Mitología griega

El nacimiento del mundo

Al principio sólo existía el Caos, después aparecieron la Tierra -Gaïa-, el Infierno, Tártaro, el Deseo, Eros y, por último, la Noche.

Gaïa, la Tierra, originó a las montañas, el mar y a Urano, el cielo estrellado. Después se unió a Urano. Sus hijos, por desgracia, son monstruosos, en efecto: 12 Titanes violentos, 3 Cíclopes, etc. Disgustado, su padre los encierra en el fondo de la Tierra, el Tártaro, en la oscuridad más profunda. Enfurecida y dominada por la tristeza por no poder volver a ver a sus hijos, Gaïa rechaza la decisión de su marido. Ella no tolera que los Hecatónquiros sean encerrados en el Tártaro sin una causa justa. Ella enviará a sus hijos los Titanes a rebelarse contra la autoridad de su padre para así liberar a sus hermanas, las Centimanos. Confía esta gran misión a su hijo más joven, Cronos. Para ello le da una especie de hoz muy sólida, muy cortante, para que corte el sexo de su padre. Cronos ejecuta el trabajo y acaba castrando a su progenitor. Entonces, como los humanos, Urano empieza a sangrar brutal y abundantemente. La sangre de derrama sobre la Tierra, por todos sitios, porque, como os recuerdo, Urano rodea toda la superficie de la Tierra. Así que como os he dicho la sangre fluye libremente y se extiende sobre la Tierra y sobre el Océano.

Evidentemente, a causa de las maravillas de la naturaleza, de toda esa sangre van a nacer una multitud de divinidades. Ya os había anticipado esta extraña alianza en la introducción porque, en efecto, la unión de Urano y Gaïa resulta ahora aún más extraña.

Más adelante redactaré el capítulo siguiente cuando disponga de más tiempo y, por supuesto, si es que hay interesados...



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