Piraketa Khevsureti | Blog Erasmus Georgia
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Piraketa Khevsureti

Khevsureti se divide en dos partes: Piraketa ("la de aquí") Khevsureti y Pirikita ("la de allá") Khevsureti. Piraketa Khevsureti es la parte sur y Pirikita Khevsureti es la parte norte de Khevsureti. Esta división se corresponde a las laderas de la cordillera del Cáucaso. Piraketa Khevsureti destaca por los lagos Verde, Azul y Blanco, los Abudelauri. Pirikita Khevsureti se conoce por sus pueblecitos, como Shatili, Mutso, Arkhoti...

En primer lugar, visité Piraketa Khevsureti. Fue mi primera excursión a las montañas de Georgia. Llevaba una mochila llena de botellas de agua, ropa y comida. Hacía buen tiempo, aunque era un día caluroso para ser otoño. Pero al final, me di cuenta de que era mejor que hiciese calor que no que lloviese e hiciese frío.

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Sabía que el recorrido era de varios kilómetros, pero no pregunté cuántos. Así que caminamos arriba y abajo, recorriendo valles y pantanos... A medida que avanzábamos, más gente se iba quedando atrás, y otros nos adelantaban. Al final, solo quedamos dos caminando juntos; tres iban muy por delante, y el resto por detrás. No conocíamos el camino, pero vimos unas señales que indicaban hacia dónde estaban los lagos que habíamos ido a ver. Seguimos las indicaciones y el camino seguía, y seguía, y seguía... A veces, cuando la gente va de excursión, dice algo así como "venga, una colina más y ya llegamos", y eso es lo que nos repetimos una y otra vez. A pesar de que estábamos cansados de la sensación de "no nos queda nada para ver un lago", no dejamos de disfrutar de los hermosos paisajes y de cómo el sol descendía por los campos.

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Al final, vimos a una personita muy, muy lejos. Estaba sentada en una piedra. Como no le conocíamos, nos quedamos cinco minutos de pie, algo asustados. Al cabo de un rato, nos gritó: "¿Dónde están los otros? " y nos dimos cuenta de que era uno de nuestros amigos. Para nuestra sorpresa, había un lago cerca de donde estaba él: el lago Verde. No era muy bonito, pero estábamos contentos de ver al fin un lago. Luego resultó que el lago Azul quedaba cerca también, y ese sí que era una preciosidad. No puedo describirlo. Tenía como un aura mágica. La forma en la que las montañas y las rocas se reflejaban era fascinante. Pasé un rato mirando a mi alrededor y admirando los vívidos colores del otoño. ¡El lago Azul está a 2580 m de altitud!

Solo nos quedaba un lago por ver, el lago Blanco. Empezaba a oscurecer, así que teníamos que decidir si continuar la ruta o no. El camino hasta ese lago era más peligroso, y no todos podíamos trepar hasta allí. Al final, algunos decidimos que, por lo poco que nos quedaba, valía la pena subir y ver el lago Blanco. Así que seguimos con nuestra excursión.

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Todo el camino estaba lleno de rocas y piedras. Quería hacer fotos de todo, pero las fotos no hacían justicia al paisaje. Las colinas estaban cubiertas de una hierba verde a punto de volverse amarilla, y a las rocas parecía que les habían puesto el filtro Crema de Instagram. Estaban cubiertas de motas de vívido color amarillo, verde y marrón. Subíamos despacio, porque costaba mucho no resbalarse. A medida que trepábamos, las rocas eran más grandes y tenían margaritas entre ellas. El paisaje era tan bonito que no lo quiero olvidar nunca.

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El lago Blanco está a 2830 m de altitud y recibe ese nombre porque la nieve de las montañas, conocidas como las montañas Chaukhi, se hunde en el lago y le da este color especial.

Puesto que estábamos a principios de otoño y todavía hacía calor, fue agradable ver nieve en algún sitio. Fue como cuando los niños esperan a que nieve y se ponen contentos cuando por fin ven caer un poco de nieve. Así nos sentíamos. Teníamos tantas ganas de jugar en la nieve que nos olvidamos de lo cansados que estábamos después de recorrer todo el camino hasta allí. El paisaje era increíble. Y nos dimos cuenta de que había valido la pena subir. A decir verdad, la naturaleza es algo que siempre va a fascinar a las personas. Da igual las cosas que descubramos, o cuánto nos adentremos en el océano, o que creamos que ya hemos estudiado todas las especies, cosas o misterios. La naturaleza siempre será un misterio y algo impredecible para nosotros, los humanos.

De pie, viendo como el sol se ponía tras las montañas Chaukhi, recordé una frase que leí en Facebook: "Solo te puedes sentir libre en las montañas". El pintoresco paisaje que me rodeaba no es algo que se olvide con facilidad. Creo que es uno de los motivos por los que la gente vive en la naturaleza. Aunque la teman, ese temor nunca será tan grande como el amor que sienten por ella.

El camino de bajada fue más difícil que el de subida, en mi opinión. Era bastante peligroso porque costaba mucho no resbalarse. Desde arriba, me di cuenta del complicado camino que habíamos recorrido y no estaba muy segura de cómo lo habíamos hecho. Había tantas rocas y resbalaban tanto que no te podías despistar ni un segundo, porque un pequeño error podría haber tenido consecuencias muy graves, incluso letales. Empezaba a anochecer y teníamos que volver al principio del recorrido antes de que se pusiese el sol para no caminar a oscuras. Por suerte, a algún genio se le había ocurrido instalarse una linterna en el móvil, así que tuvimos luz para volver. Pero claro, una vez se puso el sol, comenzó a hacer mucho, mucho frío, y empezamos a sentir cómo se nos helaban los dedos y la nariz.


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