« Tengo un pozo dentro y no puedo beber de su agua. La cuerda no es tan larga » (Soleá por bulería)

9 de noviembre de 2014

Una historia de flamenco

Una mujer. Un hombre. Se sientan en un taburete rojo. Él empieza a rozar las cuerdas de la guitarra. Ella no dice nada, escucha y empieza a empaparse del sonido de la guitarra. Luego empieza a emitir algunos sonidos, con los ojos cerrados, febrilmente, con voz grave. A la vez, taconea con unos zapatos altísimos, llenando el espacio con su increíble presencia. Y sus manos acompañan el ritmo a la vez. En un momento determinado, se escucha un grito desgarrado como si fuera un rayo de sol atravesando el cielo. Tuerce el gesto. ¿De dónde saca la fuerza? Se mantiene recta, anclada con fuerza en el suelo. En cambio, su torso fluye, baila con los brazos y los eleva hasta el techo como si estuviera hechizada. Saca la fuerza de la tierra y del vientre. Tiene los hombros encogidos y el pecho fuera, el mentón levantado, su canto es brillante. Me seduce su violencia, me calienta y destempla al mismo tiempo.

A veces no puede quedarse sentada y tiene que levantarse para poder mover el cuerpo. Entonces taconea más fuerte, sus brazos en arabesco van y vienen entre el cielo y la tierra.

Mientras tanto, los dedos del guitarrista bailan entre las cuerdas, tocando incluso más fuerte.

En la sala, muchos de nosotros nos unimos a los músicos, dando palmadas al ritmo del flamenco. La verdad es que a mí también me dan ganas de palmear.

« J’ai un puits en moi et je ne peux boire son eau. La corde n’est pas assez longue » (Soleá por bulería)

  • La Peña, Cádiz

El flamenco es un arte compartido. No conozco otro estilo musical en el que el público pueda participar en la creación de la canción.

Estoy en Cádiz, una ciudad que tiene el privilegio de ser la cuna de los primeros cantaores y bailaores de flamenco, lo que le ha permitido un lugar en el Patrimonio Cultural y Material de la Humanidad. He podido ir varias veces a conciertos de flamenco (cantan y bailan a la vez). Hay muchos sitios en Cádiz: la Peña (los viernes), la Cava (el único sitio al que no he ido porque es muy caro), el Pelícano (los martes)...

« J’ai un puits en moi et je ne peux boire son eau. La corde n’est pas assez longue » (Soleá por bulería)

  • Antonia Gilibert Vargas, una cantante famosa de Cádiz

También hay un centro de interpretación de Flamenco que propone una proyección visual con la que puedes conocer los fundamentos del flamenco, además de varios espectáculos acompañados de explicaciones.

No he intentado bailar o cantar flamenco porque me parece súper complicado. Además, retiro lo que dije hablando con unos andaluces sobre el flamenco, eso de que "para practicarlo hay que tener un algo, digamos que esa fuerza que te empuja a cantar o bailar flamenco y que no todos tienen". Claro, depende también de si has nacido en una familia en la que el flamenco constituya una parte importante de tu educación.

También hay varios tipos de flamenco, por ejemplo, el de Cádiz es el "flamenco gitano".

« J’ai un puits en moi et je ne peux boire son eau. La corde n’est pas assez longue » (Soleá por bulería)

El flamenco suele contar historias de amor que son como puñaladas ardientes de lo intensas que son. Amor de pareja, amor maternal, amor a la vida y la fatalidad de la muerte, el honor y las promesas... La voz brota con la fuerza de un torrente, tanto si es de hombre como de mujer. Sientes que están compartiendo contigo algo que les sale de las entrañas, de lo más profundo de su ser. Y eso pone los pelos de punta. Esa voz de rabia nos obliga a escuchar, a prestar atención al rito chamánico que se lleva realizando desde el principio de los tiempos. El cuerpo del bailaor intenta agarrarse a algo, pero tiene garras en vez de uñas. Como no puede sujetarse a nada, solo le queda bailar.

« J’ai un puits en moi et je ne peux boire son eau. La corde n’est pas assez longue » (Soleá por bulería)

Observé las reacciones del público ante semejante espectáculo. A veces los guiris no entienden el flamenco. Porque el flamenco no se entiende, creo que no puedes disfrutar realmente del espectáculo si lo intelectualizas. Hay que dejarse llevar. Por eso los guiris creen que la representación es exagerada: porque lo miran desde fuera. Pero al final la cuestión de saber si el sentimiento que nos ofrecen es verdad o no, importa poco. Si quieres creértelo, si te dejas seducir, entonces funciona así quizás se vuelve verdad. Con todo esto, el flamenco para mí implica una herida pero que, como una catarsis, no es más que un deseo ardiente de vivir.

« J’ai un puits en moi et je ne peux boire son eau. La corde n’est pas assez longue » (Soleá por bulería)

Concierto en el Pelícano, Cádiz

Aquí os dejo un fragmento de la voz de un chico con talento: vídeo


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