¿Me ha convertido el Erasmus en una chica europea?

Con la crisis que estamos viviendo actualmente en Europa, protagonizada por los golpes bajos y el individualismo, algunos periodistas empiezan a preguntarse qué es lo que realmente queda ya de Europa y de los valores que mantenían al principio, tan sencillos como permitir que todos los ciudadanos de los países de Europa pudieran vivir en igualdad y disfrutar de un estado de democracia.

Este objetivo es el motivo por el cual en Europa siempre ha favorecido las relaciones entre los ciudadanos de los países miembros con el fin de crear una identidad europea sin precedentes. Esta unión a llevado a cabo distintos cambios financieros con tal de facilitar los viajes, conocer gente de otras culturas y las idas y venidas de otros países.

Esta política de emancipación yo creo que nos ha traído muchas ventajas. Para empezar, promueve valores tan nobles como la tolerancia, el compartir, la generosidad, el humanismo, etc. Pero además, también nos permite poder desarrollar nuestras cualidades lingüísticas, sociales y culturales.

Pero ahora concretemos un poco más, ¿al irme de Erasmus podría decir que me he beneficiado de todo lo que acabo de mencionar? ¿Ha funcionado el objetivo del programa de convertirme en una ciudadana europea? ¿Antes de belga, soy europea?

Voy a intentar responder a estas preguntas para tratar de exponer de qué tratan realmente los objetivos que os he mencionado anteriormente y analizar, lo más objetivamente posible, los beneficios de esta política de intercambios europeos.

¿Me ha convertido el Erasmus en una chica europea?

Por sorprendente que parezca, yo no tenía pensado irme de Erasmus por mucho que me gustase viajar y que siempre tuviera en mente algún viaje por hacer. Para mi, el Erasmus era algo que todo el mundo hacía y que no era nada personal, no tenía ganas de estar con un montón de estudiantes en la misma ciudad. Además, cuando llegó el momento de hacer la inscripción, tenía novio y la idea de irme mucho tiempo (otra vez, porque ya lo hice cuando acabé las clases de retórica) lejos no me entusiasmaba. No tenía a nadie que me animara a irme salvo mi mejor amiga, que se lo había pasado muy bien en su Erasmus en Salamanca, en España. Pero como el tercer año iba a ser tan duro por la carga de trabajo, así que pensé que sería buena idea irme para poder desconectar un poco y tener menos trabajo. Ya lo sé, no me iba con la mejor intención del mundo.

Pero está claro que esto depende de a qué país te vayas. Si te vas a cualquier país nórdico, por lo general tendréis el mismo trabajo que tendríais en vuestra universidad. En cambio, las universidades de España no tenían esta reputación. Tenía que ahorrar antes de irme. Primer hecho confirmado: si te vas de Erasmus, la carga de trabajo cambia mucho de un país a otro o de una universidad a otra.

Y como era de esperar, en España, los precios del alquiler compartido eran mucho más baratos que en Bélgica. Además, el nivel de vida era más barato, así que por el mismo dinero podía disfrutar de muchas más cosas. Mi primera opción era irme a España porque llevaba ya dos años estudiando español, mis otras opciones eran Italia y Francia, que tampoco me interesaban mucho. Segundo hecho confirmado: tendréis más o menos opciones entre las que elegir de destinos Erasmus dependiendo de la motivación de vuestro coordinador Erasmus de la universidad, de lo listo que sea y del ingenio que tenga. Un estudiante de letras de la Universidad de Lieja tendrá menos opciones que un estudiante de comunicación, por ejemplo. O por ejemplo, un estudiante de letras de la promoción del 2008 puede tener más o menos opciones que un estudiante del año siguiente.

Una vez elegido un país, ahora tocaba elegir la ciudad. La gente elegía la ciudad según si tenía playa o no, por la universidad o por la calidad de las clases. Aquí ya cada uno sigue sus propios criterios, según lo que nos va contando la gente. En cuanto a las políticas y el nivel de la universidad, ya es cuestión de suerte. Elegí la ciudad de Murcia para evitar coincidir con mis compañeros de clase, que se iban a Cádiz. Y aquí viene el tercer hecho confirmado del Erasmus, por desgracia a veces es mejor tener amigos en la ciudad a la que vas a ir. Aunque coincidir tampoco es raro cuando tenemos solo cinco opciones y tres son como Madrid y Barcelona y se salen de presupuesto.

Al fin pude llegar a mi país de destino el día D. Enseguida cogí el ritmo de vida español, me acomodé y conocí a muchos estudiantes Erasmus de la ciudad. Aquí fue cuando comenzó la integración europea, aunque no fue el caso de todo el mundo. Como hay muy pocos destinos donde elegir, lo normal es que te encuentres con gente de clase en una misma ciudad. Algunos prefieren seguir en grupo y otros prefieren dispersarse y conocer gente nueva. Bueno, de todas formas al final acabé conociendo a un montón de gente de habla francesa. Por suerte, pude vivir con españoles para mejorar ni nivel de español. Mis compañeros de piso hicieron de puente entre la cultura belga y la cultura española. Por desgracia, hay belgas que viven con más belgas, entre amigos. Pero de todas formas, el simple hecho de estar en otro país ya supone un gran paso para esta gente.

Es imposible irse a otro país a vivir de Erasmus y no empaparte ni un poco de la cultura del país. Había muchas actividades interesantes que nos llevaban a empaparnos un poco de esa cultura: actividades organizadas por el ESN (la asociación que organiza eventos para los Erasmus en muchas ciudades europeas), las ofertas que ponen en las cafeterías o bares de la ciudad de bebidas o comidas para los Erasmus, las ofertas turísticas o los viajes que hay para los Erasmus, etc. Además, si eres Erasmus tienes tiempo de sobra para hacer estas cosas. Hay que salir de fiesta, sí, pero también viajar. Al final acabas harto de tanta fiesta. ¡Yo he ido de viaje a muchas ciudades! Y no solo dentro de España, también he viajado a Marruecos, que está muy bien conectado con el sur de España. También he ido a Portugal entre ortos. Pero además, está claro que al final también te empapas de esta cultura de la que hablamos al ir a la universidad por las clases a las que vayamos, por la gente a la que conozcamos o a los espectáculos a los que vayamos.

¿Cuáles son las cosas que más me han impactado culturalmente de España?

  • El ritmo de vida, por supuesto. Los horarios (al principio, pero menos mal que pude cambiarlos) eran interminables, tenía que empezar a las 8:00 en la universidad y acababa a las 21:00 o 22:00.
  • La comida. Eran recetas diferentes, comida diferente, otras costumbres y la oferta de comida internacional era más reducida que la que hay en Bélgica.
  • Las tradiciones. Se celebran los santos, las fiestas regionales, los eventos deportivos, los carnavales...
  • Las normas sociales y de cortesía. Se piden platos para compartir en la comida (con las tapas lo que hacen es pedir varias para todos y se ponen al centro), comen sin esperar a los demás, se dan dos besos en las mejillas al saludarse, elevan la voz si no se entienden, etc.
  • Aprender a aceptar el patriotismo de algunos e intentar asimilarlo o cómo pasar. Al fin y al cabo todos tenemos nuestras cosas, ¿queréis saber cuales? Veis, aquí es cuando se establece el intercambio entre culturas.
  • Y muchas cosas más.

    ¿Pero esta experiencia ha conseguido que me vuelva "una europea"? Después de todo, tan solo me he mezclado con la cultura española por mucho que haya conocido a estudiantes de otras nacionalidades.

    La respuesta tiene que ser crítica.

    Obviamente, he podido conocer otras culturas gracias a las comidas internacionales, al conocer a otras personas de otros países, al hablar o al participar en los tándem, etc. Gracias a esto he hecho amigos de otros países y han venido a hacerme una visita o he ido yo a verles. Pero lo más importante, es que el Erasmus ha sido el denominador común de nuestra amistad.

    Pero a veces, el hecho de que esto sea el denominador común puede darle a la amistad un toque más superficial. Me explico. El Erasmus es una experiencia única y nos comportamos diferente al ser los Erasmus, es como si fuéramos algo distinto que "los estudiantes". De hecho, hay amistades que no llevan a algún lado al terminarse el ambiente Erasmus. Pero todo depende de cómo vayan las cosas allí.

    Como yo me hice amiga de gente de allí, exprimí al máximo aquel ambiente que hace que el Erasmus sea una experiencia única e irrepetible. Vinieron a verme a Bélgica después del Erasmus y yo volví a Murcia también. Al final he acabado volviendo con la beca Leonardo para trabajar aquí este año.

    Así que, ¿al final pude superar mis prejuicios y las barreras lingüísticas y culturales y acabar siendo una ciudadana europea? Sí, bueno más bien una ciudadana belga-española. Sin duda esta nueva identidad me hizo ver el nacionalismo de forma distinta. A veces siento que me identifico más con los españoles que con los belgas. Ya no le encuentro ningún sentido a las fronteras geográficas.

    Me he dedo cuenta este año al vivir con una polaca de Erasmus de que, obviamente, Europa es enorme y de que las cosas que tienen en común Bélgica y España no son las mismas no son las mismas que hay con otros países. Entonces, ¿realmente puedo decir que soy una ciudadana europea? ¿Conozco los países que me rodean aunque tan solo haya ido de vacaciones?

    Creo que los valores que me han aportado estas dos experiencias, la del Erasmus y la de Leonardo, me han ayudado a llegar a la conclusión de que soy una ciudadana del mundo, no soy solo europea y de que la visión que tengo de un mundo sin fronteras es la misma visión que la europea.


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