Visitando viejos amigos

Viaje de tres días en Alemania

Después de un fin de semana increíble con mi pareja ya era hora de despedirnos de nuevo. No iba a volver a casas todavía, porque quería ir a ver a una amiga mía que vivía al lado de Colonia, en la pequeña ciudad de Moers. La conocí sobre el año 2009 en un chat online y nos hicimos muy buenas amigas. Nos mandábamos regalos de cumpleaños y de navidad, hacíamos videollamadas de vez en cuando, nos mandábamos postales de los sitios que visitábamos en vacaciones e incluso una vez intentó venir a visitarme, aunque no lo consiguió porque perdió el tren. Yo la había visitado una vez, en agosto del 2014, pero desde Ratisbona había un camino muy largo. Tardé unas nueve horas en coche.

Pero como estaba en el norte de Francia y Colonia estaba a tan solo cuatro horas había planeado ir a visitarla durante mi estancia en Amiens. Por supuesto, eso lo había pensado antes de enamorarme de mi pareja, y en realidad ahora preferiría pasar más tiempo con él en lugar de irme. Pero como tan solo eran tres días no quería cancelar el plan. Ya había aprendido hace tiempo que no era buena idea abandonar a los amigos por una pareja, incluso cuando esta no estaba muy contenta de que me fuera de viaje. Cuando la visite la última vez, ella todavía vivía con su padre y con sus hermanas y era un follón vivir allí. Eran muy ruidosas y fue un poco raro pasar allí unos días. Pero como pasamos la gran mayoría del tiempo afuera, pasamos un fin de semana muy bueno igualmente.

Primera noche de relax

Ahora ella vivía sola en un apartamento, así que tenía muchas ganas de ir a visitarla más veces. Salí con mi coche a las nueve de la mañana, esperando que no hubiera mucho trafico. Pero como era domingo por la mañana, dudaba que tuviera problemas con el tráfico. El viaje fue bastante bien y tras unas cuantas paradas y una pequeña retención, llegué a la casa de mi amiga por la tarde. Dejé mis maletas y un regalo que traje para ella en su apartamento y vi que era un sitio muy bonito. Incluso aún no teniendo mucho dinero, lo había amueblado genial y tenía una cama de lo más cómoda. Hablamos un rato sobre mi estancia en Francia, sobre mi pareja y sobre su nueva vida en su apartamento. Como la última vez que nos vimos, la situación era un poco rara porque no nos habíamos visto mucho en persona. Tan solo habíamos quedado tres veces. La primera vez la visitamos mi padre y yo cuando ella estaba viviendo en Italia, la segunda vez fue en el verano de 2014 y la tercera vez esta está última. Además no hablamos durante todo el día como hacía con mi mejor amiga, y nuestras vidas eran muy diferentes. Aún así nosotras nos lo pasábamos muy bien, ya que nos gustaban los mismos libros, las mismas películas y teníamos el mismo sentido del humor. Comimos un poco de chocolate y jugamos a videojuegos durante toda la tarde, porque el tiempo no era muy bueno y no queríamos salir por la noche.

Visita al zoo de Duisburgo

Hablamos sobre los planes para los siguientes días y después de un rato buscamos ideas en Google, y acordamos ir a visitar el zoo de Duisburgo, una ciudad cercana, al día siguiente. El segundo día iríamos a visitar un poco el centro de la ciudad de Moers, veríamos una película y quedaríamos con su pareja y con otros amigos para ir por la noche a la bolera. Después de dejar los planes zanjados comimos algo, vimos un poco la tele y nos fuimos a dormir pronto, ya que queríamos ir al zoo antes de la hora de comer. Pude dormir muy bien en esa cama, por lo que ambas nos levantamos muy tarde por la mañana. Nos levantamos a las diez y media de la mañana. Desayunamos un poco y tras una ducha ya estábamos listas para empezar nuestro viaje. Salimos para Duisburgo a las once y media de la mañana.

Después de unos problemas para llegar al aparcamiento apropiado (cruzamos media ciudad cuando el zoo estaba en la siguiente salida de la autovía), llegamos al zoo. Por suerte hacía buen tiempo, o al menos no llovía. Así que paseamos mientras veíamos todos los animales y otras cosas para ver, como un jardín chino. Era un zoo como los que había visto otras veces, pero con mi amiga nos lo pasamos muy bien. Por la mitad del parque nos paramos a descansar un poco y a comer. La razón no es por que no tuviéramos hambre, sino porque empezó a llover de repente, lo que nos sorprendió Así que nos sentamos en una choza a esperar que parara de llover, aunque no tardó mucho. Después de una hora continuamos nuestro camino hacía la otra mitad del parque y nos lo pasamos muy bien. Sobre todo cuando vimos a los suricatos. Siempre me habían gustado pero esta ver eran mucho más graciosas de los usual. Había un gato al lado de la jaula y estaban pasmados con él. Cuando el gato se movía ellas se movían a la vez lo que era muy gracioso de ver. Echamos un montón de fotos y esperamos a que el gato se hubiera ido para continuar viendo los demás animales.

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Después de un rato empezó a hacer frío y pensamos que ya habíamos visto suficientes animales y nos fuimos del zoo para comer algo. Además, teníamos que cruzar por el zoo de nuevo para salir por la salida que daba al aparcamiento dónde habíamos dejado mi coche. Había empezado a llover de nuevo así que nos dimos prisa aunque lleváramos un paraguas. No era lo suficiente para dos personas. Pasamos por McDonald´s a comer algo y acabamos en un atasco en la autovía. Era hora punta, cuando la gente salía de trabajar, así que las carreteras estaban llenas y aunque solo teníamos que pasar por una autovía por un tramo, tardamos más de media hora en salir por la salida adecuada. Como cuando volvimos era bastante tarde, vimos un poco la televisión y nos fuimos a dormir.

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De compras - aparcando en Düsseldorf

Para el día siguiente cambiamos un poco los planes que teníamos, porque como había buen tiempo decidimos ir a Düsseldorf para ir de compras a Primark. Cogimos mi coche y llegamos tras un trayecto de una hora y media. El único problema era que el centro de la ciudad estaba a reventar de coches y de luces. Además, el aparcamiento que habíamos encontrado en Internet, que no solo era barato sino que estaba en el centro, estaba cerrado por obras, así que tuvimos que buscar otro. Y por culpa de todos los coches que había, terminamos en el aparcamiento más caro del mundo, pero nos dimos cuenta cuando ya habíamos dejado el coche. Así que como no queríamos buscar otro aparcamiento dejamos el coche en este. Lo que no me gustó nada era que los aparcamientos eran el doble de grandes de los que conocía. Siempre he tenido problemas para encontrar un sitio libre y cuando lo encontraba era tan pequeño que podía romper mi espejo lateral contra una columna antes de poder meter el coche en el hueco. Decidimos darnos prisa porque el aparcamiento era muy caro, así que fuimos corriendo a Primark, que estaba a veinte minutos.

Cuando llegamos Primark estaba lleno de gente, como siempre, incluso cuando era martes por la mañana. Parecía que la gente no tenía ningún sitio a donde ir excepto este. La gran mayoría parecían estudiantes. Como no era nuestro trabajo el cerciorarnos de que ellos fueran a clase, entramos y dijimos de vernos en una hora y media en un sito especial. Primark era demasiado grande y nuestras preferencias eran demasiado diferentes para ir juntas por todos las secciones. La tienda tenía seis pisos. En realidad, no me gustaba Primark porque la calidad no era muy buena y la gran mayoría de cosas no tenían buena pinta. Pero las cosas como ropa interior o los accesorios eran baratos y no tenían porque ser de buena calidad, así que fui a esa planta a buscar algo. Después fui a la zona de ropa de deporte y parecía que había cosas de mejor calidad. Como siempre, al final había encontrado muchas cosas, pero no quería pagar mucho. Esperé a mi amiga en la entrada y vino con su bolsa de la compra diciéndome todavía no había terminado. Había mucha cola para ir a los probadores, así que lo entendía. Fui con ella, y después de una hora ella consiguió pagar. Miramos la hora y nos dimos cuenta de que tan solo nos quedaban veinte minutos para pagar el aparcamiento antes de que empezarán a cobrarnos una hora más, lo que serían unos siete u ocho euros. Así que volvimos corriendo al aparcamiento, chocándonos con gente y con bolsas de la compra por el camino. Aún así llegamos dos minutos antes del límite. Estaba contenta de haberme ahorrado un poco de dinero y esperaba que al salir del aparcamiento no le pasara nada a mi espejo retrovisor lateral. No le pasó nada, así que volvimos a Moers.

Noche de bolos

De nuevo en su apartamento descansamos un poco, ya que el viaje a hacer compras había sido bastante agotador y en unas horas nos iríamos a jugar a los bolos con la pareja de mi amiga y con unos cuantos amigos más. Después de la ducha vinieron y fuimos en mi coche, ya que los demás no tenían. Era una bolera muy bonita que tenía una oferta de pizza y dos partidas de bolos por quince euros. Pero obviamente había una persona trabajando ahí que no sabía que la oferta existía y tuvimos que discutir un poco con ella antes de enseñarle la oferta desde el móvil. Así que pedimos la pizza y algo para beber antes de empezar a jugar a los bolos. Fue una noche increíble, incluso cuando la pareja de mi amiga parecía tener un problema de competitividad. Después de comernos la pizza y de terminar las dos partidas (en las dos ganó el mal perdedor, por suerte) nos pusimos a jugar un poco al billar. Era mucho más divertido que jugar a los bolos, porque me gustaba mucho más. Aunque después de un rato empezamos a aburrimos, así que pagamos y volvimos al apartamento de mi amiga. Me despedí de los demás y entramos a la casa a dormir. Como me iba a la mañana siguiente, hice las maletas antes de irme a dormir.

De vuelta a Francia

La mañana siguiente dormimos hasta las diez de la mañana, y aunque mi amiga hubiera preferido dormir un poco más, yo quería volver a Amiens para pasar un rato con mi pareja. Así que cogí mis cosas y me despedí de mi amiga. Ella volvió a la cama y yo pase por el supermercado para comprar algo que comer y un par de cosas que no podría comprar en Francia. Pero no muchas cosas, por supuesto, porque me iba en una semana y media y no quería comprar de más para tener que llevármelas en las maletas. Incluso cuando podía meter en el coche de todo lo que quisiese prefería no meter muchas cosas, ya que no quería que se hundiese. Después de llamar a mi padre (lo que estaba incluido en mi tarifa telefónica alemana) salí hacía Francia, deseando volver a ver a mi pareja de nuevo. Ahora podría disfrutar de los últimos días con el, esperando que nuestra relación siguiese adelante después de mi semestre fuera. De momento no podía pensar en perderle.


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