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CASSINO (ITALIA) 2016/2017


EXPERIENCIA ERASMUS CASSINO 2016/2017

En primer lugar he de decir que en ningún momento hubiese pensado que me iría de Erasmus, ya que la única información que tenía era de algunos amigos, y el hecho de pensar que tenía que estar fuera de casa durante un largo período de tiempo, no me hacía ni planteármelo, es por ese mismo motivo que tardé un tiempo en plantearmelo.

Pero un día, me levanté, y pensé “¿Por qué no?”, la vida no es más que la suma continua de experiencias, e irme a un país extranjero a estudiar, era esa oportunidad que seguramente solo la tuviese una vez en la vida y de la cual la posibilidad de arrepentirme de la decisión tomada, la descartaba por completo.

No quise pensarlo mucho simplemente dar el paso, rellenar una gran cantidad de papeles (y no precisamente en español), y esperar el día en el que tuviese que hacer las maletas, y partir con la cabeza alta, pero sobre todo con mucho entusiasmo.

Llegó el día, exactamente el 12 de Septiembre de 2016. He de deciros, que la noche anterior me fué imposible pegar ojo, ya que mi cabeza no paraba de hacerse preguntas, tales como: ¿Qué tal me irá?, ¿encontraré piso?, ¿cómo será mi relación con mis compañeros?, ¿aprobaré?... y un largo etcétera. Me olvidé de las preguntas, me despedí de los míos (el momento más difícil de todos, sin dudarlo), cogí mis dos maletas de 23kg cada una, mi mochila y me lancé a la aventura. 

Mi destino era un pueblo situado al sur de Italia, perteneciente a la provincia de Frosinone, llamado Cassino (situado entre la ciudad de Roma y Nápoles) 

La primera semana allí no era muy consciente de donde estaba, ya que no tenía mucho tiempo para pararme a pensar (cuatro días para encontrar piso, el querer conocerlo todo y a todos, los nervios…), pero pasado unos 15 o 20 días, fue cuando empecé a ser algo más consciente de donde estaba, y me empecé a agobiar. Echaba mucho de menos a mi familia, a mi casa, mi rutina en Ceuta, mis amigos… descubrí que la distancia empezaba a ser dura. Con los días, iba descubriendo esa nueva rutina, la que posiblemente tendría durante nueve meses.

Nueve meses me llevaron no solo a poder viajar por varios lugares como fueron: Venecia, Pisa, Florencia, Siena, Pompeya, Nápoles, Roma, Praga, Bratislava… sino también, a conocerme más como persona, a saber cuáles eran mis límites en muchos aspectos, pero sobre todo a valorar muchas de las cosas que posiblemente antes pasaba de largo (un plato de comida, la compañía de otras personas, un “te echo de menos mamá”…). 

Respecto a la comida, no salía de lo básico (pizza margarita, macarrones con tomate o con nata, salchichas y poco más...). No me preocupaba mucho, puesto que me conformaba con cualquier cosa, aunque he de decir, que gracias a muchos de mis compañeros que sabían cocinar, pude comer en varios ocasiones platos calientes (¡cuánto se agradece!). 

Durante este tiempo, tuve la suerte de conocer a muchas personas desconocidas que a día de hoy, se convirtieron en familia. Con todas ellas no solo he compartido viajes, risas, sino una infinidad de momentos, además de compartir diferentes puntos de vista. Las fiestas en casa de unos y otros fueron el comienzo de esto, y el día a día, iba sumando. 

Respecto a los diferentes lugares que he visitado, tengo que decir que me enamoré de Florencia, esa ciudad situada al norte de Italia. Desde el primer momento que pisé sus calles, mi interés iba creciendo en seguir conociéndola. Un cúmulo de sensaciones y a la vez un momento único la primera vez que vi el “Ponte Vecchio”, ya que lo medieval de siempre me ha llamado la atención, y tener la suerte de situarme frente a ese gran puente medieval, fue una oportunidad que a toda persona se la deseo.

Por otro lado, está Roma, la capital de Italia. Gran ciudad, con la que siempre había soñado. Sus calles, su gastronomía y sus diferentes monumentos históricos, me hicieron darme cuenta que todo lo que se habla de ella es cierto. No me cabía duda de que estar frente al "Coliseo Romano", y frente a la “Fontana di Trevi” me haría feliz, pero no tan feliz. Han sido varias las veces que con suerte he podido estar en Roma, y en todas ellas, he cumplido con la tradición de tirar una moneda a la fuente y pedir un deseo. Todo lo que he podido ver en esta ciudad, me ha hecho darme cuenta de que el mundo no es tan grande como pensamos, y que no quedan tan lejos ciudades tan históricas.

Otro de los viajes que me marcó, fue uno que hice con tres compañeros a Praga, Viena y Bratislava. Elegimos el mes perfecto, enero, para descubrir realmente lo que es estar en un lugar frio y ver nieve a todas horas. Algunos de los edificios que me sorprendieron fueron entre ellos; “El castillo de Karlstejn”, considerado como el castillo más grande del mundo y el más importante de los monumentos de la República Checa.“El palacio de Schönbrunn” me impresionó también bastante, sobre todo al verlo totalmente nevado y algunas de las fuentes congeladas.

Dejando un poco al lado los viajes, voy a hablaros un poco de mi pueblo, que fue donde pasé el mayor tiempo de mi Erasmus.

Un pueblo pequeño, con apenas 32.977 habitantes. No considero que sea un destino para aquellos Erasmus que por encima de todo busquen fiesta, ya que, en este pueblo la fiesta era nula. Aun así, es un pueblo acogedor, al que acabas cogiéndole cariño sin quererlo, y del cual puedes aprender mucho de su historia, como por ejemplo: al visitar "La Abadía de Montecassino”,donde tuvo lugar una de las batallas de la Segunda Guerra Mundial, además de visitar, el “cementerio Polaco”, lugar en el que podemos encontrar los restos de los caídos en la batalla (canadienses y polacos). De él puedo decir que me aportó mucho en estos meses, sobre todo confianza en mí misma pero además confianza en la gente que me rodeaba. En general, los habitantes eran personas mayores y algunos jóvenes, de los cuales, la mayoría agradables. Fue aquí, donde descubrí la primera pizza italiana (siempre me pedía la pizza margarita), mi pequeña familia erasmus, y donde me conocí a mí al completo. Demasiado tiempo, me sirvió como pura experiencia. Allí solo dependes de ti misma para cualquier decisión, y eso es lo que más me ha formado de todo… el tener que resolver cualquier situación que se me presentase teniendo a los míos tan lejos, el sentir que tienes responsabilidades y el aceptar y comprender las diferencias entre un país y otro.

Respecto a la universidad a la que yo iba, es bastante grande, aunque considero que poco cuidada. De los profesores que he tenido la suerte de conocer, no tengo queja de ninguno de ellos, a pesar de que en algunas ocasiones fueron un poco irresponsables a la hora de responderme a dudas. Las clases eran de dos horas y en italiano (como es lógico), eso es algo, que los primeros días hizo que me agobiase un poco… ya que, no entendía prácticamente nada y empezaba a preocuparme por mis calificaciones. No obstante, a la hora de realizar los exámenes, todos fueron orales y en excepción de una asignatura, todas las demás fueron en italiano, aunque he de destacar, que la empatía de los profesores a la hora de calificar y a la hora de intentar entenderme ha sido alta. En cuanto al idioma, al principio, me costaba mucho entender a los italianos, ya que, aunque muchas de sus palabras son similares a las nuestras, suelen hablar bastante rápido, entonces por este motivo, me dificultaba entenderlos. No obstante, supe defenderme en todo momento, y tengo que decir que es un idioma que merece la pena aprenderlo, porque además de ser bonito, con un poco de esfuerzo, acabas hablándolo. En general, estoy muy contenta con los resultados obtenidos, puesto que tengo una nota media de 9.2, y eso para todo estudiante, es muy gratificante.

Para finalizar, sacando una conclusión final de mi experiencia Erasmus, tengo que afirmaros de que sí, hasta el momento, ha sido la experiencia que más me ha marcado en la vida, la que más me ha enseñado, y la que me ha hecho mejor persona. Si antes valoraba las cosas, después del erasmus, he de decir, que las valoro el doble. Que he descubierto en mí, sensaciones que jamás había sentido, que he reído y he llorado al mismo tiempo, he conocido a personas que han marcado un antes y un después en mi vida, pero por encima de todo, he aprendido… He aprendido de la vida, de las diferentes culturas, lugares y personas y todo esto gracias a esa pequeña decisión que al principio nos asusta, pero que una vez superada, solo tienes que sentirte afortunada.


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Comentarios (1 comentarios)

  • Leonardo Murcia hace 2 meses

    Bonita experiencia!, ahora que tienes mas tablas, espero que vengan muchas mas y le des la vuelta al mundo... a ver si nos encontramos por el camino ;-)

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