Riga: cuarto día

Riga (4)

¡Hola de nuevo! En esta ocasión te voy a contar nuestro cuarto día de viaje por la capital letona: Riga.

Me desperté a las 09:15, sin despertador... Luego esperé a que mi hijo Pietro se despertara por sí solo para más tarde salir a recorrer la ciudad. Para desayunar, nos comimos las galletas que nos quedaban y los batidos de chocolate que compramos el día de antes. Después, nos arreglamos y comenzamos nuestra andanza.

Llegar al centro fue superfácil. No tuve que preguntarle a nadie cómo llegar, con las indicaciones del móvil fue suficiente.

Pasamos por los jardines Vermanes, por el Monumento a la Libertad y de seguido por el parque Esplanada, donde encontramos el museo nacional de Bellas Artes de Letonia y la catedral del Nacimiento de Cristo. ¡Mira! :

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A través de la calle Skola, llegamos a otra iglesia, la de Santa Gertrudis, más conocida por sus habitantes como The Red Church. ¿Qué te parece? :

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Eran las 11:00 más o menos cuando llegamos, y el hambre ya me estaba consumiendo. Por los alrededores vi una tienda de muffins. Había tanto dulces como salados. No pude resistirme y entré. Pregunté por los últimos salidos del horno, pero parece ser que por aquí casi nadie habla inglés. Hace años no lo enseñaban en las escuelas, por lo que es normal que la gente mayor no lo entienda ni mucho menos lo hable. Pero ¿y los jóvenes? Una chica me dijo el primer día que, en Letonia, como estudian ruso, lo superponen al inglés. También me comentó algo muy particular: los menores, como en Italia, no pueden fumar. Si un policía pilla a alguno por la calle con un cigarrillo, se lo lleva a comisaría e informa a la familia para que vaya a recogerlo. Por si no fuese poco, los tutores legales del menor tendrán que hacer frente a una multa bastante alta. ¡Guau! ¡Increíble! ¡Encima a ella ya le habían puesto 4 multas ya!

En fin, volviendo a los muffins... Yo me pedí un brownie por 1, 70 € y un minimuffin de caramelo por 0, 45 €; mi hijo una supergalleta por 0, 80 € y un muffin de café por el mismo precio. ¡En qué hora se me ocurrió pedir un capuccino! ¡2, 30 € me cobró! El caso es que los precios estaban a la vista, pero la señora parece ser que tenía prisa. Tanta que casi no he tenido tiempo para echar un ojo al resto de productos. ¡Ay, qué rabia! ¡Por 1, 79 € podría haber comprado un zumo de fruta de 250 ml! Me dolió muchísimo... Pero bueno, ¡nos pusimos las botas!:

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Al salir de la tienda, nos dirigimos al barrio de los edificios modernistas. ¡Qué bonito!:

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Después, nos paramos en un parque para jugar un rato y luego fuimos al castillo de Riga. ¡Mira, mira! ¡Qué desilusión! Lo han reformado tanto que no parece ni un castillo. Estaba delante de él cuando pregunté que dónde se encontraba... ¡Imagínate mi cara! Juzga por ti mismo:

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Menos mal que a unos pocos metros del castillo estaba el mar... Tras acercarnos a verlo, pusimos rumbo al casco antiguo de la ciudad.

Comimos en un pequeño local llamado Queens. Si me decidí a comer ahí fue por su relación calidad precio. Nos metimos un buen filete de ternera de 250 g por 11, 50 € y unas patatas al horno con crema de setas por 7 €. Todo riquísimo y con una presentación bonita. No pedí nada de beber porque por una simple botella de agua te sablaban 2, 50 €. Además, tampoco nos hizo falta, llevaba la botella de 1 litro que había comprado el día de antes en un supermercado por 0, 52 €.

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Después de comer, volvimos al centro. Luego, acabamos en el centro comercial, donde compramos la cena y regresamos al hotel. Hice bien, sabía que llovería de un momento a otro.

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Ya bien limpitos, preparamos la cena, la misma que la del primer día: una ensalada griega y unos cuantos quesos.

Después de cenar, nos fuimos a dormir, juntitos, juntitos...


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