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Locas en Madrid

Esta es una historia sobre noches de borrachera, amistades duraderas y literalmente, el vuelo con el retraso más irritante nunca antes visto. Te doy la bienvenida a mi vida en forma de telenovela.

Episodio 4: Sal de fiesta como si no volvieras a verle jamás

Resumen

Si has llegado hasta este punto de mi historia de telenovela viajera, entonces te estarás preguntando cómo termina todo este drama. Podemos decir que es el final de la temporada de esta primera parte de la historia. No me avergüenza decir que se trata de una historia de amor, pero no solo de cómo me enamoré de alguien de otro país, sino también de otro país en sí mismo.

Es importante que sepas que hasta el momento, he planeado muchos viajes durante mi semestre de intercambio en España. Tuve esta absurda idea de que tenía que ver todo lo que se me antojase en Europa durante mi estancia de seis meses o nunca lo haría. Aquí te voy a destripar el final de cara al futuro: definitivamente tengo que volver a Europa. Pero de todas formas, como vine a estudiar desde Canadá, que es el segundo país más grande del mundo y con un océano de por medio, pensé que en Europa estaba todo más cerca. Me puse como misión planear algo cada fin de semana libre que tenía. Además, los vuelos en Europa eran mucho más baratos que en Norteamérica. Por mi cumpleaños, me fui a París en avión por aproximadamente 70 € ida y vuelta, pero eso es otra historia.

De hecho, este plan fue muy importante durante unos meses en mi intercambio. Había hecho muchos viajes con planes de antemano, pero había organizado muy pocos justo después de llegar a España. Me dejé el primer y el último mes de mi estancia libres para poder centrarme en establecerme en mi nuevo hogar, y después, el último para exámenes y reorganizarme al final. Algunas de las amistades que había hecho fuera se dieron cuenta de era una buena compañera de viaje y quisieron unirse a algunos, lo que nos llevó más planificación aún. La chica que se convirtió en una de mis mejores amigas durante mi estancia en el extranjero insistió en que teníamos que hacer un viaje juntas a Madrid, la capital de España.

Más giros en el guion

Tardamos más en pensarlo que en hacerlo. Yo estaba con el ordenador reservando los vuelos y ella estaba con los hostales, y en un momento: ¡ya teníamos el viaje organizado! No había vuelto a pensar mucho en ello, hasta hacía unas semanas, cuando estaba cara a cara con el chico que conocí en Santander (si no sabes a qué me refiero, consulta el episodio 1). Inocentemente, le pregunté cuándo tenía pensado volver a los Estados Unidos y me explicó con todo lujo de detalles sus planes, que no eran otros que pasar unos días en Madrid antes de irse desde el aeropuerto de Madrid en una fecha específica.

Esa fecha me resultaba familiar. Cogí mi teléfono y comprobé la fecha, que era la misma en la que yo iba a Madrid. Me iba a dar algo. Conocernos en Santander fue una cosa, después volver a vernos en Barcelona fue como una segunda oportunidad, pero ya una tercera vez en la que nos podríamos ver ya era el destino. Pero no hicimos planes, ni hablamos de si nos veríamos. Solo sabíamos que ambos estaríamos en el mismo lugar y en el mismo momento. No creo que ninguno de nosotros quería afrontar el hecho de que sentíamos algo muy fuerte el uno por el otro, pero tampoco habíamos pensado en si esta relación funcionaría cuando volviésemos a casa: él a Estados Unidos y yo a Canadá. No queríamos afrontarlo.

Unas semanas más tarde, aterricé en Madrid con mi mejor amiga del intercambio. Hazte un favor y entabla amistades cuando estés en el extranjero, porque cuando tienes miedo o estás aburrido, no tendrás a nadie con quien reír o en quien apoyarte cuando algo va mal. Mi amiga era una alocada chica belga que también estudiaba en la misma universidad su intercambio o Erasmus. Coincidíamos en una clase con un montón de estudiantes de intercambio (porque la clase era en inglés). Otra de mis mejores amigas durante mi estancia en el extranjero era su compañera de habitación en ese momento, pero no vino al viaje.

El drama del avión

Después de subir al avión, estuvimos parados durante más o menos una hora hasta que despegamos. Por lo visto, no tenían el permiso de despegue, pero una vez lo consiguieron, tuvimos que regresar a tierra porque un pasajero no se encontraba bien. Creo que la salud de una persona siempre debe ser lo más importante, así que en este punto no me sentía molesta, pero otros no decían lo mismo.

El personal del avión bajó al pasajero y así, parecía que todo volvía a ponerse en marcha, pero estuvimos esperando un rato, parecía que no íbamos a salir nunca. Al final, el piloto nos anunció que el avión no era seguro para despegar debido a un problema mecánico, por lo que debíamos bajar del avión y dirigirnos a otro. Mientras tanto, yo estaba traduciendo a mi amiga lo que decían, ya que no hablaba mucho español todavía. Nos entretuvimos mientras haciendo una videollamada a su familia y haciendo planes para el día siguiente.

Nos bajamos del avión, nos montamos en un autobús para que nos llevase a otro avión, donde por fin ya nos pusimos en marcha. Llevábamos un retraso de dos horas y media, y escuchamos a unos pasajeros murmurar que si se hubiese retrasado media hora más, nos habrían dado una compensación. Ya sabes, ten cuidado con lo que deseas, porque en cuanto aterrizamos en Madrid, apagaron las luces y nos avisaron de que el avión tenía que recargar antes de poder acoplar la pasarela de acceso para bajar. Te diré que unas semanas más tarde recibimos la compensación.

Todo sobre Madrid

Pero primero, el viaje. Por fin, llegamos al hostal que estaba en el centro de Madrid, ya era un poco tarde para hacer algo y estábamos agotadas. Decidimos ir a dormir y madrugar al día siguiente. Mientras estaba en la cama esa primera noche, no podía parar de pensar en el chico americano y en que esa sería la última oportunidad de verle antes de que se fuese a casa. Guiada por mi instinto, le envié un mensaje diciéndole si quería quedar al día siguiente. En cierto modo, me gustaría verle, pero estaba con mi amiga y ahora la pelota estaba en su tejado.

El día siguiente fue frenético, sin exagerar. Madrid es una ciudad grande. Nuestro hostal estaba cerca de la famosa Plaza Mayor, pasamos por ella a primera hora de la mañana y no había mucha gente. Comenzamos el día con un desayuno fantástico en una cafetería en el parque del Retiro. Decidimos recorrer el parque por la mañana para respirar el aire fresco antes de ir hacia las zonas más transitadas de la ciudad. Fue una elección fantástica. El parque era precioso rodeado de gran cantidad de césped y árboles que ofrecían una amplia sombra para refrigerar el lugar literalmente, además, había artistas callejeros y sitios bonitos como el Palacio de Cristal y el Palacio de Velázquez, ambos dentro del parque. Decidimos montarnos en una barca con remos en el Estanque grande del Retiro, que es un estanque enorme dentro del parque con unas vistas espectaculares y de fondo tienes el precioso monumento de Alfonso XII. Bromeamos diciendo que éramos Noah y Allie en Posdata, te quiero en esa icónica escena en la barca antes de declararse su amor. Quizá fuese un presagio de lo que me sucedería en menos de 24 horas. Pero todavía no hemos llegado a esa parte.

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Estanque del Retiro, en las barcas de remo

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Palacio de Cristal en el parque del Retiro

Hacía un buen día de verano y con ello viene el calor del sol de España. Después de tanto tiempo al aire libre, decidimos que era el momento de resguardarnos. ¿Un museo, quizá? Fuimos hasta el Museo Nacional del Prado, uno de los museos de arte más famosos del mundo, donde se conservan algunas de las muchas obras de arte de artistas españoles, como Velázquez. Pintó Las Meninas, que estaba deseando ver con mis propios ojos, así que estaba muy emocionada por esa parte. Descubrimos que por las tardes es posible entrar en los museos gratis, pero tienes que esperar una cola muy larga de al menos una hora. Con nuestro presupuesto de estudiante, pensamos volver más tarde y nos dirigimos al Real Jardín Botánico, donde puedes encontrar filas de flores perfectas para hacer fotos.

Todavía no tenía respuesta del chico americano y eso estaba empezando a inquietarme, pero no permití que me preocupase. Después del jardín botánico, intentamos entrar en otro museo. Esta vez fuimos al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que no estaba muy lejos, pero por el camino nos encontramos una manifestación. Parece ser que en las grandes ciudades españolas son muy comunes las manifestaciones, o al menos en Madrid y Barcelona. Después de ir hasta allí, ni siquiera entramos en el museo, decidimos ir al hostal a descansar un poco. De camino al hostal pasamos por la Puerta del Sol, una plaza muy grande en el centro de la ciudad. Estaba llena y nos costó conseguir una foto en la famosa estatua de un oso y un árbol. Se llama el Oso y el Madroño, no recuerdo muy bien el motivo, pero hay una extraña fascinación por hacerse una foto ahí. Donde sí nos hicimos una buena foto fue en el Kilómetro cero, que es el punto de inicio desde el que se cuentan los puntos kilométricos en España.

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El Oso y el Madroño en la Puerta del Sol

F-I-E-S-T-A

Cuando llegamos al hostal, nos echamos la siesta y planeamos nuestra noche. El hostal iba a organizar una ruta de bares y mi amiga estaba deseando ir. No soy muy de ir de bar en bar ni de beber hasta tan tarde, pero debo admitir que estaba triste, ya que no volvería a ver al chico americano nunca más, por lo que pensé que me ayudaría a distraerme. Preparamos la cena en la cocina del hostal y tomamos un poco de vino para acompañar. Después, nos preparamos y nos unimos al resto abajo para salir. Justo en ese momento recibí un mensaje del señorito americano contándome lo que le había sucedido ese día sin datos en el móvil. Como al día siguiente iba a coger el avión, ya había cancelado su tarjeta de móvil.

Me hizo la cabeza un lío. Ya estaba en casa de unos amigos donde se iba a quedar esa noche y salir a verme no estaba en sus planes, ya que esos amigos vivían en el extrarradio. Me dije que a mí misma que así debía ser y que no nos íbamos a ver. Fui a la ruta de bares y nos lo pasamos muy bien. Sinceramente no te puedo decir donde fuimos exactamente, ya que no presté mucha atención a los lugares y solo pensé en pasármelo bien. No estoy segura si salir de fiesta afligida es una buena idea, pero yo me lo pasé genial.

Conocí a gente de otros hostales y del nuestro, que eran del Reino Unido, Francia, Holanda y de varias partes de los Estados Unidos. Esa noche parecía que todo el mundo era mi amigo. En determinado momento, un chico de Estados Unidos me dio agua antes de que fuese peor y en otra ocasión, fuimos a McDonald's con un grupo y uno de ellos me invitó a comer algo. En medio de esta situación, me separé de mi amiga, ya que quería pasar algo más de tiempo con un chico francés que había conocido. Me alegré porque al menos ella pudiese conocer a algún chico en Madrid, sabía que iba a estar bien, así que la dejé ir. Fue una noche loca. Volví al hostal con el grupo que fui a McDonald entre las 3 y las 4 a. m. y al final tuvimos una de esas conversaciones profundas sobre la vida, donde abrí mi corazón frente a gente que apenas conocía. Me escucharon atentamente y me dieron el siguiente consejo: dile a ese chico americano cómo te sientes.

Y eso hice. No tenía una opinión mejor. Me senté en las escaleras del hostal y le dije todo lo que tenía que decir. Sorprendentemente, su respuesta fue rápida. Estaba tumbado sin dormir porque no sabía cómo debía sentirse por irse a casa y aparentemente, haber perdido la oportunidad de no haberme visto. Todavía no he sabido lo que se me pasó por la cabeza en ese momento, pero le pregunté en qué lugar del aeropuerto estaría a la mañana siguiente. Su vuelo era a las 11:30 a. m., lo que no me daba mucho margen, pero sabía lo que iba a hacer.

Carrera a lo loco

Me dormí y la alarma me despertó un par de horas más tarde. Salí de la cama escopeteada, me preparé lo más rápido que pude y sin hacer ruido en la habitación del hostal. Después, vi que mi amiga había llegado a la cama sana y salva, me acerqué y susurré: “voy al aeropuerto. Volveré en unas horas”, movió la cabeza y entendí entre sus murmullos un “vale”. Sin un segundo de margen, estaba de camino. Llegué al metro, ya sabía el camino porque cogimos el metro para llegar al hostal desde el aeropuerto justo un día y medio antes. Envié un mensaje al chico americano, que sinceramente más bien sonaba a una orden: “No pases los controles de seguridad hasta que me veas”.

Salí del metro y entré en el tan moderno aeropuerto de Madrid. No estaba muy segura de lo que estaba buscando. Estuve esperando en los mostradores de su compañía aérea, pero no le vi. Eran las 9:30 a. m. y me estaba empezando a desesperar porque no sabía si había visto aún mi mensaje. Decidí que lo mejor sería esperar delante del control de seguridad. Se me estaba haciendo eterno, pero por fin me contestó y decía: "vale". Era cuestión de tiempo. Estaba analizando a la multitud y me llegó un mensaje suyo preguntándome dónde estaba, el corazón me latía muy fuerte. Le respondí: “delante del control de seguridad”.

Lo siguiente que pasó fue que vi su cara. Esa cara que vi por primera vez hacía unas seis semanas en Santander. Después, una vez más, durante una noche caminando por Barcelona. Y ahora, a través de toda la gente que había en el aeropuerto de Madrid. La siguiente parte es tan dramática como cualquier escena de telenovela que hayas visto y pensado: “qué cursi, pero a la vez qué tierno”. Empecé a correr a través de la gente. No sé porqué, pero tenía un objetivo. Él corrió para encontrarme. Y cuando nos juntamos, nuestro abrazo parecía eterno. Él me cogió y yo me agarré muy fuerte. Todas las preocupaciones y dudas de estas últimas semanas sobre hablarnos se esfumaron con la forma que me miraba. Me quedé abrazada a tus hombros y sentí que podría estar así durante mucho tiempo. En ese momento, no me importaba lo que sucedería cuando se montara en ese avión y volviese a los Estados Unidos. No estaba segura si iba a volver a verle, pero en ese momento, nada me importaba más que él.

Adiós

No tuvimos mucho tiempo antes de que tuviese que pasar por todos los controles, nos sentamos y hablamos. Me burlé de cómo había hecho su maleta y él de mí por querer hacerle una foto polaroid. Para terminar, cogió todas sus cosas y nos abrazamos una vez más. Nos miramos a los ojos y nos dijimos adiós. En ese momento supe que iba a estar bien. Me podía ir en paz con este momento.

Pasó los controles de seguridad sin mirar atrás y una hora más tarde, yo estaba sentada en el hostal con mi amiga, que ahora ya estaba totalmente despierta, pero seguía en la cama. Me preguntó porqué había ido al aeropuerto y solo dije que tenía algo importante que hacer, pero ella sabía que había ido a decir adiós a alguien que había querido durante mucho tiempo. Conservé la polaroid que le hice durante unas cuantas semanas. Más tarde, la guardé en un sitio seguro hasta que llegase a Canadá.

Ese día un poco después, mi amiga y yo nos curamos del dolor de cabeza que teníamos por la falta de sueño y por la gran cantidad de alcohol acumulada en el sistema deleitándonos con una comida. Hicimos un repaso a cómo fue la noche por ambas partes cuando nos separamos y me contó que no pasó nada con el chico francés, pero que parecía insistente enviándola mensajes ahora. Nos sentamos y pensamos en la belleza del amor y la vida, ella jugaba con esta idea: “quizá este chico es tu alma gemela. Quiero decir que obviamente no es un simple flechazo, porque si no te hubieses olvidado de él desde el principio”, pensé que quizá tendría razón. Si tenía que ser así, nos volveríamos a ver.

La amistad no tiene fin

Ese mismo día, decidimos pasar a ver algunas de las joyas de la corona de Madrid. Para los que no lo sepan, España tiene una monarquía, así que el Palacio Real aún se utiliza. El Palacio ya es bonito desde fuera y lamentablemente, no pasamos para ver el interior de las habitaciones, pero he oído que son bonitas. Los alrededores del Palacio son muy agradables y los jardines que hay delante son hermosos. Incluso nos sentamos en uno de los jardines para observar el río y disfrutar viendo desde allí la Catedral de la Almudena, que está justo al lado del Palacio. Después fuimos hacia las calles más pintorescas y conocidas de Madrid y de España: la calle de Gran Vía, que no nos decepcionó en absoluto. Estaba llena de tiendas de grandes marcas e incluso, centros comerciales enormes, como el gran Primark que hay justo en medio. Eran los Campos Elíseos de España o el Passeig de Gràcia español, ya que muchos dicen que Barcelona no es España. Canadienses esto va para vosotros: me alegré al ver varios restaurantes Tim Horton’s en Madrid. Parece ser que a los españoles les gustan los donuts y el café de Canadá. Llevé a mi amiga belga a que probase los Timbits y un Iced Capp.

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El Palacio Real y los jardines a su alrededor

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Tim Horton's en Madrid

Por fin, volvimos al Museo Nacional del Prado para hacer cola y esperar para entrar gratis. Durante nuestra espera, recibí un mensaje del chico que "podría ser mi alma gemela". Y aunque nos hayamos dicho adiós en el aeropuerto, tenía un sentimiento de que nuestra historia no se había acabado. Él estaba iniciando de nuevo nuestra conversación. Entramos en el Prado, me quedé fascinada con todos los cuadros colgados en la pared. Había algo sobre un momento capturado en el tiempo que se me quedó grabado en el corazón. O quizá también sería que sabía que ese día en concreto lo iba a recordar durante mucho tiempo, aún así sentía que el tiempo no pasaba entre esas pinturas y ambientes. ¡Ah! Y tuve mi momento fan, cuando vi Las Meninas.

De camino al hostal, pasamos por la Puerta del Sol de nuevo y pudimos capturar la energía de la noche. Vimos a un grupo de jóvenes bailando en la calle para entretener a la gente fascinada que estaba disfrutando de las luces nocturnas procedentes de todas las señales vibrantes. Había algo que me hacía sentir viva y emocionada por lo que nos quedaba de aventura. Decidimos volver a darnos un capricho y cenar una pizza en la Plaza Mayor, porque esa noche tenía un buen ambiente con gente comiendo platos españoles maravillosos.

En esa noche me di cuenta de que la chica que estaba sentada enfrente de mí sería una amiga durante mucho tiempo. Me parecía que había encontrado en ella una hermana. Este viaje nos ha llevado a las dos a enfrentarnos a altibajos y nos sentamos allí ya cansadas y a la vez llenas de alegría porque no sabíamos qué nos depararía el futuro, pero emocionadas por disfrutar al máximo el presente.

Al día siguiente, todavía nos quedaban unas cuantas horas para explorar más parques y pequeños rincones de Madrid. Encontramos una pequeña tienda de libros que se llama Desperate Literature, vendían libros en español, inglés, francés y una pequeña selección de otros idiomas. Ambas escogimos un par de libros y después, fuimos a un parque para sentarnos a leer. Llegamos hasta la Gran Vía para dar un paseo más por esta transitada calle y comprar algunos Timbits para lleva a mis compañeros de piso en Barcelona*.

Después, nos fuimos hacia el aeropuerto con tiempo de sobra para regresar a Barcelona. Y tras este fin de semana de locura, tuve algo de tiempo para reflexionar y preguntarme qué quería para mí. Sentía como había salido de mi zona de confort y me enfrenté a ciertos miedos. Me gustaba esa versión de mi misma. Esa que no tenía miedo, amaba fuertemente y vivía la vida al máximo. Llegué a casa esa noche y me dije a mi misma que me gustaría seguir así.

Y hasta la fecha, ha funcionado.

*Barcelona abrió un Tim Horton’s un poco después de que yo terminase mi intercambio, ¡el mundo es tan injusto!


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