La depresión post-Erasmus y cómo tratarla/superarla

La primera vez que volví a Atenas después de mis 10 meses de Erasmus en España (estudios y prácticas, más tarde), estaba completamente destrozada.

Mi querida habitación en casa de mis padres. La habitación que yo misma decoré, y que, por tanto, tiene mi propio estilo y personalidad por todas partes, ya no parecía tan familiar. Tenía que dormir en una cama que no era la cama en la que solía dormir durante el pasado año académico.

Me despertaba todas las mañanas sintiendo que al mirar por la ventana, vería la guardería al lado de Blasco Ibáñez; que saldría e iría a hacer la compra usando mi español mediocre y mi acento griego tan acentuado, el cual les parecía lindo a todos los dependientes españoles; que caminaría y llegaría a mi facultad en menos de diez minutos o; en el segundo cuatrimestre, cogería el metro hasta mi lugar de prácticas. En vez de eso, me despertaba y mi ventana daba a una tranquila calle de mi barrio, en algún lugar del sur de Atenas, en Glyfada.

De repente, todo lo que oía era griego, hablado por griegos que no apreciaban en absoluto mi acento tan normal. Tenía que caminar y salir de mi casa una hora antes de clase, coger el metro a tiempo y después de quince paradas, llegaría a mi universidad. No estaba tan mal, pero había todo un proceso de adaptación delante de mi. Nunca pensé que tendría que adaptarme a mi propia ciudad, a mi propia casa ni a mi propia habitación. Después de todo, he estado ausente menos de un año. Pero, no era simplemente cualquier año: era mi año Erasmus. Eso hacía la situación completamente diferente a cualquier otro caso.

No era simplemente la ciudad, o el país. Eran todos mis amigos, a los que he dejado atrás. ¡Algunos todavía estaban en España y otros habían vuelto a sus países en otras partes de Europa! Era tan extraño el no poder mandarles un mensaje y pedirles quedar en media hora o así. Aparte de todo eso, también tenía exámenes que hacer - gracias a Dios, ¡logré aprobar todos los tres que tenía ese verano!

Los ex-estudiantes Erasmus siempre solían hablarme sobre la infame "depresión post-Erasmus", pero nunca estuve segura de si estaban exagerando o no. Bueno, resulta que no lo hacían.

Esta sensación - o incluso, esta condición, si preferís - no existe y nunca la sentirás hasta que la hayas experimentado. Y, no es la mejor que puedas sentir. De hecho, es una de las peores y sientes que siempre va a ser así. Malas noticias: en parte, lo será; porque la nostalgia se queda por un tiempo y después viene y va cada vez que alguien menciona por casualidad la palabra "Erasmus" o la ciudad a la que te fuiste de Erasmus (en mi caso, yo todavía me pongo como loca cada vez que alguien nombra Valencia o incluso cuando veo que alguno partido de fútbol se jugó en el estadio Levante). Buenas noticias, hay solución a este problema, aunque pienses que es 100% imposible. Así es cómo me funcionó a mi:

  • Mantén el contacto con todos tus amigos Erasmus. Bueno, no. Tacha eso. No con todos - eso no sólo sería imposible, sino que también significaría perder mi propósito. Reformulo: mantén el contacto con tus mejores amigos Erasmus. Simplemente porque no podáis llamar a la puerta del otro o salir a tomar algo con tanta facilidad o tanto como solíais hacerlo, no significa que no debáis poneros al día. Utilizad todo tipo de comunicación: el chat de Facebook, Skype, WhatsApp, o incluso cartas. Cartas absolutamente tradicionales, largas, escritas a mano, anticuadas. Me encanta enviar cartas, ya sea durante unas vacaciones o simplemente como una sorpresa, para decirle a mis amigos que los echo de menos. También me encanta recibirlas y me alegran el día. Ver el sello que me muestra que la carta ha viajado desde Alemania hasta mi casa, y ver una letra conocida me hace darme cuenta de una forma más intensa que las muestras de cariño a tus amigos no tienen límites - lo único que es distinto después de tu Erasmus es tu código postal. Eso es todo.
  • Sal con tus viejos amigos también. Simplemente porque hayas pasado un tiempo en el extranjero no significa que tus viejas amistades valgan menos de lo que solían valer. La verdad es que la Erasmus pone a prueba tus amistades: durante tu Erasmus te darás cuenta a quién echas más de menos y quiénes son aquellas personas (¡con suerte muchas! ) que no merecen tu tiempo desde un principio. Pero, en cuanto al resto, merecen que les dediques algo de tiempo, ahora que todos estáis, por fin, en el mismo lugar. Y, con "tiempo" no me refiero a tiempo por teléfono o en el chat de Facebook. Guarda eso para tus compañeros de Erasmus. Para tus amigos locales, hay un mundo real increíblemente genial ahí fuera y es hora de crear nuevos recuerdos en él. Sí, ¡incluso cuando "él" quiere decir tu ciudad natal tan poco fascinante!
  • ¡Mantén algunos recuerdos de tu Erasmus cerca! "Estudiante Erasmus una vez, estudiante Erasmus para siempre" o eso es lo que dicen. ¡Y estoy de acuerdo con ese cliché! Bueno, pueden ser algunas fotos o postales o quizás algunas tarjetas de tus bares preferidos. En mi caso, yo tengo la bandera de la comunidad de Valencia en mi pared. Está firmada por mis mejores amigos Erasmus y he puesto algunas de mis fotos favoritas, algunas notas de mis amigos así como también la tarjeta de cumpleaños de cuando cumplí 22. También tengo algunos de mis regalos preferidos, como postales o folletos de la universidad/biblioteca. Y simplemente no puedo describir cuán orgullosa me siento de guardar las notas de clase en esa carpeta azul en la que dice "Universidad de Valencia". ¡No hay precio!
  • Intenta y busca estudiantes Erasmus en tu ciudad y ayúdalos. Puedes hacerlo apuntándote como voluntario a alguna organización para jóvenes o de Erasmus de tu universidad. Hay montones de esas en todas las ciudades, así los estudiantes Erasmus se sienten más bienvenidos. De este modo, puedes resultarles de mucha ayuda y, al mismo tiempo, harás que reviva un poco tu espíritu Erasmus. Nuevas amistades, actividades interculturales y solidaridad con los nuevos. ¿Qué hay mejor que eso? En mi caso, yo no tuve la oportunidad de conocer a ningún estudiante Erasmus en Atenas porque mis exámenes finales me quitaban la mayor parte de mi tiempo libre. Sin embargo, sí que tengo otros amigos que lo han hecho y, de hecho, lo han pasado genial con nuevos Erasmus en la ciudad. Ahora que mis exámenes se han terminado, ¡creo que yo también lo voy a probar!
  • ¡Haz planes con los amigos Erasmus que viven en tu país! Yo ya he visitado a mi mejor amiga de Erasmus Athanasia, en la ciudad en la que estudia, Larissa, en el centro de Grecia, para ir a su graduación - pero, escribiré sobre eso en otra entrada. La cosa es que estas reuniones te hacen sentir mejor y te recuerdan que una parte de ti sigue siendo un estudiante Erasmus. Lo mismo pasa cuando hago planes con Elena, otra amiga Erasmus que vive en Atenas y que nos conocimos en Valencia en el segundo cuatrimestre. Fue reconfortante ver que yo no era la única chiflada que se sentía como un alien en casa y que hay muchos más antiguos estudiantes Erasmus que se sienten exactamente igual que yo.
  • Viaja, viaja, viaja. Ahora tienes amigos por todo el mundo - bueno, ¡al menos por toda Europa! ¡Esta es una buenísima oportunidad de viajar y conocer las ciudades natales de tus amigos así como de recibirlos en tu propia ciudad y en tu casa! Fue genial cuando me pasó a mi - pero, ¡me voy a guardar esta historia para luego también!
  • Vuelve a donde todo empezó: sí, me estoy refiriendo a tu ciudad Erasmus. Yo tuve una oportunidad de volver a Valencia y fue genial. Como estoy segura de que te lo puedes imaginar, volveré a esta historia más tarde. Hasta entonces, ¡buena suerte con tu nuevo comienzo!

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