Delirios Erasmus en la Estación de Valencia

Publicado por flag-es Félix Feligrés — hace 10 años

Blog: La Tierra de las Flores, de la Luz y del Amor
Etiquetas: General

Son las 18:42p.m. (2h en la estación de buses de Valencia). Necesito matar horas porque el bus para salir hacia mi destino viajero aún está por llegar. Y no sé exactamente cuándo va a llegar. Así que proseguiré con la diatriba que se montó en mi cabeza mientras esperaba.

Algo habitual por otra parte cuando viajo.

Capítulo 1: Doña Milagros, el ciego y el negro zumbón


Hoy ha habido reunión de sabios. Sí, de esos que deciden, al parecer aleatoriamente sin orden fijo, joderme días al azar. Hoy me están jodiendo.

Después de una mañana mediocre, sin excedencias ni faltas notorias, me dispongo a hacer la acción importante del día, coger un autobús de vuelta a casa. Tras un incómodo trayecto en tranvía hasta la parada más cercana (aproximadamente a “tomar por culo (coma) trescientos metros” de la estación) empiezo a andar a velocidad crucero hacia la misma.

Llego media hora antes del billete que tenía previsto coger, con los casi-músculos un poco cansados, pero satisfecho de mi prontitud, NOTA FREAK: recuerdo entonces esa frase de Gandalf en ESDLA: “un mago no llega tarde ni pronto, llega justo cuando se lo propone” –Sin duda, soy un mago. Mi gozo en un pozo cuando hablo con la señorita de Alsa:

- ¿El próximo bus hacia Dinebrom es ahora a las cinco y cuarto no? -Pregunto casi sin esperar respuesta, dándolo por hecho.

- (Gesto negativo con la cabeza) A las diez menos cuarto.


-No me jodas –se me escapa con desmesurada fuerza

-Todo lleno – concluye mientras arquea las cejas y los hombros en un gesto de despreocupación e indiferencia morrocotudo (sinónimo de enorme cortesía de Word).

Me quedo ahí, delante de ella, pensando qué hacer. “Pasar cinco putas horas en los elementos de tortura llamados bancos metálicos de la estación esperando (cosa que odio) que lleguen las diez menos cuarto ó deshacer el camino de vuelta a casa”.

Prefiero esperar, odio deshacer, le pido el billete y me siento. Reanudo mi lectura de “La Conjura De Los Necios”. Pasa una hora. Me levanto, paseo, sigo leyendo... me repito cada cinco o seis páginas. Han pasado dos horas, tengo hambre.

Los precios del “bar” de la estación me parecen un auténtico robo. Así que me levanto, dejando el libro y la bolsa en el “bancometálicotorturador” y voy a una máquina de helados. Prefiero darle mi dinero a la jodida máquina que a las antipáticas y feas camareras encapuchadas del “bar”(una tapadera de los plactonitas seguro).

Echo la moneda, se la traga. Echo la segunda, me la devuelve. Repito la operación, vuelve a devolvérmela. Recurro al desesperado truco de rascar la moneda en la máquina. Sigue devolviéndome la jodida moneda. Empiezo a ponerme nervioso, pero no tengo ganas de recurrir a las voces ni los golpes, la pobre máquina no tiene la culpa de tener un puto monedero hecho mierda. Rasco tanto la moneda y con tal furia que cuando me quiero dar cuenta en la mano sólo me queda un trozo de metal semicircular que fue una moneda de un euro. Pensamiento simpulso: “no creo que me la canjeen por cincuenta céntimos”

Al volver a mi sitio, una señora mayor, de pelo corto, que lleva dos horas sentada justo enfrente, me dice, señalando el cartel que hay sobre mi cabeza:

-Oye no te dejes las cosas ahí que mira lo que pone.

Yo ya había leído el cartel hace como una hora, producto del puro aburrimiento, ese y todos los que hay en la jodida estación cincuenta metros alrededor de mi banco. Ponía algo así como que a los señores de alsa se la pela que te roben algo si no estás atento.

Pienso qué responderle a la mujer. ¿Qué cojones pasa? ¿si no estuviera el cartel no habría peligro? ¿hay que tener cuidado porque un trozo de papel con un logo de word te pide que lo tengas? ¿no tenemos conciencia ni sentido de la seguridad propios o qué?

Pero solo me sale:

-Yam.. jeje –risa bobalicona

Mientras ando en estas diatribas cagándome en mi mala suerte ocurre algo que sin duda es una señal del Karma para que me tranquilice y no le toque las pelotillas. Un invidente pasea bordeando la estación varias veces, supongo que intentando memorizar la situación de los objetos, máquinas, puertas, etc. Me sorprende su habilidad a la hora de esquivar personas sin llegar a darles con el bastón-guía. Tendrá un poderoso detector de presencias subhumanas.

Me pregunto entonces cómo me sentiría si ahora mismo me quedara ciego. Me levanto, cierro los ojos, camino. Por primera vez en mucho tiempo, dudo en mis pasos, tengo… “miedo” de lo que venga, de lo que haya. Me sorprendo haciendo gala de una inusual inseguridad. Decido abrir los ojos. –OH DIOS, ¡TODO NEGRO, NO VEO!

Salto asustado hacia atrás. Estaba pegado al giga-cartel del nuevo [espacio publicitario] mini clubman “el otro mini”. Me cago en el puto giga-cartel, me he acojonado.

Doy 23 pasos contados hacia mi sitio, y vuelvo a sentarme.

Un encargado de la limpieza va vaciando las papeleras de la estación. Es negro. Tiene cara de esclavo romano, con el pelo trenzado. Me viene a la cabeza una imagen suya con un turbante, un chaleco blanco y unos pantalones bombachos con botines al más puro estilo aladino, con una hoja de palmera y abanicándome mientras fornico con Helena de Troya. Me rio a carcajada limpia mientras le miro. Me mira, sorprendentemente, no ríe conmigo. Saca una semiautomática de lo que disimulaba ser una caja llena de bolsas de basura de repuesto. Me acribilla, limpia un poquito por encima los restos cárnicos que el banco metálico iba a empezar a devorar en breves y me mete en una bolsa de basura.

Así es como termina mi delirio paranoide transitorio; rodeado de mierda, echo trozos por un negro zumbón.

Espero que os vaya mejor camaradas.

PD: Ha sido un gratificante placer matar unos minutos de aburrimiento escribiendo estas líneas. Ahora apagaré el portátil para volver a la lectura impresa. Sólo me quedan dos horas y cuarto de agonía antes de subir en uno de esos vehículos infernales que son los autobuses...

Saludos desde la bolsa.

Continuará...

¡Sí Modafokas! Sé que estáis deseosos de otra parte más de esta serie interminable de interesantísimos artículos de bazofia que nada tienen que ver con el concurso. ¡GENIAL! Seguiremos trabajando en ello.

Hasta entonces,

Has luego, hasta lueguito, adios adiosito, que ya nos veremos quiero decir, que eso, que hasta prontooooooooo, hasta la próximaaaaaaaaaaaaaa ¬¬ Lamentable.

Si tienen cualquier duda, o sugerencia, o lo que sea, pueden disquisicionar aquí abajo.


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