Mi cambio al irme al extranjero


Antes de irme de intercambio, tenía muy pocos amigos, no confiaba en nadie y tenía la autoestima por los suelos. Pero cuando llegué a Estados Unidos pensé: «Este es un nuevo comienzo, tengo que hacer todo lo posible porque salga bien».

Que salga bien quería decir hacer todo lo que siempre había querido pero no había tenido la oportunidad o me había dado miedo por lo que pudieran pensar los demás. Pero ahora podía presentarme tal y como quería que los demás me vieran.

Mis logros:

Quería hacer amigos, así que tenía que presentarme a todos los que parecieran majos e interesados en conocer a un estudiante extranjero. No quería acabar comiendo solo. Intenté presentarme a todo el mundo y de muchas maneras. Por ejemplo, el primer día de clase llevaba un mapa del edificio, por lo que no tenía ningún problema en encontrar la biblioteca, pero aun así le pregunté a una chica dónde estaba para que me llevara, poder hablar con ella y así hacernos amigos. ¿Funcionó? Pues sí, era muy simpática y me invitó a un par de cosas durante el tiempo que pasé allí. No digo que funcione con todo el mundo, de hecho algunos se olvidaron de mi existencia, pero al menos pude conocerlos y sé quiénes son.

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(Yo preparado para ir al baile de fin de curso)

También quería que me fuera bien en clase. En mi país era un estudiante normalillo y estresado por los exámenes. Los profesores me asustaban y no me gustaba ir a clase. Pero en Estados Unidos quería que eso cambiara. Me apunté a clases que de verdad me gustaban. Sí, tenía que dar Inglés y Matemáticas, pero como estaba en el último curso y tenía horas libres, me apunté a más clases de las que debía. No quería quedarme aburrido en casa, así que me apunté a Cerámica, Dibujo y Pintura, Guitarra y hasta participé en una obra de teatro. Si echo la vista atrás, estoy orgulloso de todo lo que hice y de las notas que saqué.

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(Yo con mi nueva pasión: la fotografía)

Quería ser más extrovertido, lo que en mi país me resultaba muy difícil, pero al ir de intercambio me obligué a cambiar. Las relaciones públicas no son lo mío y nunca lo serán, sigo sintiéndome incómodo muchas veces, pero creo que he cambiado mucho. Tengo más confianza en mí mismo y me gusta hablar con los demás para ver si serán el tipo de gente que me cae bien. Tuve suerte porque mi familia de acogida resultó ser fantástica y conectamos muchísimo. No quería tener mala relación con ellos porque después de todo iba a estar 11 meses en su casa. Pero no resultó difícil quererles desde el primer momento, fueron muy acogedores y maravillosos en todos los sentidos.

Supongo que también quería pasármelo bien estando allí. Lo que quería decir que quería poder reírme de mí mismo en vez de preocuparme por lo que pudieran pensar los demás. Y lo mismo en cuanto a mi aspecto. Era un italiano en Estados Unidos. Allí todo el mundo iba en chándal, mientras que yo iba al instituto en vaqueros y camiseta. Llamaba la atención, pero me daba igual. Con el tiempo la gente se acostumbró a verme vestido «tan formal» en clase y yo empecé a llevar cosas más cómodas. No hago deporte, pero me vestía como si lo hiciera, como hacen ellos. Me di cuenta de que mientras me guste a mí mismo, la gente me respetaría, por lo que me acabé integrando muy bien allí.

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(¡Y yo montado en un cerdo! )

Aunque me pasaron todas estas cosas maravillosas, también hubieron otras que no me hicieron tanta gracia, pero que no pude evitar:

  • Se reían de mi acento (cada vez menos porque fui mejorando en inglés).
  • Mi hermano de acogida me presentaba como «SU alumno de intercambio», lo que me hacía sentir más como una mascota que una persona.
  • Falta de cosas que hacer. A pesar de que conocía a mucha gente, a veces me aburría porque todos estaban ocupados. Y no podía enfadarme, cada uno tenía su vida y sus amigos desde antes de que yo llegara.

El resto de cosas que deseaba que pasaran antes de ir no importaron mucho una vez allí. Por supuesto, hay cosas que no he mencionado aquí que sí eran importantes, como hablar inglés con fluidez, pero aparte de eso las demás no tenían importancia. Estando en otro país me di cuenta de lo que era realmente importante. Estoy contento de haber cambiado y de haber disfrutado del intercambio. Si pudiera volver atrás en el tiempo, no cambiaría nada, ni siquiera la ciudad a la que fui (sí, volvería a elegir la apestosa ciudad de granjeros) porque si no hubiera ido allí no habría conocido a mi familia y a mis amigos.

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(Greeley, mi ciudad de intercambio. O como la llamo ahora, mi segunda casa)

- Cristian (antiguo alumno de intercambio de Italia a Colorado, Estados Unidos - 2014/2015)


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