Landas, Francia silenciosa

Publicado por flag- Julen Diez — hace 4 años

Blog: Francia sureña
Etiquetas: flag-fr Blog Erasmus Francia, Francia, Francia

Y por fin llegó el día que tanto esperaba desde hace meses: el día que comenzó mi viaje a una de las provincias más bonitas y conocidas por los vascos de Francia: las Landas.

Ese lugar tan mágico y lleno de buenos rollos y vibras veraniegas con pinos, playas kilométricas y chalets y  campings, nada más. Ni rascacielos, ni contaminación, ni grandes cantidades de gente. Solamente cielos claros, mares de playas blancas, dunas sin pisar, calles acogedoras y temperaturas cálidas.

Eso es lo que tanto deseaba y quería en aquel momento. Un tiempo de relax y desconexión de la ciudad, del ruido de los coches, de todo en general.

Las Landas eran algo que te atrapaban y que te hacían volver el año que viene, o incluso el mismo año. Eran algo que ocupaba gran parte de tu álbum de fotos por la inmensidad de sus puestas de sol, su belleza entre los pinos y su naturaleza original.

Era todo lo que necesitaba durante años, y por fin pude alcanzarlo.

landas-francia-silenciosa-93f57301b071cf

Cogimos el coche desde buena hora de la mañana y no tardamos mucho en llegar. Dos horas y poco más, no más de media hora. Pasamos por muchos pueblos antes de llegar a la nuestra: Hendaya, Bayona, Capbreton, etc. Pero ya hablaré de ellos en otros momentos.

Ahora voy a hablar del pueblecito que me enamoré nada más aparcar: Vieux-Boucau-Les-Bains.

landas-francia-silenciosa-413ca66b12e3cc

Era un pueblo de chalets y una pintoresca iglesia. Un pueblo de casas bajas y mucho ambiente turístico, pero todavía no habíamos visto lo mejor de aquel pueblo.

Nosotros nos alojaríamos en un camping a las afueras del pueblo, casi en otro, en Messanges.

El pueblo se llamaba Camping Le Vieux Port, un camping de cinco estrellas con seis piscinas (dos de ellas jacuzzis), restaurantes, bares, spa, supermercado, entrada directa a la playa y muchos otros servicios que me parecieron lujosos.

landas-francia-silenciosa-8544163273c3d8

landas-francia-silenciosa-76bf124512cbae

Nada más llegar al camping entramos a la recepción para coger las llaves del módulo. Las recepcionistas eran muy amables y todas políglotas, un detalle que subía de nivel al completo turístico.

Recogimos las llaves rápidamente y cogimos el coche para adentrarnos en el camping. Ahí fue cuando se nos dificultó mucho el camino ya que el recinto era grande y laberíntico, sin ningún tipo de señal excepto los mapas. Pero tampoco ayudaban mucho.

Por suerte, encontramos la calle sin ningún esuferzo de más y llegamos a nuestro destino.

landas-francia-silenciosa-243c3f3b1b7643

La primera impresión del módulo fue normal, nada de otro mundo (aunque no esperábamos más, sinceramente): un pequeño módulo con terraza, tres habitaciones, una cocina equipada y abierta al salón y un cuarto de baño.

Nos instalamos y dejamos las maletas en los cuartos. Comimos, nos cambiamos, nos pusimos los bañadores y nos fuimos hacia las piscinas, que eran siete en concreto. 

Una vez dentro, empezamos a buscar unas tumbonas, unas que estaban libres en el punto más alto de la zona, ideal por las vistas de las piscinas y de la naturaleza que nos rodeaba.

Más tarde, mi hermano y yo bajamos a las piscinas, teníamos mucho que explorar. Había muchas de ellas: pequeñitas con figuras de animales, de olas que cada cuarto de hora se formaban, cubiertas con el agua caliente, con un tobogán en zig zag y otra en espiral, con forma de barco, larguiruchas y dos jacuzzis.

Y nosotros dos dentro de todas ellas, como dos niños recién explorando el mundo.

landas-francia-silenciosa-b95a112afb4002

Pero la diversión nos duró poco. Después de casi una hora nadando y buceando, el clima cambió moderadamente, de sol a nubes con sol. Y más tarde solamente nubes, de gris a negro. Nubarrones y al de un rato nubarrones con lluvia. Y un rayo al fondo.

Al principio solo lloviznaba, pero igualmente nos vestimos rápidamente para volver al modulo lo antes posible, que ya teníamos buena caminata y todavía no nos sabíamos bien el camino. Cada vez llovía más y nos encontrábamos más perdidos, pero con una toalla en la cabeza, las chancletas en la mano y algún que otro cristalito en la planta del pie, caminamos sin detenernos hasta encontrar nuestro módulo.

Y nos quedamos toda la noche, sin hacer nada, viendo cómo llovía, matando mosquitos, preparando la cena. Pero el sonido de la lluvia nos incitó a escucharla en la terraza cubierta mientras cenábamos.

Era uno de esos momentos en las películas: sentados en unas tumbonas, de noche, con el ruido de la lluvia y una música relajante de fondo mientras que te comes unos fideos y fruta. Era un momento de cinco estrellas.

¿Qué digo cinco? ¡Siete! 

El segundo día que pasamos consistió en explorar un poco la zona y nos dispusimos a ello.

Entramos en Internet y vimos que había varios pueblos alrededor del nuestro y cogimos el coche para visitarlos uno a uno. El primer pueblo en visitar fue Seignosse, un pueblo a 20 minutos de Vieux-Boucau-Les-Bains, en la parte sur de las Landas, el cual era famoso por su reserva natural y sus dos grandes lagos: el Étang Blanc y el  Étang Noir.

No teníamos tiempo para ver los dos, así que solamente vimos el Étang Noir, un lago lleno de caminitos de maderas por los cuales se podía dar un agradable paseo mientras estabas rodeado de naturaleza pura, de sonidos de animales y de silencio, sin ningún ruido de la carretera ni de niños gritando.

Momentos así se necesitaban.

Aparcamos en un sitio bastante pequeño, solamente cabrían diez coches, no más. Cogimos algo de comida y nos metimos en una casita de madera que al parecer era el punto de información y la tienda de regalos, además del comienzo de los caminos de madera.

Desgraciadamente, la casita estaba cerrada, así que lo pasamos de largo y nos metimos seguido en uno de los caminos que nos llevaría al lago.

Empezamos a caminar y la diferencia se notó desde el primer segundo. No se veían caminos, ni casas, ni rastro de humanidad excepto lo que estábamos pisando.

landas-francia-silenciosa-d272fab9040f73

La reserva natural era una mezcla de pantano y bosque de pinos, era algo muy curioso y totalmente desconcertante ya que de un momento a otro te encontrabas en un "ecosistema diferente", es decir, de una explanada de hierbas altas con pinos a una pequeña ciénaga con tortugas, libélulas, helechos y árboles con musgo solo pasaban cinco minutos, incluso menos.

Pero igualmente era extraordinario e hipnotizante ver ese cambio tan radical.

landas-francia-silenciosa-284edcf7c9eb83

Pero cada vez que nos metíamos más adentro la cosa no cambiaba tanto: a partir de un momento, era solamente una ciénaga llena de vegetación y sonidos de animales. Aves, reptiles, insectos y peces.

Parecía otro país, puede que uno más caribeño.

landas-francia-silenciosa-32da6aca92bffc

Caminamos mucho, se hacía interminable. El caminito de madera se torcía en unos tramos, se levantaba, hacia zigzag, iba recto. Era impredecible.

Pero nunca llegábamos al lago, aunque no sé de qué me quejaba, si el paseo era de otro mundo, ¡Nunca quería que se acabase!

landas-francia-silenciosa-9a5752c5851f26

Y después de una buena caminata, llegamos a la parte Oeste del lago. Era de aguas no claras, es decir, no se veía el fondo, pero igualmente eran unas vistas maravillosas desde el mirador en el que estábamos situados.

Respiramos hondo y continuamos con la caminata. Todavía quedaban otros miradores a donde llegar, así que todavía no habíamos llegado al final del trayecto. Después de sacar fotos y beber un poco, volvimos a los caminitos y volvimos a estar entre árboles y humedad. Aunque a mí me gustaba.

Seguimos caminando y cada vez notábamos más plantas por centímetro cuadrado y más agua por debajo de la pasarela. Cada vez veíamos más patos y más ranas saltando y peces nadando.

Cada vez la cosa estaba llenándose de más vida, y no podía pedir más. Era lo que buscaba.

landas-francia-silenciosa-b733fc1107f1f2

Después de caminar bastante alcanzamos el segundo mirador que era más pequeña que la anterior pero desde ahí se veía el lago en un mejor ángulo.

Nos quedamos sentados por un momento para descansar un poco y después nos despedimos del lago por última vez para volver a lo que serían los caminitos.

Al de un cuarto de hora salimos de la reserva natural, cogimos el coche y nos fuimos para el norte, concretamente al pueblo de Moliets-et-Maa. Pero primero pasamos por un pueblo llamado Messanges.

Aparcamos en sus afueras para ver si había algo pero nos dimos cuenta que en el centro del pueblo solo había chalés, un bar y una tienda de alquiler de bicicletas.

Vimos que no merecía la pena y seguimos para adelante hasta llegar al pueblo deseado. Y se notaba que era deseada por muchos turistas. Moliets-et-Maa era muy famoso por sus playas, sus hoteles y su zona de heladerías, bares y restaurantes, además de un salón de juegos al aire libre.

Primero que todo aparcamos, aunque nos costó bastante y ya que los aparcamientos estaban hasta arriba de coches, y después empezamos a mirar tiendas de regalos para comprar algún imán, camiseta o lo que fuera.

Después, pasamos por las heladerías, los bares y toda aquella zona y seguidamente nos fuimos para la playa que es a lo que fuimos realmente.

landas-francia-silenciosa-bfb53abe3ef913

Era una auténtica maravilla. Desde la zona de bares hasta la playa había una pasarela entre dunas bastante larga bañada de turistas paseando, surfistas e incluso socorristas y de verdad aquel pasillo de arena te hacía esperar mucho para luego estallarte toda su belleza en la cara.

Caminamos alrededor de 3 minutos y llegamos a la playa kilométrica más adictiva que había pisado en mi vida.

landas-francia-silenciosa-7a13e7f6a712e2

Había una casita de socorristas al principio de la playa que tenía un aire a las casitas de playa en Miami, es decir, las que suelen parecer en las películas estadounidenses.

landas-francia-silenciosa-3ca31a15376a91

Y eso era lo que mí me transmitía, y no dudé en subirme a ella y sacar unas fotos desde su balcón con el sol puesto en el fondo.

Quedaron espectaculares.

landas-francia-silenciosa-03d0ccff88d7e6

Después, empezamos a caminar hasta llegar a una zona cerca de la orilla pero no tan cerca a su misma vez. Un sitio perfecto donde no había ni poca gente y mucha gente, donde se respiraba mucha tranquilidad y no pasaba nadie que salpicara la arena en la cara y en la espalda. 

Un sitio perfecto para tomar el sol sin ninguna sombrilla alrededor y un sitio perfecto desde donde correr hacia la orilla y hacia las dunas. Y ahí nos apalancamos hasta que anocheciera.

landas-francia-silenciosa-d0b2e01e98888e

Hacía un día espléndido, el sol estaba radiante y nada más llegar y poner las toallas en la arena nos metimos al agua, pero nada más tocar el agua con los dedos del pie nos echamos hacia atrás:

El agua estaba helada. Pero no pudimos resistirnos a ello por el calor que hacía fuera, así que nos armamos de valor y al de media hora ya estábamos dentro.

Nos costó mucho, sobre todo las piernas, pero lo conseguimos. No fue fácil.

landas-francia-silenciosa-5c88f181fa6563

Otra desventaja de las playas de las Landas era que había muchas corrientes. Entonces, las olas también eran grandes y si te metías mucho o no tanto ya te costaba salir o intentar moverte con los pies tocando el suelo.

Las olas te metían hacia dentro del mar y eran grandes en sí, así que eso también era un punto en nuestra contra.

La verdad es que no estuvimos mucho tiempo bañándonos y salimos muy pronto porque no se podía estar tranquilo metido en el agua, pero sí nos metimos en una especie de lago que creaba el mar.

Se llamaba baïne, y era una especie de zona de arena con aguas poco profundas bastante largas y delgadas. Allí sí nos pudimos meter porque no había ni olas ni corrientes y se estaba bastante tranquilo.

Era un lugar perfecto para nadar o flotar sobre el agua sin el miedo de que venga alguna ola y desaparezcas. Además, había muchos socorristas a los lados, no había de qué preocuparse.

landas-francia-silenciosa-71df67bd757e1c

Y el resto del día trató de sacarse fotos en la arena con el cielo lleno de color (llegamos a la playa como a las 19:00 y a las 21:45 ya se ponía la puesta de sol).

Nos sacamos las fotos y luego nos quedamos esperando sentados en la toalla, con la brisa despeinándonos y con la música de fondo mientras veíamos cómo el cielo se teñía de rojo con el sol en el horizonte, con el sonido de las olas y con el tacto suave de la arena entre nuestros pies.

Luego caminé por toda la orilla con el agua por mis tobillos y el sol en mis mejillas. Era un silencio increíble, ni siquiera en la playa de donde vivo yo hay tan poco ruido. Solo el sonido del agua y del viento se escuchaba, lo demás era mudo.

landas-francia-silenciosa-923d699b0ad959

Era un lugar del que nunca querría salir.

El cielo estaba de sobresaliente y el mar era limpia como la arena, arena blanca como las dunas.

Las dunas estaban cuidadosamente y dulcemente peinadas por el viento, y sus plantas eran verdes desde cientos de metros de vista.

Caminamos y caminamos, nos sentamos en la arena y nos quedamos mirando al cielo, a la arena y al mar. Hasta que llegó el atardecer.

Atardecer donde el sol descendía lentamente y también cambiaba su color de amarillo pálido a rojo intenso, y así salpicaba su color al resto del cielo, a las nubes y al mar.

landas-francia-silenciosa-6f758bac579931

Todo se oscureció pero se volvió más bello de lo que ya era, y el mar seguía siendo el mismo sonido de siempre.

Me acerque aún más a la orilla, cruzándolo un poquito, y me cubrí hasta las rodillas de agua en aquel océano tan majestuoso. Era un cuadro, una obra de arte en tercera dimensión, o incluso cuarta.

landas-francia-silenciosa-45e2fa42af172d

Más tarde me retiré y me fui hacia la toalla para seguir contemplando el atardecer hasta que el sol desapareciera.

Fue un momentazo que nunca olvidaría, pero todavía no sabía que habría más de esas por llegar en nuestra estancia.

Al día siguiente, seguimos visitando otros pueblos que no eran el nuestro, sino los que estaban alrededor (o tal vez un poco más lejos) porque teníamos curiosidad por ver y saber cómo vivían los habitantes de las Landas.

Así que cogimos el coche y nuestra primera parada fue Azur, un pueblo a aproximadamente un cuarto de hora en coche desde nuestro camping. Nos cautivó bastante su nombre y nos interesó bastante visitarlo porque un tío mío se llamaba igualito, igualito. No dudamos en aparcar ahí y mirar cómo era el pueblo.

Aparcamos en la plaza del el pueblo, el cual era el ayuntamiento y una iglesia. Luego había un vendedor ambulante de helados, un monumento en honor a los soldados y una casa al otro lado de la carretera. Eso era la plaza.

landas-francia-silenciosa-c6d218b4a52b25

Seguimos caminando por todo el pueblo y solo había chalets y más chalets, una escuela de primaria, mansiones y un bar-restaurante.

Lo que nos gustó de Azur fue el estilo de las casas. Muchos eran decentes y eran simples pero otros muchos eran muy coloridos, pintados con un estilo vintage del hace un par de décadas, de estilo Francia de Estrasburgo o estilo de Alemania profunda.

landas-francia-silenciosa-71f8ced8de2970

Al fin de al cabo, el pueblo era bastante encantador.

landas-francia-silenciosa-15163ce9795958

Y el día ya había empezado bien, con un buen sabor de boca.

Un poco más tarde, cogimos el coche y nos fuimos a nuestra siguiente parada, que era Magescq, a veinticinco minutos del camping.

La verdad es que no estuvimos mucho tiempo en ese pueblo porque teníamos previsto visitar bastantes aquel día, así que solo paramos en la plaza principal y dimos varias vueltas en coche por todo el pueblo.

Lo que me engancho de Magescq fue la iglesia porque era un tanto extraña, sobre todo la forma del tejado que parecía sacado de un cuento de brujas, pero la verdad es que me gustó bastante. Aunque fuera un poco cúbica.

landas-francia-silenciosa-f4f7d424be4ca8

La plaza no era mucho más que el Ayuntamiento y la iglesia. El resto era mansiones y mansiones, y mansiones, algún que otro restaurante y rotondas. Ahí nos dimos cuenta de que seguramente la mayoría de los pueblos del entorno serían similares.

Afortunadamente, estábamos equivocados, aunque no del todo. Seguimos un poco más para abajo y llegamos al pueblo de Soustons, el cual era famoso por su lago y sus campings alrededor de él.

La verdad es que no teníamos mucho tiempo porque teníamos pensado ir mucho más al norte, así que hicimos una paradita en el lago, lo contemplamos y volvimos al coche para seguir con nuestra ruta.

Después, visitamos los pueblos de Castets, Biscarrosse, Ychoux y Parantis-en-Born. Castets era un pueblo muy antiguo, con la carretera sin asfaltar y con muchos baches.

Las casas eran de un color sucio y no muy limpias pero muy folclóricas a su vez, y me dio pena verlas en ese estado, aunque algunas, incluyendo la iglesia, estaban en buen estado. Biscarrosse era un pueblo lleno de hoteles, chalets y campings, todo diseñado para turistas y veraneantes, absolutamente todo. La ventaja de Biscarrosse era que tenía dos grandes lagos a la vuelta de la esquina y otro bastante grande también a pocos kilómetros.

Era un lugar muy tranquilo lleno de extranjeros que deseaban pasar una buena velada y un buen julio. Estaba llena de restaurantes, de cines, de centros comerciales, de supermercados y de todo.

La verdad es que Biscarrosse era bastante grande, bastante extenso y era muy fácil perderse en ella.

Ychoux y Parentis-en-Born no eran nada comparado con Biscarrosse. Eran simples pueblos mucho más pequeños que Biscarrosse, llenos de chalets, algún que otro restaurante y una iglesia, nada más.

Pero tenían un punto a favor: no había ni turistas ni campings ni hoteles, solamente había simples habitantes nativos o veraneantes que deseaban estar tranquilos, lejos del turismo y de todo ese rollo. Y no tuvimos más tiempo para ver otro pueblo, aunque la verdad que ya nos habíamos hecho una idea de lo que encontraríamos en las demás paradas.

landas-francia-silenciosa-bcc1aca80d4fe4

Desgraciadamente, estábamos equivocados en eso porque más tarde, me informé de algunos pueblos muy cerca de casa que sí merecían la pena visitarlo. Sin embargo, no teníamos tiempo para hacerlo porque no nos quedaban más días libres.

Así que, como bien generoso que soy, os voy a dejar los nombres de esos pueblos aquí abajo para que sepáis de su existencia y si alguna vez visitáis las Landas, podáis verlos.

A diferencia de mí, que tuve la oportunidad de hacerlo y no pude por falta de tiempo. Aquí os estaré, mirando con envidia:

- Contis-les-Bains, con su hermosa playa y su faro entre pinos.

- Étang de Léon, un lago verdaderamente especial, con restaurantes y camping a su orilla.

- Mimizan plage, ideal para tus vacaciones en la playa.

- Dax, una ciudad con encanto y mucha historia.

- Plage du cap d'homy, un sitio que te deja sin palabras.

Otros días también visitamos varios pueblos un poco lejos de casa pero imprescindibles para tus vacaciones en Francia, y sobre todo si estás en Aquitania. Pero de esto ya hablaré en otra entrada. Ahora, volvamos a lo que estaba contando:

Dimos tandas vueltas por el departamento, viendo pequeños pueblos sin parar, que ni siquiera nos dimos cuenta que no habíamos visitado todavía el centro de nuestro pueblo Vieux-Boucau-les-Bains.

Así que dimos la vuelta por las siete de la tarde, llegamos al pueblo y nos dispusimos a visitar un poco el centro. El pueblo era similar a los que habíamos visitado anteriormente, pero un poco más estructurado y más parecido a un pueblo y no a una especie de urbanización de chalets.

landas-francia-silenciosa-916b12989aeabd

El pueblo tenía una iglesia medio rosa, muchas calles llenas de restaurantes, bares y tiendas de regalos y de ropa, alquileres de bicicletas, pizzerías, agencias de viajes, una plaza enorme con el Ayuntamiento y miles de restaurantes alrededor, un río con un tiovivo en su orilla y hoteles y campings.

Era un pueblo de vacaciones perfecto para dar paseos, tomar algo y ver el ambiente por las calles, no solamente dentro del camping.

Estuvimos dando vueltas por ahí, descubriendo un poco la zona, conociéndolo, entrando a sus tiendas, comprando suvenires y tomando algún refresco.

landas-francia-silenciosa-7e4b6e039f6193

Y al final de la calle principal descubrimos el lago tan famoso y conocido de aquel pueblo: el Port d'Albret. Pero dejemos el lago para otro día. Ya tendríamos tiempo para apreciarlo mejor.

Dimos varias vueltas y de repente empezó a llover, qué faena. Nos pusimos los chubasqueros y después de dar unas cuantas vueltas más, volvimos al camping hasta que escampara un poco.

Unas horas antes del atardecer cenamos y cuando dejó de llover nos dirigimos a la playa de Vieux-Boucau-Les-Bains (aunque casi estábamos en la playa de Messanges). Nos pillaba a cinco minutos caminando desde nuestro camping, así que fuimos y nos enamoramos completamente, solo con ver el paisaje que se escondía nada más salir por la puerta trasera del camping.

Era una auténtica bomba de colores y figuras sombreadas por el sol:

landas-francia-silenciosa-bc106f56e85cb2

Era maravilloso ver cómo el sol traspasaba los pinos, cómo las dunas quedaban tan bien en ese paisaje y cómo la arena rozaba la planta de nuestros pies sin resbalar, a pesar de estar mojados por la lluvia que se había soltado hace pocas horas.

landas-francia-silenciosa-b0f195ce54a614

landas-francia-silenciosa-ec046fd1d15761

Seguimos hacia delante y llegamos a la zona de las dunas. Decidimos entrar aquí para sacarnos algunas fotos porque de verdad digo que las vistas eran increíbles, y sí merecía guardar ese recuerdo en la cámara de fotos.

Nos sentamos en ellas y también paseamos sobre las mismas. A mí, por lo menos, el estar pisando aquello me hacía sentir como el dios del mundo. Me hacía sentir así porque la playa se veía tan abajo y tan pequeña desde ahí arriba que me sentía como si fuera el rey de todo.

landas-francia-silenciosa-d45a3ce900263b

Nos sacudimos de arena y bajamos de las dunas para bajar otra cuesta todavía más abajo, para así llegar a la colosal playa que teníamos en frente. Aquel arenal ya nos estaba esperando desde hace tiempo con los brazos abiertos.

Caminamos y nos acercamos hacia la orilla para poner nuestras toallas en el borde de lo que separaba el agua y la tierra.

Nos quedamos hipnotizados ante el fuerte brillo del sol y el espectáculo que nos brindaba el mar con las olas, con el sonido de los pájaros, con el viento y con todo en general. Todavía quedaban algunas horas hasta que atardeciera, así que decidimos caminar un poco por la playa para ver su entorno.

Recorrimos un trozo de la playa y vimos que en un lado de ella, las dunas no estaban protegidas por cuerdas que prohibían su paso, así que pensamos que en esa parte estaba permitido meterse y no nos lo pensamos dos veces. Allá que fuimos. Sabíamos que nos llevaríamos una gran sorpresa por la belleza que ya se mostraba desde fuera.

La primera impresión que tuvimos al entrar fue que la arena era muy suave, muy fina, y ya no estaba mojada por la lluvia de antes.

landas-francia-silenciosa-cd4621ff373cda

También vimos que las plantas formaban pequeños caminos y pasadizos a altas explanadas donde más plantas y pájaros gobernaban, y sin ningún rastro del ser humano, a pesar de haber alguna que otra huella de sandalias o de pies descalzos.

Pero no había ninguna colilla de cigarro ni latas de refrescos ni bolsas de plástico, todo estaba inmaculado.

Vimos que aquello solo lo viviríamos una vez porque no muchas veces tendríamos la oportunidad de la entrada a unas dunas que están en buen estado. Dimos vueltas y vueltas sin darnos cuenta del paso del tiempo y la repentina llegada del atardecer, porque honestamente nos estaba interesando muchísimo y nos estábamos enganchando a ese ecosistema, a ese paisaje.

Subimos por una de los caminitos de las dunas y finalmente llegamos a la punta, al punto más alto, donde se podía ver todo: toda la playa, toda la gente y todo el horizonte.

landas-francia-silenciosa-4a0c2147a56e56

Arriba había unas cuantas parejitas, pero no mucha gente. Eso fue lo que nos gustó, que no hubiera casi nadie, que nadie más nos pudiera molestar.

Seguimos a nuestra bola, nos sacamos muchas fotos, gozamos de las vistas, caminamos, dimos vueltas y exploramos el sitio con mucho anhelo y deseo.

Era perfecto, todo lo era.

landas-francia-silenciosa-2aa7e4938547df

No había visto tanta perfección en un espacio tan pequeño, dentro de lo que cabía aquel reino de las costas.

Y todo cobraba fuerza a medida que el sol se iba empapando de un color cálido mientras se escondía. Era irresistible quedarse mirando al cielo, pero tampoco se podía apartar los ojos del Edén donde estábamos plantados.

Bajamos un poco y nos quedamos en la zona llana para descansar un poco y sentarnos encima de aquel milagro para nuestros sentidos. Vimos detalladamente cada una de las plantas y procuramos no pisarlas por respeto.

Era espectacular la cantidad de verde que se conservaba, era algo que extrañaba de las playas de mi provincia, cuyas dunas se habían esfumado o casi destrozado por los fuertes temporales.

Volvimos al borde de entre la duna y la playa porque era algo que nos había enamorado desde el primer instante. Ni se me pasó por la cabeza el bajar a la playa ni el volver al camping, estaba demasiado cómodo ahí arriba, y lo hice saber a los cuatro vientos.

landas-francia-silenciosa-031ec5ad9b502e

Pero mi familia ya quería volver a las toallas por miedo a que nos los robaran, así que con mucha pena, me despedí. Me pareció muy acogedor el lugar, estaba dispuesto a quedarme toda la noche ahí.

landas-francia-silenciosa-cd3dd759fb58bb

Pero también estaba dispuesto a quedarme toda la noche en la playa, a su vez. Siempre y cuando la puesta del sol durara toda la noche.

Era imprescindible para unas Landas como aquellas. Nunca me olvidaría de lo tanto que me hicieron sentir en mi interior, algo inexplicable que me ruega volver a repetirlo, y hacerlo una vez después de otra.

Hasta el verano que viene,

Con amor,

Tu admirador más sincero.


Galería de fotos


Comentarios (0 comentarios)


¿Quieres tener tu propio blog Erasmus?

Si estás viviendo una experiencia en el extranjero, eres un viajero empedernido o quieres dar a conocer la ciudad donde vives... ¡crea tu propio blog y cuenta tus aventuras!

¡Quiero crear mi blog Erasmus! →

¿No tienes cuenta? Regístrate.

Espera un momento, por favor

¡Girando la manivela!