Maracay, ciudad Jardín.

Hasta ahora mucho he escrito de Venezuela. De Caracas, esa ciudad tan acabada y caótica que siempre me ha enamorado con su energía, su gente y su montaña. Mucho he escrito de ella y de lo que es andar por sus calles que es en sí mismo un deporte extremo... porque en ella se resume mucho de lo hermoso y lo horrible de mi país. Porque ir a Caracas es conocer al venezolano con el que me identifico, al que conozco y entiendo. Pero hay más. Como en todos los países, aquí la región condiciona el pensamiento y la personalidad de sus habitantes, y aunque yo siempre me he sentido caraqueña to the bone, mi ciudad natal es Maracay. Tan en la costa como Caracas, con ontañas tan bellas aunque no tan cercanas como el Ávila, Maracay es el fantasma de Caracas, la idea de una ciudad que no nunca llegó a ser completamente el sueño de los que la pensaron.

Maracay, ciudad Jardín.

Maracay está a una hora y media al oeste de Caracas y durante mucho tiempo fue conocida como la "Ciudad Jardín de Venezuela". Es la capital del Estado Aragua y en algún momento llegó a ser la sede del poder político del país, en los tiempos del dictador Juan Vicente Gomez quien se trasladaba de Caracas a Maracay cada vez que podía, para encerrarse en su finca cerca de la montaña, con un clima cálido pero fresco y alejado del trajín de la capital. En esa época se construyó casi todo lo bonito que hay en la ciudad... la finca del presidente, de hecho, se convertiría más tarde en el Zoólogico y parque botánico de la ciudad, uno de los más bonitos y completos del país. Sin embargo, hoy en día el zoólogico no tiene animales y al parque botánico lo que le queda es monte. Ese Zoólogico fácilmente podría ser usado como metáfora de la gloria y la debacle de mi ciudad natal. Siempre me pregunté cómo un zoólogico podía dejar de serlo sólo por descuido gubernamental... ¿tanta falta de dinero hay que no pudieron mantener a la elefante que tenía más de dos décadas allí? Dejaron de adquirir cualquier tipo de fauna, al punto de que ahora que están casi todos muertos el lugar es un punto de referencia más que un punto de interés, a pesar de que sigue siendo una hacienda espléndida con un río mucha vegetación. Este lugar es uno de mis favoritos en Maracay, porque a pesar de que ahora no tiene animales, sigue siendo un sitio tranquilo, pacífico, cubierto con el manto de un dictador que fue conocido por mantener un orden férreo -dictatorial- en el país: es el lugar ideal para caminar y pensar un poco en nuestra historia... además de que las ruinas siempre tienen cierto encanto y misterio.

Maracay, ciudad Jardín.

Los puntos turísitcos de esta ciudad no están en ella misma sino a sus alrededores. Maracay es un espacio que está entre dos costas: el noreste, las playas de Choroní y al noroeste las de Ocumare, quendando la ciudad como el lobby de ambos paraísos tropicales. A Choroní se llega pasando el famoso Zoólogico, subiendo hacia la montaña que hay que bordear para llegar a la costa, pasando el parque Henri Pittier, el primer parque nacional del país; se atraviesan curvas famosas por su peligrosidad, en un paseo muy agradable a través del verde la montaña, lo fresco de las alturas, hasta sentir de pronto el calor del litoral y ver las aguas del Caribe, azules y cálidas, enmarcadas por la Cordillera de la Costa, que las protege de cualquier temporal. Ocumare, es parecido, menos pegado a las montañas y, por lo tanto, más caliente, con un oleaje más salvaje. Tanto Ocumare como Choroní son pueblos costeños, playeros, pequeños, que pareciera que se quedaron anclados en el pasado, con las mismas casitas coloniales y balsitas de manera pintadas de colores. Ambos sitios son increíblemente hermosos, con lo mejor de la montaña y de la costa. Allí se baila tambor, como los africanos, se come pescado frito y se bebe agua de coco. 

Maracay, ciudad Jardín.

El Henri Pittier, por su lado, es la entrada a Ocumare y es un pase obligado para todos los estudiantes mientras están en primaria. Allí toqué por primera vez una culebra y aprendí que los gusanos tienen una razón de ser, allí hice mi primer picnic a la sombra gigante de un árbol con raíces que en sí mismas eran sillas y bancos para los estudiantes. El Henri Pittier es un parque natural que atrajo muchos botánicos e investigaores europeos, y que está eternamente bajo la sombra de sus grandes árboles. He ido una sola vez, pero recuerdo claramente lo mucho que me gustó. La cosa es que, al vivir aquí, poco se aprecia lo bonito que fue todo una vez, y lo poco que aprovechamos esos tiempos en que la inseguridad no limitaba por completo tu elección de paseos.

Maracay, ciudad Jardín.

Por Maracay también se llega a la Colonia Tovar, que fue un asentamiento alemán en el estado Aragua que basó su economía en el turismo. Un turismo que prosperó gracias a la gente que se sentía atraída por el clima frío de la montaña, las fresas con crema, las salchichas alemanas, y ese acercamiento a una cultura europea tan desconocida para nosotros. A todos nos encantaba ir a la Colonia Tovar... mi parte favorita era pasear por las callecitas estrechas y visitar la iglesia vieja y el colegio chiquitito con niños que se conocían desde muchos años antes de compartir el aula de clase. Pero como somos Caribes y pasear no mantiene nuestra atención por mucho rato, los locales de la Colonia se dieron cuenta de que tenían que ofrecer más adrenalina si querían mantener sus ventas, también se dieron cuenta de que estaban en una montaña sin civilización alrededor y con mucho cielo por encima. Así, el pueblecito tranquilo que es la Colonia Tovar se convirtió en uno de los mejores sitios para hacer actividades extremas como parasailing y paragliding, senderismo, rutas de ciclsmo y demás, todo rodeado de un paisaje increíble, donde el verde las montañas y el azul del cielo te roban el aliento. La Colonia Tovar es la prueba viviente de que el Caribe atrapa, pues convirtió a una gran cantidad de inmigrantes alemanes en venezolanos de pura cepa, que serían imposibles de diferenciar del resto de venezolanos si no fuera por sus apellidos impronunciables.

Maracay, ciudad Jardín.

Maracay, la ciudad, ahora trata de adquirir un ambiente más cosmopólita, a través de la apertura de distintos café y restaurantes de moda. Pero no es suficiente. La ciudad dejó de ser la "Ciudad Jardín" y se convirtió en la "Cuna de la Revolución". Es el refugio de testaferros del gobierno y ha sido severamente afectada la retahíla de gobernadores y alcaldes chavistas, los favoritos de Chavez y la Revolución, que han tenido total libertad para desangrar el estado, para hacer y deshacer a su gusto. 

Este es mi ciudad natal. Un olla de vapor, caliente como Maracaibo. Me parece a mí que ha querido avanzar, sin lograrlo. Tiene a sus alrededores todos los activos naturales y culturales para ser uno de los centros turísticos más importantes del país. Por su ubicación en el centro de la costa, debería ser una encrucijada comercial, industrial y financiera, pero aún así, las ciudades al este -Caracas- y al oeste -Valencia- prosperaron más y más rápido. La han olvidado, a pesar de que todos los gobiernos la han necesitado para mantener el orden en el país y en sus mandatos, debido a que esta ciudad es también la cuna de la aviación, la encrucijada del país. Aún así, hay esperanza. Un rincón del mundo como este, será más... cuando recuperemos la Venezuela de antes. 


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