Advertise here

Burdeos en 24 horas

Publicado por Julen Diez — hace 1 mes

Blog: Francia sureña
Etiquetas: Blog Erasmus Burdeos, Burdeos, Francia

¡Hola a todos! Hoy os traigo otro de mis viajes que se ha llevado a cabo en verano: la región francesa de Aquitania, y concretamente los departamentos de Gironde, Landas y Pirineos Atlánticos.

Durante nuestra estancia en las Landas, el primero en visitar, vimos que teníamos algunos días libres, días sin nada especial que hacer, así que hablamos entre nosotros y surgió la propuesta de conocer Burdeos en un día, ciudad que estaba a hora y media de nuestro pueblo: Vieux-Boucau-Les-Bains. Hace tiempo que quería visitar Burdeos, es una ciudad que siempre me ha parecido atractivo y que ha sido protagonista de conversaciones en los cuales he participado.

Era uno de mis deseos visitarlo antes de volver a la península, así que hicimos un esfuerzo en cumplirlo y cogimos el coche un lunes soleado para ser un turista más  en la aglomeración francesa. Pero no nos dimos cuenta que aquel día no sería solamente soleado, sino también caluroso, muy caluroso. Si lo hubiéramos sabido antes de salir a la carretera, hubiéramos dado la vuelta y parar en la playa más cercana. Aún así, nos fuimos a la aventura.

Burdeos era bastante complicado, construido con calles laberínticas. Antes de cruzar la entrada a la ciudad, fuiimos conscientes de que habíamos pasado por pueblos que pensábamos que eran simples barrios, pero no. Cada uno era un municipio, pero todos estaban enlazados y muy cerca del otro. Por eso cometimos ese fallo y nos causó tanta confusión.

Y cruzamos unos cuatro antes de llegar a la ciudad, ciudad. Aparcamos bastante cerca del centro, justo al lado de La Plaza de la República. Al principio estábamos muy desorientados debido al hecho de que no sabíamos ni dónde teníamos los pies ni por dónde teníamos que ir para llegar al casco viejo. Nos acercamos a una estación de autobús con un gran mapa de la ciudad. Pero tampoco nos ayudó mucho (al menos al principio) ya que no teníamos ni idea de en qué dirección estábamos, y nos costó descrifrarlo.

Rápidamente, nos dimos cuenta que las atracciones turísticas y los edificios importantes estaban muy cerca entre sí. Pero no por lo que nos mostraba el mapa, sino porque ni siquiera habíamos caminado cinco minutos cuando ya teníamos en frente el Tribunal de Grande Instance y el Château du Hâ. Y los pasamos de largo como si nada.

burdeos-24-horas-e88e86cfc282590c8c84128

burdeos-24-horas-56f496a38bc12ab4e70028f

Y poco más tuvimos que caminar para llegar a la Catedral, y de ésta no pasamos de largo.Era gigantesca, dos torres que poco les quedaba para tocar el cielo. Dos torres a los cuales tenía que mirar con el cuello torcido y la nuca en los hombros. Me recordó mucho a la Catedral de Chartres por la fachada principal y a la de Paris por la fachada trasera. Su decoración era tan detallado y tan simétrico e intacto que no paraba de mirarlo, y no es algo muy habitual en mí fijarme en edificaciones de este estilo.

A su izquierda descubrimos el Ayuntamiento, y lo descubrimos porque primero lo confundimos con un palacio, pero resulta que también lo era: se llamaba el Palacio Rohan. Un Buckingham Palace en miniatura. Contaba con un patio frontal muy espacioso, ventanales en un 90% de su exterior y una plaza que enlazaba la puerta principal, vigilada por dos majestuosas esculturas, la catedral y los bares llenos de gente y vivacidad.

Fue un buen comienzo del día turístico en la ciudad girondina.

burdeos-24-horas-cccb1e037bd528d7107863e

burdeos-24-horas-8dbbcaf24985a86ce701234

Avanzamos un poco y a la vez de salir de la plaza ya nos habíamos metido en el casco viejo, calles llenas de olor a historia y cultura. Las casas eran antiguas pero tenían un atractivo que no sabría explicar. Todas eran de diferentes alturas, algunas renovadas y otras conservadas, recién pintadas o en su color original, con blacones frondosos o simples ventanas, pero cada uno tenía su atractivo inexplicable.

Había muchos restaurantes, bares y tiendas por aquellas calles y las plazas que se conectaban con ellos. Mucha gente había salido a la calle debido al maravilloso tiempo, y entiendo que nadie quería perderse un día así, tan soleado. Yo tampoco me lo perdería, pero hacía mucho calor, eso sí. Menos mal que los atractivos edificios hacían sombra y nos salvaban de terminar quemados.

Y menos mal también que había bares por todos los lados, fue un detalle que me encantó y que lo agradecí más de una vez. Nunca te morirías de sed en Burdeos, y menos con los treinta grados que se aguantaban en aquel momento.

burdeos-24-horas-d03769d1590ab3715ebf951

Salimos de las calles y después de cruzar por una plaza llena de terrazas y niños salpicando con el agua de las fuentes, pasamos por debajo de la Puerta de Cailhau, un monumento muy famoso en Burdeos. Tenía un estilo gótico que me recordaba a una torre de algún castillo perdido por los Cárpatos. Y era más grande de lo que me imaginaba.

Me quedé mirando un rato y me di cuenta de que las ventanas no tenían cristal y que sus fachadas estaban un tanto desgastadas y agujereadas, como si anteriormente hubiera sido atacada y bombardeaba, pero de todas formas, se conservaba muy bien. Era uno de los lugares conmemorativos de la ciudad.

burdeos-24-horas-96d35d9f04feebd3cef0686

burdeos-24-horas-b5d0a3985ec81ddd1b1c4e1

Pasamos por la puerta, y unos pasos más hacia adelante, pudimos ver el  río Garona al fondo, así que no esperamos más y cruzamos el paso de cebra para poder verlo mejor, de más cerca. Era un río con aguas no muy claras, no se veía el fondo, pero sin embargo, era colosal, al menos lo es si lo comparamos con el de mi ciudad. Pero desde luego que lo era.

burdeos-24-horas-0456382d8558d624fbe9106

Vimos que al otro lado del río había más casas, casas que estarían ocultando algo que ver y enseñar orgullosamente a todo el mundo, y estábamos seguros de que si cruzábamos el rio, algo encontraríamos.

El puente para cruzarlo no estaba muy lejos, así que aprovechamos nuestra ubicación y antes de visitar la zona norte de la ciudad, caminamos un poco hacia el sur hasta llegar al Pont de Pierre y cruzarlo para arribar a aquella zona no tan turística: La Bastide.

burdeos-24-horas-9b74bf8284ab367e5c3ab06

Lo primero en lo que nos fijamos cuando pisamos La Bastide es que la mayoría de las casas no tenían nada que ver con las del otro lado del río, ya que, o estaban más sucias y más viejas, o eran modernas, por así decirlo. 

Desde el primer instante nos dimos cuenta de que no encontraríamos nada para poder visitar, pero gracias a un mapa tuvimos la oportunidad de conocer un jardín botánico ubicado ahí.

Además, según internet el jardín parecía bastante grande y tenía pinta de ser bonito, así que no dudamos en echarle un vistazo.

burdeos-24-horas-b0c28db2be4c1d2ce0cc5f1

Llegamos a la entrada del jardín, y lo primero que vimos fue el bar del jardín cerrado y un grupo de niños jugando con las fuentes. 

La primera impresión, obviamente, no fue la mejor, pero no solo por los niños, sino por el parque en sí: no había plantas especiales, no había casi árboles y la mayoría del espacio era césped. Pero no nos rendimos y le dimos una segunda oportunidad explorándolo más adentro.

A medida que íbamos metiéndonos, tuvimos la sensación de que el jardín no tendría ningún parecido a lo que nos esperábamos, ya sea por su tamaño o sea por su contenido.

Estaba dividido en cuatro zonas, y la primera era el de los niños. La segunda era la zona de las parcelas (algunas vacías y llenas de agua sucia) con verduras y otras plantas como los girasoles. No era el tipo de flora que nos interesaba, éramos de una provincia llena de huertas, y no nos parecía algo fascinante para parar a verlo. 

Pero tenía algo bueno, al fin de al cabo: tenía manzanos suficientemente adultos como para poder comer y sentarnos tranquilos debajo de ellos, dándonos una sombra que tanto agradecíamos.

Comimos y fuimos a la tercera zona, que estaba muy cerca de la segunda, y la segunda también estaba cerca de la primera. En ese momento confirmamos que el tamaño real no era la que esperábamos cuando vimos las fotos en el teléfono móvil.

La tercera zona constaba de cuatro grandes rocas que mostraban las capas geológicas de aquella zona de Francia, una zona llena de playas, dunas y la flora correspondiente a ella. Las rocas tenían sus respectivas plantas encima de ellas, pero solo eran cuatro rocas, que tampoco me lo esperaba.

Y finalmente nos paramos en la zona cuatro del jardín: el jardín acuático. Era un lago cuyo fondo no se veía y sus alrededores estaban llenos de nenúfares, plantas acuáticas y libélulas con pequeños caminitos para poder verlos de cerca.

Creo y afirmo que eso fue lo único del parque que, entre comillas, merecía la pena verlo. Fue un paseo muy agradable, aunque la temperatura no ayudara mucho.

Sin embargo, tuvimos un buen descanso y pudimos comer y descansar con tranquilidad y con una buena sombra.

burdeos-24-horas-9eb8c523862dc73d9a0c7df

Salimos del jardín y decidimos cruzar de nuevo el puente, pasando primero por algún bar para tomar algo. Hacía tanto calor que tuvimos que abrir un paraguas para protegernos del sol e ir por las sombras de las casas.

Por fin llegamos a un bar y pudimos tomar algo que nos refrescara, y así sí estuvimos preparados para volver al centro de Burdeos.

burdeos-24-horas-f077ea4414d93e7f6f51bc2

 

Y lo que pasó a continuación fue todo un milagro: mientras cruzábamos el puente para volver a la Puerta de Cailhau, vimos a lo lejos un palacio con una plaza delante llena de gente y agua, una plaza de agua. Se no llenaron los ojos de sed, no pudimos resistirnos y aceleramos nuestra marcha para llegar lo antes posible a aquel sitio.

Aunque primero pasamos por una tienda a por más bebidas. El calor era exagerado.

La plaza se llamaba Le Miroir d'eau, y era muy famosa por todo el mundo. Estaba en frente de otra plaza llamada Place de la Bourse, que lo completaban el Musée national des Douanes y el Bordeaux Palais de la Bourse. Sinceramente, era lo mejor que habíamos visto hasta el momento, y el miroir d'eau era todo un alivio para nuestros pies.

burdeos-24-horas-22f18e301bfcb1c9e127764

burdeos-24-horas-fb4f9f29a1028ee535774fe

Había muchos turistas que se habían acercado a aquella zona de agua para descalzarse y refrescarse. Los niños corrian y se tumbaban y jugaban con el agua, los jóvenes se sacaban fotos, las parejas daban vueltas agarradas de la mano y los mayores disfrutaban viendo cómo los niños jugaban.

Nosotros también queríamos disfrutar de aquello, y nos descalzamos para entrar. El suelo ardía, ardía que no veas. Ya teníamos más ganas para mojarnos los pies, más de lo actual.

burdeos-24-horas-31cb89b552f4859eb4994a3

Sí, pocos milímetros de agua nos salvaron del bochorno. Era algo muy minimalista, por así decirlo, ya que era poca cantidad de agua, pero a la vez algo tan necesario para un día de calor como fue ese día.

Pero no solo eso, ya que la duración del agua sobre aquella plaza tenía un límite de tiempo y luego se vaciaba. Así, segundos más tarde la plaza se llenaría de vapor y los niños correrían por aquel laberinto de humo.

Fue algo espectacular.

burdeos-24-horas-f08ffe0d0051cb09ec54f2e

Cuando la plaza se vació de agua por segunda vez, nos pusimos las zapatillas (con mucho esfuerzo y dolor, debido al suelo abrasador) y cruzamos la carretera para pararnos en La Place de Bourse, otra de las atracciones turísticas más conocidas de Burdeos.

La plaza estaba compuesta por un museo a su lado izquierdo y un palacio a su lado derecho, los dos construidos del mismo estilo y misma simetría y una gran fuente en medio que los conectaba.

burdeos-24-horas-98ea11c67217966a2b76e7e

Ya eran las cuatro de la tarde y hacía demasiado calor hasta para acercarse a la fuente y refrescarse un poco la cara y el cuello, así que nos quedamos formalitos en la sombra que daba el edificio del museo. 

Nos quedamos por un buen rato ahí hasta que nublara un poco, y cómo veíamos que no había ni una sola en el cielo, cogimos el preciado paraguas y salimos de la plaza para llegar a otra atracción turística cercana:

Monuments aux Girondins.

burdeos-24-horas-7a02f888573ae3bf44d3ec4


Pero antes que eso descubrimos los Quinconces, una arboleda perfectamente alineada con tres paradas de tranvía y dos de buses dentro.

Era algo muy curioso ya que no nos esperábamos un bosque con raíles de tranvía en medio de un Burdeos. Pero fue muy interesante.

burdeos-24-horas-c9447b2bbc197cded9e8cf2

Más tarde nos dimos cuenta que el bosquecito era una parte de la plaza de queríamos ver, y que al otro lado también había uno similar.

Y por fin llegamos a la plaza de Monuments aux Girondins.

Era una plaza enormemente grande y lamentablemente vacía. Muy vacía. Había una noria en la entrada de la plaza, y una fuente dedicada a los girondinos al fondo de la misma, todo lo demás era vacío total.

burdeos-24-horas-ab0b4385d584efc2618c2df

La gente no paseaba por el medio de la plaza debido a lo que tantas veces he mencionado en este artículo, y caminaban por las esquinas, donde se encontraban los árboles, así que hicimos lo mismo para poder ir de la noria a la fuente.

Cuando llegamos a la fuente nos acercamos bastante para poder mojarnos la cara y ya de paso sacarnos algunas fotos. Era el monumento más bonito que habíamos visto aquel día, sin contar la Puerta de Cailhau.

burdeos-24-horas-e78eebcfa8fa6b6f87d7dc2

Después, nos recorrimos medio casco viejo y llegamos a la plaza de la Ópera. No tenía mucho de especial aquella plaza, ya que la ópera era bastante normalita desde fuera y con un estilo monótono comparando con el de París, por ejemplo.

Pero pudimos sentarnos en un bar muy florido y descansamos bastante de toda la caminata que habíamos hecho en un solo día.

burdeos-24-horas-a64ee50eb6e76b125192bd4

Pagamos y seguidamente nos fuimos para el aparcamiento donde dejamos el coche, que ya era hora para volver al camping. Pero primero, atravesamos la gran vía de la ciudad.

Una calle llena de turistas, jovenes y adultos paseando, tomando un helado o dos, entrando y saliendo de tiendas de ropa bastante globalizadas y las locales, ropas de marca y de segunda mano, de zapatillas y de lencería, todo lo que la clientela exige.

Y nosotros también entramos a alguna que otra tienda, pero solo para mirar.

burdeos-24-horas-f3df606633bbeb2e83cd737

Y así fue un día entero en Burdeos, una ciudad llena de cosas para ver, y todavía lo que nos quedó pendiente. Sin duda no se puede ver todo Burdeos en un solo día, pero sí lo suficiente como para enamorarse de ella.

Yo, personalmente, no tuve la oportunidad de apreciarlo de la manera en la que se merece, y la razón fue el calor.

El calor que me mataba por dentro y me pedía y me obligaba a comprar bebidas cada dos por tres y a caminar sobre sombras y sentarme en todos los sitios posibles porque era agotador.

Pero a pesar de todo esto, yo sí volvería a Burdeos. Volvería porque tiene algo especial que no lo pude ver con claridad y me muero de ganas por descubrirlo a fondo.


Este contenido participa en el Concurso Viajeros Erasmus y ha recibido 1712 puntos.

  • 14281 caracteres (1428 puntos)
  • 78 vistas (234 puntos)
  • 25 fotos (50 puntos)
Este concurso ha sido posible gracias a:


Galería de fotos


Comentarios (0 comentarios)


¿Quieres tener tu propio blog Erasmus?

Si estás viviendo una experiencia en el extranjero, eres un viajero empedernido o quieres dar a conocer la ciudad donde vives... ¡crea tu propio blog y cuenta tus aventuras!


¿No tienes cuenta? Regístrate.

Espera un momento, por favor

Girando la manivela...