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Encontrar trabajo

No me había dado cuenta de lo complicado que es encontrar trabajo. Antes de irme de la República Checa, tenía un trabajo genial. Trabajaba de camarera en el restaurante español La Casa Blu. Pensaréis que no es para tanto, pero a mí me encantaba. Entré allí de casualidad. Un día, mi amiga Lucy me dijo que su prima trabajaba allí y que estaban buscando otra camarera. Yo nunca había trabajado de camarera, solo había estado en McCafé. Ni siquiera estaba buscando trabajo porque ya tenía uno. Aun así, decidí intentarlo. Recuerdo perfectamente el día que fui por primera vez a La Casa Blu. Me gustó mucho el ambiente. No teníamos que llevar uniforme y todo el mundo era muy majo. Acordamos ir a trabajar unos días de prueba y luego, el jefe Pepe nos diría si podíamos empezar o no. ¡Tras ir unas cuantas veces nos dieron nuestro propio turno!

Al principio, era un trabajo normal. Encima no me gusta ser la nueva porque lo tengo que aprender todo desde cero. A veces no me sentía cómoda porque se reían de mí por ser muy tímida y cosas así. ¡Pero el tiempo pasó volando y pronto hice un año trabajando allí! Tengo que admitir que encontrar ese trabajo fue un milagro. Después de unos meses, ya estaba comodísima allí, sabía hacerlo todo e hice un montón de amigos. ¡Estaba tan acostumbrada a ir que a veces lo echaba de menos cuando estaba cerrado! Era increíble. Mi trabajo ideal. Sabía que no era un trabajo para el futuro, pero podía relajarme y estaba más que feliz con el dinero que ganaba allí. Gracias a él pude ir a Sri Lanka, por ejemplo. Otra ventaja es que algunas veces mi turno coincidía con el de Lucy.

Era una combinación perfecta de muchas cosas. Practicaba mi inglés, comía cosas ricas, conocía a gente nueva y encima, me pagaban. A veces sentía que molestaba porque siempre estaba hablando de La Casa Blu. Y muchas veces terminábamos las fiestas allí, aunque estuviéramos con, por ejemplo, compañeros de clase.

En La Casa Blu tenían un sistema especial de pago que dependía de las ventas de cada día, las horas de trabajo y las propinas. Cada día era diferente. Una vez, ocurrió que tuve muchísima suerte. Los del bar Harley's celebraron allí su fiesta de Navidad y me dieron una propina muy generosa. Me quedé alucinada al ver lo que me dejaron. Pero cuando miré mi cuenta bancaria, no había recibido tanto como esperaba. Por eso, le pregunté al jefe y trató de explicarme que ese turno había sido muy duro para todos y que por tanto, ¡había dividido las propinas entre todos los empleados de ese día! No me lo podía creer. Primero, si no le llego a preguntar, ni me lo habría dicho. Segundo, el sistema de pago siempre es igual, sin excepción, y de repente, decide cambiarlo. Por supuesto, cuando somos menos, el sistema se queda como siempre. Le respondí que aquello no me parecía nada justo. Entonces, me dijo que lo haríamos a mi manera y me mandó el dinero. No volvimos a hablar del tema, todo parecía resuelto. Más adelante, me fui de Erasmus a Francia. Antes de irme, quedé con el otro jefe, Pepe, en que cuando volviera a la República Checa, podría volver a trabajar allí.

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Cuando volví, estaba segura de que podría volver a trabajar en La Casa Blu, tenía muchas ganas. Y ahí es cuando volví a alucinar. Pepe, el jefe, me escribió lo siguiente: «No te puedo contratar de nuevo. El dueño del restaurante no quiere».

Igual a vosotros no os sorprende, ¡pero yo ni imaginaba que esto podría pasar! Ya tenía planeado trabajar allí, viajar y disfrutar de un verano sin preocupaciones. Todos mis planes se habían ido al garete. Era mi trabajo ideal y no pensaba que podría ocurrir algo así. No quería irme de esa manera. No quería trabajar en otro sitio. Estuve hablando con Pepe, pero me dijo que él no tenía ningún poder en aquella situación. Le mandé un mensaje al jefe principal y me respondió sin mucho interés que no quería gente en su restaurante que solo trabajara por dinero.

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¿Perdona? ¿Yo? ¿Yo trabajo solo por dinero? Si alguna vez en su vida se había equivocado, fue ahí. Me encantaba ese trabajo. Me moría de ganas de ir. Prestaba atención a todos y cada uno de los clientes. Siempre era puntual. Trataba de hacerlo todo a la perfección. Me importaba el nombre del restaurante. Hasta empecé a ayudar a Pepe a hacer un horario de trabajo. Cuando hablaba con los demás empleados, jamás decía nada malo. Era parte de mi vida. Llamaba a Pepe en mi tiempo libre para mejorar cosas del restaurante. Llevaba a mis amigos allí sin necesidad. Hasta cuando vine dos días a Praga, vine a cenar al restaurante con mis amigos de Francia. Por desgracia, algunos están demasiado ciegos como para ver todo esto. A nadie le importaba.

De todos modos, agradezco esta oportunidad. Aprendí muchas cosas. Viví cosas buenas y malas. Viajé mucho gracias a este trabajo. Conocí a mucha gente interesante. Pasé un año genial. ¡Y todo gracias a Lucy!

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Intenté convencerme a mí misma de que todo pasa por un motivo. Solo que no sabía cuál era ese motivo. Fue aún peor cuando Lucy me dijo que ya habían contratado a otra chica para trabajar en La Casa Blu. Una chica a la que le daba todo igual. Una chica que hablaba fatal de todos los empleados. Una chica muy lenta y vaga, tanto que no podía hacer más de cuatro turnos al mes.

La cosa es que necesito encontrar trabajo si quiero viajar y estudiar este verano y el año que viene. No podía pensar mucho en ello antes de los exámenes, pero ahora era el momento perfecto para encontrar algo en vez de estar quejándome. Quería ser lo más eficiente posible. Por eso, mandé por lo menos veinte currículums a distintas empresas, cafeterías y restaurantes. Os podéis imaginar el caos después. Desde primera hora, tenía alguna llamada, me iba a explotar la cabeza. Por supuesto, no recordaba dónde había echado el currículum. Todas las llamadas empezaban igual: «Hola, Barbara. Te llamo porque estás interesada en el puesto que ofertamos. ¿Por qué te interesa trabajar con nosotros? ».

No hay una respuesta válida tanto para empresas financieras como para restaurantes. Era un lío gordísimo. Al final, acordé ir a seis entrevistas distintas en dos días. Era una locura, imposible. Mañana tendré que posponer una y cancelar dos. La idea era tener un trabajo de media jornada de máximo 20 horas a la semana para hacer algo interesante y, mientras, trabajar en una cafetería o restaurante para ganar algo de dinero y relajarme.

Esta mañana tenía una entrevista de evaluación situacional en Provident. Estaba algo asustada porque no sabía qué esperar. Al final, me gustó. Era un trabajo a media jornada en un departamento financiero y podría aprender mucho allí. Éramos cuatro personas en la entrevista. Primero, teníamos que presentarnos. Después, teníamos que explicar qué cosas nos llevaríamos a una isla desierta. Por último, teníamos sesenta minutos para rellenar un test. Me resultó interesante. Solo me decepcionó no ser capaz de solucionar la prueba de lógica. Además, me sorprendió tener que hacer algo de clase de Contabilidad, no es que hubiera aprendido mucho allí. Tenía un buen presentimiento, pero nunca se sabe.

Por la tarde, tenía otra entrevista en una cafetería en el centro de Praga. Al principio, ni siquiera quería ir. Aunque cuando entré en el sitio, empezó a gustarme. Tenía un aspecto agradable y acogedor. Las chicas que trabajaban allí llevaban uniforme, pero me gustaba. Durante la entrevista, estuvimos hablando de las responsabilidades que tienes al llevar una cafetería y de cómo hacer felices a los clientes. El trabajo es bastante diverso, que es lo que más me gustaba. No solo sirven helados, también tortitas, cafés y sándwiches. Tras la entrevista, estaba bastante contenta y quedamos en que iría a trabajar unos días de prueba.

Cuando me fui, todo pasó muy rápido. Me había olvidado de que cuando estaba desesperada por volver a La Casa Blu, busqué un sitio que fuera igual y di con un bar cubano llamado La Bodeguita del Medio. No lo he visto anunciado en ningún sitio, simplemente les mandé un correo preguntando si tendrían un hueco para mí. De inmediato, me dijeron que fuera al día siguiente a hacer una prueba y que decidirían después. Más tarde, hablé con una chica que trabajaba allí y me di cuenta de que me interesaba mucho ese puesto. Estaba en el centro de la ciudad, parecía estar muy bien y era como mis trabajos anteriores. La cosa es que parece complicado porque los turnos son de 13 horas. De locos. Estaba un poco nerviosa, ¡aunque ya había estado todo un año en La Casa Blu!

Otra cosa chocante es que respondí a un anuncio para un trabajo ocasional en Croacia. Lo encontré de casualidad. Ponía que necesitaban azafatas para un crucero de tres días, pero que solo se trabajaba un día. No sé qué pensar, pero podría ser interesante ir a Croacia y, a la vez, ganar dinero. Ya me enteraré de más detalles mañana en la entrevista.

Parece que voy a tener que posponer mi regreso a casa, tengo demasiadas actividades laborales que hacer. ¡Aunque echo muchísimo de menos a mi hermana! Tengo también una entrevista de cuatro horas en Red Bull por la mañana. Además, tengo que ir a la universidad porque me apunté a un experimento. Estos días están siendo una locura. Lo único que espero es poder encontrar un trabajo genial con un buen sueldo y que todo vaya bien.

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