Una ciudad de cuento de hadas.

Publicado por Ana Pablo — hace 3 años

3 Etiquetas: Experiencias Erasmus Praga, Praga, República Checa


Como bien dijo Kafka, Praga «te atrapa, te envuelve en su abrazo y luego se niega a dejarte marchar». No puedo estar más de acuerdo con esa frase. Praga ha sido un soplo de aire fresco, un cambio en mí. Nadie se equivoca al decir que es una de las ciudades más bonitas de Europa. El estilo de "Art Nouveau" y "Art Deco" de los edificios, el puente de Carlos IV, la Plaza Vieja, el edificio de la Ópera Nacional, el barrio Judío, el castillo de Praga y la catedral de San Vito, el Reloj Astronómico y su complejo funcionamiento, edificios más modernos como la Casa Danzante o la Torre de Televisión hacen de Praga una ciudad única para cualquiera que la visite.  Pero esto es sólo el caparazón, lo primero que ves. No hay nada como vivir en esta ciudad. Descubrirla. Sentirla. Experimentarla en cada época del año. Subir el parque de Petrin en otoño, observando todas las tonalidades que van del verde al marrón de sus árboles sobre el fondo de la ciudad, caminar por el puente de Carlos IV nevado, la puesta de sol desde Vyserhrad y ver como poco a poco Praga y sus edificios se van iluminando, pasar la tarde en el parque de Letná, sentado a los pies del Metrónomo con una buena cerveza y disfrutar de otro de los puntos clave donde divisar toda la ciudad y no me olvido de los atardeceres desde Riegrovy Sady, donde se ve como el sol se esconde por detrás de la catedral de San Vito. Y aquí ya estás perdido. Has caído y sin saber como ya no coges el metro, siempre el tranvía, da igual madrugar un poco más porque no quieres dejar de ver Praga (un consejo, coge el tranvía número 2 que se coge en Vyserhrad (Vyton) en dirección a Sidliste Petriny).

La comida es muy similar a la de centro Europa, basada en Salchichas, Goulash, repollo, pepinillos y como acompañante siempre Dumplings. En Navidades y con el frío característico de esta región nada como calentarse con un buen vino caliente (uno, o varios) y ya puestos unos chupitos de Becherovka, licor de hierbas típico, tipiquísimo. 

No me olvido de las noches entre cervezas en Vzorkovna, un sitio tan peculiar como cautivante donde conocer a gente de todo el mundo, y quizás acariciar uno de los perros más grandes que hayas visto nunca. Otro sitio icónico es Popo Cafe, en pleno centro ofrece uno de los lugares de peregrinaje para los estudiantes con sus cervezas por menos de 1,20€ y descuentos en cócteles. Y ya te encuentras bailando como si nadie te viera en Chapeau Rouge, Karlovy Lazne o Nebe. Y ocurre algo muy curioso, a medida que los días se alargan y las noches se acortan, empiezas a ver amanecer cuando sales de las discotecas y no hay nada mejor que dar un paseo por el puente de Carlos a esas horas, mientras el sol empieza a asomar tímidamente por detrás de la torre de Televisión. Sin turistas, tu sólo, es magia, ya no serás la misma persona. Praga te ha atrapado y no puedes salir, pero tampoco quieres.


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Comentarios (3 comentarios)

  • Indira Pascual hace 3 años

    Un buen erasmus Ana!

  • Marc Rodríguez Zarzoso hace 3 años

    Ojo al Becherovka! Dicen que atrapa tanto o más que Praga pero he visto buenos amigos caer como moscas con él :P

  • Ines Santana hace 3 años

    Qué razón detrás de todas esas palabras ... Y qué mágica has vuelto de Praga


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