Falsos amigos

Una pasión que siempre he tenido y que aún tengo desde pequeña es el amor por las lenguas. Nunca se deja de estudiar, siempre hay algo que aprender, y si no es una lengua, pues otra nueva. Algo por lo que me gustan tanto es la semejanza que existe entre las lenguas romances. El italiano, el español, el francés, el rumano, el portugués... Su afinidad es como el amor, son tan parecidas como diversas. De ahí que la idea de que el español es fácil de estudiar para un italiano y viceversa no sea del todo cierta o esté justificada. Si hablamos de sintaxis o gramática, las dos lenguas se aproximan la una a la otra, pero obviamente a un inglés le resultará mucho más difícil estudiar español y no alemán, ya que ambas lenguas comparten el mismo origen.

La belleza de los idiomas, sin embargo, no está únicamente en la familiaridad (aunque ayude a mejorar el tiempo de aprendizaje), sino en la diversidad, lo que hace de la lengua un estudio interesante. Todas las lenguas tienen sus variantes, no solo en cuanto al alfabeto, la gramática o la sintaxis, sino a las frases idiomáticas, la sátira, la ironía, las palabras vinculadas a la tradición y la cultura. Y sí, se puede estudiar y aprender gramática, léxico, sintaxis, pero lo que importa es comprender la esencia de la lengua, o lo que es lo mismo, lo que representa: el hombre, el lenguaje corporal, la historia del país, la cultura, las tradiciones y los distintos puntos de vista. Es ahí de donde surgen tantas palabras del vocabulario de una lengua, así como tantas frases idiomáticas, de la diversidad lingüística que a menudo, incluso entre dos lenguas afines, hace que no exista una equivalencia absoluta.

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Hablemos ahora de los famosos "false friends", los falsos amigos, aquellos que nos llevan a decir cosas absurdas, traducir literalmente, pronunciar mal muchas palabras y usar frases en desuso. Equivocándose se aprende de verdad, pero la frase más vale prevenir que curar viene que ni pintada ante estas situaciones.

Y pensaréis... ¿qué son los falsos amigos? Se trata de palabras que se escriben o suenan igual y que están presentes en dos lenguas distintas. Hay dos casos: uno de primer grado y otro de segundo grado. Sea como fuere, estos malos amigos existen en todas las lenguas; siempre hay palabras (o al menos una) que recuerdan a un vocablo de nuestra lengua.

Si nos vamos al inglés, por ejemplo, la palabra "argument" es similar a la palabra italiana "argomento", sin embargo, una significa discusión, litigio, mientras que la italiana significa "topic" en inglés, un asunto del que poder hablar. Por otro lado, con el verbo francés "fermer" y el verbo italiano "fermare" ocurre lo mismo, el primero significa cerrar y el segundo se traduciría en francés como "arreter", por lo que sería "arreter" a alguien y no "fermer". Podría continuar durante horas, días, años... En todas las lenguas encontraréis falsos amigos.

La lengua española tiene muchísimos, de ahí que la relacionen tanto con el italiano. El español es complejo, sobre todo cuando se da el caso en que un verbo como salir no significa "salire", sino "uscire" (por ejemplo, de casa, con amigos), o cuando en el supermercado se compra "burro" (mantequilla), que en español se refiere al animal.

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Pero los falsos amigos se pueden combatir, basta con estudiar; quizá preguntar a nativos si lo que estás diciendo está bien o no, dar lo mejor de sí mismo para evitar aprender una lengua de pasada. A los falsos amigos se le suman las frases idiomáticas, mis preferidas. ¿Por qué? Simplemente, porque están ligadas al punto de vista, a la cultura, a las tradiciones.

Pensad en la frase "¿qué hablas, árabe? ". Para los italianos, el árabe representa una lengua incomprensible, difícil de aprender, como el ruso el chino. En Francia, Portugal, Reino Unido y España, se usa el chino como representación de lengua incomprensible. "Parles tu chinoi? "; "That's Chinese to me"; "Fala Chinês? "; "¿Hablas chino? "; y lo mejor, imaginad que usan esta frase en tagalog, la lengua que hablan en Filipinas. Otro ejemplo sería lo que se dice a la gente que fuma mucho. En Italia, es "Fumi come una ciminiera" (fumas como una chimenea) o "come un turco" (quién sabe por qué hemos elegido como referencia al turco). Por otra parte, no es una frase que se pueda traducir literalmente, pues la cultura de un país tiene su propio punto de vista. En Francia dicen "Il fume comme un pompier" (fuma como un bombero); en España, "Fumas como un carretero"; en Portugal es parecido al italiano, aunque emplean también la referencia de un caballo.

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Todos estos elementos hacen de las lenguas una aventura por descubrir, aunque también algo difícil de entender si no se estudian bien, solo por encima. Es necesario profundizar para hablar de verdad una lengua; ser capaz de no confundir palabras conocidas con falsos amigos; tener la capacidad de cambiar la forma de actuar según la lengua y su cultura; estar en grado de comprender las situaciones formales e informales de las costumbres de países diferentes; en resumen, estar abierto a gente que se comporta y habla de forma distinta a nosotros. Pero, sobre todo, estar preparados a la incomprensión de una pronunciación equivocada en la lengua meta (una lengua no nativa). Es un consejo de una persona que estudiaba francés y quiso responder a la profesora con un "beaucoup" (mucho), pero que al final dijo "beau cul" (bonito culo), todo por culpa del desconocimiento de la pronunciación. Tenía 13 o 14 años, y bueno, la lección acabó con risas. Para que os quede el concepto más claro, el "coup" se pronuncia "cu", mientras que la u de "cul" se pronuncia más cerrada y parecida a una i. Tened cuidado cómo pronunciáis en otros idiomas porque pueden transformarse en gracias.

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Con esto no quiero decir que ya no habléis una lengua extranjera, sino que simplemente prestéis atención y seáis rigurosos a la hora de estudiar una lengua, sobre todo al hablarla.

Bref, como dirían los franceses (en definitiva), tened en cuenta lo que decís y no vayáis por ahí diciendo cumplidos a cualquiera involuntariamente.


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