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Mi Erasmus en Tarragona


Mi llegada

Llegué a esta preciosa ciudad el 2 de febrero y, con un poco de pesar, me iré de aquí el 29 de junio. Llegué en autobús desde Siena: 23 horas de viaje, así lo decidí, pero al final no me pareció tan malo viajar durante tantas horas. Es una experiencia que ya había vivido más de una vez.

Adaptación a las novedades

Los primeros días tras mi llegada, obviamente, era todo nuevo, tenía que entender cómo estaba estructurada la ciudad, orientarme, saber cuáles eran los lugares que más frecuentaban los estudiantes universitarios como yo, los bares más baratos, etc. Solo salía con mis compañeras de piso para intentar tantear un poco el terreno.

Al principio, el tiempo era bastante inclemente. Quién lo diría y, en realidad, sé que no suele ser el caso, ¡pero aquí en Tarragona ha hecho un frío aterrador este invierno! Para rematar, aparte del año que ha sido un poco más frío en todos los países europeos, es sin duda la humedad lo que hace que nuestra piel note aún más el frío.

Integrarse en la ciudad: la universidad, las fiestas y la lengua

Conseguí integrarme con gente nueva casi de inmediato. El primer momento es el más importante para hacer amigos. Se dio la ocasión de ir a una fiesta organizada específicamente para Erasmus en el Thrash, un local muy interesante que organiza fiestas con música normalmente techno, pero que también se ocupa esporádicamente de eventos universitarios.

La fiesta en cuestión tuvo lugar el 6 de febrero y se llamaba "Erasmus Carnival Party": una oportunidad para disfrazarse, divertirse y conocer gente nueva. De hecho, allí tuve la oportunidad de conocer a muchas personas de diferentes países y poder emplear el inglés y el español para poner a prueba mis habilidades. Creo que las personas que tienen la intención de ir a Erasmus subestiman el idioma, pero puedo garantizarte que es un elemento fundamental, especialmente si estás interesado en entablar amistad con los nativos y no solo con Erasmus.

Obviamente, no podemos meter a todo el mundo en un mismo saco, pero la tendencia es, como es natural, que las personas no tengan excesivas ganas de hablar un idioma que no sea el suyo. Este es el motivo por el que lo más natural es que los italianos estén principalmente con italianos, los españoles con españoles, etc. Desde mi punto de vista, llegar ya conociendo un idioma significa poner en juego tus habilidades, aprender, tener la oportunidad de dialogar con un abanico más amplio de personas y, sobre todo...

evitar problemas de malentendidos en general: cuando ya conocemos un idioma, no necesitamos pedir demasiada ayuda, perder el tiempo con cursos de idiomas, pasar los días en el aula sin comprender y pensar en desperdiciar parte de nuestro tiempo. En resumen, llegar ya con unas nociones mínimas de la lengua nos permite aprovechar al máximo nuestra experiencia Erasmus.

Como ya he dicho, desde la primera fiesta a la que asistí, todo fue cuesta abajo: a partir de ahí, conoces a la gente, la gente te enseña los locales, te invita a fiestas en casa o a iniciativas AEGEE (Association des États Généraux des Étudiants de l'Europe), por ejemplo. Asimismo, no solo está la vida nocturna, sino que también se organiza trekking para ver las cosas más interesantes de la ciudad y las reuniones internacionales, donde todo el mundo lleva su comida con su bandera como señal de qué significa ser parte de una cultura específica.

En cuanto conoces los sitios es mucho más fácil, sabes que encontrarás ciertas personas en ciertos días de la semana e incluso aunque llegue un momento en el que te sientas solo, ¡no tengas miedo! ¡Habrá muchas personas como tú que querrán tener compañía y conversar!

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Integrarme con mis compañeros de clase fue algo que realmente nunca pasó... Debo admitir que no estoy completamente convencida de que mis compañeros tuvieran muchas ganas de conocerme, pero también debo decir que la mayoría de ellos eran de las zonas limítrofes de Tarragona, por lo que no salían por la ciudad o no se quedaban mucho tiempo a estudiar en la biblioteca de la universidad.

Los momentos clave para conocernos mejor fueron sin duda las visitas guiadas que los maestros organizaron para ir a ver algunos museos y los trabajos en grupo que nos asignaban en el aula. Otro momento importante para mí desde este punto de vista fue la participación en el Paso del Ecuador: una cena que generalmente se realiza en la mitad de la carrera universitaria, lo que me permitió conocer sobre todo a gente nativa y su mentalidad.

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La ciudad: tamaño, precios y seguridad

La ciudad es realmente muy práctica y fácil de recorrer. Desde que estoy aquí, nunca he cogido el autobús para ir a ningún sitio. Es bastante pequeña y práctica: hay dos campus universitarios (Catalunya y Sescelades) y muchos estudiantes encuentran alojamiento en la Avinguda de Catalunya ('Avenida de Cataluña'), donde se encuentra el campus, y Rambla Nova, la calle más importante de Tarragona. Por ejemplo, desde donde estoy a pie, estoy: a 15-20 minutos del Campus Sescelades, a 7 minutos del campus de Catalunya, a 10 minutos de la Part Alta, a 12 minutos de la Rambla Nova, a 5 minutos del supermercado más cercano, a 25 minutos de la estación de trenes, a 15 minutos de la estación de autobuses y a 30 minutos de la playa.

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Todo está bastante bien iluminado y la ciudad es muy tranquila, estoy acostumbrada a volver sola a cualquier hora de la noche y debo decir que nunca he tenido ningún problema. La ciudad es muy barata. Igualmente, puedes encontrar alquileres con gastos incluidos a partir de 190 euros/mes y, aunque para muchos alimentos en el supermercado los precios son aproximadamente como los italianos, hay otras cosas por las que vale la pena venir aquí y que hacen que la ciudad sea muy barata.

En general, se podría decir que comer y beber fuera es más barato que en Italia. La cerveza normal cuesta unos 2 euros de media, pero por supuesto puedes encontrarla más cara y más barata. Los dulces para desayunar a veces se venden como, por ejemplo, 3 dulces a 1,50 euros. Los precios de los medios de transporte son un poco más caros: puedes pagar mucho por hacer largas distancias en autobús y también el metro es más caro en ciudades como Valencia o Barcelona.

Conclusión

¡Barcelona está a una hora en tren, por eso cualquiera que quiera algo más intenso le basta simplemente con coger un tren! En conclusión, creo que es la ciudad perfecta para hacer un Erasmus: tienes la playa, puedes desplazarte a todas partes a pie, es barata y hay suficiente fiesta, pero no demasiada para aprobar los exámenes.


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