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La vuelta al mundo en 59 días. Cuarta parte: de vuelta a la capital

La vuelta al mundo en 59 días. Cuarta parte: de vuelta a la capital

¡Hola a todas y a todos! De nuevo estuve con problemas en  mis tendones por un tiempo y por eso no había podido subir nada. En realidad sigo un poco mal, pero quiero seguir publicando aunque sea poco a poco las entradas que tenía pendientes sobre mi vuelta al mundo, es que no quiero quedarme atrás en esto.

Así que aquí tienen, la cuarta parte de este blog sobre mi maravillosa aventura alrededor del mundo. Como podrán leerlo en el título, se trata de la entrada referente a mis últimos días en el continente europeo, y más específicamente mis últimos días en España, en los que seguí enamorándome de este hermoso país.

Comencemos.

Ta loguiño, Santiago de Compostela

Ya les he dicho muchas cosas de Santiago de Compostela, pero no me canso de hacerlo, pues fue una ciudad en la que disfruté tanto vivir, que cualquier mención de ella me hace sentir nostálgica porque ya no estoy ahí, pero feliz de que pude estarlo por un tiempo.

En las entradas anteriores les hablé sobre muchas cosas de la ciudad, pero esta vez les hablaré de mi último día en Santiago, de mi despedida de Santiago.

Mi tren de ida a Madrid salía un domingo a mediodía, por lo que me quedaba al menos un pedazo de la mañana para aprovechar mis últimos momentos en Santiago. Lo que hice fue ir al centro, comprar los recuerditos que no me había dado tiempo de comprar antes (como buena mexicana, hasta esto lo dejé para el final) y pasear por esas calles tan bonitas por última vez. Después de conseguir los souvenirs que necesitaba, vi que todavía me quedaba algo de tiempo para despedirme de mi plaza favorita, entonces fui a la plaza del Obradoiro, me senté en el suelo de frente a la catedral como tantas veces antes, y la admiré por última vez.

Tantos momentos felices, tanta gente importante, tantas experiencias irremplazables... y era momento de decir adiós a la ciudad que me había brindado todo esto. Gracias, Santiago de Compostela, gracias por todo.

Y bueno, no queda mucho que decir sobre lo que pasó después. Fui a la estación de trenes a tiempo para abordar mi tren en dirección a la capital española. Y mientras mi tren comenzaba a avanzar y me separaba de la ciudad que me hospedó por más de un mes, solo pude pensar en unas de las pocas palabras que pude aprender en gallego, pero las más significativas para la ocasión: “Ta loguiño, Santiago de Compostela”.

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Madrid

En Madrid estuve como dos días, y aunque no me dio tiempo de mucho, pude revisitar alguno que otro lugar que había visto la vez pasada que fui a Madrid, y pude conocer otros nuevos. Esos dos días en Madrid estuvieron separados, ya que después de estar un día en Madrid me fui a Sevilla, y luego volví una tarde antes de irme definitivamente de España para tomar mi vuelo a Vietnam. En esta entrada les hablaré solo del primer día en Madrid.

Aquí me hospedé con mi amiga Marina, a quien conocí durante mi semestre de movilidad en Bologna y tuve la fortuna de poder volverla a ver aunque fuera por poco menos de dos días. Ella y su familia son de las personas más amables del mundo. En serio. Me recibieron con muchas atenciones y fueron muy hospitalarios, y fue esto en parte lo que me hizo disfrutar tanto mi tiempo en Madrid.

BNM

Sin embargo, mi único objetivo al ir a Madrid no era reencontrarme con mis españolas favoritas (Marina y su ex-roomie Jimena, a ambas las conocí en Bologna) o pasear por esta bonita ciudad, sino que tenía motivos académicos muy importantes por los que requería estar en esta ciudad: debía hacer algo de investigación para mi proyecto de titulación de la licenciatura en la Biblioteca Nacional de Madrid, un lugar del que tanto había escuchado hablar en mis clases, y al que finalmente había tenido oportunidad de ir. Desde luego no les contaré sobre mi investigación, pero sí me gustaría contarles un poco sobre la biblioteca como lugar. Es un edificio enorme y hermoso que se encuentra en una de las calles más importantes de Madrid: el paseo de Recoletos. Me encantó trabajar ahí, aunque solo estuve por tres horas más o menos, porque es un lugar que está muy bien organizado y que se ve que funciona muy eficientemente. Si ustedes tienen que hacer investigación algún día en la Biblioteca Nacional de España, quédense tranquilos o tranquilas de que el proceso de inscripción como investigador o investigadora será muy fácil, al igual que el de búsqueda y consulta. Es de los mejores archivos a los que he ido en mi experiencia de investigadora.

Primera vez en el Prado (segunda para  mí)

En fin, otra cosa muy importante de mi visita a Madrid es que pude llevar a mi amiga Marina a conocer el museo del Prado. Como leyeron, fui yo quien la llevó porque ella, madrileña, en veintitantos años de vida nunca había puesto un pie en el museo más importante de la ciudad. Fue una visita muy divertida, y, aunque ninguna de las dos sabía realmente mucho de arte, apreciamos lo que pudimos ver y yo pude conocer unas salas que no había alcanzado a ver la otra vez que había ido a este museo. Nuestro objetivo principal era ver uno de sus cuadros más famosos, Las Meninas de Velázquez, y no solo lo vimos, sino que incluso nos tomamos una foto con él.

 

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¿Sabían ustedes que no se pueden tomar fotos adentro del museo? Bueno, nosotras no lo sabíamos, y lo descubrimos hasta después de tomarnos la foto con Las Meninas. No nos dijeron nada sobre no tomar fotos sino hasta después de que ya habíamos capturado en nuestros respectivos celulares al famoso cuadro de Velázquez. Qué suerte la nuestra, ¿verdad?

 

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Plaza del sol, dos españolas y un pan delicioso

Después de visitar el Prado nos reunimos en la Puerta del Sol con la otra amiga española que conocí en Bologna, Jimena, y fuimos a comprar pan muy rico a una de las panaderías más famosas de Madrid, según me cuentan ellas: la Mallorquina. Es tan famosa que suele estar abarrotada de gente, y cuando fuimos no era la excepción. Así que para no esperar demasiado tiempo, compramos nuestros panes para llevar y nos fuimos a comerlos al McDonald’s que había en frente. No sé cuál sea el nombre del pan que yo pedí, pero es uno de los más ricos que he probado en Europa, y eso es decir demasiado. Si ustedes van a Madrid y son tan amantes del pan como yo, por favor no dejen de ir a la Mallorquina. Creo que yo estaba tan emocionada por lo rico que estaba ese pan que ni siquiera le tomé foto, y eso es algo que casi nunca  me pasa. Lo siento, no puedo darles prueba fotográfica de cómo lucía, pero créanme que estaba delicioso.

Palacio real y final del día

Otro amigo mexicano de Marina se nos unió cuando estábamos en el McDonald’s, y de ahí nos fuimos los cuatro al Palacio Real de Madrid a seguir platicando. Nos sentamos en unas escaleras ubicadas justo en frente de la entrada del palacio, y ahí estuvimos el resto de la tarde platicando. Ahí nos tomamos esta foto:

 

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Nos regresamos más o menos temprano a casa de Marina porque al día siguiente yo tenía que madrugar para ir a Sevilla, pero de este viaje tan especial ya les hablaré en la siguiente entrada, así que sigan al pendiente.

¡Gracias por su atención y hasta la próxima!


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