Experiencias curiosas

Publicado por Maria Cabrera — hace 10 años

Blog: Hachetetepe (Maria es)
Etiquetas: Blog Erasmus Turín, Turín, Italia

Yo no sé si habéis tenido algún viaje de esos que dices: he tenido mil imprevistos y situaciones surrealistas, pero me lo he pasado de lujo!

Eso me pasó a mí en San Francisco. Fui con una amiga y las cosas fueron mal desde el principio. Cogimos un vuelo Granada-Madrid que salió con retraso, así que imaginadnos a las dos corriendo por los pasillos interminables de la T4 hacia la puerta de embarque, nos dejaron pasar de milagro. En el vuelo Madrid-Chicago tuvimos de todo, desde turbulencias hasta auriculares que no funcionaban. Al llegar nos hicieron esperar una hora y media en cola para pasar el control de pasaportes... teniendo que coger un vuelo a San Francisco a las dos horas!

Al salir me dio por preguntar cómo se iba a la otra terminal, y me dijo la chica de información: pero ¿has cogido tu maleta? Y yo: no, si va directa a destino, no hace escala (como suele ser cuando haces varios vuelos). Y ella: no, no, que si aterrizas en EEUU tienes que reconocer tu maleta, llevarla a la sala de al lado y soltarla en la cinta transportadora.

Me pregunta: - De dónde vienes, Madrid? - Si. - Ahí están!

Y miro y me encuentro así como 500 maletas tiradas en el suelo, procedentes de varios vuelos. Mi cara en ese momento tuvo que ser un poema. Gracias a dios mi maleta es verde pistacho de estas casi casi fluorescentes (no sé en qué estaba pensando cuando me la compré) así que la localicé rápidamente. Lo gracioso fue buscar la de mi amiga, que era roja;vulgaris;. Llegamos al vuelo a San Francisco por los pelos.

Al llegar alli cogimos un tren desde el aeropuerto. Para saber dónde debíamos bajarnos al escuchar cada parada, nos aprendimos el nombre de nuestra estación. Y por si acaso, los nombres de las tres estaciones anteriores, para estar pendientes.

Ahora viene una historia que no tiene explicación: después de una hora de tren pensé que era muy raro no haber llegado ya. Miré el mapa de estaciones y ¡tachán! nos habíamos pasado así como 15 paradas. Estábamos en una estación en mitad del campo, sin apenas luz, a las doce de la noche, vacía, sin policías ni taxis, las dos solas con las maletas. Os juro que no nos habíamos dormimos, estabamos todo el rato pendientes! Mi teoría es que hubo un salto espacio-temporal. Por 1 minuto llegamos a tiempo de coger el ÚLTIMO tren que pasaba en el sentido contrario.

Al llegar a la estación del centro, más perdidas que nada, de noche y sin un alma en la calle, se nos acerca de la nada un negro que parecía sacado de la NBA, que medía 2x2 metros y con pintas que mejor no referir. La guarr... de mi amiga no se le ocurre otra cosa que esconderse tras de mi. Y al final resultó que el chaval sólo quería ofrecernos su ayuda por si estabamos desorientadas.

30 horas después de haber salido de mi casa en Granada, llegamos al albergue. Y para terminar de arreglarlo, las voces de mi madre cuando la llamé al llegar fueron tan épicas que el móvil casi toma vida propia.


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