Una semana en París con mis padres

Cuando eres un estudiante Erasmus y tus padres pueden permitirse el visitarte, ten por seguro que lo harán. Siempre está bien tener una excusa para irse de vacaciones... ¿y qué hay mejor que decir: "nuestra hija estudia en París, voy a ir a visitarla"? ¡Nada! Así que súbete al tren o el bus para visitar a tus hijos. Estarán felices de enseñarte "su" ciudad y su vida. Al menos así pasó conmigo y mis padres.

Mi padre nunca había estado en París antes y mi madre tenía 18 años cuando fue, por lo que también tenía curiosidad por saber cuánto había cambiado la ciudad. No hay una distancia muy larga desde Múnich y es fácil llegar en tren, así que no había excusa posible cuando vinieron a visitarme en noviembre. Mis padres solo pueden irse de vacaciones durante el periodo de fiestas de Alemania, que no corresponde con el de Francia, así que tristemente, tenía clases en esas fechas. Pero no eran demasiadas ni muy importantes, así que me las salté para estar más tiempo con mis padres. Llegaron un maravilloso y soleado domingo, y los esperé en la estación de tren. Había hecho sol toda la semana y ese día había casi a 20 grados. En noviembre, ¡imagina! Cogimos un taxi hasta su hotel, que habían reservado y estaba situado junto a mi apartamento. Estaba solo 5 minutos a pie. Lo primero era lo primero: querían ver mi apartamento, obviamente, y ver cómo vivía. Se quedaron bastante satisfechos, pero solo regresaron una vez más, quizás porque vivía en un sexto piso sin ascensor.

En esa época, ya me movía con facilidad por París y quería enseñarles todo y contarles lo que sabía, que la verdad, era bastante. Como el tiempo era bueno, queríamos sacarle provecho y dado que el primer domingo del mes algunas atracciones turísticas son gratis, subimos al Arco del Triunfo (era la cuarta vez para mí y lo haría una y otra vez) para ver París desde arriba. Las vistas no eran tan buenas como esperábamos, ya que el sol deslumbraba demasiado y no podíamos ver nada. Continuamos bajando por los Campos Elíseos hasta el Jardín de las Tullerías, donde fuimos a ver los cuadros de Monet en la Orangerie, que también era gratis aquel día junto con otra exposición. Me encantaron los cuadros de Monet, eran realmente impresionantes y no me había dado cuenta antes de lo enormes que eran.

Después probamos los crêpes y la sidra de experiencia obligatoria en una cafetería pequeña y preciosa dentro del Jardín de las Tullerías. Tras ello, fuimos a ver el Louvre, solo por fuera ya que el tiempo era demasiado bueno para entrar. Por la noche, encontramos un buen restaurante con comida deliciosa, un tartar de salmón o crème brulée, lo típico.

One week Paris with my parents

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Al día siguiente, todavía estaba libre (era una Erasmus con suerte, ya que los lunes no teníamos clase), así que fuimos a Montmartre y a la basílica del Sagrado Corazón o Sacré-Cœur, que es uno de mis lugares favoritos. La iglesia es preciosa, así como el área de la ciudad y generalmente tienes una buena vista de la ciudad, excepto por la torre Eiffel, que se encuentra al otro lado.

Una semana en París con mis padres

Durante los días siguientes, tuve que ir a clase, pero aun así me las arreglé para desayunar y cenar con mis padres cada día. Me reunía con ellos después de clase salvo por un día, en el que tuve que estudiar. Descubrimos muchas cosas que no había visto antes, dado que mi padre es más organizado que yo y había investigado todo con antelación. Por ejemplo, fuimos al cementerio en Montmartre, a la tumba de Heinrich Heine (el poeta alemán), el Palais Royal, el Place des Vosges, la terraza de las Galéries La Fayette y algunas callejuelas comerciales muy bonitas. Mi padre parecía conocerse París mejor que yo, sin haber venido nunca antes. Debe haber leído todos los libros y entradas de blog posibles sobre la ciudad. Cada vez que llegábamos a algún sitio nuevo, comentaba que tal cosa era esto y que esta calle tal y este edificio cual, y yo pensando, "sí, es verdad, pero ya lo sé porque llevo viviendo aquí dos meses". Y a veces no lo sabía, o había perdido completamente mi sentido de la orientación. Entonces me preguntaba dónde estaríamos, o preguntaba: "Ay, ¿qué edificio es ese? Es muy bonito". Y mi padre siempre lo sabía.

One week Paris with my parents

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Mis padres se preocupaban por si no estaba comiendo lo suficiente cuando ellos no estaban allí. Me preguntaban todo el rato: ¿Necesitas algo? " "¿Quieres algo? ", "¿Estás segura de que no necesitas/quieres nada? ", "Adelante, pídete el menú entero para que engordes un poco". En su último día, fuimos juntos al supermercado y me compraron un montón de cosas. Ahora tendré que averiguar cómo comérmelo todo antes de que se ponga malo. Al menos me ayudaron a subirlo las seis plantas hasta mi piso. Esto va para mis padres: ¡Gracias! Es muy considerado que os preocupéis tanto por mí, pero soy capaz de cocinarme mi propia comida, ya veréis que no me muero de hambre. Tengo que mantenerme en forma igualmente para subir todas esas escaleras.

Fue una semana bonita, pero agotadora. Caminamos muchísimo, pero como en París puedes ir a todos sitios a pie, en caso de tener suficiente tiempo, es mejor que coger el metro, pues serás capaz de ver mucho más. Quería enseñarle a mis padres todo lo que fuera posible y solo se quedaron una semana, así que teníamos un horario bastante completo. Mis padres caminaron incluso más sin mí mientras yo me "relajaba", al menos físicamente, en la universidad. Mi madre me dijo que necesitará unas vacaciones de las vacaciones de ahora. Y puedo entenderla a la perfección...

Barreras lingüísticas

Tengo que admitir que estoy muy orgullosa de mis padres y de lo bien que pueden comunicarse en francés sin haberlo aprendido nunca. Los dos se interesan mucho por otras culturas y son abiertos de mente. Durante sus vacaciones, a menudo querían saber cómo preguntar o decir algo en francés.

A mi madre le gusta pedir una Shandy y sabe cómo evitar el problema del artículo femenino y masculino. Si no sabe si es une o un panaché, pide deux, que significa dos y uno de nosotros tiene que beberse el otro. También son capaces de pedir una mesa o la cuenta. Un día me sorprendí bastante: el camarero le preguntó a mi padre algo que no pude entender porque había mucho ruido. Estaba a punto de pedirle que lo repitiese, cuando mi padre ya había contestado. Cuando el camarero se fue, mi madre y yo le preguntamos si había entendido lo que había dicho. Él nos respondió: "Seguramente ha preguntado cómo quería la carne y se lo he dicho. " ¡Estaba tan orgullosa!

Despedidas

El último día fuimos juntos a un mercado, me compraron muchísima fruta y napolitanas de chocolate y disfrutamos del fantástico tiempo. Por la tarde, los acompañé a la estación de tren. Era la hora de la despedida.

Estaba triste, porque lo habíamos pasado genial juntos y había disfrutado enseñándoles "mi" París y mi vida aquí. Espero que ellos disfrutasen también. Por otro lado, estaba contenta de poder quedarme más tiempo y tener tiempo para descubrir más cosas todavía. Había encontrado unos amigos increíbles aquí, con quienes quería pasar más tiempo. Así que, ¡gracias por la semana tan bonita y os veo pronto!


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