros 3 de vuelta, pero lo cogimos hacia el lado contrario y tuvimos que pagar un tranvía para volver a Kowloon.

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Hong Kong tiene un sistema de transporte y de pagar fantástico. Puedes comprar una tarjeta Octopus en cualquier estación. Pagas una finanza de 50 $ por la tarjeta y añades la cantidad que quieras. Se puede utilizar en muchos restaurantes y tiendas, es genial. Al final del viaje, puedes tomar el transporte público hasta que el saldo sea negativo o devolver la tarjeta y recibir el depósito de 50 $ de vuelta. Moverse por Hong Kong es muy sencillo.

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Queríamos ver algunos de los edificios tan altos que habíamos visto en varios perfiles de Hong Kong en Instagram. Cogimos el tranvía para ver la colorida urbanización de Choi Hung. Cuando llegamos allí, enseguida nos dimos cuenta de que mucha gente saturaba sus fotos en Insta. A pesar de que los colores no fueran tan brillante, era una urbanización estupenda para pasear fuera del barullo de HK. (Consejo: si quieres una foto de la cancha de baloncesto con los bloques de colores al fondo, ve a la parte de arriba del aparcamiento para pillar el mejor ángulo).

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De allí fuimos al mercado Ladies Market y luego al mercado de flores. Estuvimos andando durante siglos, pero estaba muy bien empaparse del ambiente de Hong Kong.

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Luego hicimos un tour nocturno a pie alrededor de Kowloon, que probablemente sea lo más incómodo que me haya pasado nunca. Estábamos solo nosotras dos, ¡no apareció nadie más! Y nuestro pobre guía era un joven demasiado entusiasta. Sin embargo, fue un tour informativo y vimos nuevas zonas, ¡incluso probamos un poco de sopa de serpiente! Cuando terminó el tour ya estábamos reventadas, pero aún teníamos que andar media hora para llegar a la bahía y ver el espectáculo de luces de las ocho. Había buscado el mejor sitio para verlo, que era en el lado de Kowloon, cerca de las estatuas del Paseo de la Fama. Conseguimos llegar temprano y, con los pies doloridos y una cerveza en la mano, nos sentamos en el muelle esperando a que empezara. Había leído en Internet que los miércoles lo comentaban en inglés.

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No sé qué esperábamos, pero el espectáculo de luces de Hong Kong fue una de los mayores decepciones que me he llevado. No había comentarios ni música y casi que ni luces. Vimos un par de láseres reflejados en algunos edificios durante unos minutos, ¡y ese fue todo el espectáculo! La línea del horizonte era mucho más impresionante sin los malditos láseres parpadeando sin sentido.

Decidimos salir después de unos 10 minutos en dirección a nuestro albergue al otro lado de la bahía. Fuimos a un restaurante con estrella Michelín que nos había recomendado un amigo, Kam's Roast Goose. Para nuestra desgracia, cuando llegamos nos dijeron que la cocina estaba cerrada y que tendríamos que volver al día siguiente, el día que nos íbamos. Así que el espectáculo de luces no solo fue una basura, ¡sino que además nos costó la cena! Nos moríamos de hambre y nos moríamos por probar la famosa comida de ganso y arroz.

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Estábamos a media hora a pie del albergue. Nos parecía estar a miles de kilómetros, pero no teníamos excusa para pagar un billete de metro por solo una parada, así que volvimos andando. Nos paramos en un bar en la azotea (otra recomendación de un amigo). Como éramos pobres y estábamos sudando, subimos en ascensor y tomamos una foto rápida. Todo el mundo estaba muy arreglado y bebía cócteles elegantes y coloridos. Estábamos fuera de lugar con pantalones cortos, deportivas y el maquillaje corrido, ¡pero las vistas eran geniales!

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Después de lo que nos pareció una eternidad, por fin llegamos al albergue. Nos dimos una ducha rápida, nos cambiamos de ropa y salimos a por algo de comer que tanta falta nos hacía. Encontramos un puesto de comida que vendía varias cosas fritas. Nos conformamos con pollo y patatas fritas porque no teníamos ni idea de qué era lo demás. Estábamos llenas, así que decidimos dar por terminada la noche para poder dormir antes de nuestras últimas horas en Hong Kong.

Día 3:

Nos despertamos a tiempo para el desayuno y partimos hacia las afueras de Hong Kong. Habíamos visto en Instagram urbanizaciones increíbles y coloridas en la zona de Lai Chi Kok. Cogimos el pintoresco tranvía que cuesta unos 3 $ por trayecto. Los tranvías son adorables y parecen anticuados. Nos sentamos en la planta de arriba para tener las mejores vistas.

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Una vez que llegamos a la zona que habíamos visto en Instagram, pasamos un rato buscando los edificios. Tuvimos el mismo problema que el día anterior, ya que no pudimos encontrar el lugar perfecto para la foto, o más bien el edificio correcto. Teníamos que parecer turistas idiotas dando vueltas por los edificios, haciendo fotos de las casas normales de la gente. Aun así, la gran cantidad de rascacielos juntos era un espectáculo que ver y sin duda recomiendo el viaje si tienes tiempo.

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Después de una hora o así, decidimos volver para llegar al restaurante Kam's Goose para cuando abriera; ¡estábamos decididas a probar ese ganso! Doblamos la esquina y nos encontramos con una fila larguísima de gente esperando para entrar al restaurante. ¡Había abierto hacía solo 20 minutos!

Nuestro vuelo era por la tarde y teníamos que coger el autobús al aeropuerto temprano, así que nos preocupaba el tiempo. Por suerte, vimos que el restaurante tenía la opción de comida para llevar y en 10 minutos estábamos de camino a casa con nuestro ganso y arroz. Nos lo comimos en el balcón del albergue; no es lo ideal, pero el sabor lo compensaba. Se ve que es el restaurante con estrella Michelín más barato del mundo, ¡estaba delicioso!

Gracias, siguiente:

Preguntamos en el albergue a dónde teníamos que ir a coger el autobús al aeropuerto. Por suerte era a la vuelta de la esquina. Hacía tanto calor y humedad que nos estábamos muriendo cargadas con nuestras enormes mochilas, pero llegó bastante rápido y partimos de nuevo a nuestra siguiente aventura: ¡Seúl!

Hong Kong es una ciudad increíble que brilla bajo el sol. Me sorprendió mucho la altura de sus edificios y el ajetreo de sus calles. Me veo viviendo en una ciudad tan genial, ¡así que estoy segura de que volveré algún día!

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