Experiencia cruzando el charco (III)

Publicado por flag-es Héctor Vera — hace 7 años

Blog: La importancia del camino
Etiquetas: General

Habiendo ya visitado la ciudad de Caracas y una de las zonas más bonitas que tiene todo el mar Caribe con playas paradisíacas, ya sólamente quedaba visitar un entorno más por el que se caracteriza Venezuela: la selva amazónica.

Venezuela posee una pequeña parte de lo que es toda esta inmensa selva. Para ello fuimo a el Parque Nacional de Canaima, el cual es uno de los parques naturales más grandes del mundo y que se extiende casi hasta la frontera con Brasil.

Volando hacia Canaima

Era ya entrada la segunda semana del viaje. Estaba en Isla Margarita aún y la siguiente parada era este gran Parque Nacional. Para ello tomamos un vuelo de vuelta al aeropuerto de Caracas, donde realizamos un trasbordo para coger un avión no demasiado grande que nos llevaría a un pequeñísimo aeropuerto de Canaima.

El avión de vuelta era tan precario como el de la ida, me atrevería a decir que hasta era peor. Por suerte el que nos llevaba hacia a Canaima parecía estar en bastante mejor estado, lo cual era de agradecer porque el viaje desde Caracas hasta Canaima lleva un buen rato más. Aproximadamente unas 2 horas.

Sin embargo, el miedo de este viaje vino al llegar al aeropuerto de Canaima. Este aeropuerto se ve que no recibe un excesivo tráfico, de hecho la mayor parte del mismo parece reservado a pequeñas avionetas. Resulta difícil de imaginar que un avión grande pueda aterrizar en un aeropuerto así, pero lo hace.

La “terminal” del aeropuerto es sin duda la más curiosa que he visitado nunca, ya que no era una terminal en sí, si no más bien un sitio de paso construido con madera en el que recoger las maletas que van sacando poco a poco. Y hasta ahí la experiencia en este pequeño aeropuerto, al que volveríamos al acabar la aventura.

Después un pequeño camión nos llevó a través de la selva hasta el lugar en el que nos íbamos a alojar. A medias de este camino hicimos alguna parada en la parte de más alta de algunos de los saltos de agua que más tarde visitaríamos. Sólo con ver estos sitios y fijarse en el paisaje a medida que nos adentrábamos por la selva, la visita ya merecía la pena.

Llegada al campamento y primeras excursiones

Pasado un rato llegamos al campamento, un pequeño lugar con cabañas muy bien acondicionadas y equipadas con todo lo necesario. Al llegar, en la recepción del lugar, nos hicieron un cóctel de bienvenida, que de nuevo resultó estar buenísimo. Allí mismo se podían ver en las paredes pieles y animales disecados que se encontraban por el lugar. Si no fuese porque casi todos los animales se han alejado de esas zonas por las que pasan los humanos daría muchísimo miedo, ya que no es habitual ver una piel de anaconda de unos 3 metros.

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El campamento era muy acogedor, y por supuesto muy metido en la naturaleza de la zona. Aunque estaba muy preparado no dejaba de ser el medio de la selva

Pero la aventura no acababa aquí, lo mejor vino más adelante cuando unos guías locales nos llevaron a los sitios más destacados de la zona, incluyendo la joya de la corona, El Salto Ángel, nada más y nada menos que el salto de agua continuo más largo del mundo (1’4 kilómetros de salto aproximadamente).

El guía que nos acompañó en todo momento era muy llamativo, ya que era un chaval de apenas 18 años que estaba guiando a un grupo de personas adultas. Pero, sin duda, si no hubiese sido por él todos nosotros no habríamos sobrevivido. Además, este chico no llevaba zapatillas en ningún momento para caminar por la selva, de hecho nos dijo que sólo las había llevado las veces que había tenido que salir de estas zonas de la selva para visitar la “civilización”

En todo momento fue muy amable y servicial, nos resolvía cualquier duda que teníamos. El único ‘pero’ es que caminaba por la selva a un ritmo que a nosotros a veces se nos hacía realmente difícil seguir.

Pero esto no era el único guía que nos acompañaba, ya que para realizar las excursiones programadas por la zona el único medio de transporte que teníamos eran las canoas, las cuales se encargaban de dirigir siempre un par de personas.

Yo hasta entonces jamás había viajado por un río tan impresionante como aquel en canoa. A pesar de que en todo momento llevábamos un chaleco salvavidas, siempre quedaba el miedo en el cuerpo de que existiese la posibilidad de que la barca volcase, ya que nos dijeron nuestros guías que alguna que otra vez había ocurrido (sin víctimas, eso sí).

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A eso hay que añadirle la fauna local, porque en más de una ocasión llegamos a ver las cabezas de algunos caimanes que se encontraban a la orilla del río. Por suerte, sólo vimos caimanes, ya que también es posible encontrarse con anacondas y murciélagos colgados de los árboles o pirañas por debajo de la superficie del agua.

Salto El Sapo, noche en la selva y Salto Ángel

La excursión principal tuvo lugar durante dos días, por lo que tuvimos que hacer noche en unas cabañas mucho menos preparadas que las del campamento principal en mitad de la selva. Iríamos por el río durante aproximadamente una hora y media hasta llegar a las inmediaciones de un salto de agua mucho más pequeño que el Salto Ángel, pero para nada menos impresionante: el Salto El Sapo.

Caminamos un rato por la selva hasta que llegamos a uno de los extremos del Salto El Sapo. Es un inmenso salto de agua que se extiende a lo ancho durante unos cuantos metros. La principal atracción de este salto es el hecho de poder recorrerlo por su interior mientras ves como el agua de la cascada va formando una inmensa y atronadora pared de agua que no deja de fluir.

Esta fue sin duda una de las experiencias más impresionantes de todo el viaje, ya que puedes sentir de primera mano la fuerza que tiene la naturaleza. Hay momentos de este recorrido por dentro de la cascada que el agua te cae encima por completo y sientes gran parte del peso que genera la cascada. Pero es sólo durante unos pocos metros, después sales y llegas al otro extremo del salto, el cual ofrece unas vistas impresionantes del mismo.

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Después de esta gran experiencia tocaba volver, ya que dentro de poco empezaría a caer la noche. Así que fuimos andando a través de la selva hasta llegar a una zona del río en la que nos esperaba nuestra canoa que nos llevaría en un aproximadamente 2 horas a nuestro “campamento base”.

Por el camino empezamos a ver las características mesetas que dan forma a este particular paisaje, hasta que por fin llegamos a la meseta donde se encontraba el Salto Ángel.

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Nada más llegar a las cabañas en medio de la selva me sentí horrorizado. Yo no era (ni soy) una persona que disfrute en exceso del contacto con la naturaleza. Y mucho menos con los bichos. Pues bien, nada más entrar en la habitación en la que tenía que dormir, lo primero que vi era una cucaracha de gran tamaño en la pared que se escondió nada más ver la luz. No se supo más de esa cucaracha, por lo que había que dormir sabiendo que había una en algún lugar.

Sin embargo, hubo una gran parte positiva, y es que para cenar, los guías (los cuales, por cierto, dormían en el exterior en unas hamacas), nos habían preparado unos cuantos pollos a la brasa que puedo decir que estaban espectaculares. Después de cenar nos quedamos un buen rato contemplando el paisaje nocturno a los pies de la gran meseta donde se encuentra el Salto Ángel. Se podían ver en los árboles pequeñas lucecillas por todos los lados que parecían estrellas, pero no, eran luciérnagas.

A la mañana siguiente, tocaba despertarse pronto para ir desde primera hora de la mañana hasta los pies del Salto Ángel, una excursión que dura aproximadamente dos horas.

La noche en verdad fue muy dura, ya que no paraba de pensar en arañas y cucarachas. De hecho, esa misma noche es posible que una pequeña araña me picara, ya que tuve durante el resto del viaje una enorme picadura muy molesta.

El camino hasta el Salto Ángel fue, como todos, por la selva. Pero este camino fue mucho más empinado y daba la sensación de estar mucho más inmerso en la selva. Aunque el guía nos dijo que por la zona era normal encontrarse con jaguares o tigres, parecía obvio que el paso del ser humano había hecho que todo ese camino quedase libre de la mayor parte de animales y bichos que podría haber.

Pero finalmente, llegamos. Ahí estaba ese enorme salto y todos nosotros debajo con una vista privilegiada. La verdad es que es uno de esos sitios que impresionan mucho más vistos en persona que en fotos (por muy buenas que sean).

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El Salto Ángel además es conocido por ser uno de los lugares que aparecen en la película de animación 'Up', pero con el nombre de "Salto Maravilla" creo recordar.

Además, el guía nos llevo a una piscina natural que se forma de la caída de toda esta agua que procede de las lluvias torrenciales que se quedan en la parte de arriba de la meseta.

También existe la posibilidad de recorrer todo este lugar en avioneta, las cuales se pueden ver de manera habitual mientras estás por allí. Es algo que yo no llegue a hacer, pero que sin duda alguna fue impresionante.

Pero no por ello me iba a quedar con ganas de viajar en avioneta, y es que los días en el Parque Nacional de Canaima ya habían acabado, por lo que tras un largo viaje de vuelta en canoa (tres horas seguidas aproximadamente) volvimos a aquel pequeño aeropuerto. Aunque esta vez no íbamos a viajar en un avión grande, esta vez nos íbamos a dirigir en grupos de 4 y recorrer la distancia que habíamos recorrido en avión comercial hasta Caracas pero esta vez en avioneta.

He de decir que como experiencia es increíble, ya que te ofrece la oportunidad de ver por la ventana paisajes que jamás habría imaginado poder ver, pero la verdad es que resulta en gran parte muy inseguro, porque no deja de ser una pequeña avioneta. Y es que los accidentes de avioneta son algo más común de lo que parece, mucho más que los accidentes de aviones comerciales.

Pero al final todo salió bien una vez más. Ya llevaría cogidos unos 6 aviones, y todavía quedarían dos para llegar de vuelta a España (ya que haríamos trasbordo de nuevo en Lisboa).

A partir de aquí ya acabo la visita por Venezuela. Es cierto que tuvimos que vivir una odisea porque, una vez más, tuvimos problemas a la hora de tener las habitaciones en el hotel que teníamos reservado. Por tanto fuimos de un sitio a otro hasta que al final tuvimos un hotel en el que pasar la noche y volver a Madrid volando durante 9 horas. Y yo, con una picadura de algún tipo de bicho que hizo que el viaje en avión fuese sin duda el peor que he tenido que sufrir.


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