Un día normal en Dinamarca

Aunque Dinamarca está también en Europa, mi vida era bastante diferenta a como era en Italia. Lo primero que hacía por la mañana, aparte de frotarme los ojos y dejar claro que necesitaba dormir más, era ducharme. Después ponía la cafetera en el hornillo y me preparaba el desayuno, que solía ser bastante pobre. Como no tenía ni un duro, o eso me decía continuamente, solo tomaba galletas con el café. Y si tenía suerte, unos gofres. Lo único que no me faltaba nunca en el frigorífico era leche. Me encanta la leche, ya sea sola o con café. Aunque me levantaba una hora antes de que empezaran las clases, a veces llegaba tarde. Por suerte, las clases empezaban a las 9:00, pero aun así conseguía llegar tarde. ¡Uy!

Un día normal en Dinamarca

(Café gratis gracias a la universidad).

Mi horario

Solo tenía cuatro asignaturas por semestre, normalmente dos al día. A veces incluso solo una, por la mañana o por la tarde, ¡o hasta el día libre! La asignatura que más me gustaba era Diseño porque teníamos teoría, pero era más bien práctica, como hacer un póster, un logotipo o algo así. Después, teníamos Comunicación. Era interesante, pero ya sabía muchas de las cosas que hacíamos. Con Comercio, más de lo mismo: Muchas cosas ya las había visto en el instituto, en Italia, pero la clase estaba bien porque la profesora era muy maja, positiva y buena en su trabajo. Me gustaba la clase porque poníamos en práctica la teoría y teníamos trabajos en grupo para entender mejor lo que estábamos dando y para poder ayudarnos entre nosotros si lo necesitábamos. Por último, tenía Interacción, que en otras palabras significa programar (o codificar, como queráis llamarlo). A mí la verdad es que me gustaba, pero no era lo bastante paciente como para descubrir en qué fallaban mis códigos. A veces un punto o un espacio hacían que la página entera dejara de funcionar. Un follón.

Un día normal en Dinamarca Un día normal en Dinamarca

(International Business Academy, Kolding, Dinamarca —mi universidad).

Mi hora de la comida

La verdad es que siempre llevaba comida de casa. Normalmente, preparaba comida de más el día anterior para comerme el resto al día siguiente, o si era algo rápido como un bocadillo, lo hacía por la mañana mientras preparaba el desayuno. En la cafetería había una especie de bufé libre en el que cogías lo que quisieras, lo ponías en un plato y pagabas según el peso de ese plato. Pero yo solo comía en el instituto en ocasiones especiales, como un cumpleaños o algo así, porque quería ahorrar para poder hacer otras cosas.

Mi tarde

Si la mañana me la pasaba bostezando e intentando no dormirme mientras los profesores soltaban un rollo aburridísimo, la tarde no era muy distinta. Quiero decir, sí, a veces la comida nos sentaba bien, pero la mayoría de las veces seguíamos igual de aburridos o cansados. También porque a veces (o siempre) en Dinamarca hacía muy mal tiempo. Después de clase volvía a casa, terminaba los deberes si tenía, veía alguna serie, me hacía la cena y estaba un rato con el ordenador antes de acostarme, quizás hablando con mi familia. Algunas veces me quedaba más tiempo en la universidad para jugar al billar con mis amigos o para ir a algún sitio de la ciudad. Incluso organizábamos cenas todos juntos. Una vez fue de comida italiana, otra mexicana y otra lituana.

Un día normal en Dinamarca

La foto de arriba la hice desde lo alto de la torre del Koldinghus, un castillo en mitad de la ciudad, en una colina junto al lago. Fue en diciembre, en la ciudad había un Festival de luz por Navidad y yo estaba allí con mis amigos.

- Cristian


Galería de fotos



Contenido disponible en otros idiomas

Comentarios (0 comentarios)


¿Quieres tener tu propio blog Erasmus?

Si estás viviendo una experiencia en el extranjero, eres un viajero empedernido o quieres dar a conocer la ciudad donde vives... ¡crea tu propio blog y cuenta tus aventuras!


¿No tienes cuenta? Regístrate.

Espera un momento, por favor

¡Girando la manivela!