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Coímbra: pequeña joya portuguesa

Hola, soy Magdalena, una estudiante italiana de Erasmus que está a punto de terminar esta fantástica aventura en Portugal.

El Erasmus es emoción, te llega al alma: te hace bailar de felicidad bajo la lluvia como Gene Kelly; te resguarda en una burbuja, tu pequeño mundo, pero como todo, cuando llega a su fin, la desesperación se apodera de ti. Es un conjunto de sentimientos tan fuerte que te acompañará durante años; tan intenso que harás amigos que durarán toda la vida... personas que no siguen las normas de la sociedad, que te hacen ver el mundo con otros ojos, que te hacen apreciar realmente la diversidad y amar mucho más tus raíces. La experiencia te enseña que no hay un mañana, sino un hoy. Y de acuerdo a la mía propia, os haré ver con mis ojos la ciudad donde he pasado el Erasmus durante todo un año: Coímbra.

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La verdad es que no fue amor a primera vista. Me pareció un pequeño pueblo más de campo, perdido entre las montañas de Portugal, y muy mal comunicado; aunque llegué a Oporto a las 18:00, pisé Coímbra a las 22:00... Sin embargo, ahora creo haberme adaptado al extraño sentido del tiempo portugués, tan tranquilo y relajado que ya me hace sentir morriña, saudade. ¡De hecho, no hay una mejor palabra que describa Portugal! Por muchas traducciones que pueda tener en otras lenguas, quien no ha estado nunca en el país portugués, seguramente no sepa qué significa de verdad esta palabra.

Pero volvamos al tema que nos ocupa: Coímbra. La ciudad de estudiantes por excelencia, no te causa un gran impacto a primera vista, sino que hay que te va sorprendiendo poco a poco. Aunque al principio parezca una ciudad sin carisma, al final te acaba atrapando. Es una ciudad estupenda en paisajes y cultura. Sin duda su potencial se encuentra en su universidad, un antiguo palacio real rehabilitado, al igual que la Universidad de Lisboa. ¡La Universidad de Coímbra está considerada una de las más bonitas del mundo! En marcha desde hace 725 años, pasó a ser Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 2013. Además de tener un valor arquitectónico incalculable, la universidad representa el motor de la ciudad: al menos el 70 % de sus ciudadanos viven de ella. Por tanto, ¡los estudiantes son muy bien recibidos en la ciudad!

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Lo primero que te llama la atención cuando entras en la universidad son las túnicas negras que llevan los estudiantes. Al verlos, por un momento se te pasa por la cabeza si sigues en el siglo XXI... ¡Te preguntas si has viajado en el tiempo! Indudablemente, el vestuario académico es muy chulo, totalmente negro. Representa la tradición universitaria de la ciudad, y para los estudiantes es un honor llevarlo; los novatos de primer año deben pasar por unas novatadas para convertirse oficialmente en estudiantes de la Universidad de Coímbra. Es costumbre que en el interior de las túnicas se cosan el escudo de su instituto o de la universidad de origen.

Pero lo que más me ha llamado la atención es el clima universitario: en clase, todos te echan una mano, incluso te hablan en inglés si es necesario para que os podáis entender; es algo que no me gustaba mucho, yo quería aprender portugués. Las clases se impartían en aulas con pocos alumnos, sobre todo en último curso. Italia es otro cantar. Llevaré siempre en mi corazón la pasión de los estudiantes portugueses: ¡nunca había visto estudiantes tan implicados y tan pasionales! Su entusiasmo es tan intenso que se te contagia fácilmente, incentivándote a estudiar y aprender. Los estudiantes Erasmus pasan a ser rápidamente parte de la tradición académica de la ciudad y participan en sus fiestas. Cómo olvidar la fiesta de las Latasdi, al inicio del semestre: ¡inolvidable ver a los novatos con latas atadas a las piernas con el único objetivo de dar una vuelta por la ciudad haciendo ruido!

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Tampoco olvidaré la ropa que me llevaban algunos... Parecía que se habían escapado de Alicia en el país de las maravillas; chicas disfrazadas de flor y chicos de bebé. No es raro cruzarte con grupos de estudiantes cantándose un fado. De hecho, la ciudad de Coímbra tiene su propia escuela de fado, como Lisboa, fruto de las asociaciones de estudiantes, famosas por sus debates políticos y su férrea oposición a la dictadura portuguesa. ¡Se puede decir que los estudiantes son quienes hicieron historia!

Yo he estudiado en el campus nuevo, dedicado a las facultades de ciencias, al sur de la ciudad. No tuve la suerte de quedarme en el antiguo campus, donde está Derecho; es precioso. Pero bueno, mi campus está bien organizado, y saber que fue diseñado por Fernando Távora y Aires Mateus, como futura arquitectura que soy, era un aliciente para tener ganas de pasar tiempo entre sus muros. ¡Pero Coímbra no es solo su universidad! Hay que perderse por cada uno de sus rincones para llegar comprender el valor histórico de la ciudad: además de sus iglesias y sus museos, cada día descubres algo diferente.

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La cocina portuguesa está buenísima. ¡Resulta que hay otro país que no es Italia donde saben hacer café! Y no puedo pasar por alto las famosas cantinas, donde los estudiantes comen a precio de ganga: ¡por 2, 40 € tienes un menú de un plato acompañado de una fruta y un dulce! Está todo tan bien organizado que enseguida entiendes por qué la vida estudiantil está tan ligada a la ciudad. Uno de los mejores sitios donde he comido es Athenas, donde supuestamente hacen la mejor francesinha de Coímbra. No sé si será verdad lo que dicen, pero ¡os aseguro que estaba riquísima! Si queréis ir a otros lugares más glamurosos pero económicos, hay muchísimos locales que se adaptan a vuestro bolsillo. Tras los platos principales, no puede faltar un dulce o un chupito. Probad la Ginja, se sirve junto con una bola de helado de chocolate. ¡Su delicioso sabor hará que se os cierren los ojos!

¿Alguien ha dicho vida nocturna? Bueno, qué puedo decir... ¡en Coímbra descubrí que las fiestas se pueden alargar hasta las 09:00! Que sí, que aquí los estudiantes son muy aplicados, pero cuando dicen de hacer una fiesta, hacen una fiesta. Los estudiantes se suelen reunir en dos bares de la zona de la catedral vieja: en el Cabido y el Bigorna, ¡donde sirven cócteles rebajados e incluso personalizados según la facultad! Otro lugar de encuentro para los ciudadanos es la Plaza de la República.

Coímbra no dejará de sorprenderos, es una ciudad rica en tradiciones, historia y cultura que sonríe a la vida a través de los ojos entusiastas de la gente. Si os han entrado ganas de visitar la ciudad, no lo dudéis. En primavera, hacen la Queima das fitas, la fiesta de despedida de los estudiantes: 8 días de celebración, uno por cada facultad. ¡Es una de las más largas de toda Europa!

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Coímbra es una ciudad única repleta de tradiciones que os transportará en el tiempo, pero, sobre todo, avivará vuestro amor por Portugal; os gustarán tanto sus virtudes como sus defectos y descubriréis la importancia de su historia, a menudo despreciada.

Espero que mi experiencia Erasmus os haya hecho ver mi amada Coímbra desde otra perspectiva... o por lo menos, ¡que queráis visitarla!


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