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Los motivos por los que decidí hacer mi Erasmus en Maastricht

Introducción

A finales del mes de agosto de 2017 comencé mi experiencia Erasmus en la ciudad de Maastricht, al sur de Holanda. Siendo sincera, por lo menos al principio, mis expectativas respecto a esta ciudad, que yo (como otros imagino) conocía sólo por el Tratado, eran bastante bajas.

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Antes de empezar a hablar del Erasmus como tal, me gustaría hablar un poco sobre mí.

Nací y crecí en Siena, en la Toscana, donde sobre todo en los años en los que estaba en el instituto, se me empezó a quedar pequeño. Por este motivo, cuando terminé la ESO, decidí alejarme de mi familia e irme a estudiar Ciencias políticas a Bolonia. Me enamoré completamente de esta ciudad, de completamente todo, de su ambiente, de su actividad y de su caos, y de lo animado que era su vida estudiantil.

Mi gran pasión es sin duda viajar, y a pesar de mi amor incondicional por Bolonia, estaba completamente segura de que, durante mi carrera universitaria, debía de tener una experiencia Erasmus.

Como consecuencia, al comienzo del año pasado, me informé de las universidades con más prestigio en mi materia, es decir, en Relaciones Internacionales y estudios europeos, asi que decidí solicitar plaza para Maastricht.

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Cuando me inscribí para la convocatoria, mi prioridad era encontrar una universidad buena, para darle mayor valor a mi trayectoria universitaria y que no fuese lo contrario, que no mi hiciese pensar que había perdido un semestre académico solo por el capricho de vivir durante cinco meses en Holanda. No me importaba que fuese muy exigente a nivel de estudiar, quería sólo estar segura de que el esfuerzo tendría recompensa; quería experimentar un método de enseñanza y de estudio diferente, quizás tendría que hacer sacrificios pero buscaba mantener el máximo provecho. Además, concretamente por este motivo, no quería implicarme demasiado en la parte más social del Erasmus, o al menos salir de forma moderada. En resumen, estaba dejando en stand by mi vida en Bolonia para dedicarme a tiempo completo a estudiar, y sería sólo durante cinco meses, no más. Por otra parte, sin embargo, no soy para nada de ese tipo de personas que se dedican exclusivamente a estudiar. Mi importa mucho aprovechar mis estudios, pero también me gusta mucho tener una vida social activa, cambiar de rutina y divertirme.

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Por todo eso, la idea de irme a vivir a una ciudad que en cierto modo me recordaba a Siena, por una parte me daba curiosidad y por otra me asustaba bastante.

Aterricé en Amsterdam (Schipol) porque había estado un par de semanas en Tanzania con mi padre, pero aconsejo a cualquiera que quiera ir a Maastricht desde un país europeo que coja un vuelo hasta Eindhoven, que está más cerca y los vuelos son más económicos.

Desde el aeropuerto de Ámsterdam cogí el tren y en un par de horas llegué a Maastricht. Antes de llegar, me organicé para que un miembro de ESN Maastricht me esperase cuando llegara al aeropuerto y me acompañase hasta mi destino. Este fue el primero de muchos otros servicios que me ofreció ESN Maastricht.

De todos modos, el hecho de no estar sola hizo que, las dos horas y media de trayecto desde Schipol a Maastricht a través de la verde Holanda, se me pasaran rapidísimo.

Por desgracia, como descubrí ya durante ese viaje, los trenes holandeses no hacen ningún descuento a los estudiantes internacionales y en general los trayectos son bastante caros (desde Schipol a Maastricht son unos 25 €).

Pasé los primeros días en Maastricht en un hostel, esperando a que se quedase libre la habitación que había reservado en una de las residencias de la universidad.

Durante esos días, ayudada por un clima completamente insólito para Holanda, tuve la primera toma de contacto con la vida de Maastricht. Aún sin bici, indispensable para cualquiera que se quedé por más de una semana en cualquier ciudad holandesa, dí largos paseos por las calles del centro, visité muchas iglesias y plazas, hice la compra en el mercado que hay cada viernes en una de las plazas principales (que no es casualidad que se llame Markt), visité la que iba a ser mi futura facultad y comí muchos dulces fritos y con muchísimo azúcar (aunque añadiré que estaban buenísimos).

En esos días participé también en el día de presentación organizado por mi facultad, que incluía, más allá de la visita de os edificios principales de la universidad, también un breve tour del centro de la ciudad. Entre otras cosas, ese día conocí a algunas de las personas con las que después viviría en la residencia.

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Vivir en Maastricht

Como dije antes, para vivir en Maastricht es indispensable hacerse con una bici, y hacerlo lo antes posible. En Facebook hay muchos grupos donde se pueden comprar de segunda mano por poco dinero (tipo "buy/sell a bike in Maastricht", donde se encuentran bicicletas a partir de 50 €). Personalmente, la primera de las tres bicis que tuve durante mi estancia en Maastricht (y la mejor de ellas) la compré por unos 60 € y pude después venderla prácticamente por el mismo precio antes de volver a Italia. No puedo evitar decirlo pero, como una broma de la naturaleza, Maastricht se encuentra en la única zona de Holanda donde podréis ver colinas. Esto significa que pedalear no será lo más relajante del mundo (sobre todo cuando hace viento o llueve, o cuando hay lluvia y viento al mismo tiempo), pero al menos así no necesitaréis ir al gimnasio.

Siento que puedo aportaros algún consejo también acerca de dónde vivir en Maastricht. Por lo que a mí respecta, una de mis prioridades era encontrarme en un entorno internacional, preferiblemente con otros estudiantes Erasmus, de forma que hablase italiano lo menos posible (propósito que luego incumplí totalmente, pero no pasa nada). Por esto me mudé antes de lo previsto (importantísimo) y conseguí una habitación en la UM Guesthouse, un edificio enorme a un poco más de un kilómetro del centro de la ciudad y que aloja exclusivamente a estudiantes Erasmus.

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Esta fue probablemente la decisión que más cambió mi etapa de estudio en Maastricht, y absolutamente fue para mejor. Tengo que admitir que al menos, comparándolo con otras residencias stardard italianas, esta era cara (eran como unos 520€ al mes por una habitación doble), pero era lo normal en comparación con otras en Holanda. Mi habitación era una doble que compartía con una chica colombiana de mi edad, estudiante de economía, con la cuál desde de la primera semana teníamos una gran conexión. Teníamos una pequeña cocina dentro de la habitación, dos camas obviamente, dos armarios y dos escritorios y un lavabo. Los baños y las duchas, en cambio, eran compartidos con los chicos que ocupaban las otras habitaciones de nuestro pasillo. Aunque así dicho pueda parecer una situación un poco sacrificada, en realidad no me he arrepentido nunca de haber elegido pasar mis cinco meses de Erasmus en esa residencia, y ni mucho menos de estar en una habitación doble. Además, hay que decir que para un periodo de tiempo mayor seguramente no sugeriría este tipo de alojamiento, básicamente por los problemas normales que podrían surgir al estar en una habitación donde también duerme otra persona y donde, sobre todo, esta persona tiene horarios diferentes de los tuyos y la cocina, la nevera y las sartenes están justamente detrás de tu cabeza.

En la residencia conocí a todas las personas que han hecho mi Erasmus inolvidable, toda la gente con la que sigo en contacto (casi a diario) en la actualidad, a distancia desde hace un año. Por otro lado, la sede de ESN Maastricht está situada en esta guest house, que es por tanto como el corazón de la vida Erasmus de la ciudad. Cada jueves de hecho ESN organizaba fiestas y juegos en la sede y después todos juntos íbamos al centro.

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Obviamente no todos mis amigos vivían en residencia o guest house, por lo que tuve la posibilidad de ver y oír otras opiniones acerca de alojamientos diferentes. En general, encontrar una habitación en Maastricht no es una tarea fácil. Obviamente, cuanto más te alejas del centro, las posibilidades van aumentando pero habría que ver si es realmente la mejor elección para pasar una temporada fuera. En mi opinión, vivir con otras personas y vivir en la ciudad era indiscutible, así que aconsejo a cualquiera que tenga más o menos los mismos intereses de mudarse que lo mire con tiempo (y con un tiempo quiero decir al menos 3 o 4 meses antes).


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