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Increíble experiencia en Indonesia (Nusa Penida, Parte 2)


Hacia el puerto

Este artículo sigue al anterior: Increíble experiencia en Kuta, Indonesia (Parte 1). En él cuento un día de viaje perfecto con mi amiga en Kuta. No voy a meterme en muchos detalles sobre los días siguientes en Kuta, ya que la mayoría de cosas ya las conté en el artículo anterior. Aquí hablaré de nuestra inolvidable experiencia en Nusa Penida. Esta isla está ubicada al este de Kuta, separada por el agua. También os enseñaré cómo llegar a Kuta desde Nusa Penida.

Nusa Penida es una isla que vale la pena visitar si estás buscando adentrarte en una zona virgen y alejada de la tecnología y la industrialización de otras zonas de Indonesia. Es un lugar perfecto para tomar aire fresco, encontrar paz y, sobre todo, emoción, pues es un lugar espectacular donde bañarse, hacer escalada, snorkel, contemplar las vistas, y muchas más cosas. Mi amiga y yo estuvimos de viaje por Indonesia en la temporada de lluvias y, como es la temporada preferida entre los turistas, encontramos que muchas actividades estaban mucho más baratas que de normal, aunque ya los precios son asequibles de normal; además, encontramos que muchos sitios estaban mucho menos concurridos que como estarían en la temporada seca.

Uber

Así que, tras un par de días en Kuta, decidimos visitar Nusa Penida antes de dirigirnos a cualquier otra isla de la zona. Para llegar a Nusa Penida desde Kuta fuimos al puerto de Serangan para coger un barco desde ahí. Ya conocíamos la reputación de las carreteras y el tráfico que nos encontraríamos en la zona. Tuvimos que averiguar cómo podíamos llegar de un lado al otro y decidimos llamar a un Uber. Aveces no vale la pena tomar el Uber debido a las fuertes tensiones que hay entre conductores de Uber y taxistas. Desafortunadamente, no confiábamos en ninguno de los taxis que vimos, ya que en Kuta se veían un poco sospechosos. Verás que hay muchas trampas en el turismo y muchos estafadores de turistas.

Así que si decides coger un taxi normal, asegúrate de comprobar los precios y todo lo que necesites. No queríamos todavía meternos en esos líos ya que a penas acabábamos de llegar a Bali y necesitábamos algo de tiempo para acostumbrarnos al regateo o a la posibilidad de encontrarnos con una estafa durante nuestras vacaciones. Además, no ayudaba mucho que no sabíamos qué esperar del tráfico, por lo que tampoco teníamos una idea de hasta cuánto se podría multiplicar el precio.

Puestos de comida

El viaje en Uber fue súper barato. Especialmente al haberlo partido entre dos. El tráfico, sin embargo, horrible. Las infraestructuras son un poco caóticas, con un montón de calles haciendo zigzag y con calzadas demasiado pequeñas para la cantidad de coches que las atraviesan. Decidimos parar en una pequeña área de comercios, en la que había un supermercado y un KFC justo antes de acceder al puerto. Almorzaríamos algo antes de empezar nuestra súper aventura.

No puedo expresar con palabras lo buena que está la comida indonesia. Es verdad que mucho de lo que comen es fritura. Pero vengo a referirme a la fruta. Nos fuimos de compras al supermercado y nos quedamos de piedra al ver la variedad de productos disponibles que no habíamos visto nunca antes. No cogimos demasiada comida para llevarnos, ya que Bali es muy húmeda y habríamos tenido que devorar la comida casi inmediatamente después.

Nos sentamos en el jardín del KFC y disfrutamos nuestra fruta. Los sabores eran muy genuinos y súper intensos. Es vergonzoso que nuestra fruta, al menos en la mayoría de países occidentales, no sea tan buena ni sepa tan bien. También cogimos una tableta de chocolate local y unos frutos secos. Muchos productos tenían un sabor muy distinto a lo que estaba acostumbrado. Si pudiera recomendar una fruta de entre todos los tipos de fruta que hay, te diría que probaras la papaya. Están jugosísimas y muy ricas. Además te mantienen fresco por la vasta cantidad de agua que tienen. Además, fíjate en lo raros que son el chocolate, los cacahuetes y los snacks que tienen. Son muy baratos y puedes darte un festín de comida solo con eso. Pero no recomiendo los dulces de Arnott's; bajo mi no muy imparcial opinión, no tienen nada de especial, ni siquiera en el sabor.

Playa Sanur

De todas formas, no íbamos a viajar ese día sino que habíamos decidido antes quedarnos un día en Playa Sanur. Habíamos reservado un hostal muy barato en esta zona exclusiva del sur de Bali. En esta área hay un centro comercial enorme de ropa y comida. Es bastante asequible en los precios y ahí compramos el picoteo que nos llevaríamos al ferri por la mañana del día siguiente. En esa zona también hay varios cajeros automáticos para sacar dinero. Ten en cuenta que aquí se usan las rupias indonesias. No me llevé dólares australianos, así que simplemente saqué dinero de los cajeros automáticos que iba viendo, para contrarrestar el dinero que me pudieran haber estafado. Sin duda, era la mejor opción. Sé consciente del banco al que estás acudiendo porque la comisión de algunos, en comparación con otros, es muy baja o incluso nula. Acudí a un buen surtido de bancos para sacar dinero, aunque tuve que ser estratégico ya que algunos cajeros siempre cargan la misma cantidad de dinero mientras que otros retienen un porcentaje, así que hay que ir con cuidado al escoger cuánto dinero sacas con qué banco.

Increíble experiencia en Indonesia (Nusa Penida, Parte 2)

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La zona es perfecta para caminar. Ves la vida cotidiana de los locales y hay muchos puestecitos para comer. Los precios tampoco serán turísticos, así que no te estafarán y podrás comer todo lo que quieras. Fuimos a una playa a relajarnos aprovechando el día tan soleado que hacía. Estuvimos por ahí hasta que unos nubarrones grises dominaron el terreno. Normalmente empezaba a llover al mediodía y no paraba durante toda la tarde. La puntualidad de la lluvia era asombrosa, aunque a lo mejor era solo casualidad. De todas formas, durante la visita a Playa Sanur solo vimos un par de grupos muy reducidos de turistas y se sentía muy bien poder disfrutar de lo que teníamos alrededor sin que tuviera que estar todo lleno de artificios para turistas. Después de un largo día de paseo y relax, volvimos al hostal caminando sobre el humedecido suelo.

Nos quedamos en Cafe Locca Homestay y era como una selva. Aunque pensándolo bien, prácticamente toda la isla de Bali era así. Nos quedamos en una habitación con aire acondicionado y cuatro camas. A penas pagamos 10 AUD cada uno. El sitio era bastante cómodo, con una piscina fuera de nuestra cabaña de madera. Había otros mochileros disfrutando de la tranquilidad en la piscina, aunque no muchos, ya que iba a ponerse a llover de un momento a otro. Incluso aunque solo sea para tumbarse en el sofá y con una almohada fuera de la cabaña, con todas las palmeras alrededor, es un muy buen lugar donde pasar la noche; quizás con una cervecita, o un par.

Quizá debería haber mencionado esto antes pero los mosquitos son un problema, sobre todo porque pueden contagiarte alguna enfermedad. Mi amiga y yo tuvimos que gastarnos algún dólar que otro en repelentes de mosquito para mantenerlos alejados. La verdad es que no habría sido muy divertido pasarme parte de mis vacaciones en el hospital gracias a alguna enfermedad exótica y te recomiendo encarecidamente tener cuidado con este tema. Es posible que yo me haya puesto en riesgo al no tenerlo demasiado en cuenta para venir aquí. Sé de un caso en el que la chica que estaba viajando por el sureste de Asia contrajo una enfermedad por una picadura y tuvo que volver a casa casi de inmediato por lo mal que se encontraba. La verdad es un rollo que el clima húmedo y tropical de Indonesia convierte a este lugar en un paraíso de bacterias y enfermedades de todos los tipos y, mientras que el sistema inmunológico de los locales se ha adaptado a la mayoría de ellas, la mayoría de nosotros no. Especialmente si vienes de las partes más frías de Europa en las que las enfermedades no crecen tan deprisa. En nuestro caso, la verdad es que no nos vacunamos antes de venir pero tuvimos suerte. De verdad, antes de venir infórmate bien del tema.

El puerto

Nos despertamos muy pronto para poder coger el primer barco de la mañana y fuimos al puerto para ver las distintas posibilidades de transporte que teníamos, aunque las posibilidades se reducen básicamente al típico ferri o a una lancha motora. Por lo general, un barco normal hace tres viajes durante un día y suele salir a las 11:0, a las 14:00 y a las 16:30. A penas cuesta unos 19 dólares.

Sin embargo, nos decantamos más por la segunda opción, la lancha. En realidad a penas nos costó 23 AUD a cada uno y vale la pena. Me acuerdo de que pagué el billete e inmediatamente fuimos a la orilla, que estaba solo a unos metros. Había mucho ajetreo y mucho ir y venir de locales. Una cosa a la que me costó acostumbrarme fue la cantidad de empleados que había para hacer el mismo trabajo, incluso quienes se encargaban de soltar el cabo o de ayudarte a montar en el barco.

Tuvimos que quitarnos las chanclas y llevar nuestro equipaje a la barca, que era una lancha bastante grande y con techo. A penas éramos docena y media de personas en el barco. Lo que sí era extremo era la humedad pero la barca nos aliviaba el calor según aceleraba con la brisa del mar y el agua. Aunque el viaje en barco no fue muy largo, si sueles marearte en los barcos, prepárate porque no fue un viaje precisamente cómodo. Aún así, no lo suficiente como para ponerte de mal humor.

Nusa Penida

Tras el largo camino, por fin atracamos en el muelle y el paisaje se veía precioso: aunque se vislumbraban nubarrones en la distancia, por suerte, brillaba el sol en la zona donde estábamos y las aguas turquesas resplandecían con intensidad. La parte en donde nos quedábamos tenía edificios muy pequeños pero muy coloridos y estaba llena de personas. Nos bajamos del barco y atravesamos la multitud. Era muy difícil encontrar wifi, no esperes que haya ningún punto con zona wifi. El único sitio que tenía wifi era un buffet que había a la izquierda del muelle. La comida tenía buena pinta pero necesitabas el carné de residente (ya que era parte de un hotel) para comer ahí y también tenías que pagar el acceso al buffet para tener la clave de la red.

Tuve que conectar mi red 4G (y esperarme algún coste adicional de roaming) y buscar cómo encontrar nuestro hostal. Por lo visto, teníamos que coger un taxi que nos adentrara en la isla. En ese viaje vimos buena parte del paisaje y de la selva, cerdos de granja desfilando... Y por fin llegamos a nuestro destino. Entramos en un área que parecía algo así como un monasterio de la selva, con templos fascinantes, con cabañas de madera y modernas en su interior. Conocimos al dueño del lugar, un ruso llamado Artemis que parecía ser el dueño de este, otro local e incluso un negocio de snorkel en ese área.

Nuestro Airbnb

Todas las casas de la zona estaban ocupadas. Por lo visto, había habido un error con nuestra reserva pero al final no fue todo un completo desastre. Pues pidió a dos de sus empleados que nos llevaran en moto por la villa hasta nuestro próximo destino. Al parecer estaba construyendo otro complejo. Este era mucho más lujoso. El interior era un poco pomposo y parecía más bien un lugar al que ir por tu luna de miel. La verdad no nos quejamos porque el cambio fue a mejor y además estábamos más cerca del mar. Estábamos pagando 9 AUD por dos noches cada uno. Así que al final la jugada nos salió bien. Era casi hasta vergonzoso pensar en las instalaciones que íbamos a disfrutar en comparación con la ridícula cantidad de dinero que estábamos pagando. La balanza entre calidad y precio estaba, sin duda, a nuestro favor.

Si alguna vez te encuentras en Nusa Penida te recomiendo que busques a Artemis en Airbnb porque seguro que encuentras alguna buena oferta. En ese momento la tarde solo acababa de empezar, así que teníamos mucho tiempo para explorar la zona. La villa en la que nos íbamos a quedar estaba bastante bien aunque no estaba muy desarrollada y la mayoría de estructuras eran casas pequeñas. Sin embargo, lo que más se veía eran los templos. Cabe destacar que, mientras Indonesia tiene la mayor población islámica en el mundo, en Bali hay muchísima población hindú, lo cual se refleja en la arquitectura de sus templos.

La playa

Anduvimos por varias carreteras hasta que llegamos al mar. La ruta más cercana a la playa era una zona con bastante movimiento de personas. Hay muchos locales descansando en este área cerca de un comedor. Por lo visto, el surf se vive en esta playa. Siguiendo el consejo de unos locales, seguimos caminando hacia el oeste hasta que llegamos a una playa sin rocas ni restaurantes. Encontramos muchos complejos turísticos en esta zona, además de varias camillas y sombrillas esparcidas. Y recuerdo mirar hacia el mar y encontrar una estructura de pilares y con tumbonas.

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Decidimos acercarnos a la estructura rodeada por el mar y vimos que había muchísimas personas nadando alrededor, a lo lejos vimos a un pescador. En seguida lo entendí. Según atravesábamos las aguas transparentes, vi varios bancos de peces nadando por esas aguas cálidas. Subimos a la plataforma y nos tiramos en las tumbonas. La orilla se extendía mucho hacia el océano y el agua parecía no tener mucha profundidad, incluso después de recorrer un buen tramo andando. Así que la plataforma estaba bastante lejos.

Volvimos a la playa y nos dirigimos hacia una playa más concurrida. Hay que destacar que hay varias familias de perros callejeros en esta zona. Por lo visto, son relativamente inofensivos, ya que no había nadie que se asustara cuando pasaban cerca de ellos, aunque no era de mucho alivio. La playa estaba llena de grupos de turistas, también de vendedores de coco. Mi amiga y yo nos gastamos algo de dinero y nos tomamos un buen refresco. Lo mejor de estos enormes cocos verdes era la facilidad con la que te los podías comer después. Solo tenías que pedirles a los comerciantes que te lo cortaran antes de terminar de beberte el agua y morder el pellejo de dentro. Puede que me haya puesto las botas comiendo cocos en este viaje.

Comiendo fuera

Es interesante ver turistas de todo el mundo. Muchos con los que coincidimos eran muy pálidos. Me imaginé que pronto su piel tomaría algún tono de la gama de rojos. Probablemente el mismo tono que tomaría mi amiga alemana. Mientras se acercaba el anochecer decidimos hacer el camino de vuelta. Antes de llegar a nuestro Airbnb decidimos parar en uno de los comedores locales. El local era literalmente un espacio vacío con una cocinera y una freidora. Todavía me sorprende que finalmente decidiéramos cenar ahí ese día. Quién sabe el tipo de intoxicación (o peor) podríamos haber padecido después de esa visita, ya que el lugar parecía peligroso para nuestra salud. Aún así, la comida estaba buenísima. Yo pedí Nasi Goreng con carne y mi compañera lo mismo pero con verduras. Solo nos costó un par de dólares a cada uno, motivo de sobra para volver.

Tras disfrutar de nuestra cena, nos dirigimos a nuestro hostal y nos relajamos por lo que quedaba de noche. Le comentamos a Artemis que estábamos interesados en hacer una de sus excursiones de snorkel y nos explicó que al contratarlo, tendríamos un chófer personal que, no solo nos llevaría por las rutas de buceo, sino que también nos enseñaría algunas partes de la isla. Al día siguiente nos levantamos súper pronto para esperar a que Artemis llegara. Me acuerdo de que no teníamos un supermercado cerca para comprar, aunque en realidad teníamos comida que trajimos desde Bali para pasar el desayuno. Artemis llego con el conductor. Recogimos nuestras cosas y pagamos el servicio. El snorkel nos costó unos 125 AUD.

Practicando snorkel

Igual estás pensando que fue muy costoso pero la verdad es que no. Como contaba antes, teníamos chófer personal, además de todo lo necesario para hacer snorkel y nuestra lanchita privada. No me puedo ni imaginar lo que nos podría haber costado todo eso en Austraia. Artemis se dio una vuelta por la zona para vigilar la construcción. A nosotros, por otra parte, nos llevaron a dar un paseo en un cómodo jeep. Después de media hora conduciendo por el bosque, terminamos en una bahía rodeada de piedras enormes. En esta zona pasamos por caminos encharcados, ya que había estado lloviendo durante la noche anterior. Me quedé pasmado al darme cuenta de que estábamos súper cerca de la arena pero la tierra seguía encharcada y cuando por fin alcanzamos la arena sentimos alivio de haber llegado al suelo seco.

Había algunas lanchas alrededor. La bahía era absolutamente preciosa. El agua se veía impoluta y la arena, dorada. El hombre que iba a ser nuestro instructor de snorkel (también nuestro conductor de coche y de lancha) nos saludó con una cálida sonrisa. Chapurreaba el inglés pero nos entendía bien. Tras saludarnos, nos pusimos el equipaje de snorkel y nuestro guía, mientras tanto, nadó hasta la lancha, que estaba aparcada a unos cien metros de la orilla en el nada profundo mar.

Lo condujo para acercarse a nosotros y nos metimos en el agua para llegar al barco. Nos explicó que Artemis quería que nos levantáramos pronto para evitar encontrarnos con otros turistas y llegar a ver las mantarrayas, que normalmente van a esa zona para alimentarse. También ayudó que, por lo visto, el agua estaba mucho más clara por la mañana. Así que partimos y navegamos por la parte sur de la isla. Vimos unos acantilados de roca impresionantes a penas a unos metros de distancia de nosotros y, según nos movíamos, íbamos viendo playas preciosas, muchas de ellas estaban muy apartadas de todo y la única forma posible de llegar a ellas era en barco. Llegamos a nuestra primera parada de snorkel. El agua era casi transparente. Nos pusimos las máscaras y nos sumergimos. El agua estaba, sorprendentemente para mí, congelada, aunque mi cuerpo se fue acostumbrando a la temperatura poco a poco.

Un lugar espectacular en el que paramos para hacer snorkel fue el templo de Buda. Este lugar albergaba un despliegue de estatuas sumergidas y una estatua de Buda en el centro. Fue una experiencia de fuera de este mundo. También vimos peces de todo tipo. Si vienes, ten cuidado con las medusas. Había tramos en los que teníamos que sortearlas como si estuviéramos jugando al tetris. Además la corriente es relativamente fuerte, aunque ese no tiene por qué ser un problema, ya que verás que hay varios barcos guía alrededor. Ahí es también donde más turistas nos encontramos, aunque, gracias a nuestro madrugón, no había demasiadas personas. Recomiendo encarecidamente hacer snorkel aquí. No importa el tour que hagas, pero asegúrate de ver esta belleza de lugar.

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Estuvimos nadando alrededor de la bahía y conseguí ver varios peces de distintos tamaños, desde un par de centímetros de largo hasta otros que te sorprendían en tamaño. Vimos varios bancos de peces y pequeños arrecifes. Fue mágico de veras. Conseguí ver también peces de todos los colores. Estaba anonadado de ver tanta belleza a mi alrededor. Además, el agua era cristalina y ayudaba a ver con claridad el intenso color de los peces que se exhibían para nosotros.

La mejor parte de toda la experiencia fue que en todo ese trozo de costa no había rastro de humanidad ni tampoco otras personas excluyéndonos a nosotros mismos, lo que permitía que la calma fuera plena, tanto dentro como fuera del agua. Sentí que quería empezar a practicar snorkel. Tras media hora nadando y calados con las vistas, nuestro guía nos llamó para decirnos que teníamos que continuar el camino para intentar ver las mantarrayas.

Al final visitamos otras dos bahías. La primera era igual o más bonita que la primera y había un barco hundido en el fondo del mar, me sentí como en un documental. Y la última fue la más espectacular. La bahía era mucho más grande y albergaba a peces de incluso mayor tamaño que los que habíamos visto anteriormente.

Nos quedamos en esta bahía la mayor parte del tiempo mientras mirábamos alrededor. Me acuerdo de que estaba medio nadando medio flotando cuando vi venir desde lejos una figura oscura que se acercaba. Me quedé paralizado por un momento, ¿había tiburones en Indonesia? Debía haber, lo raro sería que no hubiera. La figura se acercó despacio y se hizo cada vez más visible. En un momento, estaba frente a frente con una mantarraya, quien no parecía muy contenta de encontrarse conmigo y continuó con su camino. Rápidamente me aparté para seguir contemplando la gracia con la que nadaba.

No me di cuenta, mientras la miraba, de que pasaba cerca de mí la segunda figura. Estaba nadando a penas a un par de metros de distancia conmigo. Rápido llamé a mi amiga y juntos observamos las asombrosas criaturas. Mi amiga llevaba la GoPro y estaba grabándolo todo. De repente oí el retumbar de un motor, salí a la superficie y vi que había llegado otro barco. Cinco turistas chinos descendieron al agua. Por suerte, las mantarrayas no se asustaron con las vibraciones del barco y nadaron a nuestro alrededor durante al menos veinte minutos más antes de que nos llamaran. Nuestro tour había terminado.

Subimos al barco y nos quitamos el equipo, no podía parar de sonreír. Mi amiga y yo estábamos súper emocionados por haber podido ver a estas increíbles criaturas. Ambos estabamos rotundamente satisfechos con nuestro tour. Entonces nos llevaron a la orilla, donde nos esperaba nuestro conductor. Nos secamos y nos cambiamos rápidamente. Después, nos metimos en el jeep y continuamos hacia nuestro próximo destino. Nos dio una vuelta y acabamos en la cima de un acantilado enorme. La pendiente era empinada y muy alta, pero las vistas no eran de este mundo. Ahí conocimos a la esposa del conductor y a algunos de sus colegas y les pagamos un par de cocos y los dos platos de Nasi Goreng que nos habían preparado. Había otro acantilado que conectaba con una zona verde y vallado con una estructura muy sencilla pero muy segura. Estuvimos paseando por ahí hasta que llegamos a otro acantilado más pequeño y ahí coincidimos con otros turistas que eran esta vez de otras partes de Indonesia y nos intercambiamos una sonrisa y un saludo.

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Las vistas eran increíbles. Abajo vimos una de las playas apartadas y las aguas turquesas bajo el impecable cielo azul. Nos quedamos ahí un buen rato antes de decidir que habíamos tenido suficiente por ese día y volvimos con nuestro chófer, quien nos llevó de vuelta al hostal. Por el camino paró en un supermercado donde hicimos aprovisionamiento de alimentos. Era más bien como una tienda normal aunque algo más grande y rectangular en la que encontramos varios comida de todo tipo y muy exótica. Nuestra aventura nos había tomado bastante tiempo y estábamos ya muy cansados para cuando llegamos al hostal. Nos duchamos pero volvimos a bañarnos en más playas preciosas mientras no nos cayera el chaparrón.

Al día siguiente nos levantamos relativamente temprano y le pedimos a Artemis que nos llevara al puerto. Le pagamos el viaje y nos dirigimos al puerto. Como estábamos haciendo un viaje de presupuesto medio en el que nos ahorrábamos unas cosas pero despilfarrábamos con otras, acabamos cogiendo un barco relativamente barato que nos llevó de vuelta a Bali, desde donde cogimos otro barco que nos llevaría directos a Gili Trawangan: la popular isla de las fiestas.


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