Una última aventura

Publicado por Damarys Castillo — hace 2 años

Blog: Desde Venezuela, opiniones del primer mundo.
Etiquetas: General

La mayor parte de los vuelos hacia Sudamérica, y especialmente hacia Venezuela, salen desde Miami. Miami está más o menos a 3 horas y media de Orlando. Hay muchos buses que conectan estas dos ciudades –las más importantes de Florida-. Está el siempre confiable Megabus, con tarifas tickets de $20 ida y $20 vuelta; RedCoach y Greyhound. Greyhound es el bus “nacional” no porque lo dirija el Estado –recordemos que eso no pasa en USA-, sino porque va a todas partes del país e incluso a México y Canadá. Greyhound tiene más o menos los mismos precios que Megabus, con la ventaja de que la política de equipaje es mucho mejor: en Megabus puedes llevar sólo una maleta de 40 libras, y si quieres llevar otra, tienes que comprar un segundo boleto, sea cual sea el precio de este –locura-, mientras que en Greyhound puedes llevar una maleta de 50 libras y la maleta adicional son $15. Tanto Megabus como Greyhound tienen sus estaciones centrales en algo llamado InterModal, en el aeropuerto de Miami, que es como un segundo mini aeropuerto donde están las líneas de buses y las compañías para alquilar carros que, como les he repetido muchas veces, es infinitamente importante para desplazarte por Estados Unidos.

Y sé todo esto porque mi viaje no podía cerrar sin una aventura. Y se las voy a contar.

Mi vuelo salía el 16 de Noviembre a las 5 de la mañana. Mis primos y yo teníamos pensado salir de Orlando a las 10 de la noche, porque hay que estar 3 horas antes en el aeropuerto. A las 10:30 PM estamos ya en el carro a punto de salir y se me ocurre revisar mi cartera. Mi pasaporte no está. Mi cerebro hizo cortocircuito pensando todo lo que tendría que hacer: ir a la embajada en Washington, esperar por un permiso para entrar a Venezuela, pagar tickets, hoteles, penalidad, cambio de boletos… y, por supuesto, me eché a llorar. Ya eran las 12 AM y, ni siquiera consiguiendo de manera milagrosa el pasaporte, iba a llegar a tiempo a mi vuelo. Decidí darme por vencida y planificarlo todo –estoy segura de que ese viaje a Washington hubiese dado mucho material para una buena publicación en Erasmusu-. A eso de las 2 de la mañana, me acuerdo de que ese mismo día había ido a una tienda UPS a enviar un paquete, me pidieron una identificación y seguramente allí lo había dejado. Pero ya no podía hacer nada: tendría que perder el vuelo y esperar a las 8 de la mañana para ver si el pasaporte estaba allí. Efectivamente, allí estaba y pude reprogramar mi vuelo, cargando con todos los gastos excesivos y dificultades que eso acarrearía. Pero las aventuras inesperadas son buenas para el alma y mantienen la mente en vilo.

Probablemente mis amigos europeos que leen esto no podrían entender el dolor de cabeza y el riesgo que es perder tu pasaporte. Acostumbrados como están a poder moverse sólo con un ID por diferentes países. Ellos, veinteañeros, no deben acordarse lo que es que nadie se pueda hacer responsable de ti si no estás en tu país. Ellos llevan consigo los beneficios de la ciudadanía europea allá donde vayan, y no pueden imaginarse la fortuna que tienen.

Pero de esta historia, la moraleja es que 1, nunca saques el pasaporte de la maleta para no perderlo y 2, viajar de Orlando a Miami es muy fácil y no demasiado caro –para los precios americanos, claro está-, así que si estás por la zona no dejes de visitarlas. 


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