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LAPONIA EN BUSCA DE AURORAS

Publicado por Laura Aguilar — hace 11 días

Blog: 188 DÍAS DE INVIERNO
Etiquetas: Blog Erasmus Rovaniemi, Rovaniemi, Finlandia

La aventura comienza en el momento en que descubrimos que la casa no se encontraba a 5km del centro de la ciudad sino a 25km, lo que significaba que tendríamos que caminar durante 5 horas para poder hacer básicamente cualquier cosa. Después de que Alba llorara al respecto y quisiera castigarse decidimos rentar una cabaña más cerca de la civilización. 

La noche anterior al viaje nadie sabía que meter en la maleta, la mayoría optamos por absolutamente todo lo que pareciera que podría ser útil para el frío.

Madrugamos, puesto que el autobús salía a las 8 de la mañana. Pepe venía en un autobús por separado y decidió jugarle una broma a Alba haciéndola creer que lo había perdido, el karma se la cobró al poco tiempo descomponiendo el autobús y haciéndolo esperar un muy buen rato.  Nosotras llegamos a Rovaniemi y el dueño de la casa (que habíamos encontrado en Airbnb) muy amablemente pasó por nosotras y nos llevó a la casa.

Cuando llegó Pepe nos pusimos a jugar manotazo, vaya golpes que nos dimos.. sólo se escuchaban gritos y golpes. Después de cenar decidimos salir a hacer una pequeña caminata esperando ver las auroras boreales. No las vimos, pero jugamos como niños en un nivel que no sabía que era posible.

“El último en llegar es tonto” fue la frase que disparó el gatillo de nuestra estupidez, corrimos y nos metimos a un parque de juegos, todos nos tiramos por una especie de tiroleza, mareamos a Alba en el columpio y perdimos el tiempo a más no poder. Salimos de ahí y nos pusimos a lanzar una bola gigante de hielo de nombre “Pepito” de un lado a otro, como si fuera un balón de fútbol americano, después de darnos unos fuertes golpes decidimos no hacerlo más. Siguiente brillante idea: tirarnos clavados a la nieve. Como traíamos puestos nuestros trajes de inmunidad, no sentimos ni frío, ni dolor al caer, todo estaba perfecto.  Caminamos hasta el lago y seguimos menseando, comimos chuches (gomitas) congeladas e hicimos los 5 movimientos para atraer auroras, no funcionó… 

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Ya rendidos al no lograr verlas auroras decidimos volver a casa, como se empezaba a sentir el frío, Rosario tuvo la magnifica idea de caminar rápido, pero con estilo. Fue así como se inauguró el “Rovaniemi fashion show”, cada señalamiento significaba una parada y por lo tanto una pose, cada una de ellas era con un tema diferente. 

 Al día siguiente tomamos el bus para irnos a Kemi, yo creo que todos los demás pasajeros nos odiaron porque nosotros no podíamos parar de reír. Descubrir que Alba creía que “dildo” significaba “te quiero” y que si borrabas los mensajes en una conversación no se mandaban, nos tuvo a risa y risa todo el camino. 

Llegamos a Kemi y simplemente seguimos todos los señalamientos hacia el castillo de hielo. ¡Que cosa tan más impresionante! Un lugar increíble, parecíamos chinos tomándonos fotos en todos lados. Sin duda alguna lo mejor fue descubrir que podíamos deslizarnos en llantas al final. Acaparamos las llantas y duramos ahí horas. Después de un rato decidimos que era momento de dejar que alguien más se deslizara así que nos fuimos, el tipin de la entrada nos preguntó si nos había gustado el castillo y nosotros le pedimos que nos recomendara que más hacer ahí, puesto que nos quedaban 5 horas antes de que saliera el bus. Como absolutamente todo estaba cerrado, nos dijo que la única opción que teníamos era comer, preguntó que tipo de comida nos gustaba y la respuesta fue simplemente “not so expensive”, por lo que terminamos yendo a un restaurante donde podíamos pedir de todo. Estando ahí comimos, jugamos chinguaspul, yo nunca nunca y 2 verdades 1 mentira. Salimos con tiempo para alcanzar el autobús de regreso, no podía faltar nuestro niño interior y pasamos todo el camino tirándonos nieve, corretéandonos y aventándonos a la nieve. Por suerte que llevábamos tiempo, porque estábamos caminando hacia el lado contrario. Hicimos ángeles de nieve a la mitad de la calle y cuando por fin llegamos a la central, el autobús venia retrasado. Bailamos, cantamos y jugamos ninja. Para el regreso veníamos muertos y caminar hacía la cabaña fue lo más frío del mundo, ahí fue cuando nos dimos cuenta que lanzarnos a la nieve sin la ropa adecuada no era tan buena idea… 

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 Al día siguiente teníamos en el intinerario la Villa de Santa Claus, nuevamente el niño interior salió. Esperábamos el autobús mientras cantábamos “pollo, pollo, polla” y “el sapo Pepe”, por un momento pensamos que los chinos nos iban a tomar fotos, pero no. El bus estaba atascado, tuvimos que ir parados todo el camino. Llegamos a la villa y lo primero que hicimos fue caminar hacia los huskies, ¡Que experiencia tan impresionante! 2 km no fue suficiente, en lo absoluto. Igual nos quedamos como media ahora acariciando a los perros y tomándonos fotos con ellos, siguiente parada: Papa Noel. Las dos personas más emocionadas eran Vale y Pepe, les brillaban los ojos como niños pequeños en Navidad, a diferencia de Rosario, el grinch. Nos tomamos la foto con Santa y la compramos, obviamente no podía faltar, terminamos rifándola y la ganó el grinch… yo no entiendo como funciona el destino. Cruzamos la línea del círculo polar ártico y lo tenemos en video como evidencia,  el video más tonto de la historia. No podía faltar el paseo en reno, 400 metros y un lindo certificado por haber cruzado el círculo polar ártico en un reno de santa. Sin duda alguna algo que voy a poner en mi currículum y que no puede experimentar cualquiera. Tuvimos una linda caminata, jugamos como niños en la nieve y enterramos a Pepe como si estuviéramos en la playa. En el bus de regreso veníamos como sardinas, no cabía una persona más. Finalmente volvimos a la casa y nos pusimos a jugar muchos diferentes juegos: ándale, vikingo, tarita, discrepo, preguntas y cartas. Vimos la película de Lilo&Stitch y cuando Elia, Marina y Vale se fueron a dormir Pepe, Rosario, Alba y yo nos quedamos en una pijama party con un nivel de estupidez que supera todos los límites. 

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 Fue un fin de semana fuera de lo común, hicimos cosas que difícilmente repetiremos en nuestra vida, reímos como niños y jugamos como si nada importara. Yo no se que pasa con la nieve que nos convierte en personas completamente felices y sin preocupaciones. Sin duda alguna no hay mejor compañía que la familia que encontré en mi intercambio. 

VIDEO DEL VIAJE: https://drive.google.com/open?id=0B4yMiqKorE6ebVAwR1Q5ZXNBeTQ 


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