Erasmus en Sheffield

Cuando llegué a mi nuevo lugar de residencia, sentía que todo se me venía encima. El viaje se hizo eterno, ya que fuimos hasta Liverpool y había escala en Barcelona; la maleta se me rompió durante el trayecto, así que parte de mi ropa se había roto al haber sido arrastrada por el suelo; en Sheffield,  el taxista no nos entendía y nos llevó a la dirección equivocada, y una vez en la casa, no era igual que en las fotos. Era mucho más pequeña de lo que parecía, y estaba absolutamente sucia, con las pareces rajadas y manchadas. 

Una vez instaladas, sin tener ni idea de a dónde ir, tuvimos que salir corriendo a preguntar dónde podiamos comprar sábanas, comida, edredones, articulos de baño y productos de limpieza. Así, una vez nos indicaron (con poca certeza), cogimos un autobús que nos dejó en un Tesco gigante que hay a las afueras y empezamos a comprar como si tuvieramos 8 manos cada una. Cuando salimos, ibamos tan cargadas que tuvimos que coger un taxi a casa, donde no pudimos ni cenar del cansancio. Aún así, ese día dormí muerta de asco, tapada con mi propia toalla de baño porque el juego de sábanas que compramos no traía la sábana de arriba.

Al día siguiente empezamos a limpiar y a convertir la casa en un lugar habitable y bonito. Los primeros días fueron muy duros, especialmente por todo lo anterior y porque no sabíamos donde estaban los sitios ni conociamos a nadie. Además, intentamos ir a la facultad guiándonos con Google Maps, dimos 1000 vueltas y nos llevamos andando más de 1 hora, cuando en realidad se tardaba 20 minutos en llegar desde nuestra casa.

Poco a poco me fui sintiendo más y más cómoda,  aunque el proceso de adaptación no fue nada fácil. 

Conocimos a nuestra compañera de piso, que es de Rotherham (a las afueras de Sheffield),  y ella nos presentó a más gente con la que empezamos a salir y nos enseñaron más sitios, sobre todo de fiesta.

Más adelante empezaron las clases, la rutina, el preparar de comer para el día siguiente, el echar de menos el puchero de mamá,... pero siempre con muchas fiestas y actividades de por medio. Los primeros días en la facultad no podíamos caminar sin que nos regalaran un montón de cosas, nos dieran folletos de fiestas, y nos pararamos en un stand de comida gratis.

Con el tiempo empiezas a valorar la libertad y la tranquilidad de vivir solo, poder salir cuando quieres, recoger tu cuarto cuando quieres, comer lo que quieres cuando quieres,...pero también valoras lo bien que se está en casa con todo por delante y se echa de menos.

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Botanical Garden

Gracias a esta experiencia he aprendido mucho. Supongo que como cualquier otro estudiante que se vaya a vivir fuera de casa, empiezas a darte cuenta de lo que realmente importa, a ser más responsable en el día a día, a ser más abierto, a aprender, a reflexionar... Al final cada uno tiene unas circunstancias diferentes, pero está en nuestra mano hacer que merezca la pena.

El período allí se hizo más corto de lo que esperábamos. Pasó muy, muy rápido. No diré que ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida - como hace mucha gente- porque lo veo una exageración, pero sí que es una experiencia que todo el mundo debería vivir y una época en la que se aprende tanto académicamente como a nivel personal y se disfruta muchísimo.

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Summer Social 

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PD: ver nevar fue increíble.

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Galería de fotos


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