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Restaurantes recomendables en Estocolmo

Publicado por Julen Diez — hace 10 días

Blog: Las dos caras de Suecia
Etiquetas: Blog Erasmus Estocolmo, Estocolmo, Suecia

¡Hola una vez más! Hoy os vengo a hablar, como hace tiempo hice (aquí y aquí), sobre mi viaje a Estocolmo, la capital sueca. Es una ciudad llena de sorpresas y muchas emociones que nunca pensaría que me los alguna vez me lo hubieran provocado. Hay mucho de qué hablar sobre Estocolmo, pero en este artículo solamente me limitaré a enumeraros los restaurantes que visité en mi estancia, dando mi opinión sobre cada una de ellas y valorándolos.

¡Dentro juego!

1. Barrel Burgers & Beer

Es una cadena de hamburgueserías repartidas por toda la ciudad. El local que visité estaba en el barrio de Södermalm, al sur de la ciudad y muy cerca de la estación de metro con el mismo nombre. No tuve la oportunidad de comer aquí, solamente lo visité para tomar algo, y desde ahora os puedo contar lo que me enamoró de esta modesta hamburguesería.

Esta hamburguesería es un espacio muy retro, con luces suaves y música tranquila,  perfecta para disfrutar del rato mientras uno degusta alguna especialidad de la casa o bebe alguna deliciosa copa. Por lo que vi, el menú de bebidas era bastante largo, con mucha más variedad que en España. A mí me picó la curiosidad con el tema de los refrescos hechos de frutas del bosque, algo muy pero que muy típico en Suecia, ya que claramente se puede observar que los suecos suelen echar estas maravillosas frutas a casi todos los platos.

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Así que pedí un refresco de frambuesa, solo por probar. Ahora, francamente, me arrepiento de no haberlo probado anteriormente. Era una bebida alucinante, gaseosa pero con ese sabor tan único que tiene la frambuesa. Pero además, el sabor no fue lo único que me sorprendió, ya que en lugar de añadir rodajas de limón o naranja al vaso, le añadieron rodajas de fresa. Fue algo que nunca bien, y solo por eso esta hamburguesería ya está en un puesto alto.

La decoración del negocio era muy retro, con bombillas de formas inusuales y un color pastel en las paredes. El servicio era excelente, y para nuestro favor, la camarera sabía hablar español, otra cosa más que nos alegró.

Por último, me gustaría hacer una pequeña pero especial mención a los aseos. Ya sé que suelen pasar desapercibidos en los bares y restaurantes, pero éstos eran de otro planeta. No había visto tanta belleza y paz en un espacio como es el cuarto de baño: era un cuarto con dos grandes espejos, una gran planta parecida al helecho, varias bombillas colgando por todas las esquinas (con una luz intensa pero a la vez reconfortante) y música de los años ochenta.

Era muy satisfactorio, me pasaría todo el día ahí. Era todo muy retro, muy “currado”, y estoy seguro algo así no lo volveré a conocer más en la vida, y menos en España.

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2. Magnus Ladulas

Este restaurante se sitúa en la calle de Österlånggatan en Gamla Stan (la ciudad vieja). Está en una calle llena de restaurantes, pero no pasa desapercibido en ningún momento. Su terraza, como muchas otras, está enfilada en una plataforma de madera, ya que las calles no están asfaltadas con alquitrán y puede ser complejo colocar los asientos y las mesas.

Sus asientos están acolchados con un material de color verde oscuro, y todas están unidas en uno, como si fueran sofás. Es algo muy común, ya que en muchas cafeterías es visible este tipo de mueble (incluso en las películas estadounidenses), pero nunca los había visto como parte de la terraza de un restaurante.

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En cuanto a la comida, el menú era muy extenso, y servían platos suecos y extranjeros, como por ejemplo, franceses. Yo cogí albóndigas suecas, y las recomiendo muchísimo. Tenían puré de patata y otra salsa de color carne que me encantaron, además de frutas del bosque y su respectiva salsa. Como postre, pedí “Crème brûlée”, un postre parecido a la crema catalana.

El plato estaba muy rico, le habían echado especias, azúcar cristalizado, un ñoqui, una fresa y, una vez más, frutas del bosque. Todo estaba estupendo, y la calle no estaba muy abarrotada de gente, así que un punto más a mi favor.

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No tuvimos la oportunidad de entrar adentro, pero tengo oído que su interior está construido un bunker entero. Puede ser algo curioso e interesante para experimentar, pero de todos modos, prefiero disfrutar de la velada en la terraza, de noche y con un silencio casi absoluto. Obviamente habrá restaurantes mejor que éste en la misma calle, pero yo me quedé satisfecho con Magnus Ladulas.

 

3. Stiftelsen Rosendals Trädgård 

Esta maravillosa cafetería-restaurante se puede localizar en la isla de Djugården, en el centro del parque de Kungliga Djurgården y al este del parque temático Skansen. No sabíamos de su existencia hasta que llegamos ahí, fue pura casualidad. Y gracias a ello, tengo una de las mejores experiencias con los restaurantes guardado en mi memoria. Es un restaurante dentro de una especie de “invernadero” que sirve comida ecológica y ensaladas. Su interior está compuesto en dos lados: el lado del comedor y el lado del “buffet”.

No entramos al lado del comedor porque hacía mucho calor dentro y con el buen tiempo que hacía fuera no nos íbamos a quedar dentro. Pero me picó la curiosidad y eché un vistazo al comedor. Por lo que vi era un sitio muy elegante, con mesas y sillas  modestas, plantas colgando por todas las esquinas y por todo el pecho, varias lámparas colgando y un ambiente muy acogedor. En invierno suelen poner mantas en los asientos para que los clientes no pasen frío (un detalle muy típico en Suecia, tanto en verano (para la noche) como en invierno).

A mí me habría gustado comer ahí, ya que me parecía un espacio muy curioso, pero debido al calor y al resto de espacios que el restaurante ofrecía, no merecía la pena. En el lado del buffet, todo estaba lleno de colas y postres. Se formaban dos colas, uno en cada lado de la mesa del buffet. Este buffet, aunque lo haya mencionado varias veces, no es como lo pensáis, pues solo se sirven los postres (pasteles, bizcochos…) guardados en unas cestas cubiertas.

Mientras uno espera a la cola, tiene la oportunidad de escoger el postre y ponerlo en la bandeja que se encuentran disponibles en la entrada del invernadero. Una vez terminada la cola, llegaréis a la barra donde se pide el plato principal.

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Pero tranquilos, no os costará mucho elegir, ya que solo hay cuatro platos: tres ensaladas y un gazpacho. En esta barra también se piden las bebidas y se paga en el momento. Seguidamente, la dependienta os dará una especie de alarma que os avisará cuando la comida esté lista, y los camareros os los dejará en una mesa dentro del mismo invernadero (la mesa es exclusiva para los pedidos). Al lado de la mesa de la recogida de los pedidos se encuentra otra mesa con pan, mantequilla y agua. Todo ello gratuito.

Tardaron bastante en salir los pedidos, sinceramente, pero la espera valió la pena. El exterior del restaurante, además de estar rodeado por un jardín botánico, está repleto de terrazas. Creo que hay dos terrazas inmensas en total, con vallas de madera y más plantas colgando por el aire. También hay una cafetería, una caseta para dejar los platos y los cubiertos y una tienda de comida ecológica. Había tanta gente aquel día que no tuvimos la oportunidad de sentarnos en ninguna de esas mesas.

Afortunadamente, conseguimos una mesa después de andar merodeando por las terrazas, pero esta mesa no se encontraba en ninguna de las dos, sino en una zona mucho más tranquila y preciosa: un manzanal, es decir, un terreno lleno de manzanos. Era un pequeño recinto de hierba completado por mesas pic-nic y muchos árboles manzanos.

Costaba creer que estábamos en medio de una gran ciudad como lo es Estocolmo. Se respiraba tranquilidad, mucho silencio y naturaleza. Todo era naturaleza. Las ligeras risas de alegría de las familias de diferentes partes del mundo (justo al lado nuestro se encontraba una familia griega) también era muy reconfortante. Con un tiempo insuperable, bajo la sombra de un manzano y la ensalada exquisita junto con un poco de limonada, aquella tárdeme pareció magnifica.

No podía pedir más.

4. Bistro Bananas

Este restaurante “contemporáneo” se encuentra en el conocido barrio SoFo, una zona muy visitada por sus tiendas y restaurantes. Y entre esos restaurantes se encuentra éste. Lo encontramos por casualidad, cuando estábamos en un momento de indecisión y nos veíamos un poco apurados.

Era un restaurante muy moderno, con grandes ventanales y luces neón en su interior. La barra del bar se localiza debajo de un aro de luz de neón violeta, y es en esta barra donde los camareros os invitan a esperar mientras ellos buscan una mesa para vosotros.

El local no estaba muy iluminado, ya que los encargados querían darle un toque retro al interior y lo han hecho mediante luces fluorescentes. Estas luces eran muy suaves y un poco tenues, por lo que en cada mesa hay velas para poder iluminar un poco más. Apenas veía lo que ponía en el menú, incluso había momentos en el que encendía el teléfono móvil para poder leer la carta. Sin embargo, esa escasez de luz puede hacer sentir al cliente como si estuviera en un espacio muy íntimo.

La comida estaba muy buena. Pedimos pizza, algo muy destacante en aquel restaurante, pues las mesas en las que los hacían eran visibles desde todos los puntos del negocio. Estaban situados al final de unas escaleras, y desde cualquier mesa se podía observar claramente cuando los cocineros metían la pizza en un horno de piedra. Para beber pedí limonada, algo que me había empezado a gustar desde que llegué a Suecia, pero también hay otras bebidas muy recomendables, como el Prosecco, que ya iré desvelando según prosigamos.

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En general, este restaurante está muy bien, sobre todo por su iluminación, que aunque carezca un poco de ella, es algo que lo distingue del resto de los restaurantes de alrededor. La comida también estuvo bien, y el servicio de maravilla.

Posdata: cuando lleguéis al postre, mirad la carta de helados. ¡Tienen una gran variedad!

5. Strandvägen 1

Este bar se sitúa en el centro de la ciudad, en medio de todo lo turístico que hay para ver en Estocolmo y muy cerca del muelle. Pasamos por aquí después de haber realizado un viaje en barco por el archipiélago de Estocolmo (toda la información sobre el viaje a Suecia la encontraréis  aquí), pero en el poco tiempo que estuvimos se me quedó grabado en la retina. Era un bar muy sofisticado, con los camareros elegantes, buena iluminación, un techo muy detallado, los asientos de las mesas para comer acolchados, música de fondo muy tranquila y una buena calidad de comida y bebida.

Ya habíamos comido antes de acceder aquí, pero pudimos ver, espiando un poco platos ajenos, que todo tenía muy buena pinta. También pude ver que la mayoría de la clientela había pedido cócteles para beber en lugar de agua, vino o refresco. ¿Querrá decir algo?

La terraza estaba colocada en un punto muy estratégico, ya que está muy cerca del puerto, por lo que todos los turistas que esperar a zarpar o que acaban de tocar tierra suelen pasar por la terraza, algo que atrae e incita a sentarse en sus mesas y tomar algo refrescante. Puede que algún cóctel.

6. Agaton

El restaurante Agaton es un restaurante italiano situado en Gamla Stan, en una calle repleta de italianos y tiendas de regalo. Es un local que se puede fácilmente diferenciar del resto por su abundancia de flores en la entrada y un toldo de color verde, un color que desde el primer momento nos atrajo.

Su interior es muy italiano. Música instrumental, velas, camareros con acento italiano cuando recitan el menú... Es fantástico. Era un espacio muy íntimo y privado, con aromas adictivos esparciéndose por todos lados y unas botellas de cava que cumplían el papel de las velas. Sí, eran las velas. Era algo muy interesante y curioso, incluso original y creativo. 

Había mucho para elegir, pero yo os recomiendo echar un vistazo a la pasta, sobre todo al risotto. Yo creo recordar que elegí el risotto a la marinera, y la verdad es que estaba para chuparse los dedos. Mis compañeros eligieron pasta y pizza. La pizza era de cuatro estaciones, algo que no había visto jamás: llevaba mozzarella, aceitunas negras, jamón, champiñones y alcachofa. La parte que más me gustó fue la alcachofa, no pensaba que tendría ese sabor.

Para beber me decanté por la sidra de pera, pero también había de otros sabores, como por ejemplo el de fresa. Tampoco había visto sidras así en mi vida, así que otro punto más a favor para este italiano.

Como postre pedí tiramisú. ¿Qué decir sobre su sabor? ¿O sobre su textura? Todo estaba perfecto. Fue una cena muy completa y muy especial, creo que de las mejores cenas que tuve en Suecia.

Si alguna vez pasáis por Gamla Stan, acercaros a Agaton. La recomiendo muchísimo. La recomiendo tanto que puede que la encontréis llena.

En ese caso, podéis callejear un poco y descubrir otros italianos. Seguro que también son buenísimos.

Otros restaurantes

Cultur bar

Es un restaurante muy cerca de Agaton, un espacio muy acogedor con las paredes color oscuro, el suelo al estilo mosaico y muy buen ambiente. Tiene una terraza un poco inclinada, pero es lo que lo hace especial. La comida también es buena y la clientela no causa mucho ruido, por lo que se puede comer tranquilamente. En las cenas suelen poner velas, creando un espacio muy íntimo, y durante todo el día la barra se llena de gente y mucha alegría.

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Muy cerca del bar también se encuentran otros locales conocidos como Jerntorgiths o Sundbergs Konditori, el cual tiene unas grandes vitrinas llenas de pasteles y tartas con muy buena pinta.

Half Way Inn

Es un pub escocés situado muy cerca de Bistro Bananas, al sur de la ciudad. Es muy conocido en la zona, y en la mayor parte del día, suele estar hasta arriba. Las cenas son el mejor momento del día, ya que las luces de colores que cuelgan en su entrada se encienden y las calles se aglomeran menos. En este restaurante se juntan muchos locales para eventos como los partidos de fútbol, y los sábados también se llena de jóvenes debido a que justo al lado se encuentra la discoteca Side Track.

Se merece una visita, aprovechadlo.

Den gyldene freden

Se sitúa muy cerca de Cultur Bar, y es probablemente el mejor restaurante de la zona. Aunque tenga una terraza muy escasa de espacio (unas cuatro mesas y un arco de hojas en medio), su interior es lo que le da parte de las cinco estrellas de mi valoración. El decorado del interior es muy simple pero acogedor y, sobre todo, muy vintage.

La primera vez que entré me pareció entrar en una película basada en los años cuarenta: unas paredes de color pálido con las mesas de madera oscura, candelabros y varios cuadros de color sepia. Parece un museo. La comida es muy buena, y solo con leerse la carta uno se queda maravillado. Las camareras son muy atentas y siempre están a vuestra disposición. Pero esto no termina aquí, ya que este restaurante tiene más que enseñar.

El restaurante tiene más de dos pisos, y en ellas se pueden encontrar cámaras parecidas al interior de un búnker con las paredes pintadas de blanco, cuadros y muy buena iluminación. El cuarto estrella es Bellman Room, una habitación con adornos de estilo victoriano y una gran lámpara de araña encima de la única mesa que se puede localizar en esos metros cuadrados. Es una mesa larga que se usa para cenas familiares o eventos. 

En general, el restaurante es espléndido, la comida es de excelente calidad y los adornos son de otro mundo. Sinceramente, me quito el sombrero.

¡Y esto ha sido todo! Estocolmo es una ciudad muy interesante y con mucho que ver, y como parte de vuestra visita también está el explorar los restaurantes locales y dejaros llevar por la recomendación tanto de los viajeros como de los propios habitantes suecos. Tal vez descubráis algún otro restaurante que sea mucho más aconsejable que todas las que he narrado aquí. Pero deberíais probar un poco de todo. Al fin de al cabo, nunca viene mal.

¡Un beso a todos y hasta la próxima!


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