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Amanecer en Barcelona

Un par de semanas antes de volver de Barcelona el mes pasado, hice una lista de cosas que hacer: todo lo que quería hacer antes de irme de la ciudad. Dos de las cosas de esta lista eran ver el amanecer; una en la playa y otra en los bunkers del Carmel, para ver el amanecer por toda la ciudad. Me he levantado antes de que saliera el sol muchas veces, pero nunca había tenido tiempo de ir y apreciarlo desde algún lugar pintoresco. Esperé hasta que mi madre viniera a ayudarme a hacer las maletas (soy muy mala haciendo las maletas), porque sabía que era la única persona que se levantaba antes que yo.

Mar, arena y amanecer

El primer amanecer de la lista era en la playa de la Barceloneta. Estábamos listas: según Internet, el sol saldría exactamente a las 6:38 a. m. Nos levantamos a las 5:00 a. m., salimos a las 5:45 a. m., pensando que nos daría tiempo a encontrar el lugar ideal. Pasamos por el Barrio Gótico. Estaba claro por qué tenía ese nombre, sobre todo cuando estaba todo oscuro. Las callejuelas que normalmente son fotogénicas eran como sombras negras, había charcos llenos de a saber qué, reflejando las pocas luces que había en las calles. Las puertas de las tiendas y panaderías, que estaban llenas de gente durante el día, eran como jaulas y prisiones por las barras de hierro que las protegían. Aceleramos un poco el ritmo hasta que finalmente (bueno, solo tardamos diez minutos, pero parecía mucho más), llegamos a la playa. La calle estaba completamente vacía, lo que hizo que fuera un poco inquietante. El passeig de Colom es una de las calles más transitadas de mi vida diaria, y es muy fotogénica. Además, había muchas farolas que iluminaban todo el camino hasta el final de las Ramblas. Montjuïc brillaba en la cima de la colina en el fondo.

Amanecer en Barcelona

Todo estaba en silencio antes del amanecer.

En el momento en que encontramos un espacio en la playa, la intensidad de la oscuridad empezaba a desvanecerse. En el paseo marítimo, pasaron algunos grupos de personas que habían estado en los clubes nocturnos cerca de la playa, se estaban yendo a casa. Cómo lo hacen, nunca lo entenderé. Entonces, cuando estaba empezando a amanecer, minutos antes de que saliera el sol en el horizonte, nos dimos cuenta de un problema: las nubes de tormenta. Eran enormes, oscuras y trágicas, y estaban justo en el lugar donde se suponía que el sol saldría, rodeando a mi madre y a mí, acurrucadas en una manta en la arena. Y entonces empezó a llover. Pero nosotras estábamos empeñadas en verlo. El cielo que estaba despejado a nuestra izquierda se volvió rojo, rosa y naranja. Finalmente, el sol comenzó a brillar sobre la línea oscura del mar. Sin tener en cuenta que estaba lloviznando, intentaba apreciar el amanecer en primera persona, y a través de la lente de mi cámara, hasta que finalmente el sol carmesí se elevó hasta las nubes bajas y desapareció.

Amanecer en Barcelona

¿Ves lo que quería decir sobre las nubes?

Amanecer en Barcelona

Una gaviota, que no paraba de moverse, decidió estropear mi foto del amanecer.

Entre las nubes y la llovizna, no era precisamente lo que tenía en mente cuando dije que quería ver el amanecer en la playa, pero bueno, lo hicimos. Sigo estando muy feliz de que hayamos visto el amanecer (aunque sea un poco), nos hicimos fotos, y después encontramos uno de los pocos cafés abiertos en la zona y nos tomamos un café con leche en el bar.

Vista desde lo alto: los bunkers del Carmel

Sin duda, este viaje nos fue mejor. Al día siguiente de haber estado en la playa, nos levantamos otra vez antes que saliera el sol. Para disfrutar de esta vista, teníamos que hacer un pequeño esfuerzo. El mapa decía que estaba a veinte minutos a pie hasta la colina desde la estación de metro de Alfons X. Así que compramos unos panecillos y una botella de agua en una panadería cerca de aquí, y nos subimos al metro desde Jaume I (por suerte, estaba solo a menos de dos minutos desde mi casa) hasta la estación Alfons X; desde allí, comenzamos nuestra caminata.

Según las fotografías que se ven en Google, es fácil deducir que los bunkers del Carmel están situados bastante altos. Pero eso no nos hizo pensar lo empinada que iba a ser la colina. Nos llevó unos veinte minutos andando a un ritmo decente, y a mitad de camino, las calles se convirtieron en senderos que subían por la colina. Entonces el camino ya no estaba asfaltado, era de tierra y piedras, ligeramente desgastado por el uso, pero lo suficientemente resistente como para hacerme sentir como una cabra montesa. Cada vez que mirábamos hacia arriba, los bunkers parecían cada vez más altos, y las dos o tres personas que nos habían adelantado eran diminutas figuras en el cielo que se iba iluminando poco a poco. Más de una vez pensé que mi madre me iba a empujar hasta el borde por obligarla a subir la colina antes incluso de desayunar, pero finalmente lo conseguimos. Y valió la pena cada segundo.

Amanecer en Barcelona

El sol iluminaba el mar y se desvanecía entre las sombras.

Parecía que hubo una fiesta aquí durante la noche. Había varias latas de cerveza y bolsas de basura esparcidas por todo el lugar. Pero aparte de mi madre y yo, solo había otras cuatro personas en las ruinas:eran tres diminutas figuras que habíamos visto desde la colina, otro era un chico que había traído su portátil, se instaló en un lugar con una buena vista, y estaba poniendo música tranquila de trance. No estoy segura de si hace esto todos los días o si solo quería que su experiencia estuviera acompañada de una banda sonora.

Desde el borde, podía ver toda Barcelona; desde el otro lado, el Tibidabo se veía por encima de la verde montaña. El cielo estaba completamente despejado y el sol irrumpía por encima del mar sin ningún problema. Las sombras de la ciudad comenzaron a disiparse mientras todo cobraba nuevos colores. Fue exactamente la experiencia tranquila y maravillosa que esperaba que fuera. Hicimos algunas fotos de la ciudad, el sol y el mar, las montañas, y por supuesto, de nosotras, también hicimos algunas selfies (como tiene que ser). Después, satisfechas con nuestra aventura, nos sentamos a desayunar y disfrutamos del sol de la mañana que nos daba en la cara. Y así pudimos ver cómo empezaba un nuevo día.

Amanecer en Barcelona

Como podéis ver, aquí estaba sujetando el sol con mis manos.

Amanecer en Barcelona

Le doy las gracias a mi madre por haberme acompañado a subir a la montaña. ¡Gracias, mamá!

Ver el amanecer con una vista preciosa es una experiencia de la que nunca me cansaría. Principalmente porque siempre es precioso, pero también porque cuando el sol sale, tengo un día entero por delante. También me sentía como si tuviera una ventaja sobre los demás. El día que fuimos a los bunkers del Carmel, a las 10 de la mañana ya habíamos subido y bajado la colina, habíamos desayunado, tomado fotografías, nadado en el mar antes de que los turistas llegaran a la playa, y estábamos recompensando nuestro ejercicio comiendo un postre, tres leches, en un café latino.

Puedes aprovechar mucho la mañana.


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