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No juzgues un libro por su portada.

Pues sí. Siempre nos dicen que en el mar la vida es más sabrosa. Pero yo vivo en un país caribeño, y toda nuestra costa norte es prácticamente la piscina del Caribe. Esta podría ser la razón por la cual nunca me han emocionado demasiado las playas, ni las islas –ajá, ni siquiera los paraísos tropicales que tengo muy cerquita- El Diciembre pasado me pasaba el tiempo soñando –y no planeando, ese es el problema- con muchos viajes y aventuras, y nunca me imaginé que la primera de ellas sería en una islita que está solo a 45 minutos en avión al noreste de mi país, tan cerca que casi te puedes ir nadando –de hecho, se puede tomar un bote desde Cumaná y llegar en unas cuantas horas- Ya saben, si quieren hacer el tour sudamericano, Venezuela es un buen punto de partida para aprovechar y conocer un par de islas caribeñas; pero, por favor, escríbanme antes para que pueda hacerles un seminario obligatorio de cosas que saber antes de ir a Venezuela.

La cuestión es que no estaba muy emocionada por ir a Trinidad y Tobago. Juzgamos las ciudades igual que juzgamos a las personas: esa ciudad parece muy caliente y no creo que me guste, la otra es muy fría, aquella es muy pequeña, no me gusta como suena el alemán… oh, no vamos a Londres? No vamos a NY? Mejor ahorremos y vayamos a Madrid… o quedémonos en casa! Pero las ciudades, igual que las personas, nos pueden sorprender. Esto me pasó a mi, debo admitirlo, con Puerto España, la capital de T&T.

Estuve allí cuatro días. De los dos primeros no puedo decir mucho porque no vimos mucho de la ciudad: estábamos en un competencia de geofísica –quedamos de segundos- y la Asociación Americana de Petróleo pagaba todo durante los días de concurso. Y ya saben como es eso de quedarse en hoteles cinco estrellas… con toda la atención y comida, no te dan ni un poquito de ganas de salir a la ciudad. Tal vez por eso los hostales son tan feos e incómodos: alguien se dio cuenta de que mientras más bonito el alojamiento, menos tiempo pasas fuera… los hostales tienen esa bendición, apenas entras, quieres salir corriendo y pasar todo el tiempo posible fuera, caminando y conociendo.

Sin embargo, los otros dos días estuvimos solos y ya empezamos a pagar nosotros, así que descubrimos un par de cosas útiles acerca de esta antigua colonia británica. Por cierto, los trinitarios son gente bien interesante. Además de que le llaman a su propio inglés “broken english”, es como si se sintieran orgullosos de que no se les entiende nada, porque supuestamente, es como el inglés de Reino Unido. Además, un par de tontos –lo siento, pero es que ni siquiera puedo decir “un par de trinitarios” porque no creo que todos sean así- bueno, un par de tontos nos dijeron que ellos no eran caribeños, sino que eran ingleses… dijeron que eran ingleses… dijeron que eran ingleses… ingleses… ingles… no creo que vaya a poder superar eso nunca.

Lo primero que note es que el Sistema de transporte es incluso peor que el de Venezuela. Allí los buses son unas vans pequeñitas, con 8 o 10 asientos. Tienes que saltar en ellas como en 15 segundos que se detienen en el medio de la autopista. Hay muchísimas, y se paran todas al mismo tiempo, así que conseguir transporte no es tan difícil, dejando a un lado el peligro de que te atropellen. El ticket… bueno, el precio –porque en realidad lo que haces es pagarle en efectivo al chofer- son 10 dolares trinitarios, que son más o menos 1,5$ americanos. Sin embargo, si estás en un grupo, tal vez sea mejor que consideres usar un taxi. Nosotros, los estudiantes y gente joven, somos generalmente pobres y preferimos buses o incluso caminar, pero en TT los taxis no son muy caros (casi nunca más de $10 dentro de la ciudad y 20 o 30 dólares hacia el aeropuerto) y, si puedes compartir el costo, vale mucho la pena.

Acerca del turismo, lo que se hace en TT es principalmente ir a playas. No hay mucho que ver alrededor de la ciudad. En Puerto España (en Trinidad) hay algunas playas geniales. No voy a gastar tiempo y espacio haciéndoles una lista de playas a las que ir porque ya hay muchas de ellas, con distancias y todo. Puedo decirles que los Mall son bastantes pequeños y no vale mucho la pena ir. Las mejores playas están en Tobago, y puedes ir allí en avión por $40 (ida y vuelta, con Caribbean Airlines) o también puedes tomar el Ferry que dura unas tres horas en llegar, y supuestamente es una experiencia terrible (yo, personalmente, lo habría preferido, pero mis amigos ricos decían que no teníamos tiempo para gastar tres horas en ida y tres horas en vuelta, y probablemente tenían razón. Pero, ¿qué tan grave puede ser ese Ferry?) En Tobago, fuimos a Pigeon Point e hcimos un tour en un bote con música y eso… fue un paseo agradable. En esos dos días que estuvimos por nuestra cuenta, nos quedamos en el Forty Winks Inn, que es pequeñita y muy, muy cuchi, además, el desayuno es buenísimo y casi todos hablan español (si quieres descansar un poco del broken english) ¡sorprendente, están a 40 minutos de Venezuela y están rodeados de países hispanohablantes y nadie habla español allí! Esta posada está muy bien ubicada, cerca de las pocas cosas turísticas que se pueden caminar en Trinidad. Hay un parque gigante e iglesias y edificios lindos cerca.

Para terminar ya. Disfruté bastante el viaje. Recordé que la magia de viajar no depende tanto del sitio al que vas sino con quién y lo que haces allí. La aventura y el descubrimiento depende de nosotros. Además, siempre es maravilloso que te paguen todo por todos días, incluido el pasaje desde y hacia Venezuela.

Aunque… tuvimos un regreso super aventurero. Estuvimos toda una noche en el aeropuerto de Aruba porque los aviones de la aerolínea no tenían permiso para despegar. Y no sólo nosotros, sino que habían vuelos que tenían más de una semana suspendidos. Es una historia bien rara, donde está involucrada la policía, sillas y mesas rotas, llanto y sangre… y nosotros aprovechando la comida gratis.

En resumen, todos piensan que el Caribe es el lugar para estar en un resort, gastar dinero y disfrutar de las playas paradisíacas, pero siempre se puede sólo disfrutar del Caribe, sin todo lo demás. 


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