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Un cumpleaños de locura

Trayecto de tren embarazoso

Un cumpleaños de locura

El día siguiente me levanté pronto para ir a la estación de tren. Tenía que subirme al tren a las nueve y diecisiete de la mañana dirección Múnich, dónde mi madre y su novio me estaban esperando. Llegué muy pronto porque los autobuses de mi parada no paraban regularmente, así que me compré un café y fui al andén. Después de un poco el tren llego y gracias a un mensaje de Whatapp de mi madre supe por dónde tenía que entrar. Los encontré pronto y me senté en un asiento junto a la ventana después de haber abrazado a mi madre y de haberle dado el regalo que le había comprado el día anterior en el centro comercial. Como esperaba, le encantó el regalo aunque no fuese nada especial.

El trayecto de dos horas de tren empezó y nos pusimos a hablar sobre el fin de semana con mi pareja y sobre el examen de mi día anterior. Hablar sobre esos dos increíbles días me puso bastante triste, especialmente porque ella estaba sentada enfrente de mí con su pareja, cuando yo estaba completamente sola. Además, su pareja no me caía muy bien, porque no lo conocía muy bien y a veces se comportaba de manera extraña. A veces, como hizo en el tren ese día, se ponía a hablar con gente desconocida y les preguntaba preguntas estúpidas. La gran mayoría de personas con las que intentaba hablar hacían lo que cualquiera: simplemente miraban en otra dirección y esperaban que dejase de hablarles. Mi madre y yo siempre hacíamos lo mismo, incluso cuando no estuviera hablando con nosotras. Era muy embarazoso. Además, esperaba que nadie pensase que él era mi verdadero padre. Para mí ya era algo horrible tener que pasar tiempo con él de forma obligada. Simplemente mire por la ventana, deseando llegar pronto sin tener que escuchar más preguntas embarazosas.

Experiencia en Múnich con mamá

Finalmente llegamos a Múnich después de dos horas de viaje. Estoy segura de que no solo mi madre y yo éramos las únicas contentas de haber llegado, sino también todas las demás personas que iban con nosotros en el tren. Atravesamos la estación de tren hasta llegar al metro para llegar cerca de Stachus, al principio de la zona comercial de Múnich. Espero que al menos por el centro de la ciudad la pareja de mi madre parara de molestar a desconocidos y que pudiéramos relajarnos un poco. Como era el cumpleaños de mi madre hicimos todo lo que ella quiso, así que empezamos nuestro trayecto paseando por la calle comercial para llegar hasta Viktualienmarkt. Para mí fue un poco aburrido porque ya había estado por esta zona dos días antes, pero no pasaba nada. Hubiera preferido estar a solas con mi madre, como siempre. Simplemente no me gustaba estar cerca de su pareja. Él estaba preguntando cosas muy raras que empezaron a molestarme. Por supuesto, no podía hacer que se me notara, porque era el día de mi madre y no quería estropeárselo con mi mal humor, así que intenté parecer contenta.

Un cumpleaños de locura

Viktualienmarkt

Finalmente llegamos a Viktualienmarkt y comimos en un restaurante de pescado llamado "Nordsee". Bueno, mi madre y yo comimos ahí, porque su pareja no quería comer nada porque decía que solo había comida basura en ese restaurante. Ignoramos su extraño sentido del humor y disfrutamos de la comida, la que estaba deliciosa. Después de terminar nuestros platos nos quedamos un rato en la mesa para ver un poco a la (a veces rara) gente que pasaba por nuestro lado. A veces es gracioso hablar sobre ellos, incluso cuando la pareja de mi madre no parecía que se lo estuviese pasando muy bien. Estaba un poco enfadada con eso, porque era el cumpleaños de mi madre y no estaba muy contenta, pero no quería que se diese cuente. Ojalá pudiera comportarse bien. Decidí ignorarlo lo máximo posible para centrarme tan solo en mi madre. Otras veces, cuando hemos venido a Múnich (sin él), hablábamos mucho y no teníamos ninguna queja sobre lo que hacíamos durante el día, pero hoy su pareja no paraba de quejarse por todo.

Un cumpleaños de locura

Después de un rato continuamos nuestro viaje por el centro de la ciudad y caminamos un poco por los puestos del mercado. Solo estaba interesada en la fruta, pero hacía mucho calor para llevarme alguna pieza durante todo el día, así que me centré en visualizarlas. A mi madre le encantaban todas las cosas que vendían en el Viktualienmarkt: Olivas y queso de Turquía, frutas exóticas, especias, decoraciones, queso bávaro, etc. Ella tampoco se compró nada porque no sabíamos cuando íbamos a volver a casa y hacían temperaturas muy altas porque daba mucho el sol, así que continuamos hacia Marienplatz.

La misión de los pantalones

Nuestra siguiente parada tras Viktualienmarkt era (desafortunadamente) comprar unos pantalones para la pareja de mi madre. No me gustaba el plan porque tenía pinta de causar un gran número de situaciones embarazosas mientras veíamos ropa en una tienda de hombres, pero como ella quería hacerlo, acepté y los seguí hasta una tienda de ropa de hombre enorme que estaba en el medio de la zona peatonal. La tienda, llamada Hirmer, solo vendía ropa y accesorios para hombre en cinco o seis plantas enormes. Si no encuentras lo que buscas aquí, no lo encontraras en ningún otro lado. Entramos a la tienda y buscamos en el panel de información dónde ir. Como la pareja de mi madre necesita una talla especial de pantalones teníamos que subir las escaleras hasta el último piso. Cogimos el ascensor para subir. Mi madre, (y yo, aunque no me importara nada) le preguntamos a un dependiente si podían ayudarnos, pero la pareja de mi madre no quería ayuda. Hubiéramos tardado una eternidad si no nos hubieran ayudado, incluso cuando la zona de tallas especiales tenía un montón de modelos diferentes de pantalón. Me senté en un sillón y me puse a mirar mensajes de Whatsapp mientras ellos buscaban pantalones que le vinieran. Pensaba que íbamos a estar una eternidad.

Después de un rato (no habían encontrado ningún modelo que les gustara), una dependienta se acercó y le preguntaron si podía ayudarles. Incluso cuando la pareja de mi madre dijo que no, mi madre le dijo a la dependienta la talla y como quería los pantalones. Él estaba molesto pero yo estaba contenta porque podríamos irnos antes de lo esperado. La dependienta busco pantalones de esa talla y le trajo un montón de modelos diferentes, a los que él respondía con un "no" rotundo de forma muy agresiva. Ya estaba bastante avergonzada por su comportamiento, así que me centré más en mi teléfono móvil y esperé que terminasen de buscar pantalones pronto. Por desgracia, además que necesitaba una talla especial, era bastante exigente para elegir color, forma y sobre todo, para aceptar el precio de la ropa. Incluso cuando la dependienta se esforzó en satisfacer a su difícil cliente, los pantalones eran o muy pequeños, o muy cortos, o muy caros. Él incluso intento cambiarle la etiqueta con el precio a unos pantalones más baratos. Quería irme de la tienda en ese mismo momento. . Y eso es lo que hicimos, porque la dependienta dijo que no habían pantalones de su talla que le pudieran interesar, así que salimos de la tienda para buscar en otro sitio. Estaba segura de que la dependienta estaba muy contenta de que nos fuéramos, ya que seguro que estaba molesta de haber tenido que dar con un cliente tan difícil.

De nuevo en la zona peatonal, seguimos paseando entre las tiendas, centrándonos en la búsqueda de pantalones. Les dije que yo iba a entrar a las tiendas Urban Outfitters y Sport Scheck mientras ellos continuaban. Estaba desesperada en tener un poco de tiempo personal, y funcionó. Ellos dijeron que iban a ir a C&A y que podía juntarme con ellos allí más tarde. Estaba contenta de tener tiempo libre sin tener a alguien avergonzándome constantemente, así que me dí una vuelta por las tiendas sin tener pensado comprarme algo. Pero por supuesto, después de un rato tuve que ir a C&A a buscarlos, así que, sin gana alguna, fui y los encontré. Por supuesto, estaban en la sección de pantalones para hombre. Estaba viendo que no habían encontrado ni un solo par de pantalones, así que me senté en una silla a esperar a que terminaran. Mi madre parecía bastante molesta, así que esperaba que esta odisea terminara pronto y que pudiéramos tomarnos un café en algún lado. Afortunadamente, tenía razón, y ella dijo que si él no encontraba nada en los próximos quince minutos nos iríamos fuera a tomarnos una cerveza por ahí porque estaba cansada de buscar. A él no le sentó muy bien (era como un bebé), pero aceptó, así que salimos de la tienda un rato después (sin pantalones, por supuesto).

Segunda comida

Un cumpleaños de locura

Estaba bastante a gusto de que no íbamos a continuar viendo pantalones y mi ánimo empezó a mejorar. Nos sentamos en una cafetería al lado del Stachus y nos tomamos algo de beber. Esperaba que la pareja de mi madre comida algo, ya que no había comida nada en el Viktualienmarkt, pero tan solo se tomó una cerveza y empezó a avergonzarnos de nuevo. Empezó a hablarle muy alto a la gente que estaba a nuestro lado y ellos empezaron a mirarnos de manera muy rara. Quería desaparecer inmediatamente, pero como no era posible simplemente me puse a mirar en otra dirección. Aunque mi cuerpo no pudiera desaparecer, mi mente sí que podía. El ambiente estaba muy tenso, porque a mi madre tampoco le gustaba el comportamiento de su novio, pero no quería discutir en el día de su cumpleaños, así que intento parecer feliz. Aun así podía ver en su cara que no estaba muy contenta y que le hubiera gustado irse. Nos quedamos un rato más y finalmente mi madre, tras mirar al reloj, dijo que podíamos coger el tren de las cuatro de la tarde si nos dábamos prisa. El andén estaba a tan sólo quince minutos andando, así que podíamos llegar a tiempo. Pero, por supuesto, alguien hizo que el plan no fuese posible. No fue ni mi madre ni yo, sino su pareja. Al llegar a la entrada de la estación de tren pasamos por una panadería y él decidió entrar a comprar algo para comer por el camino porque tenía hambre. Ambas estábamos bastante molestas pero él entró igualmente sin pensar en nosotras.

Tardó bastante tiempo porque estábamos en Múnich y no era el único en la panadería, además de que tardó casi diez minutos en encontrar dinero en su cartera. Después de diez minutos seguimos nuestro camino hacia el andén, pero como él no podía ir muy rápido no pudimos llegar a tiempo, así que perdimos el tren. Mi madre y yo estábamos muy enfadadas pero no podíamos cambiar nada, así que nos sentamos en un banco y me puse a buscar en mi móvil cuando salía el siguiente tren a Ratisbona. Por suerte, solo tuvimos que esperar media hora, cuando normalmente los trenes pasan cada hora. Este incidente hizo que el ambiente de tensión pasara a un ambiente de tensión extrema, y estaba deseando que el tren llegara a Ratisbona para estar sola y dejarlos atrás. Después de un trayecto de dos horas (no voy a contar todos los detalles del trayecto), era hora de decir adiós y me quedé bastante a gusto cuando salí del tren y eché a andar a la estación de autobús. Nunca más me quejaré de ir a Múnich con mi madre nosotras dos solas después de saber que podría ser mucho peor.


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