Suiza Bohemia, el paraíso desconocido en República Checa

¡Hola a todo el mundo! Hoy os quiero hablar de un paraíso situado en República Checa, al noroeste, justo donde se encuentra la frontera con Alemania. Se trata de un parque nacional conocido por el nombre de Suiza Bohemia, por donde pasa el río Elba. A mis amigas y a mí nos encanta la naturaleza, el senderismo y los paisajes pintorescos así que planeamos un viaje para visitar esta región.

Cómo llegar

Salimos de Bratislava, con coche alquilado, a las 7:30 y tardamos unas seis horas en llegar, porque pillamos atasco. Si no, se tarda menos. Aparcamos en un pueblo que se llama Hrensko, que está situado justo donde empieza el parque. Justo aquí ya se pueden ver los trazos más característicos de este paisaje: ciudades de rocas altísimas y el color verde del bosque. Debéis dejar vuestro coche aquí e iniciar vuestra a ruta a pie, es la única forma de llegar y de conocer Suiza Bohemia. Nosotras dejamos el coche en un parking y tuvimos que pagar 5€, es decir, 120 coronas. Una mujer apareció con un datáfono para cobrarnos. Fue un momento anecdótico porque no hablaba inglés (y nosotras no hablamos checo) así que tuvimos que chapurrear un poco de alemán.

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Finalmente iniciamos la caminata. Es ahora cuando os tengo que enumerar todo lo que debéis hacer si queréis disfrutar al máximo de este lugar:

1. Río Kamenice

Se trata de un paseo en barco por el río Kamenice, más concretamente por las gargantas de Edmund. Se tarda unos 20 minutos en llegar hasta donde están las pequeñas barcas, atravesando el monte. El trayecto nos costó 3’50€ y dura 20 minutos aproximadamente. Algo que nos sorprendió es que los perros están permitidos en estas embarcaciones y también tienen que pagar su billete por 1’50€.

Durante el trayecto, un hombre hace que la barca se mueva moviéndolo con un palo muy largo, lo lleva hasta el fondo del río y lo arrastra para que la barca se mueva. Este hombre es un guía turístico que cuenta curiosidades sobre estas gargantas, que están rodeadas de las rocas tan características de este parque y otras muchas sorpresas. A pesar de que el guía hablaba en checo y en alemán, pudimos entender que iba describiendo las diferentes formas que tenían las rocas, que medían hasta 15 metros de alto. Moby Dick, un elefante, un delfín, un papagayo, un tiranosaurio rex y hasta la casa Gaudí pudimos ver por ese desfiladero. Además de estas formas que tenían las rocas, a lo largo del río se pueden ver diferentes figuras de madera como una virgen, un dragón y un hombre fumando pipa aguantando con las manos uno de sus zapatos.

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Cuando te das cuenta de todas las sorpresas que tiene el río, de repente, en total tranquilidad, un chorro aparece desde el punto más alto y cae muy cerca de ti. Es el momento más divertido del viaje. El guía acciona una especie de palanca a través de una cuerda y ¡zas! Un chorro aparece como si fuese una cascada. Llegando ya al final del trayecto, el hombre se encarga de zarandear el barco, creando oleaje. Realmente el barco se mueve mucho y al ser tan pequeño y no muy estable, parece que te vas a caer al agua. Es un paseo muy especial y bastante íntimo, pues en la barca, de color verde claro, solo caben unas 20 personas. El billete se compra allí directamente, no hace falta reservar, pero ojo, porque el último sale a las 17:30 así que más vale no retrasarte.

2. Pravĉicka brána

Después del paseo en barca por las gargantas de Edmund, puedes tomar varios senderos. Uno de ellos te lleva a otra garganta, “Wild Gorge” donde puedes coger otra pequeña barca y dar otro tranquilo paseo, pero nosotras decidimos ir a la principal atracción de este parque que es Pravĉicka brána. Se trata del arco de piedra más grande de Europa. Y que por cierto, en este arco se rodó una escena de la película Las Crónicas de Narnia.

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Antes de llegar, caminamos una hora y media a un ritmo muy alto y nos encontramos un pueblo con pequeñas casitas, restaurantes y un parque para niños donde había este curioso tótem. El paseo por el bosque tuvo tramos empinados, en zigzag, pero la mayoría del tiempo el terreno era llano y fácil. Ya en el último tramo, parecía que estuviésemos en el mismísimo Bosque Prohibido de Harry Potter. Había muchísima bruma, pero lo hacía todavía más encantador.

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Finalmente llegamos al arco de piedra, y el ticket cuesta 1€ por persona, si eres estudiante. Nosotras éramos cuatro y solo quedaban tres tickets, así que pagamos 3€ solamente. Es un precio simbólico para el mantenimiento del parque así que es justo. Al lado de Pravĉicka brána, se encuentra un hotel-restaurante de color rojo y verde, donde tiene que ser increíble pasar una noche y despertarse ante esta maravilla de la naturaleza por la mañana. Lo mejor de este lugar no es solo el arco de piedra, sino todo el entorno en sí. Existen varios “balcones” desde donde se ven estas ciudades de piedra que están muy altas respecto al nivel del mar y la panorámica es sencillamente increíble.

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Además, nosotras fuimos a principios de septiembre y las hojas de los árboles comenzaban a cambiar su color a naranja, lo que le daba un toque cálido al paisaje. Sin duda, un lugar que no os podéis perder. Paloma, Pilar, Ángel y yo estuvimos prácticamente solos y a pesar de que había un poco de niebla a lo lejos, esto hacía que tuviese más encanto. Con sol o con el cielo encapotado, con chubascos a veces, este lugar es increíble en ambas versiones.

3. Hrensko y río Elba

Hicimos el camino de vuelta y volvimos al coche que lo habíamos dejado en Hrensko, un pueblito bastante singular, con restaurantes que tienen molinos de agua, hoteles que conservan la estética de todo el parque natural, adornados con figuras de jardín y siempre pintados con los mismos colores. Los hoteles están casi incrustados en estas rocas enormes. Y por cierto, aquí también podéis encontrar algunas tiendas con equipación completa para hacer senderismo. Justo enfrente de Hrensko, el río Elba. Justamente en esta zona el río Elba es el que separa República Checa de Alemania, funciona como frontera. En un lado del río se encuentra un país y en el otro lado, pues el otro. Ya casi anocheciendo, fuimos al pueblo donde nos hospedábamos.

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4. Deĉin.

Es un pueblo pequeño, muy bonito y muy cuidado, con casas de diferentes colores y con un castillo en una colina, presidiendo la ciudad. Continuamente se tienen vistas al río Elba, lo que lo hace todavía más especial. Si tenéis tiempo, el pueblo de Deĉin también tiene una amplia pared donde se puede escalar. Dormir aquí fue la mejor decisión que pudimos tomar porque solamente está a 20 minutos de Hrensko y si tienes coche no hay problema. Dormir aquí es mucho más barato que en Hrensko porque está más alejado, pero compensa. Dormimos en un hostal que nos costó 10€ la noche, con cocina y baño compartido, pero estuvimos prácticamente solas así que todo era para nosotras. Llevamos nuestra propia cena y nuestro propio desayuno, pero si queréis podéis pagar 2’80€ y tomar el desayuno que ofrece el hostal, aunque en nuestra opinión, no tenía muy buena pinta. El hostal se llama Hotel Deĉin. Un lugar tranquilo y ubicación estratégica para pasar la noche, dormir y madrugar porque nuestra ruta debía continuar.

5. Ir hasta Alemania.

Como os he dicho, para ir hasta Alemania solamente tenéis que cruzar el río. Nosotros aprovechamos la ocasión para visitar la naturaleza que había en esta parte del país. Más concretamente, Bastei, en la localidad de Lohmen. En nuestro caso, visitamos esto porque estaba cerca y nos parecía increíble, pero desde aquí os invito a que investiguéis por vuestra cuenta el mapa, sobre todo si tenéis más tiempo.

6. Bastei.

Nos levantamos a las siete de la mañana, ya era de día y hacía un poco de fresco. Tardamos 50 minutos en coche en llegar a Bastei. Aparcar no fue complicado porque hay bastantes aparcamientos, pero tenéis que pedir el ticket en la oficina de turismo y dejarlo en vuestro salpicadero, y cuesta 4’50. Es un permiso especial para poder aparcar en esta zona. Nosotras dejamos el coche en el pueblo, bastante lejos de Bastei, pero si queréis, podéis aparcarlo en otro parking que está mucho más cerca de la atracción turística, pero debéis pagar dinero extra.

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De inglés no andan muy bien en la oficina, así que tendréis que echar mano del lenguaje de signos. Estando abajo, hay dos opciones para llegar al famoso puente situado en una ciudad de rocas. La primera ruta dura 40 minutos y es la ruta corta pero intensa, pues hay que subir 850 escalones y se hace duro. La segunda es más larga y rodea toda la montaña. Dura dos horas y media pero la dificultad es menor. Nosotras queríamos aprovechar el día así que escogimos la corta.

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Ya allí, debéis saber que la entrada al puente es gratis, pero lo que es de pago es la exposición al área donde estaba construido antiguamente un castillo. Nos costó 1€ porque no toda la zona estaba abierta al público, así que normalmente cuesta 2’50€ cuando se puede ver al completo. No sé deciros si merece la pena pagar, pues lo más interesante se ve gratis. En la exposición pueden intuirse los antiguos pasillos del castillo, los lugares donde estaban las torres, las catapultas y la cisterna donde almacenaban el agua. También hay una exposición arqueológica, pero realmente lo mejor de este lugar es el puente que cruza la ciudad de piedra y las vistas de esta. Aquí os dejo algunas fotos para que juzguéis vosotros/as mismos/as.

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De nuevo teníamos niebla, pero seguía teniendo su encanto. Este lugar recordaba a Rivendell o incluso a Avatar. Esas rocas increíblemente altas hacen que te sientas pequeña. Nunca habíamos visto algo así, un paisaje como ese que transmite tanta inmensidad, paz y silencio. Las rocas tenían diferentes formas: de locomotora, cordero o manos de cuatro dedos. Una de las más famosas es la que tienen un monje en la cima, en forma de escultura. No penséis que todo esto lo hemos sacado de nuestra imaginación, sino que estaba todo explicado. Allí también existen varios puntos con miradores al río Elba cuya corriente es muy lenta, hasta parece que está quieto. También se pueden contemplar los pueblitos de alrededor.

7. Ir hasta Dresden.

Después de pasar aquí toda la mañana, cogimos el coche y nos fuimos hasta Dresden y en 50 minutos nos plantamos en el centro de la ciudad. A Dresden le dedicaré otro post en solitario ya que es una ciudad que da para mucho. Si tenéis tiempo, os aconsejaría incluso ir hasta Leipzig, que no queda muy lejos tampoco.

Apartado de consejos:

  • Madrugar. Ir pronto a estos lugares es lo mejor que podéis hacer. Evitáis grandes masas de turistas y disfrutáis al máximo de la naturaleza. El ambiente que había en Bastei era muy familiar. Había locales haciendo running o paseando a su perro.
  • Llevad tupper porque los restaurantes no es que sean especialmente baratos.
  • Calzado cómodo y chubasquero.
  • También abrigo pues por la noche pega el frío, si vais en esta época del año.
  • ¡Agua! Caminarás tanto que necesitarás hidratarte sí o sí.
  • Si tienes vértigo, algunos de estos lugares serán perfectos para superar tus miedos.
  • En cuanto al cambio de moneda, nosotros cambiamos euros por coronas en la frontera de Eslovaquia con República Checa en una gasolinera. No nos cobraron comisión así que bien. Si vas solamente a visitar este Parque Natural, no necesitas cambiar demasiado dinero. Hay en lugares que puedes pagar en euros a pesar de estar en República Checa. La desventaja de esto es que siempre redondean por lo alto.
  • Para circular por República Checa, necesitáis una viñeta, que cuesta 13, 50€ y se adquiere en las gasolineras.
  • En cuanto al peaje en Alemania, no tenemos ni idea de cómo funciona. No había ni viñeta ni puestos de peaje. Fuimos y volvimos a Dresden y no vimos absolutamente ningún aviso de nada. Creemos que están gestionándolo porque quieren implantar la viñeta en Alemania también, aunque no estamos seguros. Buscamos en Internet y tampoco encontramos información útil. Si sabéis cómo funciona, lo podéis dejar en los comentarios para nuestros futuros viajes.
  • Si tenéis tiempo, podéis visitar ciudades en Chequia como Praga o Brno, aunque para eso ya necesitáis hacer un viaje de por lo menos una semana.

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¡Y esto es todo lo que quería contaros! Sin duda fue uno de los paisajes más increíbles que he visto. Suiza Bohemia, nombre que le pusieron los artistas románticos, y Bastei, en Alemania, son lugares que hay que visitar una vez en la vida, yo creo. En todo momento parece que hay una referencia a El Señor de los Anillos, Harry Potter o Avatar, ya sea por la naturaleza, los pasadizos entre las rocas o la atmósfera que se respira. Espero que os hayan gustado las fotos y que os haya inspirado a viajar. Nos vemos pronto y gracias por leerme.


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Comentarios (6 comentarios)

  • josefa parejo rejas hace 2 años

    Juventud divino tesoro..un viaje inolvidable para todas.. mucha suerte a Claudia..me da mucha envidia,pero sana eh.

  • Fátima chamadoira hace 2 años

    Hay que ver las maravillas que esconde este mundo... Precioso.

  • Claudia Costas hace 2 años

    Muchas gracias. Hay que decir que las fotos no hacen justicia a este lugar.

  • Aurora Cerviño Otero hace 2 años

    maravilloso lo que describes claudia

  • Claudia Costas hace 2 años

    Muchas gracias, Aurora

  • Kamylla Salles hace 1 año

    Que lindo! Estoy en Praga y quiero hacer este viaje! Pero las agencias cobran mínimo 130$

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