Día 26. Adiós Osaka. Fiesta de despedida y vuelta a Gobo

Damas y caballeros, había llegado el momento de decir adiós a Osaka y al campamento juvenil del Club Lions Japón 2015. Pasamos 10 días juntos (9 en mi caso) y lo pasamos genial visitando lugares increíbles en el sur de Japón; y, al mismo tiempo, aprendimos más sobre la gente y la cultura japonesa. Esos 9 días pasaron muy rápido pero estuvieron llenos de actividades y nadie podría quejarse. El problema era que cuando empezábamos a conocernos todos mejor, ya había llegado el momento de despedirse. No hay medicina para eso excepto viajar y agradecer que pasamos unos momentos geniales y esos recuerdos siempre estarán con nosotros. Mientras escribo esto estoy reviviendo al mismo tiempo todos los viajes de hace casi un año y recibo muchos mensajes muy bonitos de gente que me agradece que escriba los posts. Espero que todos hayáis disfrutado lo que habéis leído hasta ahora y lo que queda es añadir la última pieza del puzzle.

La travesía larga y divertida con el campamento juvenil

Estuvimos viajando con el campamento juvenil Lions a un sitio nuevo casi cada día, cambiando de hotel y habitación cada noche. Hasta ahora habíamos pasado un par de días en Osaka, donde tuvimos la oportunidad de aprender Bon-odori y participar en el festival, experimentar la meditación Zazen (y ver lo fuerte que puede llegar a golpearte el sacerdote en el hombro con su palo de madera), el torneo de salto a la comba en un instituto, pasar un día increíble en Universal Studios Japón (y visitar Hogwarts, ¡viva! ) y, por último, participar en la tarde final del famoso festival Tenjin Matsuri, que es el festival más importante de la región Osaka Kansai, y nos vestimos con kimonos y calzado de madera para dar un paseo en ferri después de la ceremonia del té verde. ¡Y todo eso solo en Osaka! Me siento muy feliz y agradecido por todo lo que he experimentado allí.

Nuestro viaje nos llevó también a la ciudad simbólica de la destrucción y las consecuencias de haber usado armas nucleares durante la Segunda Guerra Mundial, Hiroshima. Después de hacerle una visita al Centro Memorial de la Paz nos llevaron al santuario Miyajima, uno de los tres lugares más espectaculares de Japón desde hace varios siglos. El resto de días estuvimos recorriendo la zona sur de la región Kansai, las montañas y la costa de la prefectura de Wakayama. Tuvimos la oportunidad de visitar otros escenarios famosos como el templo Koyosan-Okunoin, el gran templo Kongobuji, además de un rato muy divertido en el hotel tradicional con las "Aragogs" locales (los fans de Harry Potter lo entenderán) del jardín, que querían contar historias con nosotros antes de dormir. Disfrutamos de un día nadando en el cálido océano en la Playa Blanca de Shirahama, una de las playas más famosas de Japón, y esa misma noche tuvimos un espectáculo de fuegos artificiales y noche de karaoke en el hotel.

Más allá de Wakayama hicimos una visita al templo Dojo-ji, uno de los más antiguos y famosos en esa parte de Japón; y mi lugar favorito del vecindario en el que llegué a sentirme como en casa. Después de escuchar las historias de Kiyohime & Anchin y comer en el restaurante del señor Ishikura pasamos el resto del día en Inunakiyama Onsen (aguas termales) donde disfrutamos de la experiencia única e inolvidable del ascetismo bajo la cascada y, más tarde, la cena en el hotel tradicional junto con la oportunidad de tomar una ducha en una sala llena de hombres desnudos yendo de un lado para otro. De todas formas, vayamos ahora hasta las últimas actividades y a cómo aprendimos a hacer frente a "la Disolución de la Compañía".

El último día y la fiesta de despedida me pillaron un poco por sorpresa, porque yo esperaba algo más; pero, cuando ahora lo pienso, diría que fue una buena decisión porque, de no haber sido así, todo habría sido mucho más complicado de lo que debería.

El día anterior y el despertar

Día 26. Adiós Osaka. Fiesta de despedida y vuelta a Gobo

El día anterior volvimos del Tenjin Matsuri e intentamos pasar el rato juntos un poco más, antes de irnos a dormir. Esa era nuestra última noche juntos en el hotel y algunos de los miembros japoneses del campamento ya tenían que marcharse. Antes de dormir recibimos más regalos del Club Lions Japón y de los organizadores del campamento, un libro de Hiroshima titulado "El espíritu de Hiroshima" publicado por el Centro Memorial de Paz de Hiroshima. Esto incluía un mapa de Hiroshima con imágenes y la infografía de las consecuencias de los bombardeos. El libro está en inglés y en japonés y es algo que recomiendo encarecidamente que compréis o consigáis. Estuve leyéndolo cuando volví a Croacia ese verano y puedo asegurar que es de muy buena calidad. Si os gustan las cosas sobre Hiroshima y todo lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, este libro está hecho para vosotros.

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Antes de dormir preparé todas mis cosas e hice algunas fotos más desde la ventana de mi habitación y desde la de unos amigos. Muy pronto Osaka será solo "algo que pasó en julio de 2015" pero yo no pensaba detenerme ahí. Me puse a leer por encima todo lo que había recogido aquel día por la ciudad, panfletos y todo lo que repartían durante el festival. No podía creer que tuviera un kimono y un geta en mi habitación, y que iba a llevármelos a casa en Croacia. Sin olvidar el resto de cosas que fui reuniendo y los regalos de los muchos amigos de Japón y los campistas. Iba a volver a casa con 30 kg de equipaje y solo podía esperar que no se abriera o estropeara en el avión. Me sentía como Bilbo Bolsón al final del Hobbit, cuando el dragón había muerto, Erebor había sido reconquistado y él volvía a su humilde hogar con un tesoro real desde "el otro lado de la Tierra Media". Su armadura y la cota de malla de mithril eran mi kimono y otras muchas cosas.

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Me desperté sobre las 7 a. m. y en poco tiempo ya lo tenía todo preparado. Tuve algún problema para llevar todas las cosas que me habían dado durante el campamento y me preocupaba que no fuera a caber todo en mi mochila. También cogí las sábanas y algunas otras cosas gratuitas del hotel para llevármelas de recuerdo a Croacia. Lo más importante era que tenían algo escrito en japonés y para mí tenía valor simbólico.

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Nos reunimos para el desayuno media hora después y disfrutamos del diverso menú. Tuvimos que usar los cupones en la entrada y aproveché la oportunidad para hablar con algunas personas con las que no había podido hablar demasiado, lo que resultó ser genial y solo me arrepentí de no haberlo hecho antes. Pero eso es algo que siempre pasa al final de un viaje. La sala del desayuno tenía un aspecto muy agradable y acogedor, con varias mesas redondas que permitían a los huéspedes sentarse en grupos unos frente a otros y varias mesas rectangulares. Casi en cada hotel tuvimos un bufé con diversas opciones para elegir, algo que me pareció genial. La comida preparada nos esperaba solo en los dos hoteles tradicionales en los que el objetivo era probar algo especial y local.

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Supongo que no os interesa demasiado cuánto arroz puse en mi plato y qué salsa usé así que volvamos al tema principal.

Salimos en dirección a Taikoken. Continúa la disolución de la compañía

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Nuestro equipaje estaba en el vestíbulo y el autobús nos esperaba en la puerta. Sin embargo, no todos nosotros íbamos a continuar el viaje hacia la próxima actividad y la fiesta de despedida. Cuatro campistas tenían que quedarse en el hotel hasta ser recogidos por sus familias de acogida y todos ellos se habían unido al campamento más tarde. Una chica de USA pasó dos o tres días con el campamento y luego se marchó, ella no había elegido el campamento a la hora de rellenar la solicitud, pero le permitieron quedarse unos días para ver cómo era. Personalmente, un intercambio sin pasar por el campamento juvenil se me hace un poco vacío, sobre todo sabiendo que conocerías a un grupo de gente con el que lo pasarías genial y compartirías lugares y experiencias; algo aburrido sin eso, ¿no creéis?

Nos hicimos unas últimas fotos por la ventana del autobús. ¡Hora de avanzar! Nuestro siguiente destino era un campo en el que se suponía que íbamos a trabajar. Nadie sabía del todo de qué se trataba pero esto es lo que pasó.

Por la autovía hacia Osaka. Disfrutamos del paisaje urbano

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Tardamos unos 15-20 minutos en llegar al lugar que parecía estar en una ciudad satélite cerca del centro de Osaka pero, aún así, parecía mucho más tranquilo y menos ruidoso; y, definitivamente, con menos rascacielos, si es que había alguno. Como siempre, llevaba mi cámara preparada y dudaba que tuviera otra oportunidad o el lujo de atravesar Osaka y ver sus vecindarios, sus calles, rascacielos y parques una vez más. No esperé ni un segundo para coger mi móvil y mi cámara digital y me pasé todo el viaje haciendo fotos de la ciudad. También hay un vídeo del viaje, de cuando pasamos por un distrito con muchos edificios enormes y algunos rascacielos, hacia el puente que llevaba a una zona más pequeña. Es algo que solo había visto antes en las películas. ¡Y ahora yo formaba parte de una!

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Os dejaré disfrutar de las fotografías. Solo hay un par de cosas que querría comentar aquí. Podréis notar que esas autopistas son bastante amplias e incluso a uno, dos, o incluso tres niveles por encima del suelo casi todo el tiempo. Otra cosa (puede que se aprecie mejor en el vídeo) es que la autopista va por encima y por debajo de otras muchas veces. Para mí era algo alucinante ver el estilo de las construcciones de los japoneses, cómo funcionaba todo ese sistema. No tenemos ese tipo de edificios o transportes en las ciudades de Croacia. Creo que con solo echar un vistazo al vídeo y todo lo que se puede ver aquí (los rascacielos y la zona) se ve a más gente de la que hay en toda Croacia. En 2 minutos de vídeo. Increíble.

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Aunque el último día pudimos disfrutar de sol, sin nubes cubriendo todo el cielo, seguía sintiendo toda lo zona con esa arquitectura gigantesca (para mis estándares) un poco fría. Por suerte estaba soleado porque los días grises, llenos de nubes, tenía un aspecto un poco lúgubre y espeluznante. Puede que solo sea mi opinión, ¿vosotros qué pensáis?

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Otra cosa que notaréis en varias fotografías es el cambio repentino y la clara diferencia entre las partes pobres y las ricas. Me sorprendí mucho al ver un vecindario con un montón de tiendas y "gente ordinaria" viviendo junto a edificios destruidos o en muy mal estado, donde se podía adivinar que no vivía gente con demasiado dinero. Aunque también había algunas zonas en construcción pero desde arriba no tenían un aspecto bonito. Sé que no ayuda hasta que esté terminado y bonito pero, aún así. Los sitios en construcción estaban rodeados con varios edificios más pequeños y apartamentos que daban a entender un nivel de vida más bajo. Y, aún así, justo detrás tenían una torre de alguna corporación o algún edificio que tenía pinta de ser de gente con dinero. Los ricos y los pobres en la misma imagen. Aparte de eso, las zonas derribadas parecían daños o un agujero en la imagen del paisaje urbano.

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Al volver a comprobar las imágenes diría que el problema con la arquitectura aquí, en particular los rascacielos, es que la mayoría de ellos no tienen un aspecto creativo o diverso en cuanto a las ventanas y las fachadas. Si tuviera que dibujarlos rápidamente, sería algo típico, aburrido y frío, una ampliación de las líneas horizontales y verticales dibujadas, porque todo parecía lo mismo, miles de ventanas idénticas y transmitía una sensación monumental pero también el frío de las megalópolis.

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En cualquier caso, disfruté de las vistas desde la parte en que la autovía estaba a varios niveles por encima de la carretera y junto a los edificios residenciales. Casi podía ver con detalle el interior de los apartamentos a través de las ventanas abiertas. Lo mejor estaba por detrás, en las calles, donde todo volvía a tener un aspecto modesto, con cientos de cables por encima de la carretera, y aquí y allá un cartel de McDonald's.

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Un carril pasaba por encima de las avenidas, dando un aspecto abierto a la ciudad junto con la vegetación unida a los colores azules y grises de la arquitectura. Aquí el paisaje no parecía nada frío. Lo que también podréis ver aquí son muchos puentes para peatones por encima de la carretera, algo que me parece excelente para evitar tanto el peligro como la ralentización del tráfico al cruzar la calle.

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Definitivamente, algunas de las vistas más interesantes eran las de los puentes que cruzaban el río, desde donde podías disfrutar del paisaje del río en el centro, parques con árboles a ambos lados del río y rascacielos alrededor. Eso era para mí otra "típica vista japonesa".

Día 26. Adiós Osaka. Fiesta de despedida y vuelta a Gobo

Día 26. Adiós Osaka. Fiesta de despedida y vuelta a Gobo

Pronto llegamos a un puente antiguo y de hierro desde el que se podía ver claramente como el mar lo había erosionado por todo el óxido que tenía. Dejamos atrás la zona de los rascacielos y dejé de documentar para ahorrar batería para después.

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Experiencia agrícola y diversión con la comida y las pistolas de agua

No estoy seguro de dónde estaba exactamente ese lugar pero tampoco tiene mucha importancia. Paramos en un aparcamiento y nos encontramos en una zona con edificios más pequeños, con aspecto medio residencial, con algunas casas cerca y montones de plantaciones y campos importantes para la agricultura local.

Día 26. Adiós Osaka. Fiesta de despedida y vuelta a Gobo

Había olvidado mencionar que nos pidieron que lleváramos una toalla, chanclas, pantalones cortos y/o ropa de baño. En realidad, yo me olvidé de esa parte. Aún tenía mi sobrero amarillo de paja y esta vez no me olvidé de echarme crema solar, puesto que lo que seguía me habría vuelto a convertir en un tomate.

Llegamos a un campo abierto o una plantación relativamente pequeña, con algunas verduras. Nuestra tarea era ayudar durante las dos horas siguientes a retirar las malas hierbas que estaban usurpando el terreno. Esto resultó ser un trabajo bastante duro porque había al menos 15-20 hileras de unos 40-50 metros de largo con las que trabajar. Además, hacía muchísimo calor; incluso estando allí, escuchando la explicación de nuestra tarea, yo estaba sudando como en el infierno. Todo el mundo fue lo suficientemente inteligente de llevar camisetas blancas.

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El campo estaba cerrado por dos o tres sitios con unos edificios blancos (puede que instalaciones) y por nuestro lado, el este, había sombra. Aquí fue donde los organizadores del campamento prepararon varias mesas para servirnos agua fría y zumos, cocinaron el maíz y algo de carne para los hambrientos trabajadores y también trajeron unas pistolas de agua. Ahora entenderéis por qué pidieron que lleváramos ropa de baño, chanclas o cualquier cosa que pudiera mojarse sin problemas.

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Como era de esperar, una parte del equipo (y no era difícil imaginar quiénes eran) apenas tocó la hierba ni trabajó sino que más bien cogieron las pistolas de agua, las toallas y empezaron a disparar a todo lo que tenían cerca. No tenía pensado mojarme aquel día y puedo molestarme fácilmente cuando no quiero divertirme así, de modo que elaboré una estrategia para protegerme (cosa que también hicieron los demás), saqué rápidamente mi cámara y mi teléfono y eso fue suficiente. Nadie tenía intención de estropear aparatos electrónicos así que nuestro grupo, los aguafiestas, nos mantuvimos a salvo.

Intenté ayudar con la hierba e hice varios metros de un par de hileras pero el progreso era muy lento y se tardaba mucho en limpiar la vegetación de esas molestas malas hierbas. Además, cuando llegamos a las 9 a. m. y hasta que nos marchamos a las 11 a. m., algunas zonas de la tierra estaban mojadas; otra cosa de la que estar atento. Sin mencionar a la gente lanzando agua con las botellas o con las pistolas de agua. Después de 25 minutos de trabajo, prácticamente todo el mundo se había rendido y decían "Vale, suficiente por hoy". Unos cuantos vasos de agua resultaban realmente refrescantes y el maíz cocinado me hizo saltar a alguna parte del campo y quedarme dormido.

Puede que incluso nos marcháramos antes de lo previsto. La mayoría de la comida desapareció y después de bebernos unas cuantas botellas de las bebidas, todo el campamento con los organizadores (35-40 personas) atacamos la mesa de la comida. Una cosa en la que me fijé aquí fue que se notaba cuando los aviones volaban bajo, por encima de nuestras cabezas, hasta el punto de que se podían ver perfectamente. Supongo que habría un aeropuerto cerca.

Además de dar saltos de un lado para otro e intentar no ser alcanzados, pasamos el rato hablando y bromeando sobre todo y también fuimos un poco malvados jugando con los cubitos de hielo y metiéndolos en las camisetas de la gente por detrás. Siempre es divertido ver a los demás gritar y dar saltos maldiciendo (sobre todo en japonés) en sus lenguas maternas, pero al mismo tiempo lo odias cuando te pasa a ti.

Fuimos unos auténticos "trabajadores" y después de un rato nos dijeron que volviéramos al autobús. Recogimos toda la basura que habíamos dejado en las bolsas de basura y en las cajas y la llevamos al autobús. Eso fue bueno para enseñarnos a ser responsables y todo el mundo hizo su parte.

Nos metimos en el autobús, donde hacía mucho calor, y esperamos a seguir adelante.

De vuelta al hotel y las preparaciones para la fiesta de despedida. ¡Hora de ponerse el kimono otra vez!

Fuimos por un camino distinto de regreso al hotel así que aproveché para hacer unas cuantas fotos más de la zona aunque ya estaba satisfecho con todo lo que tenía en la tarjeta de memoria. Nuestro siguiente destino era el mismo hotel en el que habíamos hecho la ceremonia del té y luego fuimos al Tenjin Matsuri. Cogimos nuestras cosas y entramos. El mismo vestíbulo ya no resultaba desconocido y fuimos arriba por las escaleras mecánicas hasta llegar al pasillo que llevaba al gran salón donde se suponía que debíamos comer y celebrar la fiesta de despedida.

Los chicos y las chicas volvimos a separarnos y fuimos a dos habitaciones distintas. Dejamos allí nuestras cosas en una esquina y nos dijeron que aún quedaba media hora para empezar a prepararnos para la fiesta de despedida.

Aprovechamos la oportunidad para escribir en las camisetas de los demás y en los libros, diarios, etc. mensajes para todos. Al principio no cogí mi camiseta blanca de Lions Japón porque no estaba seguro de si quería molestar a los demás con eso, pero entonces me acordé del último campamento de verano en Suiza y lo mal que me sentí al olvidar darles a los demás mi camiseta para que la firmaran. Toda esa escena parecía sacada de una película con una producción en cadena en la que un montón de nosotros nos sentábamos junto a otros e íbamos pasando las camisetas a la persona de al lado. Para mí es un recuerdo genial y un souvenir de los demás, a pesar de las opiniones. Mi camiseta con los mensajes de otros amigos está colgada en la pared de mi habitación en Zagreb para recordarme esa gran experiencia en Japón. Esto me encantó también porque la gente compartía su opinión sobre ti y siempre es interesante conocerla. Excepto por un par de tontos que escribieron estupideces solo por diversión, pero también me encantó eso.

Cuando terminamos de firmar empezamos a cambiarnos de ropa. Saqué mi kimono y los geta, pero esta vez decidí también quedarme con mis zapatillas por miedo a estropear los geta antes de llegar a casa en Croacia. Al ponernos los kimonos volvimos a necesitar la ayuda de las señoras porque era algo complicado y lento para los novatos aprender a ponérselo adecuadamente. Después te viene esa increíble sensación cuando andas con el kimono como todo un señor.

La fiesta de despedida

Día 26. Adiós Osaka. Fiesta de despedida y vuelta a Gobo

Muy bien. Todo el mundo estaba listo para ir al gran salón. Sabía que el final iba a ser como las otras dos veces que lo había experimentado antes y estaba completamente preparado para soportarlo. No fue lo mismo para los amigos que experimentaban por primera vez el campamento juvenil en el extranjero y eran algo más jóvenes que yo (yo era el segundo más mayor entre los 25 que éramos) y no sabían muy bien qué esperar o cómo controlar sus emociones.

También nos habían avisado de que algunas familias de acogida nos acompañarían en las mesas y yo me preguntaba quién vendría a por mí, si alguien tenía que hacerlo. Sinceramente, no tenía ni idea de cómo iba a volver a Gobo porque no había oído quién iba a venir a recogerme. Al entrar al gran salón no pude ver ninguna cara familiar de Gobo y eso me preocupó un poco. Pero entonces empecé a pensar que todo estaría planeado. A ver, ¡venga! ¡Es Japón!

En el centro del salón estaba la mesa grande y alargada con un bufé difícil de resistir. Mejor aún, dos mesas enormes con los platos principales y el postre, montones de tartas y galletas. ¡Ay señor! Me fijé, una vez más, en un pequeño escenario en la esquina de la izquierda del salón; la última parte de la derecha (y la esquina derecha, al otro lado del salón) estaba reservada para los miembros del Campamento Lions. Resumiendo, las mesas con los campistas internacionales estaban alrededor de la habitación y muchas de las familias de acogida llegaron para acompañar a sus invitados y luego marcharse juntos a casa.

¿Que qué pasó durante la fiesta de despedida? Hubo muchos discursos de los miembros del Club Lions y de otros invitados. Luego llegó la parte en la que anunciaban a los ganadores que habían tenido el mayor número de nominaciones en categorías como: el campista más divertido, el campista más guay, el campista con más estilo, el más blah blah y demás. Olvidaba mencionar que la noche anterior nos habían dado un papel para votar, yo lo había olvidado por completo y al principio pensé que se refería solo a los jefes de campamento, no a todos, aunque era lo más obvio. A veces odio mi cerebro. No hablaré de los nombres porque no recuerdo la mitad de las nominaciones, y así mis lectores del campamento no se enfadarán.

También nos dijeron que había una película hecha a partir del material de vídeo y un collage de los cientos de fotografías que fuimos reuniendo durante esos 10 días y que veríamos después. ¡Ahora que comience la comida!

Día 26. Adiós Osaka. Fiesta de despedida y vuelta a Gobo

Todas las fotos en grupo pertenecen al Club Lions Osaka.

Me eché un montón de comida de todas clases en mi plato, disfruté, sobre todo, de los cangrejos fritos (ebi tempura) con ensalada, salsa y arroz, y cogí dos platos más pequeños para los dulces. Las tartas desaparecieron muy rápido y yo cogí una buena cantidad. Entre los amigos a mi alrededor estaba sentado con Rainbow de Hong Kong, que se convirtió en una de mis mejores amigas aquí. Mientras hablábamos con las familias de acogida (excepto yo, que estaba allí hablando conmigo mismo) y algunos campistas iban por las mesas pasándolo bien, algunos no pudieron esconder la emoción. Yo reía y bromeaba porque no había motivo para estar triste o llorar. Como diría Gandalf "No todas las lágrimas son amargas" y, por supuesto, volveríamos a vernos. Algún día. Cuando gane la lotería y pueda comprarme un billete de avión para viajar por todo el mundo.

Después recibimos unos cuantos regalos más del Club Lions, incluyendo las pequeñas insignias Lions del intercambio en Japón. Casi me olvido eso y otra cosa importante en la mesa del salón, pero al dejar el hotel con todas mis cosas me acordé y fui corriendo a recogerlo. Cogí un papel y dibujé mi firma para Rainbow, y ella me escribió en cantonés y dibujó un boceto. Por suerte, el papel no se me olvidó en la mesa y está también en mi pared en Zagreb.

Nos movimos a la parte de delante y nos sentamos en el suelo a ver la película del campamento con el proyector. Fue divertido e interesante ver otra vez todos los lugares en los que habíamos estado. Se podía escuchar a algunas personas llorar pero todo estaba bien. Nos dieron un CD a cada uno con la película y las imágenes.

Llegó el momento de la última foto oficial de todos los campistas y el equipo del Club Lions delante de la bandera en el pequeño escenario. ¡Decid patata!

Día 26. Adiós Osaka. Fiesta de despedida y vuelta a Gobo

Al final, la verdadera disolución de la compañía comenzó cuando algunas personas tuvieron que marcharse de la fiesta muy temprano. Me apresuré a guardar el kimono en mi mochila y ponerme mi ropa normal. Había llegado la hora de las últimas fotos y abrazos. No quería pensar en ello como algo malo ni como si fuera el fin del mundo.

Además, me enteré de qué pasaba con mi transporte de vuelta a Gobo. Aún sin encontrar una cara familiar, un hombre de Gobo se me acercó y dijo que el señor Yamashita me estaba esperando en su coche delante del hotel y que no me quedaba mucho tiempo. Me apresuré para despedirme de los demás e hice unas cuantas fotos de mala calidad con mi teléfono, cogí mis cosas y grité "¡Sayounara! ". Antes de marcharme repartí todos los souvenires que me quedaban entre el resto de gente; y, como he mencionado, tuve que correr escaleras arriba porque me había olvidado un par de cosas, y así también destruí un poco el momento.

De vuelta en la entrada del hotel veía a los demás campistas marcharse también. El señor Yamashita estaba allí, de buen humor y yo me alegraba de verle. El plan consistía en que, primero, iría con otra familia que ya conocía de Gobo, y mi amigo de Mongolia y el señor Yamashita se llevarían nuestro equipaje, pero, al final, nos quedamos solos los dos.

Adiós Osaka. Vuelta a Gobo

Intenté hacer unas últimas fotos de Osaka pero estaba cansado y ya tenía suficientes. Hasta que dejamos la ciudad estuve hablando con el señor Yamashita sobre el campamento y las novedades en Gobo. Eché un último vistazo a los puentes, los puertos y la zona industrial, y, entonces, me quedé dormido.

Me desperté cuando estábamos cerca de Gobo y paramos en casa del señor Yanase. Los abuelos Yanase estaban muy contentos de volver a verme y, durante la segunda comida, les conté todas las novedades sobre el campamento. Con ayuda de los diccionarios de imágenes, claro. Ya no estaba tan cansado así que me fui a dar una vuelta con la bicicleta, entusiasmado por compartir todas las novedades con mis amigos de Anchin, mis colegas arquitectos y mi segunda familia con Akari y su madre.

Day 26 Goodbye Osaka. Farewell party.Back to Gobo.

Estar de vuelta en Gobo y pasear por los alrededores me hacía sentir como si solo hubiera dormido un poco más de lo normal durante una siesta de las de después de comer, y todas las cosas del campamento parecían una imagen borrosa. Aún así, cuando les enseñé a los demás las fotos y todo lo que había traído, volvía a sentir que era una experiencia muy vívida. Me pasé la tarde tumbado en la cama, pensando en todo lo que había experimentado y me sentía mucho mejor ahora porque había hecho muchos nuevos amigos y tenía la esperanza de mantener el contacto después. Otro de los problemas de tantos intercambios y viajes es que conoces tanta gente que resulta difícil mantener el contacto con todos, todo el tiempo; pero siempre encontramos la forma y el tiempo para algunas personas, ¿verdad?

Day 26 Goodbye Osaka. Farewell party.Back to Gobo.

Bueno... Eso es más o menos todo. Hemos completado esa travesía juntos por Japón y ya sabéis más o menos todo lo que pasó los dos últimos días. Volví a Zagreb dos días más tarde, después de hacer ese gran recorrido en bicicleta para visitar a mis familias de acogida y a mis amigos por todo Gobo y Hidaka, y también disfruté de la última fiesta de despedida local organizada por mi querido Club Lions Gobo. Apenas tuve un descanso el día del vuelo de vuelta a Zagreb.

Gracias a todos por seguir las historias y espero que hayáis aprendido algo nuevo sobre este alucinante país. Solo puedo decir que no puedo esperar a volver a Japón de nuevo, pero, esta vez, he reunido un montón de material para aprender así que para cuando visite de nuevo Japón habré adquirido un nivel idóneo de japonés, ya que no hay mayor placer que hablarles en japonés. Japón, Japón, hay tantas cosas que nunca podrías aburrirte.

ありがとうございました)


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