Últimos días

Añoro Madrid.

Han pasado sólo dos semanas desde que me fui. No es tan duro como lo sería si ahora estuviese en el país del que provengo, en la casa de mis padres, de vuelta a la realidad. Afortunadamente, permanezco aún viviendo mi experiencia en el extranjero, y ojalá que continúe así por un largo periodo de tiempo.

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Ahora estoy en París, que es una ciudad maravillosa, aunque increíblemente estresante (por no hablar de que es el doble de cara que Madrid, y que cada vez que veo el precio al mirar una etiqueta, mi corazón se para por un segundo). Y estoy feliz aquí, después de todo, tengo otra oportunidad para explorar el mundo: conocer aún más personas nuevas por todo el globo, conocer otro lugar, conocer otra cultura y adaptarme a la ajetreada vida de París, la capital del mundo de la moda y probablemente la ciudad más lujosa que existe en la Tierra.

Todavía así, Madrid está en mi corazón. He pasado 5 maravillosos meses ahí y honestamente, solamente ahora me doy cuenta de que he hecho algunos increíbles amigos ahí, quienes aún están para mí y echándome de menos, que adoraba mi piso, mi pequeña habitación, a pesar de que me metía en alguna pelea con mi encantadora compañera colombiana. Sólo ahora me doy cuenta de lo mucho que me ha encantado la cultura española, los españoles con sus mentes abiertas y su amabilidad. Cómo me gustaban las tapas y la sangría en El Tigre o salir por ahí con mis amigos al 100 Montaditos. Las fiestas, los clubs, los bares, la música, esos irritantes y aún así, hermosos chicos españoles que iban a bailar contigo cada vez que salías con tus amigas a un club.

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Mis últimos días en Madrid fueron sorprendentemente tranquilos, sin embargo. Podrías imaginar que hubo una gran fiesta de despedida, que duró al menos 3 días y que cogí mi avión bajo una enorme resaca. Bueno, este no fue el caso. En realidad, quería gastar mis últimos días diciendo adiós a la ciudad, estando a solas con ella. Fui a ver todos los lugares que me gustan, en los que tenía recuerdos. No será una sorpresa para ti si te digo que mi lugar favorito de la ciudad es Puerta del Sol. Es un poco un cliché, puesto que todo el mundo te dirá probablemente lo mismo, pero me gusta tanto porque siempre hay algo teniendo lugar ahí y es el corazón de la ciudad.

En la segunda posición de mi lista está el Templo de Debod, el templo egipcio, sobre el cual escribí en otro post, por sus espectaculares vistas de la ciudad. Puedes ver la Catedral de la Almudena fijada en la distancia, junto al Palacio Real. Es un lugar perfecto para recoger tus pensamientos y relajarte. Y fue también un lugar perfecto para decir adiós a la ciudad y prepararme para la nueva aventura a la que me dirigía. Y luego, ahí está Callao. Definitivamente asombroso, con sus luces y multitudes y una gran cantidad de bares de tapas, donde puedes pedir una cerveza por 50 céntimos. Si has paseado por Gran Vía, habrás notado ese restaurante con luces parpadeantes y música. Siempre ha sido uno de mis lugares favoritos, pese a que nunca he comido ahí, ya que los precios son realmente altos. Y por supuesto la majestuosa Plaza de España, con la fuente que se ilumina, hermosa, durante la noche.

Podría estar horas hablando sobre Madrid y lo maravilloso que es. Hay también otra cosa que hace Madrid tan especial para mí y que probablemente ya he mencionado cuando estaba escribiendo sobre cómo acabé aquí en primer lugar. Es el hecho de que me ayudó a superar una ruptura muy difícil y a poner los pies sobre la tierra, haciéndome feliz de nuevo y abriendo nuevas oportunidades para mí. Me mostró que la vida continuaba y que tenía que pasar página y agarrar cada momento de ella, porque la vida es demasiado corta para pasar tus días llorando en tu almohada sobre algo que ya ha pasado y permanece en el pasado, que no puede arreglarse o al menos, no puede arreglarse en ese preciso momento. Me enseñó a ser paciente, a esperar y dejar que el tiempo curase mis heridas y abriese nuevas puertas.

He conocido a mucha gente nueva y he estado en muchas situaciones en las que nunca he estado antes. He aprendido mucho sobre las personas, pero más importante aún, me enseñó a ser yo misma sin importar qué, porque la gente... bueno, la mayoría viene y va, pero algunos se quedan. Y los que se quedan, lo hacen porque te quieren, te quieren por quien eres, no por quien pretendes ser. Y cada una de esas personas, incluso si aparecen tan sólo por un instante, pueden enseñarte algo. Cuando estés ahí fuera, rodeado de tantas nacionalidades y personalidades diferentes, no pierdas la oportunidad de aprender algo nuevo de ellos, cógelo y úsalo.

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Madrid me enseñó a abrazar cada momento y exprimirlo como un limón hasta que caiga la última gota de felicidad que pueda obtenerse de él.


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