Por los nuevos comienzos

Publicado por Damarys Castillo — hace 2 años

Blog: Desde Venezuela, opiniones del primer mundo.
Etiquetas: General

Ahora, un año después de haber terminado mi Erasmus, termino mi carrera, y me encuentro en una encrucijada que vivimos casi todos los que estamos en los veintititantos. Conseguir, trabajo, vivir solos, generar dinero… son cuestiones que nos preocupan a muchos pero que son particularmente desafiantes para aquellos que venimos de países en “vías de desarrollo”, whatever that means. No es que quiera darme mucha importancia, ni hacerme la víctima, pero para esta nueva generación de jóvenes venezolanos las preocupaciones no se limitan al formato de tu CV, sino a qué país vas a emigrar, cómo consigues dinero para el ticket de avión, quién te va a recibir en el nuevo país… ser ilegal, ser inmigrante y atravesar la crisis del cuarto de vida puede llegar a ser traumático. Sí, podríamos quedarnos en nuestro país, con el apoyo de nuestras familias, hablando nuestro propio idioma, con todos los derechos y beneficios de una ciudadanía –créanme, al salir de tu país es cuando empiezas a valorar los derechos que te otorga tu Constitución, y que siempre diste por sentados- , podríamos quedarnos en nuestros país… pero eso significaría, lamentablemente, estancarnos, incluso poner en riesgo nuestras vidas, debido a los descontrolados niveles de inseguridad de Venezuela.

Y escribo de esto aquí, en un blog que debería ser únicamente para contar nuestras experiencias Erasmus porque Erasmusu, como yo lo veo, es un espacio que sirve también de plataforma para el intercambio cultural. Que sí, que los consejos y tips y fotos y guías de turismo son muy útiles y todo eso… pero Erasmusu es uno de los pocos espacios –que yo conozca, al menos- donde jóvenes de muchas nacionalidades y culturas convergen, jóvenes que además están viviendo esta transición que es mudarte a otro país, así sea por unos meses. Y si bien es cierto que al mudarte te gusta investigar un poco el sitio al que vas, también es cierto que hay unos pocos renegados, como yo, a los que les gusta hacer catarsis virtual, que  encuentran muy útil saber que otras personas están sintiendo los mismos miedos y preocupaciones que yo. Incluso si no lo estoy viviendo, siempre encuentro interesante saber lo que viven los otros. Esa es una de las razones para esta entrada.

La segunda razón es que esa encrucijada que les mencionaba me recuerda bastante a la encrucijada que viví hace más de dos años, cuando estaba decidiendo si me quería ir a vivir un año fuera, lejos de todo lo que conocía. Porque el Erasmus, como siempre se dice, es algo que vas a llevar siempre contigo, sin importar cuantos años hayan pasado. Y ahora que tengo que tomar una decisión similar, recuerdo todos los factores que consideré en ese entonces. Por supuesto, ahora es totalmente distinto: en el Erasmus, me iba sabiendo que como estudiante estaría protegida, tanto por mi universidad como por la AGH en Cracovia. Sabía que tendría una residencia estudiantil donde vivir, sabría que tendría algo que hacer y que, muy probablemente, no tendría que trabajar porque “la niña está estudiando… cómo va a trabajar!” Por eso mismo me doy cuenta ahora de que necesito seguir estudiando, estos dos años me hicieron más consciente de mí misma, de la responsabilidad que tengo sobre mí, y por eso mismo me hicieron valorar más los beneficios de ser un estudiante, es como tener una cédula, un estatus migratorio que te protege. Al igual que hace dos años, me encuentro ante un montón de caminos y posibilidades que se abren ante mí. Vuelvo a vivir esa emoción que fue planificar mi Erasmus: revisar universidades, programas, becas, ciudades… y esta vez decidí que quería dejar constancia de eso. Cuando planificaba mi intercambio en Cracovia no tenía muchas cosas claras, tampoco tenía muchas metas… sólo tenía muy presente que quería irme. Quería irme a otro país, hablar otro idioma, conocer gente nueva…. Porque estaba demasiado cansada de mi rutina. No me importaba si iba a conseguir una pasantía, o si el tema de tesis que me ofrecían era o no interesante; siempre tuve muy claro que en Cracovia no iba a perseguir metas académicas o laborales, de hecho, la gente en Venezuela me preguntaba cuáles eran mis perspectivas para quedarme o para conseguir trabajo, y me molestaba lo poco que sabían esas personas de mis planes. Yo sólo quería irme, vivir y volver repotenciada a mi vida. Claro, no me imaginaba que, a pesar de “atrasarme” en el cumplimiento de ciertas metas, el Erasmus sería una experiencia transformadora, desde el descubrimiento de nuevos aspectos de mi personalidad hasta el establecimiento de un nuevo proyecto de vida. Ahora sabía dónde quería vivir, dónde quería pasar los primeros años de mi libertad post-universitaria.

Desde entonces las cosas han cambiado un poco. Desde luego, sigo queriendo estudiar fuera de Venezuela, pero no con las ganas locas de irme que tenía la primera vez, sino porque ahora reconozco la necesidad de salir del país. No siento el impulso de dejarlo todo, sin importar quién queda atrás: ahora soy muy consciente de lo mucho que extrañaría a mis padres, a mi hermana, a mis primos y a mis amigos. Ahora sueño con que Venezuela fuera un país normal, donde sería muy fácil conseguirme un buen trabajo, con mis credenciales académicas –modestia aparte-. Sueño con compartir un apartamento en Caracas con mis amigos. Sueño con un país en el que un joven ingeniero puede ahorrar para comprarse un carro. Cómo me gustaría que Venezuela tuviera una economía normal, para que pudiéramos todos quedarnos  y ser parte de la vida de nuestros familiares y amigos. Qué bonito sería tener un piso con mis amigos, estar a  dos horas de mi familia, tener la certeza de que estarás en ese lugar el tiempo suficiente como para establecer lazos sólidos, para formar una familia. Es un anhelo, es una nostalgia de un país que no conocí, y que sé que está muy lejos de ser alcanzado. Ahora, cuando nuevamente planeo irme del país, se siente un poco más forzado, y también un poco más definitivo. Al buscar universidades, ahora debo pensar qué países ofrecen mejores oportunidades para los inmigrantes, en qué ciudad me sentiría más cómoda para vivir permanentemente, en dónde me sentiría menos extraña, menos inmigrante. Qué universidades me dejarían trabajar mientras completo mi Master, en dónde podría ahorrar más. Tal vez todos los jóvenes adultos deban hacerse estas preguntas, pero estoy segura de que esos jóvenes adultos de otras nacionalidades, no tienen que tomar en cuenta tantos factores a tan corta edad. Es casi planificar tu vida futura en función a un simple Máster. Tal vez algunos piensen que pueden hacer el Master en un país y luego mudarse a otro y ya está, pero sinceramente, ir saltando de un sitio a otro se vuelve cansón, ir dejando pedacitos de corazón en cada una de las ciudades en las que vives, es una bendición pero también te despedaza en cierta manera. Quisiera poder conocer un sitio, y quedarme allí, y hacer amigos que no tenga que estar extrañando todo el tiempo.

Anyway. Por ahora, sigo en la búsqueda de programas y, por cierto, las becas de Erasmus Mundus están entre las mejores opciones. Eso de poder hacer un semestre en cada universidad, y que puedas hacer tus prácticas con alguna de las empresas, me parece genial. Además, prácticamente te pagan por ingresar al programa: boleto aéreo, estipendio mensual, costos de instalación.  La verdad es que a pesar del sentimentalismo que chorrea esta entrada, sí que es emocionante volver a vivir este proceso. Sentir que compites en algo, esperar respuestas de las universidades… todo es bastante emocionante. Un nuevo comienzo.

 


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